El proceso animal

La fuerza y la mente son opuestas. La moralidad termina donde empieza la pistola.

Ayn Rand

Nunca había tenido el tiempo para lograr coincidir y asistir a ver Bola De Carne, texto de Bernardo Gamboa creado escénicamente por el mismo y Micaela Gramajo. Ahora vuelve con una breve temporada al Foro A Poco No. En el aspecto personal solo sé que me urge tener ese texto en mis manos para leerlo una y otra y otra vez hasta que logre asimilar la genialidad obtenida; siendo objetivos, esta es la historia.

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 Ante un juzgado, dos criados relatan lo sucedido cuando una tarde Lavinia, la hija del patrón, accedió a acompañarlos e introducirse en la práctica de la caza de cerdos con cuchillo en mano. La asamblea percibe un crimen que al momento tiene víctima fija, pero tal vez no es así. A partir de la deconstrucción del concepto de la moralidad, dos humanos danzan entre la historia de guía, su naturaleza, el miedo y la disertación filosófica para encontrar una respuesta. No son nadie para indicar un juicio, más tratarán de efectuar un acuerdo, como una sola persona u objeto. Dos bolas de carne que avanzan sin nada más que su naturaleza interpuesta al adestramiento.

 El verdadero teatro logra catarsis, se adhiere al alma, toca, vibra, emociona, y detona. A través de la composición del texto de Bola De Carne, Gamboa nos entrega una estupenda avalancha de sentimientos coordinados bajo la inclinación del racismo y la ensoñación. En un escenario que sólo necesita pocos elementos de utilería como libros, un juego de té, tierra y una cabeza de cerdo, Gamboa y Gramajo aparecen como dos seres sin máscaras que tratan de desenmarañar la existencia de un aparato moral dentro de una sociedad que jerarquiza con la intención neta de degradar su propia raza en tantos tonos como le permitan acercarse a la pureza.

 ¿Los cerdos aparecen como las víctimas o los victimarios? Sabemos que hay alguien que lo consume y para lograrlo debe darle fin a la existencia de su alma, pero al ser objeto meta desencadena una lucha entre los cazadores por obtener la presea, se sabe codiciado, hasta cierto punto es un animal frívolo entonces, pero luego se rompe esta visión para recordarnos algo: es el hombre quien adjetiva la naturaleza, la susodicha existe en su compuesto sin hacer más que un ciclo de vida, pero es el hombre el que intenta darle los matices que  requiere para lograr complementarse.

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Entre el encierro y la muerte prefiero la muerte, tiene más chiste.

 La obra es una historia que nace, se interrumpe y desarrolla en medio de la violencia y el razonamiento del vacío. Es una composición visceral que aísla la interioridad de las pasiones y deseos reprimidos, al tiempo que demanda la existencia de la debilidad de las instituciones  del poder que intentan regir con justicia ciega partiendo de la postura de aquel que salga más dañando en un siniestro. Ese siniestro es la vida misma.

 Nuestros actores serán dos animales salvajes excelentemente coreografiados para insertarse en una civilización dominante en una domesticación que involucra el surgir de las bases de los crímenes de odio. No hay certeza de quien ejecuta el crimen, el verdadero crimen, ¿El cazador?, ¿El animal?, ¿El jurado? Gamboa dirige con astucia las palabras del discurso para tratar de dar al público la última palabra indicando un supuesto importante: nadie es lo suficientemente apto para poder juzgar aquello a lo que es ajeno.

 Tanto Gramajo como Gamboa ejecutan actuaciones sólidas, plenas. Correctas en tono y forma y con deliciosos matices y movimientos que permiten apreciar la integridad de dos seres en su cualidad animal, sexuada, real. No solo son trabajos francos, son entregas que exteriorizan las propias necesidades del alma en búsqueda de una comprensión que vaya más allá de la posición espectador-artista, este ejercicio pide  apertura de mente y alma para reacomodar las piezas de un fundamento inválido que dirige el ritmo de las acciones cotidianas.

 Uno no ve estos maravillosos trabajos y se dirige con ligereza al final rumbo a la puerta, a menos que haya perdido toda sensibilidad dentro de sí. Micaela Gramajo y Bernardo Gamboa buscan mover y acercarse al corazón y a la mente con cuadros tan surrealistas como un cerdo tomando el té, bajo la influencia del espejo social. Todo bajo música delicada y desesperanzada y una iluminación que apunta focos de acción sujetos a la fuerza.

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 El ritmo es preciso, se detiene la palabra para recuperar el movimiento, permite aceptar cada oración. Respira junto con la audiencia. De la misma forma, introduce la tensión dramática en pleno para soltar un poco con movimientos de comedia ingeniosos y disfrutables a carcajada plena que luego se giran y se tornan oscuros. Al final la puesta entrega la soledad y autenticidad de la misma frente a la ideología de la vida humana. Sí, los seres humanos nacen, crecen, se reproducen o solo consuman su apetito y al final mueren. Así la obra, solo que al igual que el ser humano que no acepta las problemáticas de su existencia la obra misma se permite abrir camino ante la muerte directa o la tortura. Y su decisión no es fácil.

 Lo invito plenamente a permitirse ver esta maravilla escénica los martes y miércoles a las 20:30 hrs. Sea testigo del proceso de creación de dos bolas de carne que batallan en el escenario.

Originally posted 2014-07-19 15:13:13. Republished by Blog Post Promoter

Algo sobre una obra, o acerca de Algo sobre una pareja y un hijo

Lorena Abrahamson & Gramajo

Me siento contrariado al respecto de lo que pueda decir a continuación. Tras asistir a “Algo sobre una pareja y un hijo”, en el Teatro El Granero, Xavier Rojas, salí con muchas inquietudes y necesidad de resoluciones inmediatas a lo que estaba pasando. Llegué a pensar que tal vez solo era mi sentir personal, pero al tiempo que escuchaba comentarios del público que abandonaba el recinto, descubrí que no estaba mal yo, sino que en general había mucho ruido por ser interpretado en la audiencia.

 El texto de  Agustina Gatto nos presenta a una mujer joven llamada Carolina, que acaba de terminar una larga relación con su novio, pero queda un leve detalle que acaba de notar: está embarazada. Al tiempo que su departamento se inunda, su amiga Patricia continúa en búsqueda de un bebé por diversos tratamientos. Carolina no quiere tener a ese hijo, su amiga muere por ser madre, su amiga Mariela estaría totalmente en contra pero ¿Y si se lo vendiera?

Micaela Gramajo
Micaela Gramajo

 Hasta aquí el planteamiento y nudo entran en una buena propuesta, que se acompaña de un elenco con 3 fuertes cartas: Micaela Gramajo, Mariannela Cataño y Ernesto Álvarez, acompañados de Lorena Abrahamson. Estos actores se suben a un barco con Matías Gorlero al mando de la dirección. Todo suena muy bien, ¡Vaya, hasta el póster es atrayente!, pero ¿Entonces qué pasa con esta obra que no logra ser entendida por sus espectadores?

 Por una parte está el lado actoral, tanto Micaela Gramajo como Ernesto Álvarez logran actuaciones francas y creíbles, que se acercan realmente a la problemática humana de la funcionalidad familiar inexistente. Pero en el mismo cuadro con estas actuaciones en un plano totalmente dramático, entra el personaje de Mariela, interpretado por Mariannela Cataño, que es notoriamente el elemento cómico (con vises dramáticas importantes, pero subdesarrolladas), pero se siente forzado y en el tenor de las circunstancias hasta puede parecer sobreactuado. Para cerrar la gama, Lorena Abrahamsohn como Patricia, la amiga que busca desesperadamente ser madre y a quien en ningún momento le podemos creer este deseo.

Lorena Abrahamson & Gramajo
Lorena Abrahamson & Gramajo

 Golero nos presenta pues una puesta con un elenco bastante disparejo en sus técnicas y formas. Si bien hay una intención muy buena de representar el desorden interno de la protagonista a través del departamento en dónde vive, la poca interacción de los elementos con el público genera un inevitable desentender de lo que pasa.

 Otro punto de enorme desconcierto es el espacio y tiempo, mucha gente (entre la que yo me cuento) nos preguntábamos, ¿Dónde pasa la historia?, en Argentina, porque los protagonistas tienen el acento, ¿no?, pero, ¿Porqué todos los demás personajes no lo tienen, pero si usan conceptos argentinos?

 Por lo consiguiente, el texto resulta confuso y crea incluso humor involuntario. Además de que deja muchos aspectos sin analizar dentro de la propia visión del problema, siendo entonces un breve (muy breve) esbozo de una situación, sin la fuerza suficiente para lograr afectar o generar catarsis, pues culmina súbitamente al llegar a su especie de clímax.

 Todo este conflicto me trae bastante contrariado por un comentario del público (notorio principal motivante a esta crítica) que rezaba: “Se siente como una telenovela”. Lo que me perturba al momento es el hecho de que dicho comentario lo comparto, es más, me encuentro profundamente identificado con esta idea, cuando el tema de la obra era para verdaderamente shockear al que se dejara presenciar la puesta.

Gramajo & Ernesto Álvarez
Gramajo & Ernesto Álvarez

 

 ¿Qué está pasando con la curaduría tan buena que se tiene para las obras representadas en el Teatro El Granero?, esperemos solo sea un breve bache.