Una montaña de significado

junio 24, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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No es la ignorancia, sino el intento de explicar el mundo que lo rodea, lo que hace que el ser humano se invente sus temores y alegrías.

Anónimo

Desde la primera vez que fui llamado a conocer Lab Trece, laboratorio teatral en Isabel La Católica (Centro Histórico del D.F.), me sentí absorbido por la propuesta y me enamoré de la idea, del lugar y de la mayoría de los trabajos ejecutados en el mismo. Sí, soy fan.

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 En esta ocasión, asistí a sentir Miedo, puesta en escena basada en la novela “Nada” de Jane Teller. Este montaje cuenta con la peculiaridad  de dirigirse por cuatro mentes: Alfonso Cárcamo, Omar Quintanar, Carla Soto y Julio Escartín.

Los directores nos inscriben en la Escuela Secundaria Isabel La Católica 13, tras un breve (y difícil) examen de colocación, uno es colocado en el grupo que le corresponde entre A, B y C. Al entrar a clases, los profesores nos contarán una historia ligada a su propio pasado, cuando siendo aún niños decidieron crear una montaña de significado con posesiones gran valor a para cada uno y con la cual le probarían a su compañero Pedro (quien había descubierto que nada importa) que se equivoca pues hay muchas cosas que dan valor a la existencia humana.

 Al transcurrir la historia, la narrativa original de Teller nos enfrenta a realidad en la que un simple juego de niños va adquiriendo un tono cruel sin límites aparentes, al cual no le importa el engaño o la pérdida, ni siquiera dañar la integridad de sus ejecutantes, pues todo conlleva al significado, todo conlleva a la nada. Una visión cruda y devastadora acerca del sacrificio, del egoísmo y del daño, que reta a entablar una tesis sobre la validez de los argumentos contrarios elaborados por la convicción y la experiencia contra la intolerancia del ignorante ante aquello que amenaza su zona de confort.

 Al entrar a los salones se va respetando una línea: estamos en una escuela, así que cada maestro da clases de diferente forma; por lo tanto, sea cual sea el grupo que le asignen al espectador, el contenido siempre será el mismo pero cambiando de presentación. En uno de forma expositiva, en otro se exigirá gran participación de los “estudiantes”, en otro la materia será impartida estrictamente.

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 El ritmo es alucinante, ágil y calmado, en momentos el desconcierto danza mientras se construye la historia. Los 4 profesores son seres complejos además de actuales que están exorcizando los demonios de su pasado reviviendo la violencia de sus actos junto a las perturbadas mentes infantiles que tenían. La interacción se va volviendo cada vez más cercana y difícil de asimilar, uno es parte de esa escuela, es un alumno más, probablemente fue compañero de esas personas y de sus acciones o las está viviendo por vez primera directo al fondo del alma.

 Los elementos escenográficos recrean viejos salones de secundaria, con todo y dibujos en las paredes, acentuado con detalles de iluminación que transforman el ambiente para analizar la mentalidad de cada personaje con cada parte que van recordando. El concepto escolar se hila con total detalle con la aparición de clásicos como la reta de fútbol en el receso, una cooperativa, un reto a la nostalgia incluso.

 Si analizamos el montaje íntegro a nivel coreográfico nos enfrentamos a una voraz y vertiginosa pesadilla llevada a la realidad, que no teme en mover al público para seguir la trama. Uno revive muchos aspectos de su propia etapa en la secundaria, siente suya la trama y se consterna ante el no saber qué pasará después; ésta obra es única pues en vez de lograr por sí misma una catarsis, la va consiguiendo junto al espectador.

 El trabajo actoral es pieza clave para el genial producto que se genera, Blanca Alarcón, Gabriela Leguizamo, Alberto Estrada y Rodrigo Salazar desenvuelven a las personalidades protagonistas con apego total al desequilibrio psicoemocional que les rodea. Cada uno es equidistante al otro, empero, se miden con la misma vara. Actuaciones correctas en tono y forma, pendientes de las necesidades orgánicas de sus roles, francas, vivas.

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 Esta es sin temor a equivocarme la mejor obra de laboratorio producida en Lab Trece, no me malentiendan, han habido excelentes como Ella Es Doris & Los Colibríes, pero ambas obras antes mencionadas podrían funcionar en otro espacio alterno (Como Doris hace actualmente triunfando en Café 22), por su parte, Miedo exige ocupar todo el laboratorio, busca lucirse y lo logra, brilla en todo su esplendor el concepto del inmueble, lucen los detalles de iluminación, lucen los detalles de sonido, las actuaciones se hilan con la presencia del espectador. Simplemente una maravilla de la que es difícil reponerse o hablar fluidamente al finalizar pues somete a un bombardeo de información y emociones ambicioso y efectivo.

 Miedo es un sueño inquieto llevado a la escena, un digno rival en festivales, el límite entre la realidad y los recuerdos más oscuros, el silencio de un grito ahogado, significa. Es teatro, es imperdible.

 

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.