Abrir ventanas en el espíritu

Catarsis, plenitud alcanzable con la transformación interior. Permite liberar ataduras, remover emociones encontradas, equilibrar. Cuando en el teatro se logra esto a través de una obra poderosa tanto en texto como en dirección, escenografía, iluminación, vestuario, musicalización, etc., el público lo recibe con el corazón, porque  encuentra la magia que posee la experiencia teatral y deja una parte de sí en el producto generado a manera de intercambio con los responsables. Hacer teatro debe ser un ritual solemne, donde se honre a la vida desde cualquier arista posible, comunicando un mensaje íntegro, sólido. No importa el género elegido para contar la historia, sino que la historia misma sea contada con efectividad.

 Harwan es estudiante de teatro, está a punto de presentar la tesis con la que se graduará, para terminarla debe entrevistarse con el autor que lo ha inspirado a formularse la cuestión de la necesidad del teatro en el mundo actual. A pesar de tener la cita pactada desde hace meses, los planes han cambiado y le han ofrecido una residencia artística, pero para ella necesita el título, por lo tanto entrevistar al autor, entregar la tesis así como argumentar su defensa en un tiempo menor al que tenía planeado. Harwan deberá alcanzar al artista en Rusia, país donde se encuentra montando su nueva puesta, deberá realizar un viaje para descubrir si está listo para dedicar su vida al teatro, encontrando lo que había olvidado de si mismo en el camino.

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“Las grandes obras de arte guardan un secreto”

 Hugo Arrevillaga toma dos textos de su autor de cabecera, Wajdi Mouawad, para cruzarlos en una sola historia. Solos y Sueños se funden en Ventanas. El resultado es una dramaturgia que suma la ambición de enmarcar al arte como respuesta a la identidad humana de Mouawad, sobre la delicada y vertiginosa técnica de Arrevillaga a la perfección. Esta fantástica obra teatral toma forma en la Caja Negra del Centro Universitario de Teatro.

 Dentro del discurso propone viajar hacia el ser, enfrentarse a la realidad en una aventura que lleva el tiempo medido, sabiendo que aquello que se busca es precisamente lo que no se va a encontrar, además de que se pueden perder muchas cosas en el trayecto, de las cuales uno nunca está consciente pero que ahí están, aferradas. Empero, existe un peligro más grande al decidir no actuar: volverse común. La esencia de Mouawad parte la narrativa desde un lugar común para explotar al máximo la idea de los nexos que guarda todo autor con su obra. Por medio de la belleza de las palabras en poesía absoluta y equilibrio, transporta un problema a un mundo amplio y complejo.

 Casi se puede tocar la sensibilidad que produce hablar de las decisiones que tomamos en la vida, en esperanza de alcanzar aquello que nos proponemos, desear a través de las órdenes mientras intentamos sostenernos frente al mundo. Aquí la meta es el autoconocimiento mediante la vía teatral, como un espacio para expiar, nutrir o perdonar. El mensaje del autor original orilla a transformar todos los sentimientos que aparecen durante toda la puesta en un factor común, del cual forman parte y a la vez generan: la vida.

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“Nadie puede ser tu amor y tu jaula al mismo tiempo”

 La dirección sujeta esta visión sobre un desfile de imágenes tan ambicioso como efectivo, en el que cada elemento que aparece brilla y justifica su existencia. El ritmo es persistente, aprovecha en muchos momentos la sabiduría de la inmovilidad, combinada en un trazo que refleja una batalla contra el dolor de saberse incompleto. Puede ir de la fuerza a la suavidad tanto en el diálogo como las acciones con entera ligereza, pues hay una constante en la construcción: franqueza y amor, sólo así se puede hablar de la pérdida para comenzar de nuevo. Amén de la genialidad encerrada en los giros de tuerca de la trama.

 Esta es una obra hecha para todo el público, pero en especial para aquellos que se quieren dedicar, se están preparando o son ya gente de teatro, a cualquier nivel. Si bien la base de Mouawad convoca a no renunciar a los sueños por más incoherencia que puedan tener (sino luchar por darles forma y que lleven un cauce correcto) al unirse con el sentido de Arrevillaga el mensaje es claro para decirnos que la única forma en la que las metas se alcanzan es con la ayuda de otro, porque los seres humanos tenemos la necesidad de ser gregarios para poder sorprendernos constantemente y no ahogarnos en la monotonía.

 El director convoca a 14 actores -estudiantes en la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM–  para darles la oportunidad de formar un mismo personaje, dividido en todas las formas con las que se concibe, un ser que se refleja de manera constante pero no puede reconocerse en ese reflejo, tan solo percibe un espectro de color que logra entender que posee un alma. Así, Tania Sofía Álvarez Núñez, Iván Caldera, Eduardo Carranza, Elena Del Río, Liliana Durazo, Xóchitl Galindres, Kevin M. García Gallardo, Alejandro Guerrero S, David Illescas, Daniela Luque, Geovanna Moo Caamal, Arantza Muñoz Montemayor, Eduardo Orozco y Nicolasa Ortiz Monasterio entregan un trabajo de calidad y firmeza que deja ganas de seguir presenciando más de estos jóvenes, verlos brillar en más y más puestas gracias a la muestra de talento y dedicación que ejecutan.

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“La existencia se fue, me abandonó”

 Arrevillaga deja una lección a estos alumnos como a todo creador teatral en general: el teatro tiene el poder de tocar para dejar algo en la audiencia, expresar críticamente los aspectos sociales de repercusión contemporánea. Contar historias desde un espacio escénico no es tan solo un ejercicio de entretenimiento, es la posibilidad de formar mejores personas a través de la narración, apartados de la cuestión moral, más bien cultural, o bien simplemente estar ahí con las palabras precisas para quien necesita contactar con su humanidad tan perdida en una sociedad de avaricia entre tecnologías reemplazantes. Ahí está la belleza de esta profesión, a la cual más que lealtad o respeto hay que darle orgullo y forma de ventana.

 Pero sobre todo, concluye como un acto de demanda social pertinente y muy justo. Algo que desgraciadamente necesitamos con desesperación en estos tiempos violentos que enfrentamos en México es reconocer y actuar por un cambio. No son 43 normalistas desaparecidos, ni tampoco las más de 700 muertas de Juárez o las víctimas sin justicia resuelta del caso de la guardería ABC, es la de existencia impunidad ante los delitos que existen sumada a la incompetencia para su esclarecimiento. Cuando el sistema reacciona en contra de aquellos para los que debería trabajar, es momento de alzar la voz, contagiar la rabia y mostrar una oposición efectiva, sostenida en hechos, no en simbolismos. De nueva cuenta el teatro es una respuesta que demuestra como el arte nunca será ajeno al terreno en el que se manifiesta.

 Ventanas es sencillamente uno de los trabajos más enternecedores y válidos de la cartelera mexicana. El método para identificar la autenticidad y la pertenencia. La oportunidad de entender como el teatro cambia la vida. 

“El arte es una ventana en medio de un muro”

Originally posted 2014-11-03 09:00:19. Republished by Blog Post Promoter

Al margen de la vida, la litoral del corazón

La magia de Wadji Mouwad reside en la tersura de sus textos, el autor ahonda en la problemática de su sociedad para intentar esclarecer los objetívales de su existencia y pasiones. En el tenor de encontrarse a si mismo junto a la guía que redefiniera sus pasos elabora (tal vez sin planificación previa) 4 grandes obras que a la fecha son recordadas en  nuestro país con gran aclamo y fervor. Litoral, Bosques, Incendios y Cielos conforman la tetralogía de “La sangre de las promesas” dirigida por Hugo Arrevillaga, en honor del reestreno de Litoral  es tiempo de hablar de este montaje que vuelve al Foro Shakespeare.

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 Wilfrid ha perdido a su padre y está en busca de encontrar un sitio dónde darle correcta sepultura. Poco sabe en realidad de la correcta historia de amor de sus padres, empero el destino le preparará una amplia exposición de la misma que le permita juzgar a los intérpretes con exactitud. Al cruce de caminos aguarda una mujer que canta con furia las injusticias de la sociedad y que no teme clamar junto a el por un espacio de tierra dónde depositar los restos de su padre. La aventura del joven se rodeará de la horripilante realidad y los destellos de la vida misma, a la aventura la llamaremos: vida.

 Como tal, el autor nacido en Líbano desarrolla  una poética concepción de la necesidad de encontrar las raíces a las que pertenecemos para dar sentido y dirección al camino, buscar los mismos y dejar a un lado aquello que impida continuar el viaje ya sea por su estado putrefacto o por su inutilidad, cuidando el mantener en alto los sueños sin alejarlos de la realidad  histórica.

 Mouwad se permite acercarse a la condición social de su tierra natal para explorar las aristas de la violencia que acaece con la guerra y ligarlas a la inferioridad del ser humano, exterioriza pues el campo de batalla de las emociones, les da forma y armamento y les indica la estrategia de ataque; El objetivo es claro, ganar la justa, pero si al final todos son dueños de una porción del campo de batalla arrendado ¿cuál es la aspiración lógica? ¿Conseguir el dominio total dejando a un lado al prestamista? ¿Pueden las emociones, los sueños o los ideales existir sin aquel que les concibió? La respuesta es un rotundamente negativa, es más, exige al creador tomar el orden y ubicar en tierra a cada elemento. Pide al humano entender su condición, aceptarla y tenerle apego.

 Bajo la dirección de Arrevillaga 8 personas dan vida al texto que oscila entre 3 estados temporales: aquí, allá y ayer. Busca desde el primer momento distinguir al personaje principal y cuidar que la intromisión de los demás sea precisa, delicada y fieramente necesaria. El director hace ahínco en la ceguera social pactada ante la violencia, las falsas apariencias de la sociedad y los pensamientos cabales que son seducidos por la perfidia, contra la tesis de la fuerza absoluta del amor como principio y generador de la vida misma y su sentido.

 En el trazo que propone la dirección la interacción es fundamental y absoluta, esconde elementos para destacar a los que están en primer plano haciendo complicidad con la iluminación para marcar las necesidades inmediatas y jugando con la intromisión de la musicalización para acentuar los momentos de tensión.

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 El personaje central se desenvuelve ante el juzgado del público, es un testigo de sus propios actos declarando ante el juez con la ayuda de sus recuerdos. El vestuario de Lisette Barrios ayudará con la distinción con una barrera de colores opacos que permiten destacar al principal y ubicarnos en el contexto temporal y social de manera efectiva.

 La historia se va armando en una escenografía conceptual concebida por plataformas de embalaje (Diseño escenográfico de Auda Carraza y Atenea Sánchez) que se mueven y orientan para construir diversos espacios, lugares y territorios. Sin duda uno de los puntos más valiosos pues otorga un movimiento constante y único a la trama que va apoyando en las coreografías actorales y escenográficas su ritmo, además ¿quién no ama cuando la transformación de los objetos llama a la imaginación para darles forma y nombre?

 El discurso del texto es un canto que viene desde el corazón y que se recibe con lágrimas en los ojos. No sólo por su honestidad, sino por su posición desafiante, así es, confronta a aquel que lo escuche a encontrarse dentro de la narrativa y pide a la muerte y al miedo que le hace sombra entregar cuentas de vida.

unnamed Pero sin duda, no podría detenerme a contar lo maravilloso de este acto sin destacar el gran trabajo del reparto. Guillermo Villegas, Pedro Mira, Rebeca Trejo, Alejandra Chacón, Miguel Romero, Adrián Vázquez, Sonia Franco y Tomás Rojas son el ejemplo del casting consciente, pues cada actor se encuentra justo para ubicar a sus personajes en el diapasón actoral propio. Es imposible en pensar el destacar a algún elemento cuando la compañía es tan homogénea y precisa. Actores que viven la puesta y entregan pasión a cada línea, no más.

 Tal vez usted llegue a el final de esto pensando: “¡Cuántas flores!, suena a que está bien cursi”, pero no, Litoral es una gran pieza que incita a encontrar la belleza de la felicidad, y esta puesta es pues una búsqueda de la felicidad que se siente propia y reinventa la tragedia sin ser moralina o truculenta, solo es fiel y contestataria.

Originally posted 2014-06-09 18:10:01. Republished by Blog Post Promoter

¿Cuándo es aquí? ¿Estamos ahora?

“Algunos están dispuestos a
cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora.” 
John Lennon

Se abre un nuevo foro teatral en esta ciudad, ubicado en la calle de Lucerna, el Foro Lucerna, es un espacio acondicionado dentro del complejo formado por el Teatro Milán, el mencionado foro y el Liceo Milán Lucerna. Propiedad de los actores (y teatreros en general) Mariana Garza y Pablo Perroni, encontramos un grato espacio para el desarrollo del teatro de cámara. Para inaugurar este espacio, la puesta elegida es Aquí y ahoraSONY DSC

 La historia ubica a una pareja que se acaba de mudar a su nuevo departamento hace apenas 6 meses, tiempo en el que sus vecinos de enfrente estuvieron en un viaje bastante prolongado. Alicia y Benito (la pareja) habrían sufrido una gran pérdida justo al mudarse y lo que más desean es recuperar la tranquilidad en sus ritmos de vida. Cuando un día los vecinos de enfrente, los Izquierdo,  deciden ir  a visitarlos para conocerse mejor, poco a poco la situación se irá tornando entre densa y familiar, será como si lentamente invadieran sus vidas, hasta ponerlos a cuestionar si sus vidas son realmente las que estaban viviendo.

 Original de Catherine-Anne Toupin, traducida por Humberto Pérez Mortera, quien curiosamente es uno de los traductores de cabecera del director: Hugo Arrevillaga, este thriller es simplemente sensacional. Planteando desde el primer momento un aura de irrealidad danzante entre las situaciones, encontramos un discurso que nos habla acerca de la perversidad existencialista que se oculta tras la moral, tras el buen decir y el bien obrar, las decisiones, las costumbres, la verdad.

 Alicia y Benito serán los conectores para mostrar una imagen confusa, fuerte y directa. El texto comienza situándonos en un espacio y tiempo, para consecuentemente llevarnos por una pendiente en la que comenzamos a dudar de lo que acontece, es decir, vemos que está pasando pero ¿Está pasando?, o será simplemente una muestra de lo que a los personajes les gustaría que pasara.

 Los Izquierdo son una familia poco ortodoxa, conformada por Julieta y Gil, matrimonio de una edad ya avanzada, que viven en compañía a su hijo de 35 años Francisco. Cuando Julieta invade el apartamento de Alicia junto a Francisco, una frase retumba en la conversación, “Estarías muy bien aquí”, dice Julieta a su hijo, frente a la estupefacta impresión de Alicia que no entiende la referencia de la frase. Es así como Arrevillaga comienza a armar un rompecabezas propuesto por la autora, dónde las situaciones del presente están llenas de detalles que causarán una reacción directa al futuro y los verdaderos deseos serán la llave para desencadenar la ubicación de los seres.

 Arrevillaga logra implementar un ritmo ágil, con ya clásicos acentos de su dirección, como el señalar gráficamente el paso de las escenas para guiar notoriamente al espectador(En Estrellas por ejemplo, los personajes van mencionando en que escena van, aquí se proyecta el número de  la misma, como hace en Antes Te Gustaba La Lluvia) y el uso de un lenguaje bastante franco y directo, que va redondeando el conjunto en el que ubica a sus personajes, los cuales son delineados a mano, con detalles específicos, ademanes, movimientos de voz y psicologías complicadas. 

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 El espacio en el que ocurre la acción será  el departamento de la pareja, una escenografía bastante simple, funcional y conceptual de Auda Carraza & Atenea Sánchez, que se une a la perfección al buen diseño de vestuario de Jerildy Bosch. El director juega con su espacio cual si fuese una partida  de ajedrez, donde las blancas serán la pareja, y serán acorraladas poco a poco por las negras, moviéndose con inteligencia por el tablero, sin desaprovechar el espacio, poniendo atención minuciosa a la iluminación y los efectos de la misma y orquestando con suma delicadeza la inclusión de la música (la cual es una selección bastante adecuada); Así el público es testigo de este perverso juego mental.

 El elenco es simplemente una delicia, de las que pocas veces ocurren. Empatados totalmente en el tono necesario (y calibre actoral para llevar con maestría un drama construido en el suspenso, con un pesado humor en sus cimientos), Mariana Garza, Pablo Perroni, Concepción Márquez, Marco Antonio Silva y Antón Araiza dan vida a la puesta, ofreciendo una auténtica batalla de honestas y seductoras actuaciones, de la cual es muy difícil escoger a un ganador.

 Tensión, divertimento, impacto, catarsis, reflexión. Todo esto y más logra provocar el viajar con el titán teatral que es Aquí y ahora. Es inevitable pensar en cómo este equipo podría dar vida a más y más textos, de una manera tan interesante como lo hacen en esta ocasión;  por ejemplo, Agosto: Condado de Osage, Las 33 Variaciones o El Testamento de Mary. Amén por lo que venga Milán-Lucerna.

 

 

Originally posted 2014-04-14 01:00:29. Republished by Blog Post Promoter

Tres tristes tigres sedientos tras el trigal

“UN HOMBRE QUE NO SE ALIMENTA DE SUS SUEÑOS, ENVEJECE PRONTO”

 William Shakespeare

Un antropólogo forense se encuentra en su mesa de trabajo frente a los huesos de dos personas jóvenes que murieron unidas. Un hombre y una mujer se ahogaron abrazados en el lago del pueblo hace muchos años. Ese muchacho había comenzado el día decido a no callarse, andar por ahí cuestionando a todos acerca de la utilidad de cuanto acontece o se hace en la cotidianidad. Quien fuera persona ahora es un cadáver, alguna vez fue compañero de clases del hermano del forense, él mismo convivió a su lado pero ahora está de frente a su persona pidiéndole identifique sus restos y redescubra más allá de la historia que quedó en el pasado del profesionista en el laboratorio, cuando era un soñador y escribía para permitirle a su alma expresar lo que a su alrededor pasaba, ahora ya no más.

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 Se ha hablado tanto de la dramaturgia de Wajdi Mouawad desde que llegó al mundo del teatro, que realmente queda poco por describir, pero mucho por sentir  a través de su escritura. En esta ocasión con Sedientos, que repone temporada los domingos en el Teatro La Capilla, dirigida —por supuesto— por Hugo Arrevillaga (sí, advertencia de llanto, favor de llevar sus pañuelos desechables).

 Mouawad expone la historia de una persona que alguna vez escribió una obra de teatro, sin otro propósito más que sacar de su sistema aquello que sentía, las palabras eran el medio y su significado la aproximación hacia una teoría sobre el merecimiento de la felicidad. La persona vio humillados sus sueños y los abandonó, mató una parte de su ser, al artista y nadie se dio cuenta, hoy la muerte está de frente a él reclamándole por aquello que se llevó sin que fuese necesario o útil.

Poéticamente, el autor desarrolla una invitación abierta el público, consistente y concisa a un mensaje: No abandones tus sueños. Porque una decisión cambia el curso de toda una vida, en este caso la representación usa de vehículo a la adolescencia, un momento en el desarrollo del ser humano lleno de frenesí y vigor que demanda como niño pequeño el saber práctico de todo aquello que lo rodea, sus sistemas de funcionamiento, etc. En ese punto de inflexión ocurren dos vertientes: la sustentación de los sentimientos o la retractación de uno o varios.

 Empero de la situación, la dirección de Arrevillaga nuevamente es cómplice del autor libanés y consume las palabras del discurso a través de la belleza como el elemento principal a juego. Aquí hay una sensación de soledad que es intolerante, junto a una necesidad de alejarse de los mecanismos de autodefensa a la vida y sus sensaciones.  Los personajes que desfilan por el escenario comparten ambiciones en torno a la belleza: conocerla, alcanzarla y materializarla, metas que coexisten en el tenor de no ser factibles sin la creencia de poder esclarecerlas.çj bç

 “MAÑANA VOY A VOLVER A EMPEZAR, PORQUE NO HAY RAZÓN PARA DETENERSE”

Arrevillaga conduce esta historia en una exploración de acciones abiertas y persistentes que resisten a la inclemencia del tiempo como fantasmas en pena. Convoca a sus actores a entender el panorama que provoca la desolación de vivir en la lejanía total a los sueños que uno mismo se plantea. La coreografía sostenida es ágil y llena de figuras de apoyo en amalgama con la breve escenografía y delimitada iluminación, de tal forma que cada cuadro construido comunica efectivamente una postura diferente para conjuntarse en un producto que destaca cuanta variabilidad es posible.

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 Decirle a la audiencia que siempre hay un motivo para vivir cada día, además de que el lazo de la humanidad nos une por siempre, no es fácil. Dicha capacidad requiere de una sensibilidad alta por parte del actor. Miguel Romero aparece en escena dominando esa necesidad, generando un viaje bastante placentero por su franqueza y tono que se torna cada vez más enternecedor a medida que la trama se desarrolla. El actor no solo transmite  la delicadeza de la vida misma, tambaleante e imprecisa, sino que extrae con cautela la vulnerabilidad de los seres humanos a ella misma.

 Pamela Almanza es suave en su interpretación y bondadosa con sus compañeros para conjurar momentos de lucidez, Andrés Torres Orozco impacta fuertemente por los constantes choques dramáticos que su rol posee, haciendo al actor lo suficientemente hábil para sacar a flote la gama de emociones reprimidas que debe sin hacerlas perder su condición.

 Esta es una obra de oposición a las renuncias impulsivas y en pro del emprendedurismo hacia los alcances deseados. La percepción de la realidad invisible dónde las esperanzas se han marchitado es dura y crítica, pero asienta muy bien a la acción que pide recibir la información son sensibilizaciones plenas y el corazón. Dónde la sed de sueños se satisface tan solo con demostrar acciones de peso para cambiar. Tan entrañable como directa, se construye certera, como la vida misma.