Nickelodeon y Cartoon Network: patrocinadores oficiales de las mejores infancias

Desde donde mi mente alcanza a recordar, las caricaturas que más me han gustado y que recuerdo perfectamente, incluso algunos diálogos de ellas, pertenecen a estas dos cadenas. Y no sólo yo, amigos y amigas de mi edad lo recuerdan perfectamente. Ya sea en el Canal 5 o en televisión de paga, todos disfrutamos por años de las caricaturas de Nick y Cartoon. Desafortunadamente, en la actualidad la calidad de su programación ha disminuido de una manera imperdonable. De caricaturas de la talla de The wild Thornberrys, a un triste, aburrido y sin sentido Sam & Kat, Nickelodeon ha dejado de ser un canal respetable. Lo mismo Cartoon y su Ben 10: todo mal.

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 No obstante, no estoy aquí para resaltar las carencias que actualmente inundan a estos dos canales, todo lo contrario: ¿por qué Nick y Cartoon se encargaron de hacer infancias felices a todos nosotros, los actualmente mayores de 20 años? Yo creo que el humor que se manejaba en las caricaturas que nosotros veíamos era un humor extraño. No puedo explicarlo con palabras, pero caricaturas como Coraje el perro cobarde o Aaahh!!! Monstruos, daban como cosita al verlas.  ¿Quién no recuerda esas escenas tan bizarras de Coraje? como cuando Don Justo se convierte en mariposa. Es rarísimo. O Krumm coleccionando uñas de pies humanas en un cofre.

 La Vaca y el Pollito, sin duda era de esas caricaturas que bien no podrían figurar en el género infantil por su contenido ácido e irreverente, pero que nos mataba de risa. Con el simple hecho de que una vaca y un pollo aparecieran como hermanos enfrentando situaciones adversas y graciosas era suficiente, además de esa alegoría al diablo con Trasero Rojo… ¡que belleza!

 Otra característica de una infancia feliz producto de las caricaturas de hace más de diez años, era cuando querías ser como los personajes de las mismas. Por ejemplo, cuando yo veía Rocket Power me entró el deseo de aprender a andar en patineta y patines. Cada que veía un capítulo deseaba vivir en la playa, surfear y pasarla así de padre como en Costa del Océano o patinar en Pueblo Loco, donde por cierto el dueño tenía rastas y era súper relajado. Por otro lado, de Hey Arnold! lo que más nos gustaba a muchos era su cuarto y las cosas tan cool que tenía, como su despertador. Era padrísimo que siempre estaba rodeado de amigos jugando baseball en la calle, además de que era el chico más honesto del vecindario, el cual era parecido a algún suburbio de Nueva York, y todos recurrían a él cuando tenían problemas. Helga era la mejor: era la niña abusiva del grupo y estaba enamorada en secreto de Arnold. Cómo olvidar el altar de él que tenía en su armario o cuando se quedó atrapada en su habitación el día que perdió su diario y cayó en manos de Arnold y Gerald.

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 Creo que he olvidado mencionar a Las Chicas Superpoderosas, quienes fueron las heroínas de muchas niñas de mi edad, y  a Johnny Bravo, cuya historia salía en esas pequeñas cápsulas que se llamaban Biografía Toon, donde también pudimos ver las biografías de Pikachu y Tablón, de Ed, Edd y Eddy. También se me estaban olvidando los Rugrats, cuyos primeros capítulos siempre van a estar entre mis favoritos, ya no tanto su última versión, la de los Rugrats Crecidos. Aunque pareciera que crecimos a la par.

 Creo que podría hacer una lista larguísima de por qué las caricaturas de Nick y Cartoon marcaron la vida de muchos desde la década antepasada. Una mezcla entre humor negro e inocencia era lo que los productores de dichas caricaturas intentaron plasmar por años y que, afortunadamente, muchos de nosotros a veces reproducimos, ¿o me equivoco? Qué gloriosos y felices tiempos.

Especial Ghibli (Origenes): Series de Televisión

 Aunque el Studio Ghibli aún no ha presentado una producción oficial para la televisión como tal, más que el proyecto titulado Sansoku no Musume Ronja (dirigido por Goro Miyazaki), la verdad es que los orígenes de la compañía fueron muy de la mano con la pantalla chica. Series que hoy en día se consideran legendarias y clásicos llenos de nostalgia, las famosas “caricaturas bonitas” de antes, varias de ellas son prueba del enorme ingenio de estos artistas. De hecho, algunas personas se han interesado por este estudio con sólo recordar esos títulos que marcaron su infancia.

 Fueron diversas las series que llevaron a cabo, algunas como Ana de las Tejas Verdes (Akage no An, 1979), Chie la Gamberra (Jarinko Chie, 1981) y Sherlock Hound (Meitantei Hoomuzu, 1984), que quizá en México no sean demasiado conocidas. También tenemos otras series mucho más representativas como Conan: El Niño del Futuro (Mirai Shonen Konan, 1978), de la cual hablaremos en la siguiente sección, y también la exitosa Lupin III (Rupan Sansei, 1971), que también dejaremos para otra ocasión.

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 Como podrán apreciar, hablar de cada una de estas series nos llevaría mucho tiempo y muchas notas, por lo mismo, en esta ocasión hablaré de las dos series que mas destacaron del dúo Takahata/Miyazaki, tanto así que en México ganaron un público sólido y amante de su dulzura. Series que imagino todos conocemos aunque sea de oído. Basadas en famosas historias infantiles, estas series mantuvieron su target infantil, aunque con un toque ligeramente más maduro.

 La primera serie es la famosa Heidi (Arupusu no Shojo Haiji, 1974), basada en la obra de Johanna Spyri y que nos cuenta las aventuras de una pequeña niña que vive en los Alpes suizos en compañía de su abuelo, un anciano reservado y enérgico con la gente, pero que guarda un amor y una dedicación ejemplar para con su nieta. La niña también cuenta con la amistad de Pedro el pastor, el único ser humano que parece tener una buena relación con el abuelo y con quien pasa momentos increíbles ante la belleza de las montañas. La vida perfecta de Heidi se ve afectada cuando su tía Dette la lleva por la fuerza a la ciudad Frankfurt, donde se convierte en la mejor y única amiga de Clara, una niña inválida que vive a la sombra de la soledad y el estricto dominio de la señora Rottenmeyer, su institutriz.

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 Es poco lo que puedo hablar de esta serie y que nadie sepa, se trata de una historia conmovedora en todo sentido. Constó de 52 episodios y es una de las caricaturas más famosas en la televisión mexicana de antaño. Con una animación magnifica (y mas para la época), un diseño de fondos y arte espectacular, obra del mismo Hayao Miyazaki y una gran dirección por parte de Isao Takahata, no es de extrañar que esta caricatura sea tan querida por casi todos los que la han visto.

 Cabe mencionar que la serie está llena de buenos mensajes y valores como la importancia de preservar la magia y la inocencia infantil, mantener la esperanza siempre aunque todo parezca en nuestra contra, la amistad, el amor familiar, el no juzgar a una persona sin conocerla antes, y por supuesto, lo maravilloso que puede ser alejarnos de aquello a lo que estamos acostumbrados y probar de repente cosas nuevas.

 Sin embargo también hay puntos que para algunos pudieran no ser perfectos, como el hecho de que el personaje principal es una niña adorable y de un corazón noble y agradecido a más no poder, pero a la vez acostumbrada a hacer lo que quiere siempre y cuando esa libertad se ve limitada, termina volviéndose una víctima de los “malvados” adultos que tratan de imponer cierta disciplina. En el mundo de los niños es una visión sin pecados, pero algunos adultos quizá piensen que lo mejor es que los niños vayan aprendiendo la importancia del deber desde que son pequeños.

 La segunda serie es una que no tuvo tanto impacto en México, pero eso no significa que no tuvo un muy merecido éxito. Muy similar a Heidi y basada en el libro “Corazón, EL Diario De un Niño” de Edmundo de Amicis, llegó Marco: De los Apeninos a los Andes (Haha wo Tazunete Sanzenri, 1976), también dirigida por Isao Tkahata  y que nos cuenta la historia de Marco Rossi, un niño que se ve separado de su madre cuando esta debe viajar a la Argentina en busca de empleo para ayudar a su esposo, un médico bondadoso pero pobre. Por un tiempo, Marco y su familia viven normalmente en la ciudad de Génova, Italia, hasta que el pequeño nota que las cartas de mamá tardan más en llegar y una serie de pensamientos, sueños y eventos le hacen creer que ella está en problemas y necesita de él. De ese modo, Marco emprende una gran aventura hacia el continente Americano en busca de su madre, descubriendo en el camino desde amigos maravillosos como Peppino y su Tropa, hasta obstáculos demasiado fuertes para un niño, y que sin embargo, debe afrontar solo.

 Esta serie ha sido comparada e incluso confundida con otra caricatura, Remi, el Niño de Nadie (le Nakki Ko, 1977), por la trama similar y la crudeza de algunos aspectos de la serie; pero no nos equivoquemos, que son dos caricaturas distintas. La serie es igual de conmovedora y bien hecha, con una animación y manejo artístico de primera, lecciones de vida que abarcan la amistad, el valor, la determinación y el porqué los humanos debemos apoyarnos entre nosotros. También muestra aspectos muy fuertes y negativos de la sociedad, gente capaz de robar a un niño indefenso y solo, o dejarlo a su suerte cuando este llega a pedir auxilio. Es una serie que nos muestra las dos caras de la moneda, la buena y la mala, ante la sociedad y en más de una ocasión nos hará reflexionar sobre nuestros actos.

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 Las dos son caricaturas brillantes y hermosas que todos deberíamos ver por lo menos una vez. Claro que es casi imposible que hoy tengan el impacto que tuvieron y que para algunos resulten series demasiado infantiles y hasta bobas en distintos aspectos. Pero recordemos que son caricaturas hechas para niños y contadas desde la perspectiva de los pequeños.  Un rato para imaginar, historias llenas de valentía y problemas adultos que al final son superadas por la mente y alma de los más chicos, y aparentemente, los más vulnerables. Luego de verlas podríamos preguntarnos si el mundo no sería un mejor lugar si esos niños internos que todos tenemos jamás desaparecieran.

Tiraje de nada

Alguna vez me contaron un chiste. En un principio me dio risa, ya después, no tanto.

El problema de que un chiste sea reflejo de una parte de la realidad es que, con el tiempo, ya no nos cause tanta gracia.

El chiste: ¿Qué habría pasado si Kafka hubiera nacido en México?

La respuesta: Hubiera sido naturalista…

Espero la mayoría haya entendido. Si no es así, quizá formen parte del chiste.

Bueno, el punto es que así es; en México reina el absurdo, y eso nos parece chusco. Que ocurrencias– dicen. Porque sólo aquí, 4 carriles se convierten en 1; el dinero no alcanza para arroz, frijoles y tortillas, pero lo que nunca falla, es el refresco de cola de 2 litros en al mesa; no hay para los útiles escolares; sin embargo, se debe ser fiel al equipo y nunca faltar al partido. Gane o pierda, nos vamos a celebrar. No importa, yo invito-dicen.

 Y si juega la selección, ni se diga. Ahí se va todo el orgullo nacional. Se compran las veladoras, se uniforma al Niño Jesús dirigiendo las plegarias a la victoria del equipo. Dios mientras ganemos- dicen. Si ganamos, todos somos “México lindo y querido”; vivan los héroes que nos dieron patria. Pero si pierde, dejamos de ser uno solo y sólo pierden ellos.

 Así somos. ¿Será acaso que nos hemos vuelto un producto de la cultura popular diseñada por el Estado e implantada por los medios? Para fines nuestros, es importante agregar a otro “presunto causante” de tan atinada maldad: aquellas editoriales (que lejos de cultivar, producen pura cosa transgénica).

 Los medios de difusión masiva son los encargados de la formación, consolidación y deformación de la cultura. La formulación y reformulación del orgullo nacional se basa en dos constantes que encontramos adheridas a nuestro país: religión, fútbol y vacuidad artística contemporánea –a lo que Lipovetsky denominaría nonsense-.

“El arte es la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido.”Oscar Wilde

 De tal manera, nacen las figuras, ídolos o iconos populares, ya sean religiosos, deportivos, artistas. Algunos (sino es que la mayoría), dependen enteramente de la circulación que se les de en los medios para seguir a la cabeza, dando de qué no hablar (porque, ciertamente, no hay mucho que decir). Mientras, el pueblo depende de ellos, de lo que digan (que no es nada) o lo que se diga (volvemos a lo mismo) de ellos.

“A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento.” Gilles Lipovetsky

 Para Carlos Monsiváis, la creación del criterio surge a partir de la variedad de puntos de vista. Cierto. Las opiniones enriquecen nuestro conocimiento, nos pone a prueba frente a nuestros argumentos; lo pueden reforzar o bien, tenemos la oportunidad de cambiar el cuadro. ATENCIÓN: las conversaciones fértiles no atentan en contra del receptor. Diría Sabines “no quiero convencer a nadie de nada”.

“Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado (¿Quién es quién para decir “esto es así”, si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y tanteos y de búsquedas?)” Jaime Sabines

 Nuestro criterio surge tras disponer de las opiniones expuestas, principalmente, por parte de las empresas que forman duopolios televisivos, y también, de la falsa literatura tras el sello de un best-seller.

http://throughthetimes.com.my/author-of-the-month-2/

 La mentalidad de los que vivimos aquí se va reduciendo por cada capítulo en donde se vende el portentoso mexican dream; o aquellos 90 minutos donde no nos matamos entre nosotros porque venimos de la misma madre. No es una escapatoria a los problemas, todo lo contrario. Precisamente, ese es el problema. La identidad de una nación no se reduce a un partido, tampoco basta con tener fe ni creer en el nombre detrás de las páginas de un libro.

 No dejemos que manipulen las circunstancias con la moda y el uso de las luchas del momento. O, al menos, que lo intenten con la nuestra.

Dictador

Me exigía sentarme frente a él. A él y esa costumbre suya de andar desnudo. Pero él en sí se estaba volviendo mi costumbre. Era mi obligación doblegarme ante su brillante voluntad y a cambio él tenía el derecho de burlarse de mi ignorancia (pues él lo sabía todo). Yo debí haberle rezado todas mis noches, todas mis mañanas, todos mis días, sólo porque él era omnipotente. No existía Dios sino en su fisionomía.

 Cuando me dejaba en libertad lo hacía para que yo pudiese cubrir mis necesidades y después me volvía a dominar. Me abrumaba esa genialidad suya de habernos borrado la pluralidad y convertirnos en un “yo”, en uno muy absurdo, que solo hablaba por él, para él y de él. Él era tantas personas, que pronto se volvió universal sin siquiera perder su individualidad. ¡Era un genio!

Los domingos, me dejaba ir a la iglesia. Ahí nos decían que Dios nos había creado. Pero yo sabía que el Dictador nos estaba formando. “¿Quién lo había creado a él?”-me preguntaba, “¿para qué?”.

Tantas veces deseé tirarlo de ese pedestal para que se volviese miles de pedazos sin voz, y yo disfrutar del ¡traz! ¡pum! ¡zas!. Pero tal y como lo deseaba, me imaginaba el dolor que les causaría a los demás. ¡Él era un genio!. Tuvo la capacidad de volverse carne, sin obra de un espíritu santo o de copular, y ser visto en todos los rostros de familiares, amigos y desconocidos. Muy pronto ya no le haríamos el amor al amor, se lo haríamos a él.

Muchas noches me atemorizó el hecho de que mientras yo dormía, el Dictador se quedaba frente a mí. Totalmente desnudo. Vigilándome. Alimentándose de mis interiores, y volviéndose aún más poderoso.

El Dictador lo era todo, pero no era eterno. Y las botas del ¡pum! ¡traz! ¡zas! resonaron un día. Cuando llegó la noche del tan esperado día, alcé los brazos al cielo. Sin embargo, aún cuando sabía que él había consumido toda mi tranquilidad, pude dormir sin esa asquerosa sensación de ser vigilado. Por la mañana, al abrir los ojos, esperaría que el apagón siguiera vigente, y el televisor de mi casa, (que también es del pueblo), jamás se volviese a encender.

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50 años de Doctor Who

El pasado 23 de Noviembre se cumplieron cincuenta años del nacimiento de Doctor Who; para quien no lo sepa, ésta es una serie inglesa de ciencia ficción. Ese mismo día obtuvo el récord Guiness por ser la serie de ciencia ficción que más tiempo se ha mantenido al aire. Su primera temporada fue transmitida en 1963 y estaba hecha para niños con un presupuesto muy modesto, no obstante se convirtió en un éxito instantáneo.

La historia al imageprincipio es muy simple: un extraterrestre que se hace llamar “El Doctor” y su nieta viajan por el tiempo y el espacio en una nave llamada TARDIS que durante su primer viaje a la Tierra queda descompuesta y su apariencia permanece como la de una cabina de policía, clásica de la época. El desarrollo de esa primera etapa concibió toda un universo de personajes, villanos y alienígenas que a la fecha se siguen ocupado

La única constante en la serie ha sido siempre el cambio tanto de actores como de escritores, productores y directores, es parte de la fórmula que la ha mantenido vigente y en el imaginario colectivo tanto tiempo. Cuando el primer actor en interpretar al Doctor William Hartnell se vio incapaz de seguir en el papel, por enfermedad y edad, los encargados de la serie le dieron al personaje principal la capacidad de “Regenerarse”, esto significa que el Doctor, al encontrarse cerca de la muerte, cambia físicamente pero sigue siendo el mismo. Hasta el momento, once diferentes actores (más uno que es exclusivo del capítulo de aniversario) han interpretado al Doctor, cada uno ha dejado un poco de ellos en cada encarnación.

¿Qué la hace tan especial? Tenemos a todos los superhéroes normales, hombres, alíenígenas o dioses con súper poderes, millonarios con hobbies, perdedores con suerte. Su único poder y única arma es su inteligencia, nunca ha tenido que hacer uso de la fuerza para resolver un problema. Los conflictos siempre son resueltos con ingenio, nos ha enseñado de compasión y perdón, y que como humanos siempre podemos ser una mejor versión de nosotros Por ello, que siga al aire (paró un tiempo durante los 80, regresó en 2005) es un logro, de su principio como serie infantil hasta nuestros días que es apta para todo público, nos ha mostrado que no hay géneros menos serios que otros, sino personas más intolerantes que otras.

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El doodle de Google festejando el 50 aniversario