Daniel Gómez Nates, una vida dedicada a la difusión del Teatro panameño

Daniel Gómez Nates nació en Ciudad de Panamá el 25 de Junio de 1964. Su infancia se desarrolló protegida por el yugo matriarcal, fue el único unicornio varón alzado firmemente entre una familia grande, entre una tolvanera de luciérnagas conformada por 5 tías, 5 hermanas, en uno de los barrios populares de la periferia, en el barrio de Santana para ser exactos, en una vecindad comunal llena de gente folklórica y espontánea. Mientras su padre, albañil, cimentaba nuevos muros blancos y nuevos techos perfectos; él y su madre, creativa y libertaria, atendían a las distintas radionovelas transmitidas por las emisoras de radio panameñas en esa época.

Es durante el cuarto año de primaria cuando tiene su primer acercamiento formal con el teatro, y es también ese día cuando elige el camino que su vida tomaría. Lobo go home, de Rogelio Sinán, es el carnaval escénico que lo haría interesarse definitivamente en las bellas artes. Con sus entradas y salidas de actores en escena, con sus vestuarios alegóricos, sus cantos y su escenografía desconstruida que ambientaba la obra de manera límpida y tranquila sobre la recuperación del Canal de Panamá. Sin embargo, es hasta el 15 de Febrero de 1981 cuando comienza su carrera de actor de manera concreta presentando El Crédito, una obra de teatro popular panameña de Juan Rivera Saavedra, con el grupo teatral del colegio donde demuestra sus aptitudes en escena. Hace su aparición primera en el teatro justo en el momento donde este arte escénico comienza a volverse novedad en Panamá.

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Iván García reabre la Escuela Nacional de Teatro y recibe una invitación de inscripción por parte de Roberto Mckay, Jorge Castro, José Ávila, entre otros, donde se inscribe y recibe su primer formación actoral formal y se enfila a la fama.

El teatro de barrio es llevado del brazo como un anciano al intentar cruzar la calle, o como infante sin más de tres idas al sanitario, de la mano de Daniel, para terminar en las grandes salas de un teatro adecuado y espacioso, presentarse ahí sin pena, con honor y con elegancia. Donde además es su primer trabajo de dirección teatral, pues, el director original, debe volar a Guatemala para participar en un torneo de ajedrez.

Su formación continúa en Costa Rica, debido a su perspicacia, consigue en 15 días exactos los datos necesarios y la plata justa para viajar y establecerse en la ciudad de Heredia. Es aceptado sin problemas en la Universidad Nacional del Heredia donde toma clases con Luis Carlos Vázquez, uno de los maestros fundamentales en su carrera artística. Permanece ahí hasta finales de 1990 y vuelve antes de las fiestas navideñas a su patria para retomar la acción artística y desarrollar el teatro en Panamá de inmediato, en los primeros meses de 1991.

Sus primeras presentaciones en Panamá fueron Prohibido hablar de sexo en esta casa, obra original del autor, Jardín de Otoño de la argentina Diana Raznovich, y Mi marido tiene otro. Continúa con producciones entre amigos, al hacer teatro de sala con el Grupo Tragaluz, en él se exponían grandes obras clásicas como Edipo Rey, Romeo y Julieta, las tragedias griegas, entre otras. Así mismo, promovió el auge del teatro al bajar los precios de las entradas, de este modo, todos podían ser usuarios tanto de las obras clásicas, como del movimiento de la época, despertando así el interés en él.

A lo largo de su carrera como productor, director de teatro y actor ha recibido distintas clases de galardones como el Premio Crispín Ovalle, el Premio Nacional de Teatro, por su trayectoria, y muchas más preseas como mejor director, obra del año, obra escrita, obra de teatro infantil, de los cuales la mayoría las ha recibido más de un par de veces y no ha cesado de conseguir desde hace ya 16 años al hilo. Actualmente funge como docente de teatro en la Universidad de Panamá y funcionario de desarrollo social.

– Daniel, un par de preguntas, tal vez, incisivas. ¿En qué se diferencia tu trabajo del de los demás directores, productores y actores actualmente en Panamá? ¿El teatro, hoy por hoy, es el que pone el pan en casa o lo hace una ocupación aparte?

– Creo que mi trabajo se diferencia de todos los demás en que yo he sabido usar los cambios violentos, los giros de 360 grados que ha dado la economía y la política en el país a lo largo de los años. Yo vaticiné con mis obras la vuelta de la democracia, me anticipé a la historia dando pasos de gigante y ahora los veo a todos desde lo lejos, desde el horizonte que se les ofrece como paisaje y al que caminan sin darse cuenta que a cada paso que doy me llevo a cuestas amontonado en mi equipaje. Y bueno, por la otra parte sí, el teatro da de comer, no te ofrece una vida de lujos y riquezas, eso es algo que el artista debe saber, sin embargo te mantiene con una vida tranquila y sin escasez de ninguna índole. Es un trabajo permanente y arduo. Al momento, en este año, presenté 7 obras como director y actor y produje otras 4 con otra empresa de teatro del país.

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– Como última pregunta, ¿De qué manera echas a andar la pesada maquinaria del teatro en Panamá? ¿Cómo lo promueves desde tu puesto y cuál es tu aportación?

– Pues nada, mira, esta es una carrera no de velocidad sino de resistencia. Deja de hablar y haz, ese es mi lema, el hablar te quita el tiempo, tienes que accionar. El teatro panameño vive un momento en el que debe establecerse. Ha sido un trabajo arduo a lo largo de los años, lo único que necesita ahora es consolidarse. Ahora, por la parte de mi aporte al teatro panameño puedo decir sin exageraciones que el 90% de los actores actuales han sido capacitados por mi empresa y obviamente por mí, de eso sí que puedo jactarme. Conjugo las visiones del teatro como artista y como empresario. Además de que trabajo con jóvenes de riesgo social y busco, por medio del teatro y la actuación, rescatarlos de la línea roja que pisan. Se trabaja, en mi empresa y aquí como funcionario de desarrollo social, combatir la transmisión del VIH, la violencia familiar y el machismo que se presentan regularmente en el interior. Ese es todo mi trabajo, eso es lo que yo hago.

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Entrevista a Javier Alvarado

Rodeado de una abundancia diversificada, de un pópulo amplio y diferente que puede verse como un abanico abierto de colores desvaneciéndose, una paleta de color, de los más oscuros hasta los más claros, pasando por los mestizos y descendientes de españoles, desde los chombos hasta la abundancia y palidez de los chinos como la multiplicación de los panes y los peces, Javier Alvarado (Santiago de Veraguas 28 de Agosto de 1982) creció en el pueblo de Ocú -abundancia de maíz-, en el Distrito de Herrera, península de Azuero.

Después de llevar una infancia tranquila, una ligadura umbilical con su abuela y las tradiciones panameñas, a los tres años se muda a la capital. Más tarde, al crecer, estudia el bachillerato en Comercio en el Panamá School, donde además de graduarse descubre su amor por las letras. Y es gracias a esto que determina licenciarse en la carrera de Literatura, en la Universidad de Panamá, donde actualmente estudia su Master en Arte Teatral.

Recuerda muy claramente sus primeros acercamientos a las letras, donde recalca dos eventos en especial: el primero, gracias a su abuela, es el hallazgo entre un estante que parecía aterido por toda una red de raíces sujetándolo, Amalia, de José Mármol de Argentina. Y el segundo, por parte de una maestra de español a quien conoció durante sus estudios en el Panama School, sembró en él el gusano de la literatura, contándole anécdotas acerca de Tristán Solarte, Rogelio Sinán o la mariposa al vuelo al polinizar tantas almas como puede, el realismo mágico de Gabriel García Márquez.

“No sé hacer otra cosa que escribir poesía” dice con sencillez Javier, al tiempo que bebe un largo trago de agua. Y es cierto, o al menos, por lo fecundo de su camino en cuestión de reconocimientos, premios y menciones, uno no puede contradecirlo fácilmente y jactarse de lo dicho.

Su camino en la literatura comienza desde muy pequeño, su niñez es un poema de esmeraldas. A los 10 años comienza con sus primeros borradores de poemas cortos y a los 12 años gana su primer Premio Intercolegial de Cuento. Título que mantiene un par de años, hasta los 15, después de la flecha al pecho que fue la muerte de su abuela, se le galardona de nuevo un par de veces, esta vez por el fallo del Premio Intercolegial de Poesía “Diana Morán”. Más tarde sería reconocido con muchos más premios de gran calibre en su nación y fuera de ella, como el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá en 2000, 2004 y 2007, el Premio Nacional Pablo Neruda en 2004, la Mención de Casa de las Américas por parte de Cuba en 2010 o el Premio Internacional Rubén Darío, Nicaragua, en 2011.

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– Javier, ¿Por qué escribes? ¿Qué es lo que caracteriza tu poesía? ¿Qué cosas distintas ofreces a la literatura panameña?- Yo pienso que el poeta nace y su obligación es hacerse, formarse. Fue una decisión de vida. No usar un talento es ir en contra de sí mismo, es una manera de exorcizarte y de justificarte. No me veo haciendo ninguna otra cosa, este es mi oficio, a esto me dedico. Y bueno, por la otra parte creo que siempre rescribimos la misma vaina de distinta manera, así es que no creo que tenga una función en especial o algo que la distinga por encima de todas las otras, sino que las ayuda, las maximiza. Aunque a mí muy personalmente me gusta seguir mis tradiciones, frecuentar a los escritores vivos y conocer a fondo todo lo que es mi patria. El camino que elijan los libros es algo que yo no puedo decidir, lo único en lo que puedo ser útil es en la difusión de la poesía, en la promoción de la cultura. Ese es el gran problema al que nos enfrentamos aquí: las instituciones no mercadean tu obra y no existe la política de difusión como con los artistas musicales o los futbolistas. Es una pena.

– ¿La literatura joven en Panamá es una realidad o un sueño guajiro que todos deseamos?- Contamos con buenos narradores, eso es indudable. Sin embargo debe hacerse un escrutinio a fondo y de calidad, porque la literatura joven en Panamá es más que un hecho. Hay muy pocas personas trabajando en ello, aunque aún así goza de salud. Nuevas voces están alzando la dramaturgia panameña como Javier Stanziola o José Durango. Y en ese sentido estoy seguro de que la literatura panameña tiene muchas cosas qué mostrar al mundo, pero mientras nuestros autores no se preocupen por difundirse y promocionarse, no vamos a salir de donde estamos estancados. Cada uno sabe lo que esta haciendo.

La literatura panameña se levanta como un sol que arde y despierta a todos los que a su paso toca. Como el astro mayor, se levanta y desde el cielo ilumina Boca la Caja, El Cangrejo, Calidonia, Casco Antiguo y El Dorado. Como una espada en un sueño se defiende y como un caparazón blando y frágil, en la realidad, soporta los embates violentos de su suerte.

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Entrevista a Salvador Medina Barahona

Salvador Medina Barahona

“La juerga intensa hace más poesía que los libros. La poesía no es simplemente escribir o simplemente leer. La poesía es un estilo de vida.” -sentencia Salvador Medina Barahona (Mariabé de Pedasí, Panamá, 1973).

Lo dice con orgullo en la mirada, con candor en su sonrisa, con cada uno de sus más de 20 años de experiencia en la movida. A sus 17 años, recuerda, escribió su primer poema. Ya no habría manera de escapar y eso nadie se lo dijo, aunque bueno, ¿A quién se lo han advertido? La poesía, de ahora en adelante, sería la única respuesta.

“Beber ese esencial para el poeta, así como respetar el lenguaje y su majestad.” -advierte el poeta. Autor de ya más de 5 libros, entre los que destacan “Pasaba yo por los días” ganador del galardón más preciado de las letras panameñas, el Premio Nacional de Literatura “Ricardo Miró” (2009), en la sección de poesía, “Mundos de sombra” (1999), su primer libro y “La hora de tu olvido, una intensa elegía al padre” (2008), Salvador también ha sido acreedor a distintos premios y menciones, como en el año 2000 cuando ganó el Premio Nacional de Poesía “Stella Sierra” o la Mención de Honor del Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” 2001-2002, además de publicaciones en prestigiosas revistas nacionales e internacionales como el Black Renaissance Noire de la Universidad de Nueva York y la revista Carátula de Sergio Ramírez. Además de ser el autor de una antología de poetas jóvenes panameños en 2004 y creador del sitio en línea “El duende gramático”, destinado a promover la poesía de nuevos autores hispanos.

Su poesía es una mezcla de síntesis, música, fuerza y ternura y su editorial más reciente algo deficiente, no muy efectiva, y éstas últimas palabras son tomo prestadas de su boca. Su poesía está influida por autores como el español Antonio Gamoneda, el mexicano Octavio Paz, el hondureño Roberto Sosa o el panameño Manuel Orestes Nieto. Él se declara como un apasionado de la poesía así como un país entero se apasiona por el fútbol.
“La poesía es un diálogo. La hoja en blanco debe estar conectada por un cordón umbilical con el poeta, así como el poeta tiene que estarlo a su vez con el Universo.” su poesía propone, a diferencia de muchas otras, matices poéticos e imágenes bien logradas, imágenes que parecieran estar modeladas hasta el cansancio, además de una mirada mucho más interiorista, más de ir de vuelta al núcleo para desde ahí, refugiado, escribir con comodidad.
– Salvador, ¿Qué le ofrece la poesía panameña al mundo? ¿Qué la caracteriza? – Si hay algo que la caracteriza es que transita, que es heterogénea, además de haber sido el estilo más resistente a lo largo del tiempo aquí en Panamá, junto con el cuento y el ensayo. Pero bueno, no podemos comenzar a hablar de la poesía sin antes presentarla. La poesía en Panamá comienza desde 1500, así es que bueno, para no hacer la cosa más larga te puedo citar algunos autores como Manuel Orestes Nieto, José de Jesús Martínez o incluso el mismo Rogelio Sinán. El problema con la poesía panameña no es cuándo haya comenzado o no, tal vez después de todo no sea necesario presentarla, sino que no sale del cascarón. No se da a conocer y no se manifiesta. Y ese es uno de los pecados más graves que comete. Aunque la verdadera inquisidora es la poca importancia que tiene ahora. Por ejemplo, a diferencia de México aquí no existen las becas creativas. Sí quieres publicar será mejor que ganes un premio porque no hay otra manera sencilla.
– Para concluir, ¿Cuál crees que sea la inyección de adrenalina que la poesía panameña necesita? ¿Crees que hay una?- Por supuesto que la hay y no es otra que la revaloración de la poesía y el trabajo del autor, que el propio poeta se diga poeta y que se dedique a serlo. El poeta tiene que ser práctico y preocuparse por su obra, como gestor cultural, como autor, debes estar involucrado directamente con tu obra y su desarrollo. Que la creación de más concursos y las primeras becas al fin vea la luz. Y por su puesto que nuevas generaciones se interesen en éste oficio que es  uno de los más tiernos de todos.

En pocas palabras, resumiendo al autor, el poeta debe sentarse a escribir a sus anchas.

Salvador Medina

Originally posted 2013-05-07 18:08:10. Republished by Blog Post Promoter

Memorial a Rogelio Sinán, el poeta más grande de Panamá para el mundo

 

Rogelio Sinán

“¡Mi galleta!”, cuentan quienes lo conocieron, estas fueron las primeras palabras pronunciadas por Bernardo, cuando un primo suyo intentó arrebatarle su deseado postre azucarado de las manos. Tenía voz. En adelante, no iba a permitirlo jamás. Después de 15 años de silencio, como solo en los cementerios se puede encontrar, su garganta liberó las palabras formuladas, presas desde su nacimiento. Bernardo Rodríguez Alba, mejor conocido como Rogelio Sinán, nació para ser poeta, un regalo para el mundo.

El amigo incondicional del roble barbón y correoso, de la virilidad andante, del guante de box más ajustado y de la botella, siempre, más vacía, Ernest Hemingway, se valió más de una vez de este privilegio al ser rescatado de tundas y pugilatos, los cuales, le presagiaban dolores inimaginables.

Se dice que los largos y lejanos viajes siempre traen, para un poeta, el complemento no dado por su patria, y es cierto, Rogelio Sinán es la más clara prueba. Comenzó su viaje con su primer visita a Italia, donde conoció la vanguardia, se la apropió, la dobló como un ticket de compra en sus bolsillos y la devolvió a Panamá con el nombre de Onda en 1929. Años después de su éxito vanguardista en su país, viaja a México donde estudia Artes Dramáticas y Teatro por 5 años, además toma el puesto de Cónsul para la embajada de panameña en México. Meses después gana el Premio Interamericano de Cuento, con La Boina Roja en 1949.

Es de la mano de este cuento, junto con La Cucarachita Mandinga y La Isla Mágica, cuando consolida su literatura, su nombre y su renombre como el poeta más grande visto por Panamá en toda su historia. Es por esto, que éste memorial se levanta en su nombre.

El Memorial a Rogelio Sinán, formalmente llamada Sala Onda, fue inaugurado el 24 de Abril de 2010, después de muchas largas y encarnizadas negociaciones con su nuera directa, quien poseía la mayoría de los bienes heredados. El Memorial esta ubicado en la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) al norte de la capital panameña, en el barrio El Dorado.

Aquí se pueden encontrar una pequeña parte de su biblioteca original, con algunas reliquias invaluables, como su edición italiana de La Divina Comedia -libro que llevaba a todas partes sin importar su destino-, sus retratos al óleo, tres bustos hechos por diferentes escultores como el cubano Ernesto Navarro; y uno de su primer esposa, “Conchata”, recortes de periódicos donde se le retrata al ganar algún premio, fotos con personalidades como Gabriel García Márquez o nuestro queridísimo Luis Echeverría, primeras ediciones originales de sus obras más célebres, correspondencia con otros cónsules, un par de zapatos rescatados de la basura, su hermosísima máquina de escribir con todos los botones, aún en perfecto estado para sus funciones, la silla donde, sentado con tranquilidad y meciéndose esporádicamente, escribió sus más grandes obras, además de constancias originales de sus premios, como el recibido en México, entre algunos otros.

Por encima del valor sustancial e incomparable que significa atesorar su legado a través de su biblioteca, de las ediciones originales de sus libros, de su máquina de escribir sin un solo vestigio de polvo; lo más valioso en esta sala, es la nostalgia que ronda en ella. Entre esas paredes se siente como, aún después de 18 años de su fallecimiento, Rogelio puede vernos caminar por su estudio sin preocuparse, posando su codo izquierdo en el brazo de su trono y encima de él su cabeza mientras su mirada constante sigue nuestros pasos.

Originally posted 2013-04-30 17:05:09. Republished by Blog Post Promoter

Entrevista a Ileana Solís, figura del teatro panameño

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Ileana Solís recuerda contar con no más de 4 años y vivir en Calidonia. Recuerda vivir en un cuarto semi-oscuro donde los niños que lo habitaban iban y venían descalzos, sorteando hoyos, rocas, cubos repletos de agua por las goteras y alimañas, cuando tuvo su primer acercamiento con el teatro; con el carnaval, para ser más exactos. Ileana Solís sentada en el pequeño balcón de su casa vio la muerte pasar frente a ella. Ileana Solís le extendía la mano a la muerte y la muerte se la sostenía. Ileana Solís quería ser tan grande -algún día- como la muerte; como esa muerte. Como una niña lo deseaba y como un soldado lo lograría.

Nacida en el Hospital Santo Tomás, ubicado en la Ciudad de Panamá en el año de 1952, es una de las representantes más importantes del gremio teatral en Panamá desde hace muchos años. Aunque su camino no fue fácil, e incluso, si fuera posible volver a esa época, no muchos hubieran podido predecir que ella volcaría en el monumento que es ahora. Hasta su pubertad, cuando cursaba los primeros años de la escuela secundaria, comenzó a tener desenvolvimiento escénico, donde todos los viernes daba pequeños shows y monólogos para sus compañeros de clase.

Finalmente, hasta 1971, en la etapa que estudia Química en la Universidad de Panamá, comienza a hacer teatro formal. Y es curioso su comienzo, pues todo se lo debe a un chico atento, perspicaz y tal vez algo coqueto que la miraba entrenar lanzamiento de jabalina y disco en el campo de la Universidad. Jamás supo su nombre ni volvió a verlo después, pero interrumpiendo su entrenamiento, argumentaron un poco y después caminaron juntos hacia la facultad de humanidades en busca de un teléfono publico. Lo hallaron, era el único que funcionaba en ese momento. Y es ahí donde Ileana entra, por curiosidad, en una puerta con una inscripción que rezaba: T.T.U. Taller de Teatro Universitario, que se ocultaba levemente a un costado de la caseta de teléfono. Entra con autoridad y de un grito llama la atención de todos los estudiantes, canta y baila El Toro Enamorado de la Luna y se finca ahí, después de esto ya no había nadie que la detuviera.
Se forma como actriz en distintas academias como el ISTA, la Escuela Internacional de Antropología Teatral en 1981 y con maestros de mucho prestigio, como Roberto Mckay, el modernizador del teatro panameño, Jackes Le Coq en Francia, entre otros.

ileana solisSus presentaciones comienzan en 1971, en mayo, cuando comienza a trabajar en una exposición de teatro popular financiada por el estado. Después en 1981, presenta el Asa Nisi Masa de Roberto Mckay y viaja a Italia para formarse 4 meses con un profesor danés. Después, en noviembre del mismo año, vuelve a Panamá y funda el grupo de teatro “Oveja Negra” que se dedica a hacer teatro popular y callejero, con el que participa en el Festival Internacional de Teatro de Calle en Bogotá en 1984 y es laureado.

Más tarde, en 1987, prueba otras alternativas y encuentra en los monólogos lo que siempre había soñado: el crédito completo y una voz altiva en contra de la represión de Noriega. El primer monólogo de su autoría titulado Movimientos al Sol, ve la luz del sol en 1989, el cual después es secundado por Los Silencios del Jaguar, basado en el Popol Vuh, y finalmente terciado por Mudo, quiere ser Diablo, en 1998 que expone la idiosincracia del panameño en esa época. Actualmente es profesora en la Escuela de Teatro de Bellas Artes.

– Ileana, un par de preguntas, ¿Por qué teatro y no cualquier otra disciplina artística?

-El teatro es como un laboratorio y los actores deben ser los laboratoristas, deben probar con todas las formulas, elementos y ver sus resultados, ver qué compuesto dan y cómo lo toma el público. Por eso es que hago teatro, me gusta plantear circunstancias al público, ponerlos incómodos, hacerlos llorar de risa, de miedo. Los envuelvo con mi teatro y les exijo que participen. Muchas otras veces les tomo el pelo y con estas mismas situaciones los engaño y los mantengo encerrados en un teatro oscuro y tenebroso durante 20 o 30 minutos.  En mi laboratorio todos deben conocerse a sí mismos antes que nada. Por eso es por que hago teatro y no cualquier otra disciplina artística.

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VI Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz 1992

– Segunda y para terminar, ¿Qué aporta Ileana Solís al teatro panameño? ¿Qué futuro le ampara bajo su yugo?- Déjame decirte que yo no asisto a muchos eventos religiosos, pero puedo jurar por Dios que puras bendiciones. Aunque en realidad no sólo es bajo mi yugo donde el teatro se resguarda y se alimenta, hay muchos más. Creo que el teatro, tanto comercial, como experimental, clásico, callejero, etcétera, esta tomando un nuevo aire y comienza a respirar más sanamente. El problema a lo largo de los años ha sido que no hemos tenido formadores de nuevos talentos en este ámbito, sin embargo, poco a poco la gente se interesa más en el teatro, llenando pequeñas salas de teatro experimental o buscando instituciones dónde estudiar actuación. Y esa es en realidad mi aportación, yo levanté el teatro panameño de donde estaba. Claro, junto con algunos más, pero si me permites la arrogancia, hay veces que me lo    adjudico todo a mí, solamente a mí y a nadie más.

Las dos caras del Teatro La Quadra guiñan, y los muros del gran Teatro de Panamá aplauden. El T.T.C. es la cuna de la niña Dios de las actuaciones y todo el pueblo le lleva incienso, mirra y oro como lo hicieron los 3 reyes. Las calles de Panamá esperan impacientes que un día, esa niña Dios se levante, actúe y después vuelva a sentarse en su pesebre.

Originally posted 2013-05-21 14:24:26. Republished by Blog Post Promoter

Entrevista a Ologuagdi, pintor Kuna

“La mejor universidad en la que he estudiado ha sido el útero de mi madre. El amor siembra las mejores banderas y de una de esas banderas plantadas nací yo. Cuando nací ya tenía los pinceles en la mano. Y ahora la única responsabilidad que tengo con todos es el amor. ” Me parece escuchar la voz de Ologuagdi,pintor panameño, serena y anestesiante parlamentar su credo fundamental, como si recitara una elegía a las piedras y a las plantas.

Nacido en la ciudad de Colón,  el 24 de Junio de 1953, Ologuagdi u Ologwagdi, pintor kuna, es hoy por hoy una de las voces más representativas del arte panameño a nivel mundial y también una de las más bonachonas y sinceras.

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“Yo soy un nexo directo con la negritud,” dice con su voz ora determinada y contundente, ora inaudible y pequeña. Vivió su primer infancia, como él la llama, en la ciudad de Colón, ubicada en la costa caribeña de Panamá, donde tuvo sus primeros acercamientos con la raza negra, la pintura y las artes gracias a su abuelo, un ebanista y carpintero, que significó, también, su conexión con la ciudad y la vida urbanizada. Como su padre, él también tomó formación en las artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Panamá.

Gana su primer premio de pintura a los 15 años por vanguardia artística joven, con una pieza hiperrealista: un tazón de cristal con uvas y una botella.El premio lo recibe  de  las  de manos de Carlos Alberto Palomino. Es gracias a esto que desiste en su deseo ser cura y párroco y aquí comienza a extender sus brazos como grandes raizales sobre la pintura panameña para poco a poco, consolidarse como un gran árbol chiriquí bajo el que muchas cabezas toman, ahora, un descanso a la sombra. Aunque a la par de la pintura, durante su juventud no conoció los límites en cuanto a oficios y profesiones, ya que trabajó como mesero, ayudante en un estudio de fotografía, sastre, entre otros para sostener endeblemente sus necesidades.

“Cualquier zaguán es una galería.” Esta frase fue y es, aún ahora, una línea más de su credo fundamental de vida. Y es en función de esto que su trabajo nos ofrece nuevos horizontes, como el primer grupo al que se unió: el “Trópico de Káncer”. Un grupo artístico-anarquista en la década de los 70’s. en  el que podían encontrarse artistas de todo tipo, desde músicos, poetas, pintores, actrices, como Ileana Solís, Ventura Rodríguez, Káncer y Virgilio Ortega, entre algunos otros. Después en 1972 se suma al Programa Bilingüe de Panamá como ilustrador de libros. Y más tarde en 1974, se une a la brigada muralista de José de Jesús “Chucho” Martínez donde pinta algunos murales cerca del Chorrillo, aunque, al día de hoy, muy pocos sobreviven, debido a la represión política y expresiva de aquél momento. En 1975 gana el Concurso de Pintura “Soberanía”.
Muchos años después, en 1985, se une al GECU, el Grupo Experimental de Cine Universitario donde se combate por La Carta de Soberanía y en contra del Tratado del Canal de Panamá. Al mismo tiempo participa en la creación de revistas culturales y de protesta como La Plancha.

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Y para finalizar éste año, consigue después de más de 12 meses de espera, los fondos necesarios para publicar una antilogía de pintores panameños de la época. En 2008 participa en la película más galardonada del cine panameño en su historia, El Viento y el Agua, ganadora de 7 premios hasta el momento.  Actualmente colabora en la “Brigada Muralista de Káncer Ortega Santizo” un colectivo de fotógrafos, pintores y músicos dedicados a promover el arte autóctono de su país.
– Olo, ¿De qué se trata todo éste trabajo acerca del nuevo escudo? ¿Cuáles son las correcciones que le haces al anterior y cuál eran sus problemas?

– Voy a decirlo así. Para como esta la vaina, el objetivo de la pintura debe ser tender uno y mil puentes por el que la humanidad pasee, caminando de la mano, y se conecte. Es por eso que hago esto. Respecto a lo del escudo hay algo que tienes que saber. El escudo anterior era también un trabajo mío, sin embargo no podría decir que fuera el oficial, ya que aquí en Panamá ninguno lo era. Podía venir cualquiera, dibujar un círculo con una cruz en el medio y proclamarlo casi como nueva bandera. No había una ley que defendiera su exclusividad hasta ahora y es por eso que hago el trabajo. Comencé a trazarlo el viernes pasado, le falta un poco para estar terminado. Los cambios que se hicieron fueron el águila arpía, el azadón, una pica o pico, no sé como tú le digas, y el istmo.

 

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– Por último, ¿Qué momento vive la pintura en Panamá?

-Mira, así como el latido fuerte del pueblo panameño debe ser su pintura. Cualquier nostalgia debe expresarse a través de colores y pinceles. Hasta el momento no estamos del todo en orden, así es que creo que le espera un gran momento.

El sol titila en el armazón de sus lentes chuecos y se reproduce en todas las direcciones como un arma de láser disparando a tambor batiente. Y es de ésta misma manera que la pintura panameña se levanta, de su mano, como un mundo en llamas que atraviesa sin problemas las olas y las rompientes.

Librería Cultural Panameña, sesenta años de historia

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Puesto un pie dentro de la tienda no hay marcha atrás. Y es algo que puedes saber con solo voltear al techo de la librería y ver como por toda la orilla se encuentran pequeños rostros enmarcados, unos sonrientes, otros más huraños, pero todos apuntándote con sus ojos, clavándote la flecha incesante que es su mirada.Todos desplegados alrededor del punto más alto de las paredes, antes de tocar el techo, como un ejército de gárgolas vigilan desde las alturas cada uno de los pasos que das entre los libreros y los estantes.

Después de que la puerta cierra rápidamente, el sopor es abatido por la frescura del aire condicionado y todo vuelve a la normalidad. Las gárgolas no eran gárgolas, sino águilas hermosas que observan a los clientes desde las alturas, volando en los cielos de la librería como un soneto leído al viento con un hálito de filigrana.

P1040391Espacio compartido junto a los peculiares habitantes de las cimas de los libreros. Cientos de pequeños adornos de todo tipo como medallas, pipas, soldados, búhos, rifles, bustos, dibujos, esculturas, copas, botellas, banderas, cruces y dragones; forman una civilización nómada que ha visto las montañas levantarse. Y son ellos los que le brindan la atmósfera adecuada a la librería como para ir a vivir una aventura trashumante entre sus dehesas literarias.

Sin embargo, a pesar de tanta hermosura viviente entre sus pasillos llenos de literatura panameña, enfrentan grandes problemas en estos días. Y es cierto que después de mas de cinco décadas, 59 años para ser precisos, y tres generaciones acunadas y mecidas al vaivén del pasar de las hojas de un libro, se han tenido que enfrentar a distintos problemas. Han habido épocas difíciles como el cierre de tres sucursales, una en la Séptima Avenida Central a un costado del café Coca Cola o de la que solía ser la matriz durante sus años más memorables, cuando se hacían exposiciones de arte y tertulias, en las que se presentó Juan Jesús Franco, por poner un ejemplo, ubicada en avenida Perú, frente al Ministerio de Hacienda, donde se erigió un banco después de su partida en 1960, además de otra ubicada en San Miguelito.

P1040380A pesar del tiempo transcurrido, sigue fresca la herida del cierre de las otras tres sucursales, sin embargo, no queda lugar para la nostalgia, pues en este momento se enfrentan a otros grandes problemas: ventas a la baja, alquileres a la alza y el internet. Situación que pone en peligro a la única librería cultural que sobrevive en Panamá.

La Librería Cultural Panameña cuenta con características desconocidas para la gran mayoría de sus usuarios, incluso, quienes le dan mucho más valor que cualquier otra librería panameña. Hay justo en el medio de la librería un anaquel dedicado exclusivamente a la literatura nacional donde se pueden contar, sin problemas, más de un centenar de títulos distintos y en el que todas las novelas están rebajadas en un 5%, cuenta también con un sello editorial propio, llamado Manfer, en el que se han editado espectaculares libros panameños como Luna Verde de Joaquín Beleño C.

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Finalmente, con un par de secciones especiales: la sección de libros antiguos y joyas literarias, ejemplares agotados y primeras ediciones, además, la sección del anticuario, en la cual llevan cuatro años de duro trabajo en un sitio web que expondrá todos los más de 10,000 títulos almacenados bajo un ambiente especial y condicionado para mantener la integridad de sus portadas y sus páginas frágiles.

Si deseas hacer patria, panameño, te aconsejo una sola cosa: rescata tu librería, rescata a tus poetas y novelistas, que ellos siempre tienen preparada para ti, con sus páginas abiertas, una segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta casa.