Un refugio para la vida misma

marzo 9, 2015

Por:

Arte, Críticas, teatro, Vista

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Los seres humanos preferimos reservar nuestros lados más oscuros al convivir con el resto de la sociedad. Realmente nadie es cien por ciento transparente, pues tememos que al serlo en primera instancia podamos alejar a aquellos con los que hemos buscado o querido relacionarnos. Quizás, alejarnos hasta de nosotros mismos.

 Foro Shakespeare presenta El Refugio, de Mario Rendón, dirigida por Enrique Aguilar, los sábados. La historia plantea un mundo futurista atrapado en las percepciones del pasado, dónde la sociedad ve limitadas sus opciones de libertad. Se guarda todo para poder sobrevivir, en especial la comida. Sin dejar a un lado la constante amenaza de la naturaleza por desatar un acto imprevisto que acabe con la vida de cualquiera que se exponga a la intemperie en un momento de contención, cualquiera que no esté dentro de un refugio.

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 Dentro del panorama antes descrito, un matrimonio invita a sus amigos a celebrar el cumpleaños del anfitrión. La pareja que ostenta la celebración, junto a una de las invitadas, son heterosexuales; la tercera pareja es homosexual y no es esta la única diferenciación: son los únicos que tienen hijos.  Cuando las cosas se complican, esta reunión comenzará a tener momentos de alta tensión y desenmascaramientos que denotaran los verdaderos colores en cada uno de los asistentes, haciendo de esta una fiesta de cumpleaños inolvidable.

 Bajo la dirección de Aguilar, los personajes sostienen cada postura, promesa y deseo con firmeza uno frente al otro, logrando una buena contraposición al hablar de temas que se rodean, buscan evadir y atan. Sin embargo no es una propuesta homogénea, comienza hundida en la exposición del texto, sin focos aparentes.

 Hasta la mitad de la puesta uno podría decidir que pese al buen trazo coreográfico, el ritmo que la dirección plantea hará de esta una obra detestable, más logra dar un giro de 180 grados enteramente grato. Aguilar señala el conflicto dentro de la trama haciéndolo rugir con fuerza, hace explotar el sentido del texto para aprovecha a su equipo actoral, sin embargo esto aparece muy tarde, sin haber más ganchos previos, lo cual no limita llegar a conectar con la audiencia pero sí a distraerla o desequilibrarla.

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 El texto de Rendón marca un listado de ausencias en la forma cotidiana dónde la gente ya no muere y por eso busca un refugio para existir, irónico es que cuando el sistema ha creado un modelo de vida prácticamente eterna, la exposición a la rebelión natural sea capaz de eliminar a la sociedad. Mordaz en sus posiciones dramáticas, hay una buena intención dentro del texto al idealizar que en el mundo que ofrece un cese al sufrimiento la búsqueda de la muerte se torne intrínseca y protocolaria.

 Junto a esto, la dramaturgia hila un discurso político bien aplicado, vigente; empero, la posición sobra al encontrar que hay muchos otros textos contemporáneos que caminan bajo la misma línea. Además que no pasaría absolutamente nada si fuese omitido, ya que el análisis central acerca de cómo uno cuida lo que quiere, sin darle importancia a destruir para sobrevivir o al egoísmo consciente ya es bastante interesante para trabajar.

 Si bien el resto del elenco  parece comprender el sentido de la propuesta hasta su tercer acto, son Rodrigo Magaña y  Ximena Larrañaga quienes destacan para lograr encarnar a una esposa celosa de no poder tener un hijo por vía natural y a un marido homosexual, padre de familia, harto de dar explicaciones sobre su manifestada paternidad.

 Vale la pena acercarse a El Refugio, sí, totalmente. Este montaje busca ir más lejos de lograr  hablar de equidad y tolerancia, sino de humanidad en todos sus aspectos probables. Siendo gracias a sus aciertos impactante y devastadora al grado de cuestionar eficientemente a su público sin acorralarlo. Sin duda necesita pulirse, pero vaya, ¿Qué humano no?

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.