Tinta Roja

julio 2, 2014

Por:

Arte, Literatura, Medios, Vista

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Hace algunos meses se emprendió una campaña política estatal que afirmaba lo siguiente: La gente buena no se tatúa. La idea que se genera a partir de los tatuajes como un símbolo de rebeldía y maldad, representa un paradigma para la mayoría de las sociedades. ¿A qué o a quiénes se referían con “la gente buena”?

 Se tejió distancia ante esta situación entre un amigo que no sólo tiene pintada la piel, también el alma, y yo. Me comentaba que no era posible semejante retroceso en la mentalidad de las personas en pleno siglo XXI. Al final, al papel también se le tatúa.

 ¿Será acaso un retroceso? Honestamente, no lo creo. Ésta y otras sociedades se han enfrentado a lo largo del tiempo y sus obligados cambios, a todo tipo de censuras generadas principalmente por las instituciones. En otras palabras, no son retrocesos, sino procesos de cambio y, por ende, de crecimiento. Siempre nos tendremos que enfrentar a este tipo agresiones.

Masked-dictatorship

 Sin embargo, no debemos olvidar que aquellos que dirigen el rumbo de nuestro país fueron jóvenes que lucharon por dentro a favor de ideales y libertades negadas. Así decía Salvador Allende, ex presidente de Chile-ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.

 Pero, ¿qué sucede con ustedes, conmigo?, ¿por qué olvidamos?, ¿por qué no hemos comenzado?, ¿por qué todo se queda escondido en tintas y altavoces? Hasta el cansancio hemos probado las lecciones de la vieja escuela. Kafka decía: Sólo puedes criar a un niño como tú mismo has sido criado”.

 La juventud es un hijo y el pasado es el padre. El padre nos ha enseñado a temerle al futuro, a la libertad, la autenticidad. ¿A qué costo? Por temerle a lo desconocido, a lo que aún no somos ni seremos. Es hora de pensar antes de incitar revoluciones vagas y vulgares.

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, el genio argentino, Jorge Luis Borges, dice: “Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”.

 Lo que alguna vez fue presente, ahora es historia; y esa misma historia fue escrita con ideas de futuro, ideas que no eran y algunas no fueron. Nos valemos de la memoria para comprender el “presente indefinido”. Esto que soy y que eres, no es, pero si será.

 Recordar no reproduce, sino reconstruye. Así mismo, recordar constituye un ejercicio de creatividad; valernos de nuestra memoria y la memoria colectiva significa interpretar lo que pretendemos ser.

 Si la juventud sigue volteando al pasado, seguirá viviendo el sueño de otros, se continuará coartando su libertad. Ese es el costo de las enseñanzas y, aunque no seamos totalmente culpables, se ajusta al decir que somos nosotros los que lo animamos e incitamos a seguir.

“La frase es toda la ambición, toda la gloria, toda la ciencia de ustedes. Generación de frases, y nada más que frases” Juan Bautista Alberdi

 La realidad para todos es mucho más compleja de lo que alcanzamos o queremos percibir; del ojo nace la vista, pero del alma nace el motivo. La vida es más cruel conforme pasa el tiempo, tiempo relativo y necio. De nosotros depende convertirnos en un fiel reflejo de nuestro padre y formar una memoria insoportable de esto que casi somos.

 Es preciso volver al primer punto condenando –como hemos sido condenados- a aquellos que hieren nuestros ideales. Dijeron bien, “la gente buena no se tatúa”, no se tatúa con tinta negra, sino con sangre.