Toca, toca; aquí no es: Depresión y su insistencia

diciembre 15, 2014

Por:

Arte, Fotografía, Literatura, Objetos, Tacto, Vista

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Tomó el primer tren para olvidar la locura que tanto le embarga. Cada día, cada segundo se plasma en cierto rincón de la piel, en un centímetro de la hoja. La tinta no cesa y las palabras siguen fluyendo. Cuatro paredes, nada le pertenece, sólo el cielo lleno de estrellas que se reflejaban bajo sus lentes fondo de botella. No le suplicaba al canto, menos a la insensatez del mundo… le rogaba al cielo por olvidar esos lloriqueos que tanto le angustiaban, quería olvidar y no había forma para hacerlo, si se empeñaba en vivir del recuerdo. ¡Qué tramposa era la existencia! No era feliz, tampoco era una persona subyugada por la melancolía. Tenía ratos amables y también arranques fatales, pero el letargo era más amable… le llaman depresión. Irónico el mundo de los locos, porque siempre se empeñaba en contener el cosmos bajo su rezago, mientras que venía ese maldito dolor, sí, era tan maldito que lograba que la cobardía le llegase para poder huir y no voltear hacia sus temores más desolados.

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Roger Ballen,(2012).

 1,2,3… ahí seguía esa trampa. ¿Cómo se quita? ¿Antidepresivos? ¿Terapia? ¿Cuál es el remedio? Buscaba con cautela cada proporción de las posibles vías para exterminar a ese artefacto punzocortante que era el amigo de la locura; nada funcionaba y esa chinche regresaba para malbaratarle la sobrevivencia. Centros de rehabilitación, psiquiatras, psicólogos, terapeutas… ¿No entendían que nada tenía impacto sobre ese monstruo? Era una fiera viviente, altiva… su segunda piel; se hinchaba, se clamaba y también se enfurecía y parecía gritar cuando invadía el cuerpo tal como un exorcismo que ni la Santa Inquisición hubiera podido extinguir con métodos tan abruptos.

 El escondite perfecto se llamaba soledad, y le penetraba con letras brillantes: ¡Entra, entra! Todo saldrá como tú lo desees, visítame y te implorare que te quedes en el mundo donde no sufrirás. Obedecía una vez por semana, si le iba bien cada dos meses (dependía si depresión estaba muy insistente), por lo cual soledad a veces era sinónimo de huida, llegaban a un sitio peculiar, donde no existe tiempo ni espacio, era la presencia de la inanición del mundo, sólo había un punto negro que parecía lo más próximo; se metía y no regresaba por mucho tiempo… solamente ella sabía lo que había dentro. Se perdía, y Soledad solamente escuchaba el eco de su llanto, frustración y malestar. Soledad decidió brindarle apoyo con un pedazo de hoja que decía: “Para sentirte bien en este mundo tan cruel, sólo hay una regla: Sé tú misma”.

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Roger Ballen, (2012)

 Al leer eso, ella corría para seguir descubriendo lo que había. Pasó el tiempo en lo terrenal, allá no existía eso, por lo cual Soledad era la mujer de la ley de la sabiduría y de la paciencia, a lo cual permanecía serena y tranquila. Pero en ese bosquejo de lapso, aparecían su gran antagónico: Crueldad. Un tipo salvaje y veterano, que trataba de mediatizar todo, para que la frialdad invadiera los corazones. Soledad y Crueldad luchaban en ese tiempo que ella pasaba dentro, para que el nuevo emprendedor del malestar no llegase. Pocas veces, Crueldad logró penetrar en el agujero negro, de manera, que no se sabe que hizo exactamente con aquélla mujer que yacía dentro. Salió despavoridamente y la muchacha salió minutos después. Semblante vacío, rasguños, mezclas de dolor por el cuerpo, mordidas y un bosquejo de desolación. Soledad no la podía distraer y ahora, regresaba al planeta de los engreídos a ver qué pasaba ahora.

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Roger Ballen.

 Regresaba más perdida de lo que se fue, cuando Soledad perdía la batalla. Depresión se aprovechaba de eso y la acechaba en la rutina de su vida, por lo cual, ella trataba de encontrar salidas fáciles, que sólo denotaban su falta de valentía.

 ¡Inútil era el intento! ¡Estúpida la forma de querer encontrar el método o la pócima que la hiciera libre! Era una estúpida de la belleza del amor, de la desesperanza. Crueldad, ya ganaba más rápido, eso era un indicio de la torpeza la visitaba cada vez más. Quería salir, pero se empeñaba a quedarse y la hora no llegaba… ni llegaría, o tal vez si, pero si se sujetaba fuertemente a Soledad para encontrar realmente la huella bajo su pie lastimado.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.