MoMA hará homenaje a Magritte

El Museo de Arte Moderno (MoMA) no pierde la oportunidad de brindar honor a quien honor merece. A partir de septiembre René Magritte, gran pintor surrealista,  será homenajeado con una gran muestra de sus obras icónicas. La exhibición “Magritte: The Mistery of the Ordinary” recorrerá de 1926 a 1938, años en los que Magritte se consolidó como un pintor que desafiaba la realidad. La muestra estará formada por más de 80 obras entre las que se encuentran pinturas, collages, objetos, fotografías, revistas e incluso, algunos de los primeros trabajos del pintor con el fin de proveer a los espectadores material para analizar sus técnicas, motivos y, por supuesto, su contexto.

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Las instituciones que la organizan son la Menil Collection de Houston y el Art Institute de Chicago. Por lo que posteriormente, la muestra viajará a la Menil Collection de Houston (del 14 de febrero al 1 de junio de 2014) y al Art Institute of Chicago (del 29 de junio al 12 de octubre de 2014). magritte_pipeCon información de Hoyesarte.com

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El almacén de la imagen: Ophelia de Gregory Crewdson

Gran parte de la creación de fotografía surrealista se basa en la preparación de la escena del mundo que se quiere plasmar en una o varias imágenes. Algunos fotógrafos surrealistas pueden llegar a hacer más énfasis en el proceso de pos producción, mientras que, por otra parte, están los que ponen más vigor en la producción de los escenarios y de los personajes que van a contar la historia en la fotografía. Creo que gran parte de la belleza que nos plantea la fotografía surrealista es el hecho de que muestra aquello que no es real, a pesar de que la fotografía en general no puede mostrarnos la realidad en su inmediatez absoluta,  de una manera más obvia y un tanto descarada. En la fotografía surrealista aparecen personajes irreales en escenarios que se pueden semejar  a la realidad interpretando situaciones absurdas, incontrolables, fuera del alcance de la cordura. Las fotografías surrealistas nos cuentan historias ficticias.

Gregory Crewdson, Maple Street de la serie Beneath the roses.
Gregory Crewdson, Maple Street de la serie Beneath the roses.

 Sin embargo, hay quienes han querido explotar la narrativa fotográfica a través de la fotografía surrealista. Tal es el caso del fotógrafo estadounidense Gregory Crewdson (1962), quien recrea escenas típicas de la vida cotidiana norteamericana, aquella que se desenvuelve en casas y  barrios estadounidenses, para luego imprimirles un toque de surrealismo con el objetivo de crear una sensación de intranquilidad y perturbación.

 Para Crewdson es importante, tal como lo menciona en una entrevista para The american reader, descontextualizar el cuadro. Lo que busca es crear imágenes sin contexto, sin tiempo, sin un antes o un después, es decir, dejar atrás la narrativa literal y permitir que el receptor, aquel que mira la fotografía, le adjudique su propia narrativa.

“I looked at the blurred lines between reality and fiction, nature and artifice, beauty and decay. That way, the viewer is more likely to project their own narrative onto the picture. What the viewer brings to it is almost more important than what I bring to it.”
Gregory Crewdson

 En este sentido, se puede observar que para el fotógrafo la mirada del espectador es esencial a la hora de la creación de su trabajo. Pero a pesar de los esfuerzos de Crewdson por crear imágenes descontextualizadas, sus fotografías cuentan con la impresión de su propio contexto, de su propio espacio y su tiempo. Planta entonces una mirada de un mundo construido según la mentalidad de su época y el resultado es la imagen de la cual se sirven los espectadores para sacar sus propias frustraciones, esto es, todo aquello que parte de su subconsciente.

Gregory Crewdson, de la serie Beneath the roses.
Gregory Crewdson, de la serie Beneath the roses.

 Así pues, Crewdson presenta en su serie Beneath the roses escenarios cotidianos del ideario estadounidense cargados con elementos que pueden exponer un mundo más bien distópico. Las escenografías muestran espacios comunes de la vida del típico norteamericano, pero en lugar de embellecer la imagen de los hogares y barrios estadounidenses, como normalmente se hace para reflejar el éxito del llamado American dream, Crewdson los exhibe en estado de deterioro. Las casas que aparecen en sus fotografías se encuentran desgastadas, en un estado de imperfección, como si el descuido del exterior de los hogares mostrara el estado de abandono y olvido en el que se encuentra en realidad la sociedad norteamericana.

Gregory Crewdson, de la serie Beneath the roses.
Gregory Crewdson, de la serie Beneath the roses.

 La suciedad se hace presente, los pastos están crecidos, hay objetos tirados y roña en las paredes, en los colchones, en la podredumbre de una sociedad que se desintegra día con día. De ahí deviene la ansiedad del ideario americano al cual se refiere el fotógrafo cuando habla de esta serie. Elige una paleta de colores fríos, los tonos azulados y verdosos se hacen presentes como evocando a un estado depresivo. La noche irrumpe en sus fotografías.

 La lectura de esta serie puede variar dependiendo del espectador, es decir, según la interpretación que éste dé en función de su historia personal. Sin duda alguna una de las imágenes de Crewdson que más llama la atención es Ophelia, presentada en la misma serie, Beneath the roses, en la que muestra el cadáver de una mujer flotando en el agua que inunda el interior de una casa. Todo en esta fotografía es desconcertante y cualquier emoción que pueda surgir al observarla va a estar cargada de una dosis de desasosiego.

Gregory Crewdson, Ophelia, de la serie Beneath the roses.
Gregory Crewdson, Ophelia, de la serie Beneath the roses.

 El espacio propuesto para esta fotografía es el hogar, el espacio de lo privado, aquel en donde acontece lo más intimo, aquel que incluso en el mundo de los sueños suele representar el interior de una persona. Así, Crewdson plantea como escenario primario una sala, el lugar de la seguridad emocional. En la sala se pueden observar algunos libros que se acomodan en un librero por debajo de las escaleras, fotografías colgadas de la pared, una mesita de centro con más libros encima y un vaso de agua que pareciera que alguien estaba a punto de beber. También hay un frasco que podría ser de medicamento y sí es así daría cierto sentido al vaso que se encuentra en la mesita.

John Everett Millais, Ophelia, 1851- 1852. Pintura inspirada en la obra Hamlet de Shakespeare.
John Everett Millais, Ophelia, 1851- 1852. Pintura inspirada en la muerte de Ophelia en la obra Hamlet de Shakespeare.

 Las lámparas están encendidas a pesar de que la luz de la mañana entra por la ventana. Tal vez la noche anterior Ophelia había estado recostada en el sofá cubierta del frío de la noche con una pequeña manta mientras leía alguno de los libros que tomó del librero que se ve al fondo. Quizás cuando estuvo cansada se fue a dormir a su habitación y entonces ocurrió el desastre… la casa se inundó. Encendió las luces, bajó por las escaleras y dejó ahí postradas sus pantuflas justo antes de morir. No se sabe qué provocó su muerte, esa parte de la historia no es todavía muy clara. Pero su cuerpo yace muerto aun con el camisón blanco que refleja un estado de pureza.

 El agobio y los conflictos emocionales de Ophelia terminaron por inundar su propia casa, provocándole una muerte de la que solo son testigos aquellos familiares que cuelgan de la pared de las escaleras. Tal vez lo que inundó a esta chica fue alguna crisis en el ámbito familiar, algún conflicto sin resolver precisamente con alguno de esos familiares de los que aun conserva su fotografía. Ophelia es incluso de esas personas que intentan socorrer a los demás, Ophelia es el tipo de mujer inocente que quiere salvar a los demás sin darse cuenta de los daños que ella misma ocasiona en su propia casa, en su propio corazón de niña. O tal vez aquello que la ahogó fue la perdida de algún ser amado, el olvido de su pareja, la sensación de haber vivido ya esa historia en un pasado ficticio. Le vino entonces una evocación de Shakespeare. La inundación pudo haber sucedido incluso aquella noche en la que recordó su amor por Hamlet y la indiferencia de éste que la llevó a la locura, a su muerte en el río, a la inundación de su casa, al desbordamiento de sus propias emociones que la ahogaron hasta matarla.

Fotografía del behind the scenes de la realización de la toma de Ophelia.
Fotografía del behind the scenes de la realización de la toma de Ophelia.

Originally posted 2014-09-17 09:00:20. Republished by Blog Post Promoter

El almacén de la imagen: Anthony Browne

Anthony Browne es uno de los escritores e ilustradores de libros para niños más reconocidos en el mundo, pues su obra está plagada de un estilo propio en el que hace ilustraciones surrealistas a partir de la técnica del realismo. Además, logra profundizar en temas sociales a partir del mensaje que dejan las ilustraciones: las relaciones entre padres e hijos, el vínculo que hay entre hermanos, en algunas ocasiones la falta de comunicación entre integrantes de una familia, la confianza y, en general, el comportamiento del ser humano.

Anthony Browne
Anthony Browne

 Anthony Browne se ha interesado por destacar el mundo subjetivo y alterno de los pequeños, para lo cual hace un efectivo uso de la relación entre imagen y texto. El trabajo de este ilustrador se ha acentuado por tratarse de texto en el que el autor muestra su postura ante ciertas cuestiones sin necesidad de mencionarlo explícitamente, es decir haciendo uso de las imágenes para exponer una crítica.

 La obra de Anthony Browne se destaca por un excelente uso de la acuarela, así como por impregnar sus libros con elementos de tinte surrealista en los que hacen eco la obra de René Magritte o Salvador Dalí. Browne se caracteriza por sus personajes simio, entre los que se encuentra Willy, un mono tímido y soñador. En el libro Willy el soñador, Browne introduce a este personaje al mundo onírico a través de imágenes surrealistas. De pronto vemos a un simio mirándose al espejo al estilo del Not to be Reproduced de Magritte. Lo vemos flotando entre las nubes, o visitando el paisaje extraño de la Persistencia de la memoria de Dalí.  Aunque existen elementos surrealistas, Browne aborda las imágenes de la manera lo más realista posible. Gran parte del éxito que tiene Anthony Browne radica en la estética visual de su obra, pues este contraste llama la atención de los niños.

Izquierda. René Magritte, Not to be Reproduced, 1937. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. René Magritte, Not to be Reproduced, 1937. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. Salvador Dalí, Persistence of memory, 1931. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. Salvador Dalí, Persistence of memory, 1931. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.

 El trabajo del ilustrador británico se destaca por el constante juego entre palabras, ideas e imágenes. En su obra Willy el soñador, por ejemplo, hace una relación entre una corriente artística de la vanguardia con la cual intenta explicar los sueños de un pequeño mono llamado Willy. Dado que el surrealismo izaba la bandera Freudiana, sobre todo por la teoría de la interpretación de los sueños y el psicoanálisis, los sueños van a verse representados explícitamente en las pinturas de los máximos exponentes surrealistas. Pintar los sueños entonces significaría pintar símbolos culturales de los que no se podían eximir los surrealistas.

 Li Chung Yang menciona en su obra Recognizing the narrative art of a picture book: word- and- image interaction in Anthony Browne’s Gorilla que un sueño refleja la cultura, ya que en una cultura determinada la gente tiende a tener determinados sueños. En este sentido, Willy el soñador me parece uno de los libros más interesantes de Browne, pues no solo plasma en él escenarios y elementos típicos de artistas consagrados como Salvador Dalí y René Magritte, sino que al hacer soñar a Willy, Browne lo dota de elementos culturales de su propia época.

Izquierda. René Magritte, Ceci n'est pas une pipe, 1929. Derecha. Alusión de Anthony Browne a René Magritte en su representación de Alicía en el país de las Maravillas. Willy el soñador, 1997.
Izquierda. René Magritte, Ceci n’est pas une pipe, 1929. Derecha. Alusión de Anthony Browne a René Magritte en su representación de Alicía en el país de las Maravillas. Willy el soñador, 1997.

 Willy el soñador es un claro ejemplo de cómo se intenta introducir a los niños a la cultura occidental y al mundo de los adultos a través de la narrativa literaria y de la narrativa visual. Por un lado se presenta, por medio del discurso escrito, un listado de profesiones que son social y culturalmente aceptadas en la sociedad occidental de nuestros días. Aparece el papel del gran escritor, del pintor, del bailarín, cineastas, actores y músicos. Destacan como profesiones del buen ver aquellas que se desenvuelven en el ámbito artístico y cultural. A veces Willy sueña que es un pordiosero, lo cual no está bien visto y por ello Browne muestra a Willy con una cara triste, rodeado de basura y resaltado sentado frente a una barda de ladrillos.

Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.

 La forma en la que Anthony Browne plantea estas conductas y formas de vida socialmente aceptadas en Willy el soñador es a través de la corriente del surrealismo en las que destaca el realismo como técnica pictórica. Precisamente, este libro puede ser fascinante debido a que presenta la vida de los adultos desde una perspectiva onírica. Los sueños entendidos como una ficción no están adscritos a una lógica pura, sino que más bien surgen del inconsciente. Por ello mismo, Browne coloca los sueños de Willy dentro de ambientes surrealistas, pues los sueños tienen que ver con el automatismo al que apegaban los surrealistas de la década de 1920 en adelante. Así pues, podemos observar la ficción del sueño a través de la ficción de la ilustración y la narrativa literaria de Willy el soñador. 

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Los Juegos De Realidad De Leandro Erlich

Por Abigail Rodríguez

@abigailrhz 

Durante siglos el arte fue el reflejo de la realidad o al menos eso pretendía. El uso de colores, formas y tonos para crear claroscuros y generar profundidad y dimensiones en un espacio plano resultaba en la creación de imágenes muy similares a la realidad, congruentes con la visión de un artista inmerso en una cultura y en una sociedad.

Sin embargo, muchos artistas han rebasado los límites de esta realidad para crear mundos y territorios mágicos donde las leyes de la física dejan de existir y las leyes de la materia se desvanecen.

Leandro Erlich, un arquitecto y artista argentino, crea espacios fantásticos con objetos reales, como albercas donde se puede permanecer sumergido por horas sin mojarte ni ahogarte, escaleras que no subes ni bajas, pasillos donde se debilita la fuerza de la gravedad y espejos que reflejan lo que el ojo humano no puede ver.


Las obras de Leandro Erlich generan en el espectador tensión y sorpresa al contemplar piezas artísticas que rompen los límites de la realidad y a su vez se muestran como escenarios perfectos donde la pieza clave es el propio espectador.

Leandro Erlich, ha expuesto en países como Francia, Estados Unidos y Japón, para saber más sobre su propuesta artística visita su página:

www.leandroerlich.com.ar

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Con sabor al norte- el surrealismo

El surrealismo es uno de los movimientos artísticos y literarios más interesantes que han existido a lo largo del tiempo. Se originó por mil novecientos veinte; aunque el término en si apareció en mil novecientos diecisiete. Hacer arte surrealista es tomar objetos y por medio de ellos “enriquecerlos” de sentido. Para explicar esto usaré una pintura de Salvador Dalí.

Pintura de Salvador Dalí

 Como pueden apreciar. Vemos un huevo partido que resulta también ser la puesta de sol (yema) y el mar (la clara). Antes de haber visto esta pintura, la mayoría de nosotros jamás hubiéramos asociado ambas cosas ; pero lo hacemos ahora porque nos damos cuenta que, en efecto, la yema de un huevo parece como si fuera el sol en un atardecer.

 Estas pinturas y en sí todo el movimiento artístico nació en Francia con André Breton quien escribió un Manifiesto Surrealista donde podemos ver lo siguiente:

Precursor surrealista André Breton

 “Amada imaginación, lo que más amo de ti es que jamás perdonas. […] No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación. […]

 Todavía vivimos bajo el imperio de la lógica, y precisamente  a eso quería llegar. […] La experiencia está confinada en una jaula, en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí protegida por el sentido común.”

 Será la opinión de cada quien sobre qué tan extravagante les parece el surrealismo, pero esta rama pretende llegar a la última esencia de la realidad adentrándose en los campos profundos del pensamiento y dejándolo libre a cualquier sentido común. No se preocupa tanto por la estética o la moral, sino por la idea.

 Estos pensamientos llegan a tener planos muy psicológicos porque André Breton había leído los trabajos de Sigmund Freud. Por lo tanto pretendían desentrañar el último sentido de la realidad: el funcionamiento real del pensamiento, con “ausencia de toda vigilancia ejercida por la razón”- decía Breton.

Pintura por Vladimir Kush, artista ruso

 Por lo tanto, las imágenes enriquecidas por el sentido eran algo primordial, porque el artista surrealista no responde a un impulso: para el surrealista su lenguaje acarrea una densa carga humana. Incluso hasta cómica, ya que aquí no hay límites que la definan.

 Llegaron a decir que el surrealismo era una forma de vida. Era dejar de pensar como todo el mundo para ser hombres nuevos. Ya no querían ver el mundo bajo la misma lupa que los demás. Si bien es cierto que todos somos únicos en nuestras mentes, también es cierto que solemos tener ideas parecidas porque nos educan bajo un sistema general y son nuestras experiencias las que nos moldean diferente. Para los surrealistas pensar diferente y ver más allá de lo que había en la realidad era algo hermoso.

 Este tema también será largo, con el cual veremos a fondo los alcances de este movimiento. Lo importante del arte es que no es como la ciencia: la ciencia hace algo nuevo para destruir lo que era viejo y el arte necesita de lo viejo para crear nuevas cosas.

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Exposición Equilibrio mental : Tres ingenios mexicanos


Mezclan el surrealismo con los momentos y visiones de la existencia, para darle paso a la ilustración y a la pintura. Estilos diferentes, pero que expresan sentimientos antagónicos.

 Equilibrio mental fue una exposición presentada el 15 de Octubre en la Ciudad de México, con el fin de ofrecer una nueva temática en torno al significado de las emociones en el ser humano, de manera que el espectador pudiera vislumbrar en cada obra el sentido de la vida a partir del reconocimiento a sí mismo. El eje, lo constituye la reflexión y la sincronía de la existencia. La mente crea el espacio para un sinfín de pensamientos, para pasar de lo inconcebible a lo real y transformar de una idea a un trasfondo. Lo inaudito, sin duda, es lo que hace girar a este mundo que sólo se acostumbra a ver la supervivencia desde una sola forma.

 Víctor González, Clara Ruiz “Rula” y Cecilia Vázquez “Miguela”, son talentos de origen nacional que comparten estudios de diseño gráfico y que a través de su formación, lograron vincular sus obras a partir del síntoma del mundo actual, acompañado de un surrealismo anacrónico. El escenario parece ser el propio sentir del individuo. Todos los miedos terrenales se unen, para darle sentido a esta muestra de particularidades en cada una de sus pinturas. El ambiente facilitó que fuera más permisible para el público, ver a detalle cada pincelada y cada matiz y poder enfatizar el porqué de cada color y cada contorno.

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Esto fuimos, esto somos. Víctor González.

 Víctor González utiliza una técnica definida como mixta sobre lienzo, en ella plasma singulares rostros que buscan compenetrarse y adentrarse en el mundo de la expresión a través de colores brillantes con un fondo que deja entrever la profundidad de la existencia humana. Sus obras representan la importancia de la fraternidad en las relaciones interpersonales y vislumbra cómo se desenvuelven en un mundo que se desquebraja poco a poco, sin tener algún temor por no sentir absolutamente nada. Esa galaxia de emociones, es el rostro perdido entre la multitud y busca mezclarse cándidamente con los brazos de alguien que permanezca atado a la verdad del equilibro mental.

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Mate. Clara Ruiz.

 Clara Ruiz “Rula” muestra un sentido de pertenencia hacia lo que compone la vida a partir de fundamentos anacrónicos como puede ser la naturaleza y también la muerte, este esquema pronuncia al individuo como dueño de su propio destino y de sus condiciones para crearlo bajo sus mismas imposiciones. Esto se une con la magia de sus destellos. Cada pintura tiene detalles exquisitos que muestran la semejanza entre querer y poder hacer de la vida otra perspectiva diferente. Además, la vanguardia de sus puntualizaciones radica en los deseos más recónditos del ser humano. Deseos que van más allá de lo terrenal.

 Cecilia Vázquez “Miguela” ilustra de manera impactante la relación entre concepto de vida y su forma de vincularse a su entorno mismo, esto lo trata a partir de un esquema tan cuidadosamente diseñado, que resulta altamente rico en particularidades. Un ave que acompaña siempre al personaje central, toda compañía parece tener el lindo deseo de querer volar y también, de partir hacia nuevos horizontes.  Armonía y suntuosidad, podrían ser los conceptos que definen su trabajo preciso y exacto que relata a la mente como forma de creatividad e ilusión.

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Cecilia Vázquez. Técnica a tinta.
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DHQS. Víctor González.

 Los tres son jóvenes entusiastas que comparten el gusto por el arte y sus diferentes modalidades de expresión. Recrean la pintura y la ilustración a partir de una dinámica llena de singularidades, que permiten el reconocimiento del ingenio mexicano. Creatividad que merece ser reconocida y no ser olvidada como tantas veces se ha hecho. En el país hay capacidad para transformar, para crear y así se ha reflejado en esta exposición que dio pauta para expandir la voz más allá de lo que ya se conoce, y por lo tanto es de vital importancia darle énfasis a lo que sale del esquema, porque esas grandes promesas de lo que no está dentro del estereotipo, forjan nuevos lineamientos de expresión, es por eso que se invita al público a que pueda conocer más del trabajo que pertenece al talento independiente. Ellos crearon sus formas a través de su pensamiento, y esas formas se vinculan por medio del arte y muestran un compromiso ante lo que significa la pintura y la ilustración para el mundo. Este es el momento preciso en que las mentes se juntan para poder crear nuevos mecanismos de expresión, tal y como se vio en Equilibrio mental.

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El almacén de la imagen: Batten y la crítica al modelo de belleza

 La belleza femenina, menciona Giles Lipovetsky en La Tercera mujer, se ha estandarizado a partir de un proceso en el que el desarrollo de la cultura industrial y la mediática han sido fundamentales. Desde inicios del siglo XX, la prensa femenina, el cine, la publicidad y la moda han difundido un modelo de figura femenina idealizada.

Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Las mujeres hemos crecido viendo y escuchando sobre el ideal físico y mental femenino, la imagen de la mujer bonita, esbelta e inteligente permanece en nuestro imaginario de feminidad y de éxito, aunque esto último pueda ser más subjetivo. Las imágenes que representan ese modelo de belleza nos rebosan la cabeza día con día. La nueva historia del bello sexo tiene lugar en el momento en la que el ideal de belleza entra en la era de las masas.

 Algunos artistas han consumado su obra a partir de una crítica a estos estándares de belleza que promueven el uso excesivo de maquillaje y plantean la cirugía estética como una herramienta para lograr acercarse a ese ideal al que aspira el bello sexo del siglo XXI. El universo de las mujeres se ve compuesto también por ejercicios físicos y dietas para conseguir ser delgada y valorada por ello. El cuerpo de la mujer ya no tiene como fin único agradar a los hombres, sino que también debe embelesar a otras mujeres. En este sentido la fotografía de moda ha mostrado un modelo de belleza, tanto femenino como masculino, que condiciona la naturaleza del cuerpo. Este tipo de fotografía está más bien dirigida a un público femenino que consume los estándares culturales y de hermosura que esta propone.

 Sin embargo, la fotografía también ha fungido como medio de denuncia contra el modelo que se ha venido impuesto a partir de la segunda década del siglo XX.

Julia Fullerton- Battern, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Un ejemplo de ello es la fotógrafa alemana Julia Fullerton- Batten (que trabajó para la revista Vogue durante algún tiempo), quien realiza una crítica social con respecto a los estándares de belleza en el mundo a través de su serie Unadorned (2012). Es importante mencionar que Fullerton- Batten se desarrolla como fotógrafa surrealista contemporánea, haciendo uso de herramientas de pos producción que le permiten crear paisajes y escenas que podría remitirnos al mundo onírico. Así pues, la serie se centra en una crítica al concepto de belleza manipulada, según expone la fotógrafa al hablar de su serie.

 Lo que quiere mostrar es precisamente todo lo contrario a lo que se observa en las revistas de modas, esto es,  la forma en la que se expone a la mujer en el ideario cultural de hermosura: mujeres frías, plásticas que modelan inmóviles y ligeras. Es decir, dejar de lado aquellos estándares que aprisionan a la mujer. Así pues, exhibe mujeres que normalmente no se muestran en el mercado que va dirigido al cuerpo, a la delgadez: presenta mujeres voluminosas, que parecen no tener miedo a sus cuerpos curvos. Usa la imagen de la mujer corpulenta como medio para criticar a una sociedad que se hace énfasis en la figura y el tamaño del cuerpo de la mujer. Se trata de chicas que aceptan que sus cuerpos son como la naturaleza quiso que fueran.

 A pesar de la crítica social que Julia Fullerton- Batten hace a través de la figura de modelos corpulentas y de su  intento por juzgar ese mundo en el que la idea de belleza ha sido manipulada, es importante observar que su trabajo no se libra de los estándares de belleza femenina que ella misma critica. Fullerton enmarca a sus modelos en un ambiente cálido, eso parece obvio por la paleta de colores que selecciona para la mayor parte de las fotografías de esta serie. El uso de tonos cálidos, entre amarillos y marrones, así como la voluptuosidad de las modelos se contrapone al modelo de mujer plástica y fría que se muestra en las revistas.

Julia Fullerton- Battern, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 A eso se le añade el uso de muebles de madera con estilo clásico que recuerdan a los retratos del siglo XVIII en los que la figura de la mujer aparece rodeada de objetos propios de las actividades femeninas: instrumentos musicales y libros que exhiben a la mujer culta. La fotografía de Fullerton- Batten sigue exponiendo a la mujer en el escenario de lo privado. Así pues, podemos observar que los ambientes propuestos por esta fotógrafa giran en torno al hogar: aparece una sala, la cocina, salones propios de las actividades de la mujer noble del XVIII en donde se puede observar un piano e incluso libros. También incluye la figura masculina en el entorno de lo femenino, sin embargo los hombres que aparecen en estas fotos se notan ausentes o incluso molestos por ello.

Julia Fullerton- Battern, fotografías de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, fotografías de la serie Unadorned, 2012.

 Los elementos naturales no se hacen ausentes, sino todo lo contrario. La fotógrafa añade flores, plantas y frutas con colores cálidos, tal vez para darle un toque de feminidad a la foto. Algunas veces las flores aparecen un tanto marchitas o en el proceso de marchitarse. Como si aquello femenino que pudieran estar representando estuviera a punto de morir. Algunas fotografías exponen a las mujeres obesas en escenarios de abandono, es decir, dentro de casas o invernaderos desgastados… al igual que sus cuerpos.

Julia Fullerton- Battern, fotografía de la serie Unadorned, 2012. Los espacios en estas fotografías se notan abandonados. La suciedad en los vidrios y el desgaste en las paredes reflejan el deterioro.
Julia Fullerton- Batten, fotografía de la serie Unadorned, 2012. Los espacios en estas fotografías se notan abandonados. La suciedad en los vidrios y el desgaste en las paredes reflejan el deterioro.

  ¿Será que la fotógrafa logra su objetivo de criticar a una sociedad que oprime, modela y manipula la belleza? Las mujeres voluptuosas de sus fotografías parecen más bien abrumadas y los escenarios a veces desgastados reafirman el sentimiento de vergüenza ante un cuerpo que no se adecua a los estándares de belleza y esbeltez. De pronto aparece la imagen de una mujer que se asoma al espejo, tal como lo hace Narciso cuando mira su reflejo en el agua, que se observa a sí misma maquillada, peinada, atiborrada de joyas, como queriendo encajar justamente en ese modelo de belleza propuesto por revistas como Vogue. Pero es gorda y su gesto es más de confusión que de aceptación de sí misma. Nos encontramos ante la contraposición entre el lujo y el abandono, la delgadez y la gordura, la felicidad y la tristeza, la aceptación y la negación de un cuerpo que no es como la sociedad plantea que debe ser.

Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Al final del día se puede observar tanto en las fotografías como en la visión crítica de la fotógrafa  la concepción de la mujer con respecto a su papel en la sociedad del siglo XXI. Es decir, se ve a una mujer que sigue sumergida en lo que Lipovetsky llama la prisión estética, aquella que sucede a la prisión doméstica y que sigue subordinando a la mujer a su rol tradicional estético- narcisista.

El almacén de la imagen: surrealismo de Christopher McKenney

El pensamiento común que se tiene sobre la fotografía es que ésta representa la realidad, esto es, que nos revela eventos y hechos que suceden en el mundo. Sin embargo la fotografía sólo muestra la realidad material, pues en cuanto el fotógrafo elige o construye una escena a fotografiar la imagen resultante deja de ser cien por ciento objetiva. Al momento de capturar un instante, el fotógrafo impregna su obra con una serie de elementos culturales y sociales que exhiben la mentalidad de su época. Pero ¿qué pasa con la fotografía artística que busca salirse completamente del concepto de realidad que se supone que la fotografía debe contener? Es lo que sucede con el trabajo del fotógrafo estadounidense Christopher McKenney, quien se especializa en la fotografía de horror surrealista.

 La fotografía de McKenney se destaca por ser espectral, oscura pero al mismo tiempo llena de vida, por mostrar incoherencia a través de elementos que se encuentran presentes y ausentes al mismo tiempo. Se observan cuerpos incompletos que además de carecer de algunos miembros son cubiertos por telas que solo nos muestran figuras humanas a medias, gestos y expresiones faciales que sabemos que están ahí pero que no podemos ver.

Christopher McKeney, (izquierda) Bury your Pain, (derecha) The things we find.
Christopher McKeney, (izquierda) Bury your Pain, (derecha) The things we find.

 McKenney nos muestra escenarios naturales que inspiran tranquilidad, paisajes bucólicos que podrían recordarnos panoramas que normalmente solemos ver en sueños. Se trata de lugares naturales y rústicos, el bosque y la taiga que pueden aparecer llenos de vida con un verde resplandeciente o que pueden mostrarse en la decadencia de un invierno que desnuda a los árboles y pinos. La naturaleza viva se hace presente, pero al mismo tiempo emerge la naturaleza muerta como en una especie de sinsentido. Por un lado la primavera que llena de energía los espacios naturales, que muestra los árboles en su estado más idílico, mientras que, por otro lado, el invierno deja ver el alma desnuda de los arboles, tal como lo reflexionaría Joe en Nymphomaniac.  Alegría, nostalgia y un sentimiento de soledad. Contraposición de emociones.

Naturaleza viva y naturaleza muerta en las fotografías de Christopher McKenney. (Izquierda) The Hiding, (derecha) Two.
Naturaleza viva y naturaleza muerta en las fotografías de Christopher McKenney. (Izquierda) The Hiding, (derecha) Two.

 Al mismo tiempo el trabajo de McKenney introduce los cuatro elementos de la naturaleza para dar un elemento más espontaneo en su fotografía. El agua, el fuego, la tierra y el aire se hacen presentes en sus fotografías. Ante un escenario lleno de vida como un bosque en primavera se contrapone el fuego que llega agresivo, que destruye y que representa daños y pérdidas; es decir, una transformación involuntaria. McKenney expone el fuego en escenarios naturales e idílicos en los que se plantean situaciones complicadas, humanos sin rostro, con ausencia de ciertas partes del cuerpo, el fuego provocado, pero al mismo tiempo controlado.

Christopher McKenney, Surreal.
Christopher McKenney, Surreal.

 Aparecen objetos surrealistas, es decir, aquellos que se resultan fuera de la esfera de lo habitual. Relojes que flotan como demostrando que el tiempo se ha detenido. Entonces aparece el horror, ese sentimiento provocado por aquello que carece de explicación racional, aquel que transgrede las reglas de la lógica y nos provoca rechazo y aversión.  Se manifiesta el horror en el surrealismo, en aquello que nos guía a lo más profundo del subconsciente, del sueño, de lo maravilloso, de la locura y de los estados de alucinación.

Christopher McKenney, Result of Circumstance.
Christopher McKenney, Result of Circumstance.
Christopher McKenney, Sin título.
Christopher McKenney, Sin título.

 En este sentido las declaraciones del movimiento surrealista del periodo de entreguerras siguen siendo vigentes para la fotografía surrealista de Christopher McKenney. A pesar de que los móviles de los surrealistas de principios del siglo XX y los de nuestro fotógrafo contemporáneo no sean los mismos, se puede decir que sigue intentando evocar aquellos escenarios y situaciones propios de las ensoñaciones. Hacer un poco lo que el surrealismo poético pretendió lograr: el automatismo psíquico como la ejecución mecánica del pensamiento sin participación de la conciencia.

Los grandes pájaros hacen las pequeñas persianas.

Las cerezas caen donde los textos faltan.

Aplastar dos adoquines con la misma mosca.

152 proverbes mis au goût du jour, 1925.

 Puede parecer obvio que la construcción de las fotografías  de Christopher McKenney no sea hecha de manera automática, pues en realidad es imposible hacer eso. Sin embargo las imágenes que evoca son algo más parecido a escenarios construidos por el inconsciente humano, o sea, crear imágenes como aquellas que vemos en nuestros más profundos sueños y encontrar en ellas elementos que puedan representar nuestro estado anímico.

 Los poetas surrealistas del periodo de entreguerras eran especialistas del lenguaje y fue a través de él como se manifestaron contra un mundo que rechazaban, una civilización en guerra que los aplastaba. Los fotógrafos surrealistas de la época, Man Ray como el más representativo de  ellos, experimentaron a través del collage  y de los rayogramas para crear esta contraposición en las imágenes. Casi un siglo después el surrealismo vuelve a presentarse en el trabajo de McKenney, que arrasa con la construcción de mundos posibles o ficticios a través de la fotografía, de la puesta en escena, de una pequeña pausa en el tiempo y del uso de programas de posproducción que hacen sentir más real un mundo imaginario y maravilloso.

Christopher McKenney, Sin título.
Christopher McKenney, Sin título.

Última semana “In Wonderland”

Por: Abigail Rodríguez

@abigailrhz

El surrealismo fue una de las corrientes artísticas con mayor influencia durante el siglo XX, aunque surgió en Francia se extendió rápidamente a otros países como México y Estados Unidos donde las ideas liberales y de equidad de género ayudaron a varias mujeres artistas a desempeñar un papel muy importante dentro de esta corriente, si dejar a un lado lo
sueños y el inconsciente, fuente creativa del surrealismo.

Las obras surrealistas creadas por mujeres muestran una visión muy personal de su realidad, donde se percibe una liberación de las ideologías patriarcales, los cánones impuestos por la sociedad y sus tragedias personales, para transformarlos en grandes obras de arte, que a través de la pintura, la fotografía y el cine plasman la verdeará personalidad, tanto psicológica como espiritual de cada una de las artistas, provocaban a su vez cierta catarsis que refleja los sentimientos de la autora al crear la obra.

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Tal es el caso de la pintora mexicana Frida Kahlo, quien transmitió a sus obras sus sentimientos y su visión de la vida, hecho que provocó, junto con otras pintoras el surgimiento del movimiento feminista que otorgaría a las mujeres la igualdad de género, y con ello otros derechos que antes eran exclusivos de los hombres, además de transformar la
visión de la mujer hacia ella misma y su posición en la sociedad.

Sin duda las obras surrealistas creadas mujeres artistas tuvieron un gran impacto social y cultural, obras que se pueden apreciar en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México en la exposición titulada “In Wonderland Mujeres Surrealistas en México y los Estados Unidos”, la cual está conformada por 45 mujeres artistas que realizaron sus obras entre 1930 y 1970, y que estará presente hasta el próximo 13 de Enero del 2013.

Algunas de las artistas que integran esta exposición se encuentran Maya Deren, Sylvia Fein, Lee Miller, Yayoi Kusama, Dorothea Tanning, Frida Kahlo, Remedios Varo, Rosa Rolanda, Alice Rahon, Kay Sage, Louise Bourgeois y Leonora Carrington, Ruth Bernhard, Lola Álvarez Bravo y Kati Horna, entre otras.

No te puedes perder esta interesante exposición durante su última semana en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, para más información visita el sitio web del Museo de Arte Moderno.