Entre la pistola, el violín y los demonios

Las ideas no son responsables de lo que los hombres hacen de ellas.

Werner Karl Heisenberg

El Foro Shakespeare abre puertas en sus martes a Sturm Ruger, obra original y dirección de Josué Almanza. Es complicado, por un lado me alegra a sobre manera encontrarme con autores/ directores de teatro nuevos pues refrescan el panorama y muchos vienen con ideas fenomenales e invitantes, pero no siempre pasa así, a veces se generan productos con los que uno dice: “No está del todo bien, pero es su primera obra” y al instante cancelamos este amparo con la racionalidad justa acerca de si el resultado inicial mediocre podrá deslindarse a futuro y justificar su naturaleza. He aquí una confesión acerca de una situación similar y cercana a mi parecer.

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 Honestamente no tenía idea de que Sturm, Ruger fuera una compañía de armas de fuego, en gran parte quizás por mi lejanía al tema. Pero el nombre me llamó la atención junto a dos de los actores anunciados en cartel, Amanda Schmelz y Christian Diez, puesto que tenía fresca la experiencia de Simulacro de Idilio (en la que Schmelz participaba) y Quisiera ser un rockstar (original de Diez, que recordaba en su temporada en el Teatro La Capilla) así que me adentré esperando lo mejor.

 La obra da la bienvenida con un ensamble de seres fácilmente confundibles con bestias o demonios que al ritmo de un violín desafinado se retuercen, carcajean, danzan y gritan alrededor de un cuerpo frágil al centro de ellos, la estampa es netamente fascinante y el primer gancho hace contacto con el espectador. Tras esto la historia va acerca de Sam, una adolescente que vive con sus padres (distanciados gracias a la infidelidad) en algún pueblo con un pasado que hiere y se presenta en cada momento. Vera, la madre infiel, Walter, el padre actor de comerciales y papeles secundarios. El fracaso es el panorama para juntar los cristales rotos del espejo de la realidad.

 El texto de Almanza de conduce con desdobles interesantes, permite exteriorizar el sentir de cada personaje en su subconsciente para poder lograr un análisis más detallado de cada uno y en su dirección ejecuta dicho elemento mediante la violencia explícita, coreografiada a juego con la iluminación, que separa la realidad del imaginario. Todo pinta muy bien hasta aquí, pero lamentablemente parece ser que dicho elemento no pudo resolverse en otra forma cada que hace intervención. He aquí que al cuarto grito uno ya siente que ha sido demasiado y que dejó de tener justificación.

 Lo que al principio invita a una reflexión acerca del modelo familiar sustentado en una sociedad violenta que prácticamente pone un arma en la mano de cada uno de sus habitantes, pasa a segundo plano para comenzar a soltar clichés a diestra y siniestra: la adolescente incomprendida y de comportamiento antisocial, la madre con problemas para criar a su hija y además infiel, el padre fracasado y tal vez principal víctima de la ingratitud de su familia, la violencia, la paternidad (en amplio espectro), la estabilidad mental, el noviazgo juvenil. Todos y cada uno de los temas que hemos visto de mil y un formas, ejecutados sobre lugares comunes y vacíos al final.

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 A este punto me detengo a pensar en la propuesta: la trama gira en torno a un crimen ejecutado en el pasado y que ha sido sombra de la familia en cuestión, pero dicha sombra afecta en su radio de dispersión a más habitantes. Si bien el director se preocupa por mostrar las conexiones de maneras ingeniosas y propositivas, haciendo gala de un despliegue de intervenciones de iluminación y escenográficas (obra de Arnoldo Alemán) con alta calidad, pareciera que se desvive en esta atención y deja en la soledad los aspectos positivos de la narrativa de su libreto para lucir más el cuadro y no perder foco.

 Tal vez lo que más me preocupó y en lo personal disgustó de esta puesta en escena es definitivamente el reparto, y es que solo hay dos personas en el mismo plano: Amanda Schmelz y Christian Diez (vaya ironía ¿no?), de ahí en adelante Regina Flores Ribot, Rocío Ramírez Suárez y Raúl Rodríguez de la Peña se conducen con los personajes principales denotando la falta de trabajo de construcción que hay. Cada quien corre a su ritmo, tono y forma, dando como resultado un mix heterogéneo de actuaciones que vacilan entre lo plano y lo inverosímil a lo largo de dos horas (con todo e intermedio) que bien pudieron resumirse con una visión más poética en el trazo que aunque ágil es sinuoso.

 Ni en el intermedio o al final de la obra uno no sabe que esperar o cómo reaccionar. El discurso de la violencia social se opaca al nivel que nadie entiende que buscaba el director además de marear a la audiencia y hacer creer a toda costa que es una gran obra gracias a la lista de elementos que explota. Schmelz y Diez son los dos únicos motivos interesantes para ver la puesta ya que sus intervenciones son en verdad magistrales, limpias y ubicadas, pero al final da tristeza notar lo desaprovechados que ambos están, tal vez hasta incómodos, pero profesionales.

 Véala si se atreve, juzgue y aquí nos leemos.

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Originally posted 2014-07-14 23:53:42. Republished by Blog Post Promoter

Un refugio para la vida misma

Los seres humanos preferimos reservar nuestros lados más oscuros al convivir con el resto de la sociedad. Realmente nadie es cien por ciento transparente, pues tememos que al serlo en primera instancia podamos alejar a aquellos con los que hemos buscado o querido relacionarnos. Quizás, alejarnos hasta de nosotros mismos.

 Foro Shakespeare presenta El Refugio, de Mario Rendón, dirigida por Enrique Aguilar, los sábados. La historia plantea un mundo futurista atrapado en las percepciones del pasado, dónde la sociedad ve limitadas sus opciones de libertad. Se guarda todo para poder sobrevivir, en especial la comida. Sin dejar a un lado la constante amenaza de la naturaleza por desatar un acto imprevisto que acabe con la vida de cualquiera que se exponga a la intemperie en un momento de contención, cualquiera que no esté dentro de un refugio.

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 Dentro del panorama antes descrito, un matrimonio invita a sus amigos a celebrar el cumpleaños del anfitrión. La pareja que ostenta la celebración, junto a una de las invitadas, son heterosexuales; la tercera pareja es homosexual y no es esta la única diferenciación: son los únicos que tienen hijos.  Cuando las cosas se complican, esta reunión comenzará a tener momentos de alta tensión y desenmascaramientos que denotaran los verdaderos colores en cada uno de los asistentes, haciendo de esta una fiesta de cumpleaños inolvidable.

 Bajo la dirección de Aguilar, los personajes sostienen cada postura, promesa y deseo con firmeza uno frente al otro, logrando una buena contraposición al hablar de temas que se rodean, buscan evadir y atan. Sin embargo no es una propuesta homogénea, comienza hundida en la exposición del texto, sin focos aparentes.

 Hasta la mitad de la puesta uno podría decidir que pese al buen trazo coreográfico, el ritmo que la dirección plantea hará de esta una obra detestable, más logra dar un giro de 180 grados enteramente grato. Aguilar señala el conflicto dentro de la trama haciéndolo rugir con fuerza, hace explotar el sentido del texto para aprovecha a su equipo actoral, sin embargo esto aparece muy tarde, sin haber más ganchos previos, lo cual no limita llegar a conectar con la audiencia pero sí a distraerla o desequilibrarla.

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 El texto de Rendón marca un listado de ausencias en la forma cotidiana dónde la gente ya no muere y por eso busca un refugio para existir, irónico es que cuando el sistema ha creado un modelo de vida prácticamente eterna, la exposición a la rebelión natural sea capaz de eliminar a la sociedad. Mordaz en sus posiciones dramáticas, hay una buena intención dentro del texto al idealizar que en el mundo que ofrece un cese al sufrimiento la búsqueda de la muerte se torne intrínseca y protocolaria.

 Junto a esto, la dramaturgia hila un discurso político bien aplicado, vigente; empero, la posición sobra al encontrar que hay muchos otros textos contemporáneos que caminan bajo la misma línea. Además que no pasaría absolutamente nada si fuese omitido, ya que el análisis central acerca de cómo uno cuida lo que quiere, sin darle importancia a destruir para sobrevivir o al egoísmo consciente ya es bastante interesante para trabajar.

 Si bien el resto del elenco  parece comprender el sentido de la propuesta hasta su tercer acto, son Rodrigo Magaña y  Ximena Larrañaga quienes destacan para lograr encarnar a una esposa celosa de no poder tener un hijo por vía natural y a un marido homosexual, padre de familia, harto de dar explicaciones sobre su manifestada paternidad.

 Vale la pena acercarse a El Refugio, sí, totalmente. Este montaje busca ir más lejos de lograr  hablar de equidad y tolerancia, sino de humanidad en todos sus aspectos probables. Siendo gracias a sus aciertos impactante y devastadora al grado de cuestionar eficientemente a su público sin acorralarlo. Sin duda necesita pulirse, pero vaya, ¿Qué humano no?

Originally posted 2015-03-09 13:23:26. Republished by Blog Post Promoter

Gaarder conoce a Shakespeare o viceversa

¿Si el cerebro del ser humano fuera tan sencillo que lo pudiéramos entender, entonces seríamos tan estúpidos que tampoco lo entenderíamos?
Joestein Gaarder

Entre las grandes obras de William Shakespeare se encuentra una tragedia situada en Verona, Romeo y Julieta; junto a un romance tardío ubicado en el asilamiento de una isla desierta. La Tempestad. Ambas obras convergen en el patrón de personajes románticos con ambiciones y sueños truncados por la maniobra del destino a un fin mejor o equivalente a sus propias intenciones. No es ningún spoiler que al final de Romeo y Julieta la muerte alcanza a ambos para que al menos junto a ella puedan vivir libremente su amor, ni que en La Tempestad, el mago Próspero  termina renunciando a su magia por el amor a su hija. Pero ¿y si la historia hubiese acabado de otra forma?, la visión toma forma en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque.

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  José Sanchis Sinesterra (El lector por horas, El cerco de Leningrado) toma el marco Shakesperiano de tomar títulos predecesores para generar uno nuevo, así que sustrae a Próspero y a Julieta de sus respectivas historias para jugar con ellos al último capítulo de El Mundo De Sofía de Joestein Gaader.

 Próspero se encuentra conjurando a las tempestades en un ciclo aparentemente sin fin, su libro no ha terminado, Miranda sigue a su lado; al mismo tiempo, Julieta lleva 20 años encerrada en las criptas de Verona dada su fallida muerte, viendo la vida pasar junto al cadáver de su amado estacionado en la juventud, pero a ella la edad si ha pasado encima. Entonces un día los dos se encuentran, y comienzan a darse cuenta que siempre han estado ahí, en el mismo espacio, pero separados por una categoría quizás, sólo que nunca habían podido verse realmente al creerse fantasmas ajenos.

  Ambos personajes, manteniendo su línea shakesperiana, se muestran como  seres con añoranza de encontrar la estabilidad en sus vidas, cumplir sus objetivos. Los dos reniegan la posición que el destino les ha dado en el presente, más los dos piensan que hay algo más allá de los universos que comparten, ambos podrán descubrir de que se trata al reflexionar juntos y recordando sus historias.

 ¿Por qué la asociación a Gaader?, porque justo como él hace en  El Mundo De Sofía, Sanchis Sinesterra propone enfrentar a dos personajes  en directo a su creador, poniendo en la mesa la posibilidad de abandonar su plano para integrarse en forma espiritual al del ser que les ha dado vida y los ha colocado en tales infortunios.  Se burla de sus absurdos y de su prisa por vivir mediante un discurso circular que entrevé la locura sujeta a ambos caracteres, todo bajo un lenguaje isabelino mezclando en el coloquial contemporáneo.

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 Ignacio Flores de la Lama dirige esta fantasía cómica, poniendo a los personajes sobre un armatoste escenográfico a base de madera que emula cajones, muebles, puertas, escalera y demás elementos sin relación aparente pero en un orden estratégico, todo esto representando la mente del Bardo. Es ahí donde el director propone acercar la reflexión de la verdadera propiedad y validez de los actos que una persona toma en su vida a juzgar por la sombra del designio superior que así lo quiso primero. Un acercamiento incluso muy leve a la cuestión de autenticidad del libre albedrío y sus teorías a favor y en contra.

 Shakespeare es una excusa para imaginar el interior de cualquier persona expuesto a los mandatos de la superioridad que rige al universo y la forma de poder escapar a la orden y construir el propio camino.

 Ausencio Cruz y Daniela Zavala encarnan a los desdichados personajes con una actuación justa y digna. Bajo la batuta de De La Lama, construyen seres si bien sujetos de raíz al ingenio del escritor inglés, cercanos a la realidad de un ser humano de la misma edad que representan y con las mismas limitantes, sin olvidar el sentido de la fantasía. Resultando dos actuaciones que son cercanas y disfrutables, que corren sin tropiezos con la trama e interactúan con gran naturalidad.

 Este desolado páramo, dónde los dos seres unen su desolación para aborrecer sus infames realidades, tiene dos puntos de quiebre: el pausado ritmo que puede llegar a perder la conexión con la audiencia y la iluminación. Esta última bastante simple y que si bien tiene muy buenos momentos, expone en su totalidad el espacio en general y desaprovecha los puntos de atracción fuertes a los elementos destacables. Otro elemento en tela de juicio podría ser el diseño del vestuario, el cual se aleja (en especial con Julieta) del contexto de los personajes y los muestra impecables y radiantes, contradictoria situación al resto de la puesta.

 La puesta en general es altamente disfrutable y recomendable, además logra generar el punto de reflexión en la audiencia y salvar la comicidad isabelina. Sin embargo insisto, para los que podemos relacionarla directamente a la obra de Gaarder no se sentirá tan auténtica, aunque no permeará en el gozo.

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Originally posted 2014-05-14 12:18:31. Republished by Blog Post Promoter

Discordia Elementarium Natura = interdisciplina

En el afán de innovar, se ha recurrido a la fusión de propuestas, estilos, géneros, recursos…”el espectáculo de la multidisciplina”.

La revista digital Hoja de Arena presenta la cuarta edición del Ciclo Interdisciplinario Discordia Elemetarium Natura (DEN) todos los sábados de este mes, mayo, en el Foro Shakespeare. Aún con dos sábados disponibles para  asistir y formarse una opinión, les contaré mi experiencia del sábado 10 de mayo.

Androna

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 Sólo una luz constante de figuras cambiantes fija la atención del público al centro del escenario. Expectantes desde las bancas acolchonadas del Foro Shakespeare, acostumbran sus pupilas a la persistente oscuridad. Las siluetas al frente van cobrando forma. ¿Qué pensar con respecto a un contrabajo sin cuerdas, un instrumentista sin arco y una bailarina sin pista de fondo en una puesta en escena…?

 En esta adaptada caja negra, los pequeños ruidos ignorados de nuestra cotidianidad son los protagonistas. Pasos, rasguños en la tela, el contacto entre cuerpos animados e inanimados, la amplificación de pequeños roces son una propuesta visual y auditiva bajo el trabajo creativo de Androna. David Sánchez y Columba Zabala comparten la necesidad de encontrar un diálogo en la Androna (espacio entre construcciones) de distintas disciplinas y demuestran una búsqueda cada vez más sólida (y erótica) en sus presentaciones.

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 Más iluminada la sala, entran a escena David Sanchez y Tobías Delius en el saxofón con un giro de mayor sonoridad. Éste invitado muestra gran maestría en el dominio del saxofón y la improvisación “freejazzera”, de alguna forma proyecta el sonido con todo el cuerpo: silba, grita, gesticula. Siendo la emoción encarnada, la reacción del auditorio era inminente. Luego de la presentación pasada, en que aguzar los sentidos era necesario para intimar con la escenificación, Delius irrumpe la calma con un gemido de metal cuya desesperación es comparable con el llanto del alterado infante de la primera fila. Luego de la risa, el llanto y el intermedio, Liminar ocupa el lugar al frente.

Liminar

Esta agrupación musical mexicana se ha dedicado a interpretar “música nueva”. En esta ocasión se concentraron en un programa de música alemana. De un tiempo para acá, se han dedicado a imitar los sonidos de la vida cotidiana. Tal pareciera que al sentarte en las butacas de un auditorio (diseñados cada vez más en un formato “hogareño” y acogedor) te encuentras en la sala de tu casa, donde el ruido circuncidante es algo de todos los días. Entonces se podría argumentar “¿por qué querría escuchar una composición tan caótica cuando busco escapar de la tensión auditiva, del estrés de la ciudad?” Trafico, la entrada de escuelas, la salida del trabajo, un embotellamiento…cierto, sin embargo, escuchando este tipo de composiciones, convierten el caos en algo lúdico, no deja de ser una búsqueda y vale la pena experimentarlo antes de formarse una opinión.

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Programa:
Carola Bauckholt – Luftwurzeln
Niklas Seidl – After after
Gordon Kampe – Sieben Weisse Bilder
Alberto Bernal – ¿Cómo desequilibrar las presiones que se corresponden por una y otra parte de la membrana?

DSC01725 La última pieza que fue interpretada por ellos (la de Alberto Bernal) es particularmente interesante. Carece de compás, se marca el ritmo musical a partir del pulso natural de la lectura “Tímpano” de Jacques Derrida. en un principio, imitan el sonido los huesecillos contra la membrana timpánica usando pequeños martillos y lo que aparenta ser un molcajete blanco. poco a poco se sutituye primero por fragmentos de lectura, luego instrumentales, ambos con marcados matices que van en crescendo al silencio interrumpido. A punto de concluir, son pancartas con trozos de letras, palabras, las que alzan y desechan, siempre manteniendo el pulso; llegando al clímax y fin de la obra en la que los músicos forman una frase completa:

“Diremos desde este momento que lo que aquí resiste es lo impensado, lo reprimido, lo rechazado de la música”

… y las pancartas salen volando. Y caen con delicadeza.

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Naff Chusma

 

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 Se aproxima la media noche. Salen a receso tan sólo para regresar y ver el cierre de semejante velada experimental. Un par de pantallas cuelgan al centro aparentando ser un cubo digital. Abajo, tres músicos dominan los sintetizadores creando un ambiente de goce. Arriba el cuarto a cargo del proyector.

 El cubo muestra la transformación del sonido en imágenes, ondas que parecieran cruzar el límite de la pantalla y oscilar hasta topar con los cuerpos atentos de aquellos expectantes de lo ajeno.

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Menta Movement

Baile y música electrónica en perfecta sincronía. La noche avanza junto con el fin de la velada experimental. Meta Movement hace un gran cierre con su propuesta “fractura inequívoca”. Este próximo sábado, ellos abren; así que tendrán otra oportunidad de conocerlos

La búsqueda del arte en lo cotidiano…hay mil maneras, habrá que conocerlas.

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Fotografía, MariCarmen Martínez

Originally posted 2014-05-20 10:19:12. Republished by Blog Post Promoter

Más allá del reino o de un caballo

La tragedia más larga de William Shakespeare y la última parte de su cuarteto de obras basadas en la historia de Inglaterra (claro, la historia que hasta ese entonces era como tal). Bajo la dirección de Mauricio García Lozano, Teatro del Farfullero presenta, en el Teatro Julio Castillo del centro Cultural Del Bosque, Ricardo III.

 Difícil es poder hablar de un autor que se ha interpretado de miles de formas, ¿cómo reinventar la narrativa en una solución atrayente y dominante? La  literatura shakesperiana es un material con el que se ha jugado de distintas formas para darle una estructura final alrededor de todo el mundo y desde la existencia de los mismos textos; Bastaría analizar tan solo cuántas obras de Shakespeare, o inspiradas en, se han montado en nuestro país en lo que va del 2014. La influencia es autoritaria.

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 En Ricardo III, el bardo nos cuenta la historia de la abominable ambición de Ricardo de Gloster, Duque de York, por poseer la corona de Inglaterra, sin importar quien se cruce en su mortífero camino. Ricardo es un hombre frío, sin escrúpulos o interés en velar por el bien de alguien más que el de él mismo. Pesa con la existencia de una deformidad en su cuerpo, empero que no flaquea en su avasalladora campaña de hipocresía y despojo para alcanzar la cima del dominio real y así poder ser aún más respetado, temido y poderoso de lo que ya es. La política cobrando vidas ¿Actual o no tanto?

 El autor dibuja al monarca inglés como un abominable ser que busca no menos que partir del desprecio que siente a su propia sangre para cortar de tajo con los nexos y encontrarse así como un ente único y absoluto. Ricardo III es una mente maníaca y un ser humano despreciable que tiene la capacidad de hacernos reír, hacernos temerle, sentir pena por él y tenerle asco; Todo bajo el candor de la ironía depositada en la pluma y de la evolución del texto, una acción lleva a una reacción, así Shakespeare va quitándole las capas a la historia y tal como al quitar las capas a una cebolla: el olor cada vez es más fuerte.

No haré mucho ahínco en algo que todos sabemos: Mauricio García Lozano es un fantástico director (No me hagan hablar de La Pequeña Habitación Al Final De La Escalera de la cual, confió en los astros exista una pronta reposición). En esta ocasión propone una visión bastante fiel al texto original, ataviando a su reparto con la vestimenta de una aristocracia moderna y hasta cierto punto excéntrica y con fuertes influencias latinas. García Lozano filtra cualquier dejo de la sociedad isabelina para idear la puesta en el contemporáneo, para retomar lo violento del texto y darle vida con la violenta actualidad, logrando un Shakespeare visceral y muy directo que conecta de maravilla y es plenamente asimilable.

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Carlos Aragón

Para dar vida al Duque de York, el director convoca a Carlos Aragón, cuyo trabajo en el escenario es indudablemente único. Aragón se adentra en la piel y la ambición del monarca con el tono y forma correcto, dirigiéndose sobre las tablas con precisión, fuerza y determinación absolutas. La complejidad del personaje parece no ser en absoluto un factor de importancia para el histrión, pues adopta de forma natural cada acción y cada línea transformándose poderosamente en el monstruo que avanza tomando almas y partiéndolas entre la propia vida y la muerte.

Acompañando al actor, un reparto uniforme, sólido y congruente entre sí mismos. Una compañía que desempeña su labor con gran precisión y se desdobla en mil personajes con destreza y agilidad: Haydée Boetto (un gozo en todos los personajes que interpreta), Paloma Woolrich, Sophie Alexander-Katz, Leonardo Oztigris, Américo del Río, Tamara Vallarta, Assira Abbate, Daniel Haddad y Ricardo Esquerra. La compañía se siente unificada, la química es evidente. Ningún miembro del elenco construye personajes flacos, así sean breves todos crecen en la medida justa para permitir la interacción adecuada y el impacto, pocas veces se logra un reparto con tal homogeneidad dónde todos puedan responder con la misma entrega y dedicación a las psiques de aquellos a quienes interpretarán.

El director marca la acción en un trazo ágil, que aprovecha espacios al máximo y crea diversos puntos de fuga sin perder el foco ni el hilo dramático. El ritmo es ascendente, la tensión dramática es apabullante y logra atrapar a la trama desde el primer momento soltando preguntas que se responden con otra pregunta hasta llegar a la suma máxima, respeta la composición Shakesperiana. La escenografía (de Jorge Ballina) junto a la iluminación (de Ingrid SAC) son piezas clave para un producto fascinante, espacios que lucen simples y se transforman con mínimas inclusiones en todo un plano distinto constantemente, jugando tanto con la fragmentación a partir de la neutralidad y destacando una idea original de la obra: “una pequeña acción puede cambiar el rumbo de las cosas”.

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Al principio uno entra y está aislado de todo, como cualquier cosa que a uno le dan en una bolsa de plástico al comprar en el supermercado, pero aquí no se saca al producto de la bolsa, sino que el público entra dentro de la bolsa para ver y sentir la hipocresía, la desesperación, la angustia y la muerte.

Lo fascinante de esta puesta en escena es que no es en ningún momento ajena, al contrario, cada vez es más cercana, destacable pues aunque Shakespeare sea un gran autor, no es algo fácil de trabajar para cualquier dirección. Ricardo III es dura, sangrienta, intensa, (en ciertos y gloriosos momentos) cómica y profundamente devastadora. Un espejo creado muchos años atrás que continúa reflejando los horrores de la sociedad y del poder a través de la rabiosa mirada de sus ocupantes. Perderse esta puesta es negarse a ver un clásico con una ejecución de primera.