TEATRO FUERA DEL TEATRO PARA ESPECTADORES NO CONVENCIONALES

agosto 4, 2014

Por:

Arte, Extras, Oido, Reseñas, Tacto, teatro, Vista

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 Es cómodo hacer teatro dentro de un recinto destinado a ello, con luces dispuestas, paso de gato, butaquería, camerino, escenario frontal, piernas, escenografía, utilería, telón, baños, presupuestos, becas y todo lo que en general ayuda a construir un universo ficcional. Un lugar en que la gente sabe que va a ver una función y entra a la convención, porque, es menester decir, que no hay modo de pensar que esto es real, desde el pago de un boleto, desde el cruce de la puerta, desde la selección del asiento; actores amparados por todo lo que lo conforma, espectadores que saben su posición y la asumen.

 Y es que el público es voyeurista, va a “ver” a ser espectador de un suceso, de fragmentos de la vida de algo más, entonces guarda silencio, entonces procura no toser, no hacer ruido, por este momento no es visto, ni juzgado, guarda las defensas para la llamada “realidad”, lo más que le podría pasar es que lo callen, sentir algún peso de miradas si el celular le suena o si el bebé le llora, se le permite reír claro, pero comúnmente es lo más. Permanece amparado por una “cuarta pared”.

 Hay en el teatro mexicano cada vez más y más apuestas a la escena en espacios no convencionales con modos de producción alternativos, y sea que provenga de las reales ganas de comunicar, o del hastío que provoca la burocracia. Es una apuesta eficiente en muchos sentidos, y es que muchos textos dramáticos, muchas ideas de generación de puestas en escena, muchos actores, muchas posibilidades quedan en la imposibilidad por que permanecen en espera de recibir una beca para financiarse, o de ser puestas en teatros de renombre que resuelven producción y nómina y avalan al currículum, de ganar premios nacionales o internacionales y el caso es que si esto no sucede, porque no se es hijo o la suerte no corrió o porque son muchos en la fila, termina en una privación de experiencias valiosas como sea que fueren, para un número significativo de personas.

 El teatro en espacios no convencionales, y por “no convencionales” nos referimos a cualquiera, dígase: Bares, cafés, azoteas, iglesias, sótanos, baños, casas abandonadas, una pollería, el barrio de Tepito, alguna calle de la roma, las escaleras de un edificio, un vagón del metro, la explanada de la basílica, un camión, cualquiera de verdad, cualquiera, y no sólo por hacerlo en cualquiera con afanes innovadores, sino porque los creadores que se han atrevido saben de las posibilidades de que un espacio real dota, de lo que en el espectador y en los actores provoca, hay una libertad intrínseca, un diálogo en común: “esto puede pasar aquí, en el lugar que tú y yo como humanos compartimos”

 El teatro en su recinto es magnífico, el teatro es magnífico en todas sus formas y se dice que el peor teatro, es en realidad “el que no se hace”, sólo que éste involucra al público a niveles ricos y extraños, el lugar ejecuta un cambio en la percepción, el espectador ya no está amparado, el volver a que en realidad el mundo es el hogar del teatro, el mundo todo, salir los creadores del recinto que los ampara y echarse al mundo con el teatro en la maleta, sin “cubre-bocas ni guantes de látex” a ser generadores de nuevas experiencias…

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Brenda Mitchelle

Licenciada en mercadotecnia, actriz, productora, directora de teatro y escritora con frecuentes vaivenes de fe en la humanidad y miedos portentosos de ella. Convencida de ser hombre desde los ocho años.