La mujer que no se quería


En una parte recóndita de la vida, existía una mujer que no quería ser ella. Buscaba la forma de compenetrarse con el exterior, y poder admirar la banalidad del mundo que tanta depresión le ocasionaba. Corrompía el delito de sentir más de la cuenta, su grado de sensibilidad le permitía frustrarse día a día por tanto dolor e iniquidad humana, quería olvidar que el mundo parecía estar despierto pero que a su vez, solamente estaba adormecido por el temor contemporáneo.

aqui-estoy
Crédito:La Vanguardia.

 Parecía ser una mezcla de antónimos y más con los estereotipos que le bombardeaban la cabeza, una y otra vez. Cansada de andar por el camino con otros zapatos, quería adoptar unos de color más chillante – de esos que la gente aprecia más-, y la emoción le llegó de una forma tan ingenua, que quiso ser como las demás mujeres, tan asfixiadas de falsedad. Ella pensaba, que las personas sólo querían a las chicas que eran agradables a la vista –según los requerimientos sociales-, y todas las noches anhelaba ser otra persona, ser como las demás, porque ya se había cansado de llorarle e implorarle a la luna, que solamente quería ser aceptada.

 Le gustaba la noche, porque la magia de las estrellas le permitía soñar despierta y además, podía confiarle todos sus secretos a unas hojas de papel plagadas de tinta negra. Parecía que la oscuridad se conjuntaba con sus miedos, y así se hacían mejores aliados para poder platicar con el muro sobre las angustias que la acechaban cada día, cada tarde, a cada momento. Mientras las lágrimas brotaban de repente, las manos parecían articular todo el dolor que sentía, y plasmaba sobre el cielo un mar de esperanzas por cumplir, y una de ellas era ser normal y aceptada.

TE ECHO DE MENOS
Crédito:Blogspot.

 Tal renuencia para amarse a si misma, le provocó grandes inseguridades y trató de ahuyentar los miedos de miles de formas, pero siempre fallaba y la aflicción llegaba para corromper su estado de ánimo, cuando éste tipo de situaciones la acechaban. No creía en ella, y desgraciadamente no podía ver la hermosura de sus pensamientos, de su espíritu y de su gran talento para amar, lo malvado de esto es que siempre la abrumaban tantos complejos que no podía sentirse completa. Ella sólo quería ser como las demás, como esas chicas que eran normales, esas que la gente acepta rápidamente y que parecen no tener problemas, porque su mente es tan superficial que no pretenden ir más allá del presente. Esa  mujer se la vivía soñando, era su pasatiempo favorito. Divagaba tanto, que se perdía entre la gente para tocar los pétalos de las flores en el parque, para dibujar caritas felices en los dedos de los demás, le gustaba oír ruidos extraños mientras la gente peleaba, disfrutaba caminar en medio de la noche, porque la noche era tan hermosa, que todos parecían olvidarla y se consolaban con la diversión que ofrecía, pero no con su significado real.

til
Crédito:Blogspot.

 Mientras los hombres pasaban y se detenían a ver a la chica más guapa, ella pasaba inadvertida bajo sus letras y sus pensamientos, sabía que eso no le pesaba, sino que creía que no era tan divertido ser tan diferente, eso a la gente parecía aturdirle y la hacía más vulnerable hacia el dolor. Todo pasaba mientras ella caminaba, sólo escuchaba el rumor del mundo para poder entender el porqué de tanta injusticia… y así, pasaba la vida, llena de suspenso y de una grotesca pizca de advertencia.

 Harta del mundo, fastidiada de su propia persona, decidió ser como las demás y empezó a celebrar las cosas más estúpidas del mundo; planeta en el que se augura una mujer aceptable. Buscó pertenecer al mundo, siendo como las demás y obviamente, se sintió más infeliz que nunca por adoptar lo más somero de la existencia. Se preocupó tanto por dejar de ser ella, que de repente se encontró con la espada que le haría más daño. En ese afán por buscar un cambio, olvidó la belleza de toda su singularidad, ese toque que la hacía tan especial a la vista de los demás, sólo que ella no quería darse cuenta de lo que era realmente; era la gota de aceite sobre el agua, pero se empeñaba en no serlo.

kol
Era lo que el viento le dijera. Crédito:Blogspot.

 El espejo parecía mentirle y ser su peor enemigo, es por eso que no se llevaba muy bien con él y su trato siempre fue ofensivo, no había una situación cordial entre ellos, al grado de que mandó a quitar todos los espejos de su casa, para poder sentirse más tranquila. Ellos no eran amigos y parecía que no iban a tener una relación de respeto. Porque esas láminas resplandecientes, le mostraban algo que no quería ser.

loki
Lo sublime del viento fue su guía. Crédito: Flickr.

 Pasaba el tiempo, y de repente encontró que el mundo merecía pensamientos sinceros y bellos. Y decidió por primera vez ser ella, con esa luz tan deslumbrante que se negaba a ver, con toda esa lluvia de emociones que no quería que le invadiera, puso un espejito sobre su tocador, para verse de vez en cuando y poder quererse poco a poco. La aceptación comenzaba a fluir y de repente sin demora alguna, llegó alguien que la haría sentir más especial de la cuenta, era un alma que también disfrutaba de los detalles más sublimes de la vida. Eran unos soñadores entre el mundo que está dormido. Así comenzaron la existencia de lo desconocido. Ella, ahora es lo que siempre quiso desechar. La vida no se equivoca.

Originally posted 2014-10-27 09:43:02. Republished by Blog Post Promoter

Prejuicios femeninos: Perspectiva del siglo XXI


Me negué a reconocer que realmente tenía un problema de autoestima desde muy pequeña. Me la pasé viviendo con prejuicios en torno a la opinión pública, al cómo te están viendo, al si te aceptarán o no y otras frases que no difieren de este contexto que tanto le pega a la mujer, y que paradójicamente no es cuestión de novedad, sino que esto ya se vislumbraba desde que comenzó a presentarse como objeto para el mundo, es decir, como si fuera la mercancía más demandada en el mercado.

 Cuestiones simples como la ropa, el calzado y demás situaciones divergen en el poder para manipular a la mujer en un sólo instante, lapso que puede determinar su cambio abrupto en estados de ánimo y que la vuelven presa fácil de los estándares sociales. Mientras más flaca, mejor –piensan las más vulnerables-, mientras que las más fuertes sólo tratan de aparentar que todo está bien y que la aceptación fue algo fácil de ejercer.

pedro sosa
Ilustración elaborada por Pedro Sosa.

 La venta de un cuerpo con las medidas que más desaten el pensamiento del hombre, la creación de un estereotipo que por genética no tiene pertenencia alguna, la constante publicidad en torno al “debería” de una mujer, la manipulación a través de sus funciones sociales y otras cuestiones más la arropan para crearla al molde de requerimientos sociales que no le pertenecen. La hacen parecer un maniquí de aparador que no debe moverse y sólo acatar una serie de normas que enaltecen un ego injustificado.

 Tal vez parezca un simple problema de autoestima femenino, pero la situación va más allá de un cotidiano prejuicio mortal. La cultura occidental –principalmente a mediados del siglo XX- , ha adoptado una serie de patrones que desmoralizan a la mujer y en su acervo cultural, sólo hace hincapié en lo que está bien visto, sin importar que tan vacía o seca se sienta. El eje, muchos lo piensan desde un problema de peso/sobrepeso, otros  desde el significado de belleza y los más ortodoxos desde una diferencia de género. Entonces, ¿Qué define a los prejuicios femeninos?

 Los prejuicios femeninos forman parte de nuestro andar ; en el proceso de desarrollo adoptamos una serie de objetivos que han sido impuestos. De ahí, surgen maneras de poder compenetrar en cada meta como es el ingreso al trabajo, a la escuela, a cierto círculo social y entonces las preguntas empiezan a adentrarse de mayor forma en el pensamiento de la mujer y es cuando la inseguridad llega de repente, de manera que no da paso para crear condiciones de identidad. Desmotivaciones y una indignación hacia sí misma es el resultado de querer aparentar y no ser, de forma que la máscara se convierte en el artilugio de mayor precio en un mundo que se corrompe por cuestiones tan superfluas que no cobran un significado inherente al ser humano. Una existencialismo dudoso y que enaltece las condiciones más vertiginosas del mundo contemporáneo, visten a la mujer entre sedas e interrogantes de quiero….pero no puedo.

 Una sonrisa llena de botox, un pensamiento rígido, un debo hacer y un dilema entre querer y poder incrementan la inseguridad de la mujer. El énfasis no radica en una comparación entre su misma condición biológica, sino en una cuestión de subordinación social, ahí es donde se encuentra el conflicto principal, no en el peso, no en las vestimentas;la disyuntiva es mucho más compleja.

 El tormento de los prejuicios femenino recae en la posición ante un papel que ha sido adoptado y que no se ha modificado desde el momento en que se aceptó como una imposición; su determinante ante hechos que por sí mismos no se han esclarecido, además  no se dio el tiempo preciso para cuestionarlos. Con grandes barreras por reflexionar sobre sus méritos a diferentes lapsos, la mujer creció en el olvido de lo que realmente quería.

 Reitero, no es el vestido, no es el cuerpo, el prejuicio es cuestión tan arraigada al individuo que un simple análisis lo relaciona con cuestiones que tengan que ver con situaciones atípicas a personalidad, y por lo tanto la vulnerabilidad de la sociedad femenina se fomenta desde una condición biológica y no de aptitud – he ahí la gran limitante-.

 La mujer es requerimiento social, pero en ese afán por serlo niega su capacidad de crear y transformar ciertas condiciones que ya le fueron impuestas; se aferra a esa zona de confort que tanto le place y que sucumbe entre su afirmación o negación –según sea el caso-. Mientras los vestidos son más ajustados, las tallas parecen abrumarla de una manera abominable, si su ser ya no está tendencia por medio de la exigencia, su vida corre peligro entre si reflexiona o no. ¿Cuántas de verdad critican su situación ante el mundo? Es entonces, cuando el prejuicio invade el ejercicio de opinión, para impedir tener un posicionamiento claro sobre su desempeño en todas las facetas de la vida.

Originally posted 2014-11-06 10:27:31. Republished by Blog Post Promoter

Algo más que simple trova…Músicos y músicas

¿Escuchas eso? Sí, ese sonido tan bonito de cuerdas: cuerdas punteadas por una misteriosa melancolía, arpegios, rasgueos y oportunos silencios; la voz de una señorita guitarra que da un abrazo sonoro al canto del trovador.

En la Edad Media, en Francia, los trovadores surgieron como músicos de la corte que interpretaban canciones de su autoría. Sus letras estaban dedicadas a la mujer inalcanzable.

trovador

Desde hace algunas generaciones, en las secundarias y preparatorias, no falta el joven que toca la guitarra y canta las bellas canciones de Silvio Rodríguez o algún otro trovador conocido. Generalmente, tampoco falta la muchacha que suspira sólo de ver al joven intérprete.

Hoy en día, la esencia de la trova sobrevive, sólo que esa mujer inalcanzable en ocasiones se viste de madre, de infancia, de patria o de la vida misma; otras veces, simplemente es una hermosa mujer, musa del hombre que sabe decir bellas palabras en compañía de su gran amiga, la guitarra. Ese hombre que se vale de la poesía y de la música para aflorar su sensibilidad y percepción de la vida.

Cuando uno se acerca a la trova actual, puede ver que su sonoridad y su poesía caminan de la mano y van más allá de un querer llamar la atención de una o varias mujeres. Con el paso de los siglos, la trova ya no es sólo una canción dedicada a un amor platónico, el trovador también reflexiona sobre sí mismo y sobre el mundo. Víctor Jara nos canta en “Manifiesto”:

<<Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz
canto porque la guitarra
tiene sentido y razón…>>

Si se analiza la letra completa, podemos ver que el trovador del siglo XX es humilde, sufridor de las desgracias de su pueblo, romántico soñador, esperanzado a que el amor llegue a su vida. Y no precisamente el amor de una mujer, como lo han aclarado varias veces los mismos autores: Juan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, David Haro y Carlos Varela, por mencionar algunos. Sin embargo, muchas canciones se malinterpretan. Claro que éstas pueden dedicarse a una dama, pero en realidad es una manera de disimular la verdadera dedicatoria y así evitar la censura de la obra.

1365539099_498084204_1-Clases-Guitarra-Clasica-y-Electrica-quisco-algarrobo-isla-negra-el-tabo-Algarrobo-el-canelo

Los trovadores llegaron desde Europa a Sudamérica como parte de las tradiciones que trajeron los españoles. De ahí que el trovador latinoamericano refleje en su arte el dolor tan inmenso de quedar despojado de lo propio: su guitarra llora las historias que el cantor entona, el trovador hace retratos de todo lo que pasa a su alrededor y expresa en ello su sentir.

Cuando tomamos en cuenta lo anterior, toda canción se escucha diferente y todo cantor se mira de otro modo. Se puede elegir mejor lo que se canta a la joven enamorada, a la madre, a la patria o a la vida misma. Hacer que la música nos muestre de manera sincera y noble ante el mundo, se vuelve alcanzable.

¿Escuchas eso? Sí, ese bonito sonido de cuerdas punteadas por la mano de una voz de suave brisa alentadora. Trova hermana de la poesía. Cancioncita de color cálido que abraza nuestras almas, que perfuma nuestro aire con su sabor a tierra de la que brota el amor que un día nos dio a luz.

Originally posted 2013-11-18 14:03:51. Republished by Blog Post Promoter

El almacén de la imagen: Batten y la crítica al modelo de belleza

 La belleza femenina, menciona Giles Lipovetsky en La Tercera mujer, se ha estandarizado a partir de un proceso en el que el desarrollo de la cultura industrial y la mediática han sido fundamentales. Desde inicios del siglo XX, la prensa femenina, el cine, la publicidad y la moda han difundido un modelo de figura femenina idealizada.

Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Las mujeres hemos crecido viendo y escuchando sobre el ideal físico y mental femenino, la imagen de la mujer bonita, esbelta e inteligente permanece en nuestro imaginario de feminidad y de éxito, aunque esto último pueda ser más subjetivo. Las imágenes que representan ese modelo de belleza nos rebosan la cabeza día con día. La nueva historia del bello sexo tiene lugar en el momento en la que el ideal de belleza entra en la era de las masas.

 Algunos artistas han consumado su obra a partir de una crítica a estos estándares de belleza que promueven el uso excesivo de maquillaje y plantean la cirugía estética como una herramienta para lograr acercarse a ese ideal al que aspira el bello sexo del siglo XXI. El universo de las mujeres se ve compuesto también por ejercicios físicos y dietas para conseguir ser delgada y valorada por ello. El cuerpo de la mujer ya no tiene como fin único agradar a los hombres, sino que también debe embelesar a otras mujeres. En este sentido la fotografía de moda ha mostrado un modelo de belleza, tanto femenino como masculino, que condiciona la naturaleza del cuerpo. Este tipo de fotografía está más bien dirigida a un público femenino que consume los estándares culturales y de hermosura que esta propone.

 Sin embargo, la fotografía también ha fungido como medio de denuncia contra el modelo que se ha venido impuesto a partir de la segunda década del siglo XX.

Julia Fullerton- Battern, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Un ejemplo de ello es la fotógrafa alemana Julia Fullerton- Batten (que trabajó para la revista Vogue durante algún tiempo), quien realiza una crítica social con respecto a los estándares de belleza en el mundo a través de su serie Unadorned (2012). Es importante mencionar que Fullerton- Batten se desarrolla como fotógrafa surrealista contemporánea, haciendo uso de herramientas de pos producción que le permiten crear paisajes y escenas que podría remitirnos al mundo onírico. Así pues, la serie se centra en una crítica al concepto de belleza manipulada, según expone la fotógrafa al hablar de su serie.

 Lo que quiere mostrar es precisamente todo lo contrario a lo que se observa en las revistas de modas, esto es,  la forma en la que se expone a la mujer en el ideario cultural de hermosura: mujeres frías, plásticas que modelan inmóviles y ligeras. Es decir, dejar de lado aquellos estándares que aprisionan a la mujer. Así pues, exhibe mujeres que normalmente no se muestran en el mercado que va dirigido al cuerpo, a la delgadez: presenta mujeres voluminosas, que parecen no tener miedo a sus cuerpos curvos. Usa la imagen de la mujer corpulenta como medio para criticar a una sociedad que se hace énfasis en la figura y el tamaño del cuerpo de la mujer. Se trata de chicas que aceptan que sus cuerpos son como la naturaleza quiso que fueran.

 A pesar de la crítica social que Julia Fullerton- Batten hace a través de la figura de modelos corpulentas y de su  intento por juzgar ese mundo en el que la idea de belleza ha sido manipulada, es importante observar que su trabajo no se libra de los estándares de belleza femenina que ella misma critica. Fullerton enmarca a sus modelos en un ambiente cálido, eso parece obvio por la paleta de colores que selecciona para la mayor parte de las fotografías de esta serie. El uso de tonos cálidos, entre amarillos y marrones, así como la voluptuosidad de las modelos se contrapone al modelo de mujer plástica y fría que se muestra en las revistas.

Julia Fullerton- Battern, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 A eso se le añade el uso de muebles de madera con estilo clásico que recuerdan a los retratos del siglo XVIII en los que la figura de la mujer aparece rodeada de objetos propios de las actividades femeninas: instrumentos musicales y libros que exhiben a la mujer culta. La fotografía de Fullerton- Batten sigue exponiendo a la mujer en el escenario de lo privado. Así pues, podemos observar que los ambientes propuestos por esta fotógrafa giran en torno al hogar: aparece una sala, la cocina, salones propios de las actividades de la mujer noble del XVIII en donde se puede observar un piano e incluso libros. También incluye la figura masculina en el entorno de lo femenino, sin embargo los hombres que aparecen en estas fotos se notan ausentes o incluso molestos por ello.

Julia Fullerton- Battern, fotografías de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, fotografías de la serie Unadorned, 2012.

 Los elementos naturales no se hacen ausentes, sino todo lo contrario. La fotógrafa añade flores, plantas y frutas con colores cálidos, tal vez para darle un toque de feminidad a la foto. Algunas veces las flores aparecen un tanto marchitas o en el proceso de marchitarse. Como si aquello femenino que pudieran estar representando estuviera a punto de morir. Algunas fotografías exponen a las mujeres obesas en escenarios de abandono, es decir, dentro de casas o invernaderos desgastados… al igual que sus cuerpos.

Julia Fullerton- Battern, fotografía de la serie Unadorned, 2012. Los espacios en estas fotografías se notan abandonados. La suciedad en los vidrios y el desgaste en las paredes reflejan el deterioro.
Julia Fullerton- Batten, fotografía de la serie Unadorned, 2012. Los espacios en estas fotografías se notan abandonados. La suciedad en los vidrios y el desgaste en las paredes reflejan el deterioro.

  ¿Será que la fotógrafa logra su objetivo de criticar a una sociedad que oprime, modela y manipula la belleza? Las mujeres voluptuosas de sus fotografías parecen más bien abrumadas y los escenarios a veces desgastados reafirman el sentimiento de vergüenza ante un cuerpo que no se adecua a los estándares de belleza y esbeltez. De pronto aparece la imagen de una mujer que se asoma al espejo, tal como lo hace Narciso cuando mira su reflejo en el agua, que se observa a sí misma maquillada, peinada, atiborrada de joyas, como queriendo encajar justamente en ese modelo de belleza propuesto por revistas como Vogue. Pero es gorda y su gesto es más de confusión que de aceptación de sí misma. Nos encontramos ante la contraposición entre el lujo y el abandono, la delgadez y la gordura, la felicidad y la tristeza, la aceptación y la negación de un cuerpo que no es como la sociedad plantea que debe ser.

Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.
Julia Fullerton- Batten, de la serie Unadorned, 2012.

 Al final del día se puede observar tanto en las fotografías como en la visión crítica de la fotógrafa  la concepción de la mujer con respecto a su papel en la sociedad del siglo XXI. Es decir, se ve a una mujer que sigue sumergida en lo que Lipovetsky llama la prisión estética, aquella que sucede a la prisión doméstica y que sigue subordinando a la mujer a su rol tradicional estético- narcisista.