Yo sólo sé, que no sé nada… de arte, de moda, de cine y fotografía

agosto 13, 2014

Por:

Arte, Cine, Diseño, Fotografía, Moda

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Existen muchos artistas que representan la realidad con base a sus sentimientos, acontecimientos personales y, sobretodo, la imaginación; misma que se vuelve pájaro una vez que se está creando algo nuevo.

 Lo más curioso es que la obra de arte se ha constituido como una ventana a lo que es real para el artista. Se trata como si fuera una imagen, que delimita y ofrece una representación de lo real de acuerdo con la percepción y sensibilidad del autor.

 Pero existe también el pensamiento de la abstracción, y conceptualidad del arte. Donde lo que fue representado como realidad en la obra, no es real para el lector de la misma. Este juego entre quién dice que es real y no, se da mucho en este mundo posmo y sobretodo pedante, donde saber de arte, moda, y fotografía es un requisito para encajar en cierto grupo, grupo donde entre más autores que nadie conozca sepas, más atractivo te vuelves. Sin duda, este tipo de conductas serán muy difíciles de cambiar, no por falta de voluntad sino tal vez por falta de humildad.

 ¿Será que estos artistas desconocidos sean causa de su propia desconocidés (palabra inventada, palabra que quizá sea incorrecta pero ayuda a entender la idea)? ¿O es que ser desconocido es mejor, porque no todos pueden apreciar tu obra y por lo tanto no serás Mainstream? ¿La exclusividad es parte de ser desconocido?

 Nunca entenderé por qué esa manía de saber todo de todo. Y mucho menos entenderé a las personas que no saben de todo pero a pesar de no saberlo, no lo reconocen. Quizá la frase: “Yo sólo sé, que no sé nada” ha quedado olvidada como la muñeca fea de la canción.

 Lo mismo pasa con la moda, o con la literatura o cualquier otro grupo discursivo de los que habla Foucault en su libro el Orden del discurso, grupos que adoptan el adjetivo de “exclusivos” y que no cualquier persona podrá entrar en ellos. Basta recordar la cita de Anna Wintour, sobre tenerle miedo a la moda.

Michel Focault, autor del libro el Orden del discurso. Crédito: Chombinautas.

 Cualquier persona que quiera “entrar” a este grupo discursivo, tendrá que saber al menos cosas específicas para que haya una interacción, una comunicación, y una aceptación de los que comparten el discurso. Cuando no las hay, simplemente o no encajas, o no eres lo suficientemente listo, sabedor y por lo tanto no eres parte del grupo, eres parte de una nada.

 Pongamos un ejemplo. “Todos usamos y somos moda” Dentro de este campo discursivo podremos decir que sí, en efecto, todos los somos. Pero muy poca gente sabrá de qué diseñadores fue el vestuario que usó Anne Hathaway en la película The Devil Wears Prada. Ahí, hay un filtro. Filtro discursivo, filtro que es causado por el consumo del discurso.

 Sigamos con este ejemplo. Ciertas personas sabrán qué diseñadores fueron los que aparecieron dentro de esta película. Pero de ese grupo, habrá otro mucho más pequeño que sepa cuál colección usaron. E incluso, dentro de esos espacios habrá gente que no conozca de esos diseñadores, pero sí de moda en hombres y de otros diseñadores que hubieran funcionado mejor en esa cinta.  Es decir, los subgrupos son muchísimos.

 Mientras tengas un mayor conocimiento del discurso que consumas mayor poder tendrás. No acabaríamos si analizáramos todo lo que quiso decir Foucault en esa conferencia, el punto de esto es cuestionar el por qué esa gran sed que tenemos por saber más que el otro. ¿Nos da poder? ¡Claro que nos da poder! Es por eso que buscamos, usamos y consumismos los productos de éste discurso. Llegamos a presionarnos al punto de saber todo y nada a la vez, y nos sentimos mal cuando alguien sabe más que nosotros ya sea de moda, de cine, de fotografía, de música o de arte.

The Devil Wears Prada, 2006 crédito: tumblr.com

 ¿Por qué no mejor reconocer y compartir esa información? ¿Será por orgullo o terror a la humillación que provoca ser ignorantes? O porque el ¿“Yo sólo sé, que no sé nada” no es suficiente para el humano de ahora con cantidad de oportunidades para obtener sabiduría? Quizá, es momento de averiguarlo… porque no lo sé. ¿Y tú?

Emiliano Villalba

Escribo porque quiero y porque quiero, escribo.