Entrevista a Ologuagdi, pintor Kuna

“La mejor universidad en la que he estudiado ha sido el útero de mi madre. El amor siembra las mejores banderas y de una de esas banderas plantadas nací yo. Cuando nací ya tenía los pinceles en la mano. Y ahora la única responsabilidad que tengo con todos es el amor. ” Me parece escuchar la voz de Ologuagdi,pintor panameño, serena y anestesiante parlamentar su credo fundamental, como si recitara una elegía a las piedras y a las plantas.

Nacido en la ciudad de Colón,  el 24 de Junio de 1953, Ologuagdi u Ologwagdi, pintor kuna, es hoy por hoy una de las voces más representativas del arte panameño a nivel mundial y también una de las más bonachonas y sinceras.

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“Yo soy un nexo directo con la negritud,” dice con su voz ora determinada y contundente, ora inaudible y pequeña. Vivió su primer infancia, como él la llama, en la ciudad de Colón, ubicada en la costa caribeña de Panamá, donde tuvo sus primeros acercamientos con la raza negra, la pintura y las artes gracias a su abuelo, un ebanista y carpintero, que significó, también, su conexión con la ciudad y la vida urbanizada. Como su padre, él también tomó formación en las artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Panamá.

Gana su primer premio de pintura a los 15 años por vanguardia artística joven, con una pieza hiperrealista: un tazón de cristal con uvas y una botella.El premio lo recibe  de  las  de manos de Carlos Alberto Palomino. Es gracias a esto que desiste en su deseo ser cura y párroco y aquí comienza a extender sus brazos como grandes raizales sobre la pintura panameña para poco a poco, consolidarse como un gran árbol chiriquí bajo el que muchas cabezas toman, ahora, un descanso a la sombra. Aunque a la par de la pintura, durante su juventud no conoció los límites en cuanto a oficios y profesiones, ya que trabajó como mesero, ayudante en un estudio de fotografía, sastre, entre otros para sostener endeblemente sus necesidades.

“Cualquier zaguán es una galería.” Esta frase fue y es, aún ahora, una línea más de su credo fundamental de vida. Y es en función de esto que su trabajo nos ofrece nuevos horizontes, como el primer grupo al que se unió: el “Trópico de Káncer”. Un grupo artístico-anarquista en la década de los 70’s. en  el que podían encontrarse artistas de todo tipo, desde músicos, poetas, pintores, actrices, como Ileana Solís, Ventura Rodríguez, Káncer y Virgilio Ortega, entre algunos otros. Después en 1972 se suma al Programa Bilingüe de Panamá como ilustrador de libros. Y más tarde en 1974, se une a la brigada muralista de José de Jesús “Chucho” Martínez donde pinta algunos murales cerca del Chorrillo, aunque, al día de hoy, muy pocos sobreviven, debido a la represión política y expresiva de aquél momento. En 1975 gana el Concurso de Pintura “Soberanía”.
Muchos años después, en 1985, se une al GECU, el Grupo Experimental de Cine Universitario donde se combate por La Carta de Soberanía y en contra del Tratado del Canal de Panamá. Al mismo tiempo participa en la creación de revistas culturales y de protesta como La Plancha.

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Y para finalizar éste año, consigue después de más de 12 meses de espera, los fondos necesarios para publicar una antilogía de pintores panameños de la época. En 2008 participa en la película más galardonada del cine panameño en su historia, El Viento y el Agua, ganadora de 7 premios hasta el momento.  Actualmente colabora en la “Brigada Muralista de Káncer Ortega Santizo” un colectivo de fotógrafos, pintores y músicos dedicados a promover el arte autóctono de su país.
– Olo, ¿De qué se trata todo éste trabajo acerca del nuevo escudo? ¿Cuáles son las correcciones que le haces al anterior y cuál eran sus problemas?

– Voy a decirlo así. Para como esta la vaina, el objetivo de la pintura debe ser tender uno y mil puentes por el que la humanidad pasee, caminando de la mano, y se conecte. Es por eso que hago esto. Respecto a lo del escudo hay algo que tienes que saber. El escudo anterior era también un trabajo mío, sin embargo no podría decir que fuera el oficial, ya que aquí en Panamá ninguno lo era. Podía venir cualquiera, dibujar un círculo con una cruz en el medio y proclamarlo casi como nueva bandera. No había una ley que defendiera su exclusividad hasta ahora y es por eso que hago el trabajo. Comencé a trazarlo el viernes pasado, le falta un poco para estar terminado. Los cambios que se hicieron fueron el águila arpía, el azadón, una pica o pico, no sé como tú le digas, y el istmo.

 

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– Por último, ¿Qué momento vive la pintura en Panamá?

-Mira, así como el latido fuerte del pueblo panameño debe ser su pintura. Cualquier nostalgia debe expresarse a través de colores y pinceles. Hasta el momento no estamos del todo en orden, así es que creo que le espera un gran momento.

El sol titila en el armazón de sus lentes chuecos y se reproduce en todas las direcciones como un arma de láser disparando a tambor batiente. Y es de ésta misma manera que la pintura panameña se levanta, de su mano, como un mundo en llamas que atraviesa sin problemas las olas y las rompientes.

One Response

  1. El hermano provinciano que dicho sea de paso no lo conocia una vez mas gracias a el ilustre ROMULO CASTRO por proliferar este tipo de mensajes

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