Tiraje de nada

Alguna vez me contaron un chiste. En un principio me dio risa, ya después, no tanto.

El problema de que un chiste sea reflejo de una parte de la realidad es que, con el tiempo, ya no nos cause tanta gracia.

El chiste: ¿Qué habría pasado si Kafka hubiera nacido en México?

La respuesta: Hubiera sido naturalista…

Espero la mayoría haya entendido. Si no es así, quizá formen parte del chiste.

Bueno, el punto es que así es; en México reina el absurdo, y eso nos parece chusco. Que ocurrencias– dicen. Porque sólo aquí, 4 carriles se convierten en 1; el dinero no alcanza para arroz, frijoles y tortillas, pero lo que nunca falla, es el refresco de cola de 2 litros en al mesa; no hay para los útiles escolares; sin embargo, se debe ser fiel al equipo y nunca faltar al partido. Gane o pierda, nos vamos a celebrar. No importa, yo invito-dicen.

 Y si juega la selección, ni se diga. Ahí se va todo el orgullo nacional. Se compran las veladoras, se uniforma al Niño Jesús dirigiendo las plegarias a la victoria del equipo. Dios mientras ganemos- dicen. Si ganamos, todos somos “México lindo y querido”; vivan los héroes que nos dieron patria. Pero si pierde, dejamos de ser uno solo y sólo pierden ellos.

 Así somos. ¿Será acaso que nos hemos vuelto un producto de la cultura popular diseñada por el Estado e implantada por los medios? Para fines nuestros, es importante agregar a otro “presunto causante” de tan atinada maldad: aquellas editoriales (que lejos de cultivar, producen pura cosa transgénica).

 Los medios de difusión masiva son los encargados de la formación, consolidación y deformación de la cultura. La formulación y reformulación del orgullo nacional se basa en dos constantes que encontramos adheridas a nuestro país: religión, fútbol y vacuidad artística contemporánea –a lo que Lipovetsky denominaría nonsense-.

“El arte es la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido.”Oscar Wilde

 De tal manera, nacen las figuras, ídolos o iconos populares, ya sean religiosos, deportivos, artistas. Algunos (sino es que la mayoría), dependen enteramente de la circulación que se les de en los medios para seguir a la cabeza, dando de qué no hablar (porque, ciertamente, no hay mucho que decir). Mientras, el pueblo depende de ellos, de lo que digan (que no es nada) o lo que se diga (volvemos a lo mismo) de ellos.

“A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento.” Gilles Lipovetsky

 Para Carlos Monsiváis, la creación del criterio surge a partir de la variedad de puntos de vista. Cierto. Las opiniones enriquecen nuestro conocimiento, nos pone a prueba frente a nuestros argumentos; lo pueden reforzar o bien, tenemos la oportunidad de cambiar el cuadro. ATENCIÓN: las conversaciones fértiles no atentan en contra del receptor. Diría Sabines “no quiero convencer a nadie de nada”.

“Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado (¿Quién es quién para decir “esto es así”, si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y tanteos y de búsquedas?)” Jaime Sabines

 Nuestro criterio surge tras disponer de las opiniones expuestas, principalmente, por parte de las empresas que forman duopolios televisivos, y también, de la falsa literatura tras el sello de un best-seller.

http://throughthetimes.com.my/author-of-the-month-2/

 La mentalidad de los que vivimos aquí se va reduciendo por cada capítulo en donde se vende el portentoso mexican dream; o aquellos 90 minutos donde no nos matamos entre nosotros porque venimos de la misma madre. No es una escapatoria a los problemas, todo lo contrario. Precisamente, ese es el problema. La identidad de una nación no se reduce a un partido, tampoco basta con tener fe ni creer en el nombre detrás de las páginas de un libro.

 No dejemos que manipulen las circunstancias con la moda y el uso de las luchas del momento. O, al menos, que lo intenten con la nuestra.

¿Qué fue del terror?

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¿A quién no le gusta ir al cine a sentir adrenalina?

Al gritar, al taparse los ojos, porque sabes que en cualquier momento algo malo y horrible va a ocurrir, sientes como el vello se te eriza y tienes ganas de salir corriendo de la sala de cine.

 Eso es lo que hace con nosotros el buen cine de terror, pero ahora ya no se toma mucho en cuenta el suspenso o las historias que de verdad llamen la atención al público por su innovación, un buen guión o buenas actuaciones, lo de ahora ya son películas llenas de sangre, cuerpos mutilados, exorcismos exagerados y muñecos diabólicos.

 El cine de terror surgió de la literatura de este mismo género, donde se extrajo la idea de meter leyendas populares, supersticiones, todo basado en los temores de la gente, tomados de la cultura popular. Los cuentos por otra parte nacieron en la mitad del siglo XVIII; de ahí surgieron los personajes básicos como: los monstruos, fantasmas, brujas, zombies o el mismísimo Frankenstein.

Psicosis

 Los escenarios más usados son los cementerios, las casas abandonadas, castillos, ruinas; lugares lúgubres que forman una combinación perfecta con el sonido, creando una atmósfera macabra y atrayendo al espectador a formar parte de la historia. Teniendo como referencia Psicosis (Psycho, 1960), El Resplandor (The Shining, 1980) o Tiburón (Jaws,1975), siendo más famosas por su banda sonora.

 El mal, es el protagonista de la película, despertando los más bajos códigos de conducta, moral o bondad. Los personajes principales, que por lo general son todo lo contrario a la maldad, deben luchar contra seres llenos de ira y sed de venganza.

 Pero el cine de ahora ha evolucionado tanto, por ejemplo, gracias a las salas de cine en 4D se puede tener una experiencia aún más real, desafortunadamente  las historias ya no son nada nuevas y la experiencia no se concreta. Tenemos por una parte el apocalipsis zombie, o el enfermo mental que se alimenta de la gente, o los típicos grupos estudiantiles que llegan a un bosque por diversión encontrándose con un tipo con serios problemas mentales, historias que terminan exterminando a la mayoría de sus personajes y dónde lo único que provoca es risa involuntaria, o asco por los litros de sangre falsa derramada o la asquerosa carnicería.

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 Otros conceptos interesantes que se han tomado en este género es el “falso documental”, películas grabadas en primera persona sin grandes efectos visuales, donde todo es grabado con una “cámara casera]”, dándole el efecto de realismo buscado y creando una mayor empatía con el publico. Un filme famoso en este rango es El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999) estrenada en el año de 1999, aunque esta técnica fue originada por la cinta Holocausto Caníbal lanzada en 1979.  Y de las que tenemos como resultado ya en años más recientes encontramos a  Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2011), REC ( REC, 2007) o Cloverfield, Mounstruo (Cloverfield, 2008).

 Muchas otras cintas solo son remakes de películas viejas y famosas en su tiempo, a las que solo les aumentaron más violencia, o incluso modificaron la historia, mejorando los efectos especiales, con esto la iluminación y la banda sonora, pero no todas tienen la ventaja de superar a las versiones originales, de eso depende el gusto de cada persona y por supuesto la visión del director.

 Esperemos que el cine de terror retome esas características que lo hacían un género llamativo para el espectador dejando a un lado el Gore comercial. Pero, ¿tú qué opinas?

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