El tiempo entre costuras

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Cuando vemos series o películas, usualmente son recomendadas de boca en boca o por qué a lo mejor vimos algún promo en internet o en la TV. Así fue como conocí “El Tiempo Entre Costuras”, un amigo me la recomendó.

 “El Tiempo Entre Costuras” es una mini serie española de 17 capítulos la cual es una adaptación de la novela homónima del mismo nombre de la escritora María Dueñas. La novela salió en 2009 y en 2012 se convirtió en un Bestseller no solo a nivel nacional sino también mundial, de ahí que saltara a la televisión en 2013 gracias a Cadena 3.

 Está serie trata de una costurera de origen madrileño llamada Sira que en un principio siguiendo al supuesto amor de su vida sale de España poco antes de la Guerra Civil Española y comienza una nueva vida en Marruecos, en un comienzo pareciera de tintes románticos el contenido, pero no se dejen engañar conforme avanza la historia se ve todas las tragedias de las que es víctima Sira y cómo, por azares del destino, termina con el corazón roto, sin poder regresar a España debido a la guerra, fundando un taller de costura en Tetuán (capital del protectorado español en Marruecos), teniendo a cuestas cargos de robo de los cuales ella no tenía ni idea, vendiendo armas de forma clandestina para poder subsistir por mencionar algunas situaciones de las que Sira será participe hasta antes de La Segunda Guerra Mundial.

El Tiempo Entre Costuras

El Tiempo Entre Costuras A la par de sus desventuras mientras zurce vestido tras vestido conocerá a personas sumamente importantes las cuales la harán parte de una red de ciudadanos encubiertos que impedirá a toda costa que España forme alianza con Alemania pues no resistiría otra guerra.

 “El Tiempo Entre Costuras” ha sido nominada a los premios británicos C21 International Drama Awards y galardonada en los Premios FyMTI (Festival y Mercado de Televisión Internacional) celebrados en la ciudad de Buenos Aires, Argentina y no es para menos pues no solo los actores son excelentes sino también la ambientación; que va desde España de los años 30, España post-guerra, Marruecos e incluso Portugal (pues en algún momento la protagonista debe viajar allá). Aunado a ello, la vestimenta de los personajes, siempre a la última moda según la época, incluyendo maletas de marcas como Louis Vuitton y los exquisitos vestidos confeccionados por Sira que intentan imitar a los grandes diseñadores como Coco Chanel.

 “El Tiempo Entre Costuras” se puede ver a través de Youtube o Netflix y creo que es una buena opción a considerar cuando se disponga de tiempo libre pues es una serie histórica que tiene; drama, moda, acción, intriga y romance.

 

Especial Ghibli (Origenes): Series de Televisión

 Aunque el Studio Ghibli aún no ha presentado una producción oficial para la televisión como tal, más que el proyecto titulado Sansoku no Musume Ronja (dirigido por Goro Miyazaki), la verdad es que los orígenes de la compañía fueron muy de la mano con la pantalla chica. Series que hoy en día se consideran legendarias y clásicos llenos de nostalgia, las famosas “caricaturas bonitas” de antes, varias de ellas son prueba del enorme ingenio de estos artistas. De hecho, algunas personas se han interesado por este estudio con sólo recordar esos títulos que marcaron su infancia.

 Fueron diversas las series que llevaron a cabo, algunas como Ana de las Tejas Verdes (Akage no An, 1979), Chie la Gamberra (Jarinko Chie, 1981) y Sherlock Hound (Meitantei Hoomuzu, 1984), que quizá en México no sean demasiado conocidas. También tenemos otras series mucho más representativas como Conan: El Niño del Futuro (Mirai Shonen Konan, 1978), de la cual hablaremos en la siguiente sección, y también la exitosa Lupin III (Rupan Sansei, 1971), que también dejaremos para otra ocasión.

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 Como podrán apreciar, hablar de cada una de estas series nos llevaría mucho tiempo y muchas notas, por lo mismo, en esta ocasión hablaré de las dos series que mas destacaron del dúo Takahata/Miyazaki, tanto así que en México ganaron un público sólido y amante de su dulzura. Series que imagino todos conocemos aunque sea de oído. Basadas en famosas historias infantiles, estas series mantuvieron su target infantil, aunque con un toque ligeramente más maduro.

 La primera serie es la famosa Heidi (Arupusu no Shojo Haiji, 1974), basada en la obra de Johanna Spyri y que nos cuenta las aventuras de una pequeña niña que vive en los Alpes suizos en compañía de su abuelo, un anciano reservado y enérgico con la gente, pero que guarda un amor y una dedicación ejemplar para con su nieta. La niña también cuenta con la amistad de Pedro el pastor, el único ser humano que parece tener una buena relación con el abuelo y con quien pasa momentos increíbles ante la belleza de las montañas. La vida perfecta de Heidi se ve afectada cuando su tía Dette la lleva por la fuerza a la ciudad Frankfurt, donde se convierte en la mejor y única amiga de Clara, una niña inválida que vive a la sombra de la soledad y el estricto dominio de la señora Rottenmeyer, su institutriz.

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 Es poco lo que puedo hablar de esta serie y que nadie sepa, se trata de una historia conmovedora en todo sentido. Constó de 52 episodios y es una de las caricaturas más famosas en la televisión mexicana de antaño. Con una animación magnifica (y mas para la época), un diseño de fondos y arte espectacular, obra del mismo Hayao Miyazaki y una gran dirección por parte de Isao Takahata, no es de extrañar que esta caricatura sea tan querida por casi todos los que la han visto.

 Cabe mencionar que la serie está llena de buenos mensajes y valores como la importancia de preservar la magia y la inocencia infantil, mantener la esperanza siempre aunque todo parezca en nuestra contra, la amistad, el amor familiar, el no juzgar a una persona sin conocerla antes, y por supuesto, lo maravilloso que puede ser alejarnos de aquello a lo que estamos acostumbrados y probar de repente cosas nuevas.

 Sin embargo también hay puntos que para algunos pudieran no ser perfectos, como el hecho de que el personaje principal es una niña adorable y de un corazón noble y agradecido a más no poder, pero a la vez acostumbrada a hacer lo que quiere siempre y cuando esa libertad se ve limitada, termina volviéndose una víctima de los “malvados” adultos que tratan de imponer cierta disciplina. En el mundo de los niños es una visión sin pecados, pero algunos adultos quizá piensen que lo mejor es que los niños vayan aprendiendo la importancia del deber desde que son pequeños.

 La segunda serie es una que no tuvo tanto impacto en México, pero eso no significa que no tuvo un muy merecido éxito. Muy similar a Heidi y basada en el libro “Corazón, EL Diario De un Niño” de Edmundo de Amicis, llegó Marco: De los Apeninos a los Andes (Haha wo Tazunete Sanzenri, 1976), también dirigida por Isao Tkahata  y que nos cuenta la historia de Marco Rossi, un niño que se ve separado de su madre cuando esta debe viajar a la Argentina en busca de empleo para ayudar a su esposo, un médico bondadoso pero pobre. Por un tiempo, Marco y su familia viven normalmente en la ciudad de Génova, Italia, hasta que el pequeño nota que las cartas de mamá tardan más en llegar y una serie de pensamientos, sueños y eventos le hacen creer que ella está en problemas y necesita de él. De ese modo, Marco emprende una gran aventura hacia el continente Americano en busca de su madre, descubriendo en el camino desde amigos maravillosos como Peppino y su Tropa, hasta obstáculos demasiado fuertes para un niño, y que sin embargo, debe afrontar solo.

 Esta serie ha sido comparada e incluso confundida con otra caricatura, Remi, el Niño de Nadie (le Nakki Ko, 1977), por la trama similar y la crudeza de algunos aspectos de la serie; pero no nos equivoquemos, que son dos caricaturas distintas. La serie es igual de conmovedora y bien hecha, con una animación y manejo artístico de primera, lecciones de vida que abarcan la amistad, el valor, la determinación y el porqué los humanos debemos apoyarnos entre nosotros. También muestra aspectos muy fuertes y negativos de la sociedad, gente capaz de robar a un niño indefenso y solo, o dejarlo a su suerte cuando este llega a pedir auxilio. Es una serie que nos muestra las dos caras de la moneda, la buena y la mala, ante la sociedad y en más de una ocasión nos hará reflexionar sobre nuestros actos.

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 Las dos son caricaturas brillantes y hermosas que todos deberíamos ver por lo menos una vez. Claro que es casi imposible que hoy tengan el impacto que tuvieron y que para algunos resulten series demasiado infantiles y hasta bobas en distintos aspectos. Pero recordemos que son caricaturas hechas para niños y contadas desde la perspectiva de los pequeños.  Un rato para imaginar, historias llenas de valentía y problemas adultos que al final son superadas por la mente y alma de los más chicos, y aparentemente, los más vulnerables. Luego de verlas podríamos preguntarnos si el mundo no sería un mejor lugar si esos niños internos que todos tenemos jamás desaparecieran.

Cómo conoció a su madre (la de ellos)

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El Escribidor despertó. Por la oscuridad que lo cubría se filtraban contadas líneas de sol. La desmemoria pesaba sobre él. Qué había pasado era algo que no podía decir. Sintió sus manos frías y las llevó a la cara, al tiempo que rompía la manta de cartones que le procuraba calor. La luz le cayó encima como otra oscuridad. Poco a poco sus ojos se acostumbraron mientras difusamente se dibujaba un rey preso en medio de la plaza pública. El Escribidor sonrió. Pobre Carlitos, pensó, ser cautivo de Napoleón y terminar como enjaulado de Mancera. Mala pata, sin duda. Qué hora y día era fue pregunta que lo interrumpió. Buscó instintivamente el celular en los pantalones. Nada. Maldijo –la maldición ha sido censurada por su alto contenido en blasfemias–, pero un recuerdo vago lo llevó a revisarse los calcetines.  Un ladrillo surgió de una de sus piernas amoratadas. 37 llamadas perdidas y todas de su Editor Azul. 4 de enero de 2014, siete de la mañana. El Escribidor no podía explicarse cómo había perdido tantos días de su vida: ¿acaso desde antes de la navidad?

El Escribidor imaginaba al Editor Azul vuelto un basilisco. La conciencia lo devoraba por perder la entrega de su tercer artículo. ¡Oh desgracia que a los hombres llega cuando Fortuna olvida! Con desesperación, El Escribidor intentó devolver la llamada, rogando a los indolentes dioses de la telefonía celular que no enviaran el funesto aviso del saldo agotado. Pero no, la llamada prosperó. Desde la distancia, el aire frío se llenó con una bella tonada de los Ángeles Azules: amo su inocencia, diecisiete… Esto llamó la atención de El Escribidor hacia la puerta principal del Museo Nacional de las Artes, donde el bulto de una cobija cobró humanidad.  El Editor Azul asomó la cabeza y por el auricular El Escribidor lo escuchó en categórica afirmación: “¡Qué buena ped…!”.

Horas más tarde, cuando ya las comodidades de su cama le daban digno asilo, El Escribidor tomó su laptop, una portátil que, puesta a espaldas, haría temblar al mismísimo Pípila, y revisó todo lo sucedido durante su ausencia. Feisbuc le contó sobre las depresiones pre y posnavideñas que ocurrieron –no se hable sobre las que ahogan el día del nacimiento del Altísimo en su segunda persona–, además de anunciarle las novoanuales que se acompañaron de un montón de deseos más huecos que las bolsas de papitas. Sin embargo, entre el morbo de la privacidad expuesta, El Escribidor encontró una noticia que lo dejó triste: el último capítulo de su serie favorita, How I Met Your Mother, se televisará el último día de marzo próximo. Tras leer esto, El Escribidor recordó otra categórica afirmación de su Editor Azul –el Editor Azul tiene categóricas afirmaciones para regalar entre los pobres–: el entretenimiento nunca viene con la calidad. El Escribidor, por supuesto, disiente, y este chow de TV le servirá de ejemplo.

the-kidsHow I Met Your Mother (Cómo conocí a su madre, para los despistados), sitcom situado en Nueva York, cuenta la historia de cómo Ted conoció a la mujer de su vida y madre de sus hijos (sí, esto suena cursi), a quienes narra desde otro plano temporal esta larga, muy larga historia. Al protagonista lo rodea un grupo de amigos: Marshall y Lily, pareja que comenzó su relación durante sus años de universidad, donde también conocieron a Ted; Robin, la chica guapa de la que éste vive eternamente enamorado; y Barney, el don Juan que ha fornicado –a El Escribidor le gusta la palabra exacta, aunque las palabras raramente lo sean– con más de doscientas mujeres.

Por la sencillez con que El Escribidor describe la serie, parecería que ésta es una más entre la vasta producción gringa; incluso, no faltará quien señale coincidencias con Friends; sin embargo, varias características la diferencian.

En principio, la estructura narrativa. Como El Escribidor indicó inicialmente, existe un Ted del futuro (año 2030) que narra desde un plano superior la historia de su pasado. Una estructura en abismo, se llamaría esto en la literatura. Por otra parte, gran cantidad de capítulos prescinde de la linealidad que se acostumbra y, en su lugar, opta por una narración en forma de puzzle que cobra sentido conforme avanzan los capítulos y las temporadas. Los saltos temporales (analepsis, hacia el pasado, y prolepsis, hacia el futuro) son recursos comunes. No obstante, la estructuración de los capítulos no resulta gratuita ni como un capricho de los escritores, sino que sirve fuertemente como base para el elemento humorístico de la serie.

Un segundo rasgo de How I Met Your Mother es su noción de realidad. Con la libertad (El Escribidor se disculpa por la cacofonía) que proporcionan las imprecisiones de la memoria, el Nueva York que Ted construye da lugar a todo tipo de extravagancias que rompen con la realidad común; es decir, se conforma una realidad propia de la historia donde ni las apariciones de Barnehow_met_mother-cap10y y Robin como espías ni las conversaciones telepáticas entre todos los personajes provocan extrañeza al televidente (El Escribidor ha tomado seriedad acartonada). El hecho de que el argumento principal de la serie se sustente en el recuerdo permite a los escritores exagerar las situaciones más sencillas, como el abandono de un sofá en las calles de la ciudad, y llevarlo al ridículo.

Finalmente, El Escribidor abordará –los temas son grandes barcos que abordar– brevemente el elemento acaso más importante de la serie: el lenguaje. El humor que predomina en How I Met Your Mother depende principalmente de dos aspectos: la exageración del lugar común neoyorkino (Lily, como mujer nacida en NY, comprende la extraña lengua con que los conductores del metro se comunican; Barney es un eterno cazador de mujeres con daddy issues) y los juegos verbales que los personajes realizan mediante la explotación de la gramática inglesa. La creación de palabras es constante, mientras a las ya existentes se les dota de un sentido metafórico que se explota durante uno o varios capítulos e, incluso, por temporadas enteras: una palabra o frase con un significado particular que se empleó durante la primera temporada puede bien aparecer en la séptima y el espectador comprenderá sin mayores problemas.

Por la fuerte dependencia de la lengua, How I Met Your Mother ha logrado poca difusión fuera de su país local. El Escribidor imagina los tormentos en que se verán los encargados de las traducciones (El Escribidor ha hablado ya sobre los castigos que merecen los impertérritos malos traductores) y teme alguna vez encontrar ésta, su serie favorita, doblada al español en el canal 5. Que El Creador ni otras deidades vengativas lo permitan.

El Escribidor no cree que el entretenimiento esté divorciado (y en uno de esos divorcios que se caracterizan por las mentadas) con la calidad y tampoco con la cultura. How I Met Your Mother se presenta como digno ejemplo de esto: representación ingeniosa del Nueva York que Ted recuerda.

En último lugar, El Escribidor ha de reconocer que la fórmula de esta serie, luego de ocho temporadas y media, se muestra casi agotada desde hace un par de otoños, por lo que espera ver el 31 de marzo un cierre digno a nueve años de espera por conocer a su madre (a la de los hijos de Ted, estimado leedor). Más allá de esto, El Escribidor sugiere dedicarle no pocas horas de ocio a How I Met Your Mother.

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