El almacén de la imagen: reflexiones en torno al arte y la historia

Recientemente comencé a trabajar dando clases en una universidad, impartiendo la materia de Arte y cultura contemporánea con la cual se pretende hacer una revisión de, como su nombre lo indica, el arte contemporáneo. El temario del plan de estudios debe iniciar desde la época del postimpresionismo, haciendo de igual manera una breve revisión del arte moderno para así pasar por fin a lo que compete, que es el arte contemporáneo, es decir, aquel que vino después de las vanguardias o que más bien parte de ellas. El reto de impartir una materia como estas radica en el hecho de que no sólo se trata de hablar sobre pintores y sus grandes obras, sino más bien de hablar de varias épocas en función del arte que se produjo durante el periodo que va de finales del siglo XIX a finales del siglo XX. El arte no debe ser estudiado de manera superficial, como si sólo se tratara de creaciones fortuitas realizadas por algún personaje con una vida anecdótica. Hablar de los padres del autor, del seno de la familia de la cual proviene, de los amigos o las relaciones amorosas que tenía, así como de su personalidad, son cuestiones apropiadas que deben conocerse para poder acercarse a una obra de arte y comprenderla más a fondo, pero no es suficiente quedarse en ese plano. El nivel de conocimiento sobre una obra es mucho más profundo, y en ese sentido puede resultar una labor titánica poder analizar un siglo de producciones artísticas en un solo semestre.

 Todo esto me llevó a reflexionar una vez más en torno al arte,  a la historia y a la imagen. Hablar de arte es invariablemente hablar de historia. Esto significa que para poder acercarse al arte es necesario contextualizar ya sea una obra, un autor o una corriente artística. Sin contexto la obra en sí misma carece de sentido. Es importante por ello, que cuando se observe una obra de arte, ya sea pintura, escultura o música, la  pensemos en función del contexto histórico en el cual se enmarca, esto es, que la pensemos como la creación de un humano influido por la sociedad de su época, por el entorno histórico en el que le tocó vivir y las condiciones en las que creó su obra.

 Uno de los primeros estudiosos de la imagen con los cuales tuve acercamiento hace casi cinco años fue el historiador inglés Peter Burke, con quien comencé a entender que la imagen tenía mucha importancia para la comprensión de la vida del pasado. De él había leído que “Las imágenes son traicioneras porque el arte tiene su propias convenciones, porque sigue una línea de desarrollo interno y al mismo tiempo reacciona frente al mundo exterior.” Tardé algunos años en entender que para analizar una imagen debía entender justamente ese “mundo exterior” del que Burke hablaba en su libro Visto o no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Se trata sobre todo de observar las imágenes y luego estudiar el mundo frente al cual está reaccionando. De ahí que debe estudiarse el contexto histórico para comprender una obra de arte no tanto desde la forma, que claramente es importante, pero también para analizarla desde el fondo. Estudiar el arte no sólo tiene que ver con hacer una revisión de la historia política o económica de una época, sino también puede entenderse desde la historia de las ideas, desde la historia cultural o la historia de las mentalidades. Así pues, acercarse al arte o a los medios visuales del pasado sirve para ayudar a entender cómo pensaban los hombres en cierta época y en un espacio determinado.

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 Una materia que gira en torno al arte invariablemente tendrá que relacionarse con historia, sin embargo el gran reto es hacer que ambas disciplinas puedan ser provechosas y útiles para estudiantes de una carrera como Ciencias de la comunicación. ¿Cómo hacer que el arte y la historia puedan servir de algo a un egresado de dicha licenciatura y que, mejor aún, pueda llevar ese conocimiento a la práctica a la hora de ejercer su profesión? Gran pregunta que tarde un tiempo pensando. La respuesta estaba en las imágenes, debía enfocarme en las imágenes. Lo que necesitaba hacer era mostrar que las imágenes se inscriben en ciertas corrientes artísticas de cierto momento histórico y que los creadores que hacen uso de algunos medios como la fotografía y el cine indiscutiblemente se sirven de corrientes del pasado para realizar su obra.

 El ojo de pintores, escultores, fotógrafos y cineastas es un ojo bien educado, capaz de entender y hacer imágenes con el poder  de transmitir ideas y emociones. Sin embargo, para poder crear imágenes y comunicar ideas a través de ellas se necesita educar el ojo, pues a pesar de que vivimos en un mundo muy visual, también es cierto que existe un alto nivel de analfabetismo visual en nuestra sociedad. Se trata más de estudiar el arte moderno y contemporáneo desde su forma y desde su fondo con el objetivo de entrenar el ojo y la mente para saber ser observadores y creadores de imágenes. El estudio de la imagen visual, ya sea desde el arte pictórico y escultórico o desde medios como la fotografía y el cine, resultan una forma eficaz de estudiar al hombre del pasado, sino una manera de comprenderlo en el presente, y entendernos a nosotros mismos a través de este.

Tarkovsky y la paradoja de la imagen


Siempre he pensado que un escritor se desnuda al escribir, simplemente pone toda su alma en la obra escrita.

“La creación artística exige una verdadera entrega de sí mismo”

-Tarkovsky, Esculpir en el tiempo, 1992.

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 Está ahí expuesto, ya sea para dejar una evidencia de su mera existencia o expresar su lucha interna, o algo, cual sea su razón, él o ella misma se ha exhibido para la interpretación. Cualquier obra, tanto escrita o cinematográfica está abierta a la interpretación. Una vez leí como Tarkovsky declaraba que ningún crítico jamás entendió (¿enteramente?) El Espejo. Y siempre se me viene a la mente como el artista se pone su traje de indescifrable cuando nos revela todo o casi nada, y me llego a preguntar sobre la mimesis, la esencia del arte. ¿Qué tan auténtico puede llegar ser la obra creada? ¿Qué tan personal puede ser en relación a la diégesis? El Espejo es el trabajo más personal de Tarkovsky, contada de manera no lineal, consta de recuerdos principales de su niñez y después de su vida adulta, narrado por su padre a base de poemas escritos por éste y actuado por su madre.

 La poética dramática cumple el soporte con el que se cuenta la historia, es esencialmente subjetiva al reflejar las intangibles emociones por medio de sonidos o efectos de luz, sentimientos, sensaciones, emociones y pasiones expresadas sin decir nada gracias a la imagen, el cine contemplativo en su máxima expresión. Pero también objetiva al ser Tarkovsky, el personaje principal de la obra, aunque esté oculto gracias a las actuaciones. Entonces, ¿Que parte del mensaje no se recibió?, en mi opinión, Tarkovsky habla sobre lo que el sintió en el exacto momento en que sucedieron tales sucesos, de ahí en adelante llegamos a interpretar parte del mensaje. ¿Qué nos quería contar Tarkovsky? No podría contestarle, sería imposible, en primer lugar porque no cuento con los mismos antecedentes geográficos y culturales que él. En esculpir el tiempo, sus compatriotas fueron los más “cercanos” en haber recibido el mensaje. Se cerró el triángulo de Buhler.images (11)

 Cuando hablé sobre la trama de El espejo, de una manera externa declaré aspectos fundamentales, ni siquiera consideré discutir sobre la misma subjetividad de la película. Mi película favorita de Tarkovsky es Stalker, en mi opinión habla del hombre y su adicción a un lugar donde se cumplen los sueños y los más oscuros deseos, debido a la horrible situación en la que vive hace que este hombre quiera estar en la zona en vez de enfrentar su propia realidad, me atrevería a comparar la zona como una ensoñación, según creo, estas dos entidades tienen similitud en sus características. Pero volvemos a lo mismo, cada lectura de cualquier ente, pieza, objeto, obra está demandando una reflexión profunda.

 La función de la imagen recae en la función del arte; el arte está ahí para inspirar al cual dependerá del momento cultural en el que se viva. El arte contemporáneo vive para la reinterpretación. ¿Cuál es el mensaje? ¿Es necesario que haya una simbiosis entre el interpretar “exitosamente” el contenido y haber experimentado el placer estético?

 Si no se dice todo sobre un objeto de una sola vez, siempre existe la posibilidad de añadir algo con las propias reflexiones.

-Tarkovsky, Esculpir en el tiempo, 1992.

Cada detalle del texto artístico adquiere más de un significado y más de una posible interpretación, debido a que está inserto en diferentes sistemas de relaciones. Por ello el texto artístico posee una sobre significación que se advierte más fácilmente como una perdida, al no poder traducirlo cuando se tras codifica a un texto no artístico. Esto se debe a que, entre un texto literario (artístico) que ofrece dos o más planos, y un texto no literario que ofrece un solo plano, no puede darse una correspondencia univoca, luego no puede realizarse la transcodificación. Por esta misma razón, la interpretación del texto literario es plural. Hay una serie de interpretaciones posibles y admisibles debido a que nuevos códigos, de nuevas conciencias lectoras, revelan en el texto estratos semánticos. (Lotman, 1984)

El almacén de la imagen: la belleza femenina

El estudio del arte sirve para entender la representación de los ideales, la cultura y el pensamiento de distintas épocas. Es decir, estudiar el arte ayuda a comprender mejor la forma en la que se vivía y se pensaba en el pasado y con ello entender mejor algunas ideas, conceptos y actitudes que tenemos los humanos en el presente.

 El ideal de la belleza, del amor y de lo femenino ha sido un tema ampliamente revisado por artistas, historiadores, antropólogos, sociólogos, entre otros tantos estudiosos de las humanidades y de las ciencias sociales. Sería casi imposible escribir los métodos con los cuales se ha analizado específicamente el tema de la belleza a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, es muy importante observar cómo se ha estudiado este tema, es decir, más que hacer énfasis en la belleza misma se trata de observar cómo es que los estudiosos han investigado la belleza a través del arte como fuente para desmenuzar el pensamiento de una época.

 Puede sonar complicado, sobre todo si se introducen conceptos como arte, belleza y pensamiento. Se trata de métodos de análisis de la imagen. Las maneras en las cuales puede ser leída (entiéndase interpretada) una imagen son cuantiosas. En esta ocasión pondré a discusión una obra que es conocida para la mayoría: El nacimiento de Venus del pintor florentino Sandro Botticelli. Daré una muestra pequeña de cómo ha sido interpretada esta obra por historiadores del arte del siglo XX y por el sociólogo francés Gilles Lipovetsky.

 El nacimiento de Venus es una de las obras más representativas de Botticelli junto con La Primavera, en las que muestra temas mitológicos. A pesar de que Botticelli también hizo pinturas con temas religiosos (pues incluso trabajó algunos frescos dentro de la Capilla Sixtina en Roma), su trabajo más representativo es aquel que trata precisamente temas profanos. El nacimiento de Venus es la obra por excelencia con la cual se puede explicar el Renacimiento, en el cual “renacen” los valores de la antigüedad clásica. Los temas religiosos siguieron siendo tema recurrente en la pintura, sin embargo podemos decir que durante esta época se hace una pausa, no total, del tema religioso en el arte para luego volver con más fuerza en el Barroco.

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, 1485. Actualmente en Galleria degli Uffizi, Florencia.
Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, 1485. Actualmente en Galleria degli Uffizi, Florencia.

 En cuanto a la técnica pictórica se puede decir que en Quattrocento (siglos XV y XVI) las representaciones humanas se vuelven más realistas, sobre todo si las pensamos en comparación con las figuras humanas del Trecento (siglo XIV) que son más planas. Además en el Quattrocento se empieza a dejar de lado el laminado dorado y la espiritualidad característica de la época.

 En el Renacimiento la figura humana cobra importancia, el cuerpo como creación divina, por lo que tanto en pintura como en escultura vuelve la mirada al arte griego y romano. La perspectiva se hace presente, el cuerpo tiene más movimiento y las escenas representadas son en torno a lo mitológico. ¿Pero qué nos dice el arte renacentista con respecto al pensamiento humano de la época? ¿Qué nos dice del concepto de belleza?

(Izquierda) Cimabue, Virgen con el niño en majestad,  c. 1280- 1290. (Derecha) Botticelli, Virgen con niño y San Juan Butista, 1470- 1475.
(Izquierda) Cimabue, Virgen con el niño en majestad, c. 1280- 1290. (Derecha) Botticelli, Virgen con niño y San Juan Butista, 1470- 1475.

 Las ideas neoplátonicas se hacen presentes en la pintura del Renacimiento. La pintura se acerca a la música lo cual hace que haya un motor filosófico. Para el historiador del arte Erwin Panofsky, la Venus de Botticelli representaba la expansión de la sabiduría, como menciona Alejandra Val Cubero en su artículo “Imágenes en contexto: genealogía, representación social e imaginario pictórico del cuerpo femenino”. Marsilio Ficino, el principal pensador neoplatonico de la Academia de Carreggi, hacía énfasis en el hecho de que la belleza  y el deseo conducían al amor y que este era la forma por la cual se llegaba a Dios.

 Es entonces durante el Renacimiento que se empieza a concebir la belleza como algo agradable y se relaciona ampliamente con la bondad, con la divinidad. En este sentido se rompe la concepción medieval que se tenía de la belleza, en la que aquello que era bello, sobre todo si se trataba de la belleza femenina, conducía al mal. La belleza femenina como provocadora de pecados. En este sentido, las representaciones renacentistas de Venus son importantes para entender el concepto que se tenía de la belleza, del amor, de los valores humanistas.

 El nacimiento de Venus en la historia del arte representa a la Venus Celeste, es decir la belleza celestial que nació por la caída de los testículos de Urano al mar. Por otro lado, La Primavera muestra a la Venus vulgar, aquella que tiene más contacto terrenal por haber nacido de la unión entre Jupiter y Juno. Sea cual sea la representación de Venus, ya sea la celestial o la vulgar, la figura de Venus en el Renacimiento abarca la humanitas. Para Panofsky la humanitas es la reafirmación de la racionalidad y de la libertad, valores humanos. Sin embargo para Gombrich El nacimiento de Venus reafirma la unión del espíritu con la materia a través de la presencia de los elementos: el aire, el agua, el fuego y la tierra. Es decir, para la cultura del siglo XV, la figura de Venus significaba mucho más que una mera representación del cuerpo femenino, según afirma Val Cubero.

(Arriba) Botticelli, El Nacimiento de Venus, 1485. (Abajo) LA primavera, 1482. Ambas pinturas se encuentran en Galleria degli Uffizi.
(Arriba) Botticelli, El Nacimiento de Venus, 1485. (Abajo) La primavera, 1482. Ambas pinturas se encuentran en Galleria degli Uffizi.

Por otra parte, el sociólogo francés Gilles Lipovetsky expone una interpretación de El nacimiento de Venus en su obra La Tercera mujer. Lipovetsky analiza la manera en la que la belleza femenina se empoderó durante el Renacimiento en tanto una nueva significación y la ruptura con la diabolización tradicional.

“A partir del Quattrocento, en los medios florentinos marcados por el humanismo neoplatónico la belleza femenina se libera de su antigua asociación con el pecado.” Giles Lipovetsky.

El nacimiento de Venus es entonces una muestra de esta ruptura, una imagen que, según el sociólogo francés, se acerca más a la figura de María. El Renacimiento invirtió el modelo de belleza en el arte griego en el que normalmente se expresaba por medio de la figura masculina. La mujer aparece como algo “que hay que ver”, afirma Lipovetsky.  Pero al mismo tiempo la figura de la fémina en el Renacimiento, sobre todo en las figuras de Venus tendidas de artistas venecianos, como la Venus dormida de Giorgione, afirma el rol social de la mujer de papel decorativo, ausente de toda acción enérgica, excluida de toda actividad útil.

 El desnudo masculino de Miguel Ángel, por ejemplo, es enérgico, lleno de actividad, dinámico. Las Venus del Renacimientos son mujeres bellas en reposo. Entonces puede observarse la lectura sociológica en la teoría de Lipovetsky, a diferencia de los historiadores del arte, quienes se fijan más en los aspectos estéticos e histórico- culturales de época Renacentista.

Giorgione, Venus dormida, c. 1507- 1510.
Giorgione, Venus dormida, c. 1507- 1510.

Todo esto puede llevar a preguntarnos cómo concebimos la belleza en nuestra época. ¿Sirve este tipo de análisis para el estudio de la fotografía contemporánea? ¿Cómo se muestra la figura de la mujer en la actualidad? Habrá que observar a nuestro alrededor la figura femenina, tanto en las revistas, como en el periódico, como en la publicidad, e incluso en las redes sociales y en proyectos de fotografía artística. Se muestra a la mujer como símbolo de qué, se la concibe en actitudes pasivas o dinámicas, si se resalta la belleza física o sus valores.