Persépolis: las particularidades del pasado

Por Daniel Cervantes Hernández

Twitter: @DaniDanilov

Hace unos días le insistí a mi madre en ver Persépolis (Marjane Patroni 2007,). Admito que no fue tarea fácil, ya que no coincidimos mucho en gustos cinematográficos; sin embargo, cuando le conté que trataba sobre la vida de Marji, una niña y posterior adolescente que sufre los terrores de la revolución islámica en Irán durante 1978, no lo dudó ni un momento.

Una de las peculiaridades del filme es que fue hecha en dibujos animados. Desde hace muchos años se ha dejado en claro que las caricaturas no son un producto exclusivo para niños. Sin embargo Persépolis es aún más peculiar que sus similares para adultos.

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Por un lado se encuentra la fidelidad de estilo que se logró gracias a que no se recreó con actores de carne y huesos. Con un tono ligeramente más cómico que el de la novela gráfica, conserva la seriedad que demanda un tema tan delicado como la guerra.

Como en la mayoría de las adaptaciones fílmicas de obras literarias es difícil tratar de abarcar la historia completa. Diversas son las razones de ello: no existe el tiempo suficiente, presupuestalmente algunas secuencias son muy difíciles de lograr o no resultan útiles para el ritmo de la película.

Que una mujer de la cultura islámica tenga voz y participación es algo que llama la atención en occidente. Aunque existen países y regiones que no se muestran tan rígidos con sus mujeres, los estereotipos son muy fuertes.

persepolis_8Pero uno de los mayores aciertos es que trae de vuelta a la memoria colectiva un hecho que para algunos podría resultar solo un eco del pasado, ya sea por la distancia temporal, geográfica o cultural que nos separa.

A veces suele resultar difícil la comprensión de hechos políticos e históricos ajenos a nuestro entorno cotidiano. Sin embargo Persépolis demuestra que no es necesario conocer la cultura de algún país lejano, basta con tener empatía por otro ser humano para acercarnos. Y es ahí donde trabaja la magia del cine.