La magia de El Cascanueces vuelve al Auditorio Nacional

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En esta temporada navideña, El Cascanueces llega a la Ciudad de México del 18 al 21 de diciembre para presentar su 34 temporada en el Auditorio Nacional, en la cual participarán más de 70 bailarines, 80 músicos, 50 niños y jóvenes y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirigida por Juan Carlos Lomónaco.

 En esta ocasión, el elenco incluirá a los cinco primeros bailarines de la Compañía Nacional de Danza: Agustina Galizzi, Ana Elisa Mena, Mayuko Nihei, Blanca Ríos y Erick Rodríguez, así como Elisa Ramos, la primera solista egresada de la Escuela Nacional De Danza Clásica y Contemporánea del INBA, quien alternará con Mahaimiti Acosta en el papel de Clara.

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El Cascanueces es un cuento escrito por Hoffmann en 1816 y compuestos por el gran Tchaikovsky, que cuenta la historia de los hermanos, Clara y Fritz. El día de navidad el padrino de Clara, Drosselmayer, le regala  tres cajas con tres regalos diferentes: Un Arlequín, una Colombina y un gran Cascanueces. Su hermano, celoso, rompe el Cascanueces. El sobrino de Drosselmayer repara el juguete y se lo entrega a la niña. Durante la noche ella se levanta a ver el Cascanueces, lo abraza y entonces…todo crece y crea vida a su alrededor, llevándola a un mundo mágico.

 El Cascanueces está a cargo de la Compañía Nacional de Danza del INBA y se ha convertido en una de las representaciones de ballet más importantes del mundo, ya que brinda a chicos y grandes la oportunidad de acercarse a la danza  y apreciar el trabajo de los bailarines.


Los precios van de $230 a $550, compra tus boletos en Ticketmaster

Promociones: jueves de 2 x 1 y viernes paquete familiar, (4 boletos a precio de 3)

Amor en medio del bosque: Sueño de una noche de verano

Con luces tenues y movimientos armónicos da inicio aquella obra escrita escrita alrededor de 1595, “Sueño de una noche de verano” que se presentará este viernes 7, sábado 8 y domingo 9 de noviembre en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario en punto de las 19:00 horas.

 Con la coreografía de James Kelly y música de Felix Mendelssohn, la puesta en escena contará con la participación de más de 100 artistas en los que destacan bailarines como Elisa Ramos y Quetzalcóatl Becerra, además de coreógrafos, iluminadores y vestuaristas.

 En esta ocasión la Compañía Nacional de Danza del INBA trae la coreografía de ballet de esta obra como homenaje del 450 aniversario del natalicio del dramaturgo inglés William Shakespeare. A pesar de que ésta ha sido inspiración para diversas adaptaciones alrededor el mundo, James Kelly comentó para el INBA que su pieza  trata de ser fiel a la historia original de Shakespeare al utilizar un lenguaje clásico y neoclásico.

 Cabe destacar que la participación de James Kelly en México ha sido importante: ha presentado diversas coreografías como Secretos, Para ser tú, Sinfonía para nueve hombres, Debo curarme de ti y Tiempo fuera.

 La cita es en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (Insurgentes sur 3000), el costo de acceso es de $80.00, con 50% de descuento con credencial vigente UNAM, Prepa Si, INAPAM y Jubilados ISSSTE e IMSS.

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El amor es un cadáver y ellos llevan la piel

Una mirada más de eterna despedida y se cerró la puerta tras de mí. Había empezado a abrirse entre nosotros el inmenso abismo de la separación.

William Wilkie Collins

5 luces se encienden, una pareja en el escenario: hombre y mujer, cada individuo ocupa un extremo. Se han unido para tener una última conversación, se escucharán pero van a separarse, no cambiarán la decisión, es inevitable. Será una auténtica Clausura del amor, acción que da título a esta obra de Pascal Rambert dirigida por Hugo Arrevillaga, presentándose en el Teatro El Granero Xavier Rojas del Centro Cultural Del Bosque.

 Si la puesta en escena es dirigida por Hugo Arrevillaga hay altas probabilidades (si no es que totales) de que sea capaz de mover las fibras más sensibles de quien se acerque. Esta vez no es la excepción. Lo que se nos ofrece es una historia acerca del quebranto, desgarrar en dos partes una vida para abrir paso a un final, el final del amor.

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 El texto de Rambert presenta a una pareja que se ha disminuido y llegan ahora al punto de la despedida. El hombre comienza su discurso con palabras que atacan con coraje y fuerza, dando manotazos al aire, desesperado por expresar la necesidad de verse libre de las ataduras de una relación que en un momento lo fue todo y ahora deja solo hartazgo.

 La mujer atenderá paciente, tratando de no quebrarse ante la mirada del que fuera la razón de su vida, hasta que el turno de hablar llegue, tras haber recibido los ataques de una batalla que arranca pedazos de ambos. Ella no cederá su interioridad, responderá con una contrariedad absoluta luchando por recobrar su intimidad. Ambos se saben frágiles, se han conocido, disfrutado, empero son humanos y al cerrar un ciclo los seres humanos hacen esto.

 Así, el público se ve expuesto a una descarga de sentimientos impresionante que materializa el término del amor. El autor busca exteriorizar la importancia de reconocer al otro a través del rompimiento de la unión, adentrándose en las figura de la pareja para dejar la duda de si es el amor mismo quien arrasa con la integridad de los seres que se confían a él, o la propia acción de relacionarse como inevitable acto de la naturaleza gregaria.

 Luego se pueden tener varias opciones para verse afectado por el montaje: la primera es -irremediablemente- identificarse dentro del conflicto, partiendo de la experiencia propia o cercana del derrumbe de la estructura que da cobijo a los amantes. Encontrar que esa gama de emociones vertida enfrente ha sido de nuestra propia experimentación. 

 La segunda es tal vez más compleja, ya que consiste en conectar con  el entendimiento de los seres de la historia que se nos está contando, identificarlos como personajes comunes de la sociedad, humanizarlos y entonces ser empáticos a su sentir. Abrirse al simbolismo y violencia que acarrea en sí misma la idea del amor. ¿Cómo serán sus vidas frente al vacío que comenzará a abrirse paso entre ellos mismos para demostrar que nunca se podrán olvidar, pues han dejado más que solo personas, objetos y situaciones en común? Su esencia en el otro está y no la podrán desvanecer jamás.

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 Arrevillaga quita toda sombra y deja claro el panorama, volviendo directo el horror con movimientos coreográficos fuertes y sutiles, acompañados de inserciones suaves de un sonido que incrementa la tensión. Sus actores nunca se tocan, se clavan estocadas constantes una tras otra y se derriban en el limpio espacio escénico con nada más que la fuerza de la semántica, logrando ejecutar entonces uno de los retos de dirección más notables de esta temporada al transmitir lo accidental del amor enteramente a la audiencia.

 Arcelia Ramírez y Antón Araiza serán los encargados de interpretar este intercambio, inmersos hasta el cuello en un vertiginoso tour de force, que demuestra la calidad actoral de ambos al crear un trabajo franco, apasionado, honesto, enternecedor y catártico.

 Antón conduce ferozmente su monólogo, adentrándose con delicadeza en los restos resquebrajados de lo que pudo ser, mientras que Arcelia hace de la inmovilidad de su espera un espejo de la brutalidad del discurso de su acompañante, para alzarse demoledora después creando imágenes auténticas e impactantes. La química de ambos es absoluta, todo lo que resta es belleza y lágrimas emergentes.

 El mundo es presa de este sentimiento. ¡Nos urge hablar del amor!, no vayamos más lejos de su ausencia en el noticiario de esta mañana.

Esta puesta es contestataria a la idea de que aun dejando la sangre en el suelo, el futuro es una esperanza para poder reconstruir lo que se ha demolido, desde dentro para exteriorizarlo.

 La potencia de la dramaturgia se funde con el genio de Arrevillaga, en amalgama con el talento de Ramírez y Araiza. Que sea imperdible vivir esta experiencia es hablar de más, queda implícito. Permitirse es necesidad. Hay que atender los temas del amor, o lamentar el ser ajenos.

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Sueños rosas, realidades mexicanas

“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos.”

Gustave Flaubert

Rosa Mexicano, drama original del siempre contrastante Luis Ayhllón (La extinción de los dinosaurios), llega  debutante y flamante a la cartelera mexicana bajo la dirección de Martín Acosta, dispuesta a apoderarse de los fines de semana del Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque hasta noviembre.

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 Aquí hay una propuesta bastante cruda, envolvente, fiera y fuerte. Esta es la historia de una mujer que despierta en la oscuridad del bosque, rodeada de la nocturna atmósfera donde emergen varios personajes con aptitudes fantásticas y mágicas que ponen a prueba la veracidad de la realidad. Ella solo quiere llegar a la ciudad para volver a casa. Al tiempo, la historia de la misma mujer, una adolescente que espera paciente afuera de la más grande televisora del país para conocer a su actor favorito, hasta el día en que conoce a un productor que le promete presentarle al galán en cuestión. ¿Cómo ambas estancias extremas podrán hallar conexión?

 Comenzando por la calidad dramática que el autor propone, dónde las metáforas danzan al ritmo de la fantasía y los hechos de crítica social contemporánea rompen con toda alegoría, esta es una obra cautivadora, estremecedora y hasta tétrica.

 Ayhllón no teme en usar todas las figuras que brotan de su mente para reflejar una cruel panorámica del star system residente en nuestro país, bajo el influjo televisivo. El autor monta situaciones llenas de cotidianeidad que aterran por su esencia al saberse ciertas. La fragilidad de una adolescente siendo tergiversada por una persona con poder que le promete maravillas a cambio de la entrega carnal; La tragedia deviene y frente a esto la mente exige formar otra historia que satisfaga más sus necesidades, aunque ya sea vano cualquier ejercicio para borrar los hechos.

 Para fortuna del producto, Martín Acosta entiende a la perfección la narración del autor, que se construye por  partes sin unión constante y las va poniendo sobre la mesa a un ritmo creciente y con tiento. Acosta encierra en una habitación  con muchas puertas a la soñadora y al sueño color rosa, intenso, rosa mexicano vaya. Es la misma tonalidad de la ensoñación la que indica que el viaje será encendido, cargado de emociones violentas y pasionales que se presentan ante el espectador con enigmas incomprensibles, los cuales al armarse en total develan una situación que deja caer la quijada en un silencio sepulcral.

 La puesta se antoja compleja e inteligente, resultando ambas al final. Empero, no hay insinuaciones pretenciosas para decirle al público que necesita una capacidad de análisis ejercitada para llevarle el paso a la acción, al contrario, el director cuida los balances para permitirle al respetable apreciar cada detalle y gozarlo. Enmarca los giros en la trama tensando más el arco dramático y libera tensiones con  solidez inmediata.

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 Un discurso que exige dejar de dar validez a los falsos iconos, notar la corrupción y confrontar la integridad tanto de la ética como de la moral, teniendo raciocinio sobre los grupos vulnerables, apoyando una formación crítica que forje individuos, no blancos de tiro.

 Precisamente lo anterior engloba la importancia de este montaje. Vivimos una actualidad tan violenta que se ha vuelto costumbre para cualquier nivel social. No es permisible tachar como usual un atropello humanitario. Así este título se suma a otras producciones tan exponenciales como Medea Material en pos de encender antorcha, al menos dentro de cada mente.

 Rodrigo Virago, Francisco Cardoso y la siempre genial Aída López acompañan a Gimena Gómez como la protagonista de esta historia. Un elenco homogéneo, dónde cada actor luce en el rango que se le delimita, permitiendo además que Gómez se alce con una interpretación precisa y enternecedora, tan emblemática sin duda para su carrera como su Dora en Feliz Nuevo Siglo Doktor Freud.

 No se puede ver solo una vez este montaje, es un producto que se tarda en digerir y necesita bastante atención. Hay  influencias de A Través De El Espejo, Mullholland Drive y hasta Dancer In The Dark, pero lo impactante, es la influencia de la contemporaneidad mexicana. Imperdible.

Manzanas para la discordia, o el escape

“La juventud quiere mejor ser estimulada que instruida.”

Goethe

Antes de comenzar a hablar sobre el montaje Manzanas, original de Richard Milward, adaptación de John Retallack y dirección de Alberto Lomnitz; que se presenta en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, me permitiré introducir 3 materiales previos a esta obra que son base del análisis prosiguiente:

 En 1995, Larry Clark fue duramente criticado por mostrar un panorama crudo y desolador sobre la juventud. Ubicándose en Estados Unidos en medio de brote de contagios de VIH, a través de la cinta Kids, retrató un día  en la vida de un grupo de adolescentes neoyorkinos, una rutina que incluía vandalismo, consumo de sustancias nocivas, alcoholismo, sexo sin protección  y ausencia paternal. 

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 Para  2006, la dramaturga alemana Anja Hilling (Mi joven corazón idiota), marcó de nuevo la presencia destructora de las drogas en los jóvenes a través de la obra Estrellas (montada este año en nuestro país bajo la dirección de Hugo Arrevillaga), dónde cuatro jóvenes se disponen a entregarse a los efectos de las drogas denominadas estrellas, un marco agresivo de la pérdida de la inocencia.

 Como eslabón final, Klip, película serbia del 2012, dirigida por Maja Milós y recientemente distribuida en nuestro país, apunta la situación actual de la juventud expuesta a la tecnología, sexualidad pública, hedonismo y banalidad material. Todo a través de la mirada de una joven que documenta su fiestera, desvinculada familiar y sexualmente irresponsable vida, tras la lente de video en  su celular.

 Quise presentar primero esos tres materiales para sembrar la curiosidad y que así querido lector, usted se les acerque. Ahora bien, ¿Qué tienen que ver estos elementos con la obra de la cual hablaremos?, la respuesta es que todos hablan de la juventud en medio de una crisis existencial sujeta a las vías de escape falsas de cada época con detenimiento y efectividad. Las tres son crudas y retratan los aspectos desalentadores de las situaciones para gestar el mensaje de necesidad de cambio social, algo así pasa con Manzanas, bueno, casi.

 Dentro de la edad más compleja del ser humano: la adolescencia, Eva, Adán, Clara, Gabo, Debbie y Berna construyen un ideal de vida entregándose a la fiesta, la violencia, el sexo y las manzanas, un denominado para drogas. Suma a esta historia la condición de clase media alta de estos adolescentes. Dónde cada uno sufre por el amor verdadero, la toma de responsabilidades, la paternidad, la disfunción familiar.

 Lomnitz busca reflejar la búsqueda constante de los individuos jóvenes por encontrarse a sí mismos y satisfacer los deseos que sus mentes elaboran. Marca a las figuras adultas como síndicos a cada acto, más que como acompañantes. En resumidas cuentas: la versión de la historia de la vida, por parte del adolescente incomprendido.

 El problema aquí es que Manzanas se siente como algo ya visto. Una historia conocida pero contada con nuevos nombres y casuales elementos. Podríamos olvidar los clichés a partir de la primera parte en inmiscuirnos en la historia que se sirve cruda y fría, para después intensificar el drama. Sin embargo a partir de su segunda parte deja de existir una evolución en la dramaturgia. En vez de sentir empatía por los personajes uno siente repele y hasta gusta de sus infortunios.

 Esto último acaba con el discurso de la obra, convierte a la reflexión analítica en simple morbo y no cuaja. El ritmo es además otro jugador en contra al ser lento y repetitivo. Hay elementos que hacen llevadero el producto, como los cuadros de violencia bien coreografiados que atraen de nuevo la atención, pero la fuerza cae de nuevo y se diluye el texto.

 Por eso es difícil afrontar este tipo de temáticas sin caer en lugares comunes. Tanto que en vez de mostrar a las drogas como el método de escape fácil equivocado, se llega a justificar, sin querer, su uso. Será importante resaltar también que la adaptación no conecta con la audiencia. Sí, los jóvenes son iguales en todo el mundo, puesto que al fin humanos somos, pero no hay ningún conector a la sociedad mexicana, a sus problemas reales, sólo la insoportable y cruel destrucción.

 Al final uno se queda sin poder pensar en cuan pretensiosa ha sido la obra y lamenta su  insipiente esencia. Se disfrutan plenamente las actuaciones en general, resaltando a Sofía Espinosa, Fernanda Echevarría (genial en sus arcos dramáticos) y Armando Espitia; pero si no hay congruencia ni un hilo conductor firme todo falla.

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Danza: Emergencia Coreográfica

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Emergencia Coreográfica

Temporada de obras cortas de coreógrafos noveles
Sábado 2 y Domingo 3 de agosto
Teatro de la Danza

Seis coreógrafos jóvenes del país exponen su proyecto artístico este fin de semana en el Centro Cultural del Bosque (a espaldas del Auditorio Nacional) con el principal apoyo del Conaculta.

 La presentación consiste en seis coreografías, que fueron elegidas a través de una convocatoria lanzada por la institución; lo interesante es la visión de los jóvenes que, con una propuesta creativa, muestran en escena su talento.

 La duración máxima de cada coreografía es de quince minutos en el que los bailarines se valen del poder expresivo de su cuerpo, lo anterior acompañado de un diseño de iluminación, musicalización, vestuario, entre otros recursos artísticos que refuerzan el contenido. Hay pequeños descansos entre cada una, lo que permite despejar la mente para cada presentación.

 Desde una situación cómica protagonizada por las piernas de dos chicas con tacones y reforzada por la sincronía expresiva de sus manos o una representación del concepto de ergonomía a través de movimientos erráticos, que integra la relación máquina, humano y ambiente, hacen de esta emergencia una opción interesante para ver este fin de semana.

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Emergecia Coreográfica

 Una Visita, Holografía de un Encierro, Atrozzozobra, Mientras Estoy Siendo, Behemoth y Obesos Soñaron Dragones son los títulos de las propuestas coreográficas que si bien nos dan una noción de lo que tratará cada una, el significado queda abierto al público.

 Dichas manifestaciones hacen pasar de momentos de divertidos a otros de hastío, lo que pudiera ser intención del autor; visualmente puede resultar atractivos que con pocos elementos  se creen ambientes óptimos, pero si gustas de la danza lo disfrutarás más.

 Bien vale la pena asistir para conocer la propuesta coreográfica que el Conaculta reconoce, así como las inquietudes de los jóvenes bailarines expresadas en escena. En general, cada coreografía posee características particulares que te pueden atrapar y hacer reflexionar sobre lo que se está tratando de decir.

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Emergecia coreográfica

Más allá del reino o de un caballo

La tragedia más larga de William Shakespeare y la última parte de su cuarteto de obras basadas en la historia de Inglaterra (claro, la historia que hasta ese entonces era como tal). Bajo la dirección de Mauricio García Lozano, Teatro del Farfullero presenta, en el Teatro Julio Castillo del centro Cultural Del Bosque, Ricardo III.

 Difícil es poder hablar de un autor que se ha interpretado de miles de formas, ¿cómo reinventar la narrativa en una solución atrayente y dominante? La  literatura shakesperiana es un material con el que se ha jugado de distintas formas para darle una estructura final alrededor de todo el mundo y desde la existencia de los mismos textos; Bastaría analizar tan solo cuántas obras de Shakespeare, o inspiradas en, se han montado en nuestro país en lo que va del 2014. La influencia es autoritaria.

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 En Ricardo III, el bardo nos cuenta la historia de la abominable ambición de Ricardo de Gloster, Duque de York, por poseer la corona de Inglaterra, sin importar quien se cruce en su mortífero camino. Ricardo es un hombre frío, sin escrúpulos o interés en velar por el bien de alguien más que el de él mismo. Pesa con la existencia de una deformidad en su cuerpo, empero que no flaquea en su avasalladora campaña de hipocresía y despojo para alcanzar la cima del dominio real y así poder ser aún más respetado, temido y poderoso de lo que ya es. La política cobrando vidas ¿Actual o no tanto?

 El autor dibuja al monarca inglés como un abominable ser que busca no menos que partir del desprecio que siente a su propia sangre para cortar de tajo con los nexos y encontrarse así como un ente único y absoluto. Ricardo III es una mente maníaca y un ser humano despreciable que tiene la capacidad de hacernos reír, hacernos temerle, sentir pena por él y tenerle asco; Todo bajo el candor de la ironía depositada en la pluma y de la evolución del texto, una acción lleva a una reacción, así Shakespeare va quitándole las capas a la historia y tal como al quitar las capas a una cebolla: el olor cada vez es más fuerte.

No haré mucho ahínco en algo que todos sabemos: Mauricio García Lozano es un fantástico director (No me hagan hablar de La Pequeña Habitación Al Final De La Escalera de la cual, confió en los astros exista una pronta reposición). En esta ocasión propone una visión bastante fiel al texto original, ataviando a su reparto con la vestimenta de una aristocracia moderna y hasta cierto punto excéntrica y con fuertes influencias latinas. García Lozano filtra cualquier dejo de la sociedad isabelina para idear la puesta en el contemporáneo, para retomar lo violento del texto y darle vida con la violenta actualidad, logrando un Shakespeare visceral y muy directo que conecta de maravilla y es plenamente asimilable.

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Carlos Aragón

Para dar vida al Duque de York, el director convoca a Carlos Aragón, cuyo trabajo en el escenario es indudablemente único. Aragón se adentra en la piel y la ambición del monarca con el tono y forma correcto, dirigiéndose sobre las tablas con precisión, fuerza y determinación absolutas. La complejidad del personaje parece no ser en absoluto un factor de importancia para el histrión, pues adopta de forma natural cada acción y cada línea transformándose poderosamente en el monstruo que avanza tomando almas y partiéndolas entre la propia vida y la muerte.

Acompañando al actor, un reparto uniforme, sólido y congruente entre sí mismos. Una compañía que desempeña su labor con gran precisión y se desdobla en mil personajes con destreza y agilidad: Haydée Boetto (un gozo en todos los personajes que interpreta), Paloma Woolrich, Sophie Alexander-Katz, Leonardo Oztigris, Américo del Río, Tamara Vallarta, Assira Abbate, Daniel Haddad y Ricardo Esquerra. La compañía se siente unificada, la química es evidente. Ningún miembro del elenco construye personajes flacos, así sean breves todos crecen en la medida justa para permitir la interacción adecuada y el impacto, pocas veces se logra un reparto con tal homogeneidad dónde todos puedan responder con la misma entrega y dedicación a las psiques de aquellos a quienes interpretarán.

El director marca la acción en un trazo ágil, que aprovecha espacios al máximo y crea diversos puntos de fuga sin perder el foco ni el hilo dramático. El ritmo es ascendente, la tensión dramática es apabullante y logra atrapar a la trama desde el primer momento soltando preguntas que se responden con otra pregunta hasta llegar a la suma máxima, respeta la composición Shakesperiana. La escenografía (de Jorge Ballina) junto a la iluminación (de Ingrid SAC) son piezas clave para un producto fascinante, espacios que lucen simples y se transforman con mínimas inclusiones en todo un plano distinto constantemente, jugando tanto con la fragmentación a partir de la neutralidad y destacando una idea original de la obra: “una pequeña acción puede cambiar el rumbo de las cosas”.

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Al principio uno entra y está aislado de todo, como cualquier cosa que a uno le dan en una bolsa de plástico al comprar en el supermercado, pero aquí no se saca al producto de la bolsa, sino que el público entra dentro de la bolsa para ver y sentir la hipocresía, la desesperación, la angustia y la muerte.

Lo fascinante de esta puesta en escena es que no es en ningún momento ajena, al contrario, cada vez es más cercana, destacable pues aunque Shakespeare sea un gran autor, no es algo fácil de trabajar para cualquier dirección. Ricardo III es dura, sangrienta, intensa, (en ciertos y gloriosos momentos) cómica y profundamente devastadora. Un espejo creado muchos años atrás que continúa reflejando los horrores de la sociedad y del poder a través de la rabiosa mirada de sus ocupantes. Perderse esta puesta es negarse a ver un clásico con una ejecución de primera.

Doisneau, la belleza de lo cotidiano

“Yo no fotografío el mundo tal como es, sino tal como me gustaría que fuera. Toda mi vida yo me divertí, fabriqué mi propio pequeño teatro”

Desde el 11 de abril (y hasta el 29 de junio), ha estado presentándose una exposición en el Palacio de Bellas Artes, sobre el trabajo de Robert Doisneau,  ─artista que se exhibe por primera vez en México─ con una selección exclusiva que estuvo a cargo de sus hijas (Francine Deroudille y Annette Doisneau) de un total de 78 fotografías, donde se pueden ver escenas de la calle y de los suburbios de París , su etapa como fotógrafo profesional en la fábrica Renault, su testimonio gráfico sobre la Segunda Guerra Mundial en Francia, su trabajo para las revistas Vogue y Life, así como retratos de celebridades.

 “Esta exhibición no solo muestra la poesía de su universo fotográfico sino la construcción y evolución técnica de su obra. El visitante podrá apreciar los encuadres escogidos por el fotógrafo, las impresiones originales –hechas la mayoría de las ocasiones por el mismo artista–, los trucajes, montajes y juegos gráficos”. Francine Deroudille.

 Robert Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly. Cursó estudios de artes gráficas y grabado en el École Estienne de París (1926-1929) para dedicarse después a la fotografía industrial y comercial. Entre 1934 y 1939 trabajó para la compañía Renault. Durante la guerra trabajó como falsificador para la Resistencia Francesa. Sus fotos sobre la liberación de París en 1944 fueron publicadas en todo el mundo y poco después fue reportero gráfico para la agencia parisina Rapho y grandes revistas como Life, Vogue y Paris Match, publican regularmente sus trabajos.

 Doisneau registraba espontáneamente la cotidianidad francesa desde una perspectiva poética y humana. Sus temas favoritos eran la pasión, los niños, el humor y la guerra desde una perspectiva urbana. Una de sus fotografías de 1950, una pareja de enamorados besándose en una calle parisina, se ha reproducido en multitud de postales y pósters. Le concedieron en 1947 el premio Kodak, en 1956 el de Niecpce y en 1983 el Gran Premio Nacional de Fotografía. En 1984 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor.  Robert Doisneau falleció en Montrouge el 1 de abril de 1994.

 Entre las imágenes que el público podrá observar, a lo largo de esta muestra, se encuentran: Les Pavés (Los adoquines, 1929), misma que realizó a los 17 años y que es catalogada como su primera imagen fotográfica; Le Baiser de I´Hotel de Ville (El beso, 1950), la cual es una de sus fotografías más reproducidas en el mundo; Les frères (Los hermanos, 1936) y Le regard oblique (La mirada oblicua, 1948).

 Aquí les dejamos el link de la página del INBA sobre la muestra. Recuerden que sólo tienen hasta el 29 de Junio para visitar esta magnífica exposición que pone a nuestro alcance (por primera vez) el trabajo de este excelente fotógrafo.  Les aseguro que no se arrepentirán.

 

 

Gaarder conoce a Shakespeare o viceversa

¿Si el cerebro del ser humano fuera tan sencillo que lo pudiéramos entender, entonces seríamos tan estúpidos que tampoco lo entenderíamos?
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Entre las grandes obras de William Shakespeare se encuentra una tragedia situada en Verona, Romeo y Julieta; junto a un romance tardío ubicado en el asilamiento de una isla desierta. La Tempestad. Ambas obras convergen en el patrón de personajes románticos con ambiciones y sueños truncados por la maniobra del destino a un fin mejor o equivalente a sus propias intenciones. No es ningún spoiler que al final de Romeo y Julieta la muerte alcanza a ambos para que al menos junto a ella puedan vivir libremente su amor, ni que en La Tempestad, el mago Próspero  termina renunciando a su magia por el amor a su hija. Pero ¿y si la historia hubiese acabado de otra forma?, la visión toma forma en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque.

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  José Sanchis Sinesterra (El lector por horas, El cerco de Leningrado) toma el marco Shakesperiano de tomar títulos predecesores para generar uno nuevo, así que sustrae a Próspero y a Julieta de sus respectivas historias para jugar con ellos al último capítulo de El Mundo De Sofía de Joestein Gaader.

 Próspero se encuentra conjurando a las tempestades en un ciclo aparentemente sin fin, su libro no ha terminado, Miranda sigue a su lado; al mismo tiempo, Julieta lleva 20 años encerrada en las criptas de Verona dada su fallida muerte, viendo la vida pasar junto al cadáver de su amado estacionado en la juventud, pero a ella la edad si ha pasado encima. Entonces un día los dos se encuentran, y comienzan a darse cuenta que siempre han estado ahí, en el mismo espacio, pero separados por una categoría quizás, sólo que nunca habían podido verse realmente al creerse fantasmas ajenos.

  Ambos personajes, manteniendo su línea shakesperiana, se muestran como  seres con añoranza de encontrar la estabilidad en sus vidas, cumplir sus objetivos. Los dos reniegan la posición que el destino les ha dado en el presente, más los dos piensan que hay algo más allá de los universos que comparten, ambos podrán descubrir de que se trata al reflexionar juntos y recordando sus historias.

 ¿Por qué la asociación a Gaader?, porque justo como él hace en  El Mundo De Sofía, Sanchis Sinesterra propone enfrentar a dos personajes  en directo a su creador, poniendo en la mesa la posibilidad de abandonar su plano para integrarse en forma espiritual al del ser que les ha dado vida y los ha colocado en tales infortunios.  Se burla de sus absurdos y de su prisa por vivir mediante un discurso circular que entrevé la locura sujeta a ambos caracteres, todo bajo un lenguaje isabelino mezclando en el coloquial contemporáneo.

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 Ignacio Flores de la Lama dirige esta fantasía cómica, poniendo a los personajes sobre un armatoste escenográfico a base de madera que emula cajones, muebles, puertas, escalera y demás elementos sin relación aparente pero en un orden estratégico, todo esto representando la mente del Bardo. Es ahí donde el director propone acercar la reflexión de la verdadera propiedad y validez de los actos que una persona toma en su vida a juzgar por la sombra del designio superior que así lo quiso primero. Un acercamiento incluso muy leve a la cuestión de autenticidad del libre albedrío y sus teorías a favor y en contra.

 Shakespeare es una excusa para imaginar el interior de cualquier persona expuesto a los mandatos de la superioridad que rige al universo y la forma de poder escapar a la orden y construir el propio camino.

 Ausencio Cruz y Daniela Zavala encarnan a los desdichados personajes con una actuación justa y digna. Bajo la batuta de De La Lama, construyen seres si bien sujetos de raíz al ingenio del escritor inglés, cercanos a la realidad de un ser humano de la misma edad que representan y con las mismas limitantes, sin olvidar el sentido de la fantasía. Resultando dos actuaciones que son cercanas y disfrutables, que corren sin tropiezos con la trama e interactúan con gran naturalidad.

 Este desolado páramo, dónde los dos seres unen su desolación para aborrecer sus infames realidades, tiene dos puntos de quiebre: el pausado ritmo que puede llegar a perder la conexión con la audiencia y la iluminación. Esta última bastante simple y que si bien tiene muy buenos momentos, expone en su totalidad el espacio en general y desaprovecha los puntos de atracción fuertes a los elementos destacables. Otro elemento en tela de juicio podría ser el diseño del vestuario, el cual se aleja (en especial con Julieta) del contexto de los personajes y los muestra impecables y radiantes, contradictoria situación al resto de la puesta.

 La puesta en general es altamente disfrutable y recomendable, además logra generar el punto de reflexión en la audiencia y salvar la comicidad isabelina. Sin embargo insisto, para los que podemos relacionarla directamente a la obra de Gaarder no se sentirá tan auténtica, aunque no permeará en el gozo.

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La melodía otoñal de Bergman

Espero alegre la salida y espero no volver jamás
Frida Kahlo

Los fantasmas del pasado pueden ejercer una presión única sobre la actual realidad histórica de cada ser. El fantasma, en su naturaleza espectral, tiene ataduras a sus pertenecientes terrestres por aquellos asuntos que no logró culminar en su ciclo de vida. Al dejar pasar las oportunidades de afrontar nuestros problemas, al guardar rencores, todos generamos fantasmas, todos.

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Fotografía de José Jorge Carreón

 Eva le ha pedido a Viktor, su marido, lleve al correo una carta dirigida a su madre, en la cual extiende una invitación para que la visite, hace años que no la ve. En la ausencia de la figura materna, Eva ha sacado a su hermana Helena del asilo en el que estuvo confinada para atender la enfermedad degenerativa que padece, ahora vive con ella. A la llegada de Charlotte, madre de ambas, los fantasmas comenzarán a nublar el panorama de Eva, al ritmo de las partituras de Chopin, la estación es otoño.

 Ingmar Berman concibió originalmente esta afronta como un filme, Sonata de otoño, ahora ya un clásico de la filmografía del maestro sueco. Bajo la dirección de Ignacio Ortiz Cruz llega a el Teatro El Granero Xavier Rojas. Estelarizada por Aída López, patricia Marrero, Jose Carlos Rodríguez y Diana Ávalos.

 En un espacio reducido a unas escaleras, un pasillo y un piano la acción toma forma. Ortiz Cruz toma la esencia de los personajes de Bergman, por un lado la madre, una pianista exitosa que dedicó su vida a atender su carrera más que a su familia. Y la hija que estuvo ahí, esperando el amor de su madre, y se quedó a la espera.

 Dividida en tres partes, orquestadas por tres movimientos de iluminación, el movimiento del atardecer, anochecer y mañana se cocina a un ritmo lento, que permite darle mayor apreciación y lecturas  diversas al texto, situación que funciona en gran parte pero llega a ser cansada en momentos. A pesar de estas fallas, el discurso acerca de las rupturas y las lejanías se va deshilando a la par que analizamos una relación familiar que se rompe en reclamos callados durante el tiempo.

 Aída López
Aída López

 Es necesario apreciar la tesis que antepone la puesta, acerca de la retención de las pasiones y los deseos. Por una parte , Eva manifiesta tener mucho que decir desde el primer momento que pone un pie en escena, desea poder expresar todo sentimiento que lleva dentro, desea poder continuar con su vida de una manera plena y nueva, pero oculta estos deseos bajo una máscara de comodidad y entendimiento.

 Charlotte siguió la pasión de la música, entregó a ella su amor, confianza, constancia y dedicación. “¿Por qué soy tan cruel?”, se pregunta el personaje en medio de una de las continuas reflexiones que sostiene en su soledad. Madre e hija se conectan a través del tiempo para encontrar que aunque no lo crean las dos llevan parte de la otra aún cuando no puedan creerlo o entenderlo.

 Sonata de otoño vislumbra el ocaso y la oportunidad, en un panorama que dónde la posibilidad tiembla sostenida en un muro que se resquebraja pero conserva la suficiente fuerza en sus cimientos para evitar derrumbarse. Un texto que demanda la correcta adjetivación de las condiciones humanas y pide ceder el cese a la hipocresía. Pero a la vez intenta depositar el mensaje de la importancia de no aprehender para poder aprender.

 El elenco destaca la estupenda actuación de la siempre grata Aída López, que se conduce con maestría en el tono exacto para desenvolver su papel y dar vida a Eva. López logra transmitir toda la fuerza contenida dentro de  los silencios de su rol para hacer vibrar, enternecer y exigir junto con ella la justicia indicada. Construye un personaje de una fragilidad deliciosamente imperativa, que aunque se acostumbra retenerse y prescindir de la defensa para evitar ser lastimada, derriba las paredes para atacar y salvar la identidad que le pueda sobrar, antes de que llegue el invierno.

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Teatro El Granero Xavier Rojas, Centro Cultural del Bosque, consulte cartelera.

 Patricia Marrero no es Ingrid Bergman, pero no demerita la correcta intención de la actriz al apoderarse de la madre desdichada que oculta su pena en su orgullo y las vanidades materiales. Rodríguez y Ávalos tienen actuaciones sólidas y estables, aunque presencias breves, lo cual otorga responsabilidad a los baches de ritmo, puesto que son elementos imprescindibles en zonas de apoyo y no aparecen en la totalidad requerida.

 Termina pues siendo Sonata de otoño una digna interpretación y homenaje a la memoria de Bergman, siendo en sí una sofisticada ejemplificación de la persistencia de la memoria ante el autodominio humano, dentro de una sociedad banal. Altamente recomendable.

La presión de los cuerpos sumergidos al agua

Frente a las situaciones que nos rodean y presionan, ubicamos nuestro ser dentro de un profundo mar, del cual buscamos la forma de salir a la superficie para aspirar la libertad de la paz, más en ocasiones, el peligro que se corre de morir ahogado, es equivalente al de asfixiarse en la libertad de nuestros propios actos.

 Diego Del Río es uno de los directores de teatro actuales de mayor importancia, además del más destacable de su generación. Sus propuestas se perciben siempre con esta intención de afectar directamente a la emoción desde el principio, para así, adentrarnos  en el contrato de la puesta y hacerla tan nuestra como plantea. Definitivamente un trabajo bien concebido en “El principio de Arquímides”, presentándose en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.

Mariano Palacios & Humberto Busto
Mariano Palacios & Humberto Busto

 El texto nos adentra a una problemática ocurrida en una escuela de natación, un joven maestro ha sido acusado por una alumna de 5 años de dar un beso en los labios a uno de sus compañeros. El educador defiende que lo hizo para tranquilizar al pequeño que tenía miedo de entrar a la alberca sin flotis, además recalca que fue un beso en la mejilla. Pero la situación actual de esta sociedad no permite tolerancia ante tales sospechas, ¿Qué hará la directora?, ¿Qué opinan sus compañeros de trabajo?, ¿Los padres de familia conocerán la acusación hecha por la pequeña?

 Quiero aplaudir en un principio el inteligente texto de Josep Maria Miró, autor oriundo de España. En este diálogo nos habla acerca de la doble moral persistente en la sociedad que cada vez proclama ser mas “abierta”, de los prejuicios, del miedo, la inseguridad, del existencialismo, de la adjetivación, de la violencia (en un amplio espectro) y más, todo bajo el fantasma de la paranoia en la que todos estamos presos en la actualidad.

  Miró propone una mirada honesta a una agravante que va creciendo como la presión en una tetera, hacia un suceso cotidianidad existente: una acción que originalmente se puede catalogar como inocente, pero que también podría ser mal intencionada. ¿De qué depende entonces la visión de la realidad que está ante nosotros?, esta respuesta se balancea entre los hechos tangibles, la cultura previa y la sospecha, bendita arma de letalidad impune o caluroso abrigo.

Héctor Kotsifakis & Fernanda Borches
Héctor Kotsifakis & Fernanda Borches

 Luego entonces, Del Río toma la historia para llevarlos a su máxima veracidad y apego a la realidad perceptible,  montando una línea dónde nos otorga información, corta y repite pero con nuevos detalles, luego adelanta el tiempo, luego lo atrasa. Esta narrativa no lineal resulta un juego bastante interesante que permite analizar el caso expuesto desde diferentes aspectos y valores a juicio, más finalmente no nos dejará descubrir uniformemente la verdad, y es que como pasa en la sociedad común: cada quién ve lo que quiere ver.

 La escenografía de Matías Gorlero resulta bastante atrayente e interesante, nos presenta la sala de profesores de esta institución de manera total, con salidas, movimientos y cambios de iluminación que aportan un grato ritmo y soporte al trazo escénico. Curiosamente se adapta a un patrón dado en las 2 últimas direcciones de Diego Del Río (Tribus, Proyecto Chéjov Vanya) dónde el escenario queda al centro del espectador para ver la acción en totalidad en dos frentes, cual si fuésemos los observadores de la cámara de Gesell.

 Los personajes comparten un elemento vital: el miedo. Miedo a que se descubra una verdad, miedo a que se complique más una mentira, miedo de creer en algo que no conocen, miedo por alguien al que aman. Generan pues una fantástica tensión que se apodera del ambiente y envuelve en la intriga, nos convierte en los jueces y cómplices. Son seres que descubren horrorizados que la rutina se ha disfrazado entre ellos como el “conocer” a quién convive a su lado el día a día.

 Un elenco bastante equilibrado, dónde Huberto Busto, Mariano Palacios (un grato redescubrir actoral, ahora en el drama), Fernanda Borches y Héctor Kotsifakis (Alternando con Arturo Barba), viven en verdad la trama y la comunican con éxito, respetando los lineamientos del discurso y la intensión de la dirección a la orden. Se pertenecen.

 Resulta pues un producto que nos explica la ambigüedad de las relaciones humanas y el peligro que las mismas pueden representar, pero de las cuales no podemos escapar, pues podríamos hundirnos. Imperdible.

Consulte cartelera
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Algo sobre una obra, o acerca de Algo sobre una pareja y un hijo

Me siento contrariado al respecto de lo que pueda decir a continuación. Tras asistir a “Algo sobre una pareja y un hijo”, en el Teatro El Granero, Xavier Rojas, salí con muchas inquietudes y necesidad de resoluciones inmediatas a lo que estaba pasando. Llegué a pensar que tal vez solo era mi sentir personal, pero al tiempo que escuchaba comentarios del público que abandonaba el recinto, descubrí que no estaba mal yo, sino que en general había mucho ruido por ser interpretado en la audiencia.

 El texto de  Agustina Gatto nos presenta a una mujer joven llamada Carolina, que acaba de terminar una larga relación con su novio, pero queda un leve detalle que acaba de notar: está embarazada. Al tiempo que su departamento se inunda, su amiga Patricia continúa en búsqueda de un bebé por diversos tratamientos. Carolina no quiere tener a ese hijo, su amiga muere por ser madre, su amiga Mariela estaría totalmente en contra pero ¿Y si se lo vendiera?

Micaela Gramajo
Micaela Gramajo

 Hasta aquí el planteamiento y nudo entran en una buena propuesta, que se acompaña de un elenco con 3 fuertes cartas: Micaela Gramajo, Mariannela Cataño y Ernesto Álvarez, acompañados de Lorena Abrahamson. Estos actores se suben a un barco con Matías Gorlero al mando de la dirección. Todo suena muy bien, ¡Vaya, hasta el póster es atrayente!, pero ¿Entonces qué pasa con esta obra que no logra ser entendida por sus espectadores?

 Por una parte está el lado actoral, tanto Micaela Gramajo como Ernesto Álvarez logran actuaciones francas y creíbles, que se acercan realmente a la problemática humana de la funcionalidad familiar inexistente. Pero en el mismo cuadro con estas actuaciones en un plano totalmente dramático, entra el personaje de Mariela, interpretado por Mariannela Cataño, que es notoriamente el elemento cómico (con vises dramáticas importantes, pero subdesarrolladas), pero se siente forzado y en el tenor de las circunstancias hasta puede parecer sobreactuado. Para cerrar la gama, Lorena Abrahamsohn como Patricia, la amiga que busca desesperadamente ser madre y a quien en ningún momento le podemos creer este deseo.

Lorena Abrahamson & Gramajo
Lorena Abrahamson & Gramajo

 Golero nos presenta pues una puesta con un elenco bastante disparejo en sus técnicas y formas. Si bien hay una intención muy buena de representar el desorden interno de la protagonista a través del departamento en dónde vive, la poca interacción de los elementos con el público genera un inevitable desentender de lo que pasa.

 Otro punto de enorme desconcierto es el espacio y tiempo, mucha gente (entre la que yo me cuento) nos preguntábamos, ¿Dónde pasa la historia?, en Argentina, porque los protagonistas tienen el acento, ¿no?, pero, ¿Porqué todos los demás personajes no lo tienen, pero si usan conceptos argentinos?

 Por lo consiguiente, el texto resulta confuso y crea incluso humor involuntario. Además de que deja muchos aspectos sin analizar dentro de la propia visión del problema, siendo entonces un breve (muy breve) esbozo de una situación, sin la fuerza suficiente para lograr afectar o generar catarsis, pues culmina súbitamente al llegar a su especie de clímax.

 Todo este conflicto me trae bastante contrariado por un comentario del público (notorio principal motivante a esta crítica) que rezaba: “Se siente como una telenovela”. Lo que me perturba al momento es el hecho de que dicho comentario lo comparto, es más, me encuentro profundamente identificado con esta idea, cuando el tema de la obra era para verdaderamente shockear al que se dejara presenciar la puesta.

Gramajo & Ernesto Álvarez
Gramajo & Ernesto Álvarez

 

 ¿Qué está pasando con la curaduría tan buena que se tiene para las obras representadas en el Teatro El Granero?, esperemos solo sea un breve bache.