Especial Ghibli: La Colina de las Amapolas

Finalmente hemos llegado a la última parte de este especial sobre las grandes obras del Studio Ghibli. En esta ocasión hablaré sobre la penúltima película que ha llegado a nuestro país, la última es una de la cual ya hablé con anterioridad y cuya nota pueden leer aquí.

 Volviendo al tema, en el 2011 Goro Miyazaki volvió a sentarse en la silla del director, esta vez con una película un tanto menos fantástica en tema, pero más grandiosa en profundidad. La cinta en cuestión es La Colina de las Amapolas (Kokuriko-zaka kar, 2011) , una cinta de romance que nos relata la travesía de un par de jóvenes. Por un lado tenemos a Umi, una jovencita que vive con su abuela y sus hermanos en una casa de huéspedes y cuyo padre falleció tiempo atrás en el mar. Por otro lado está Shun, un muchacho que vive en el puerto y que colabora en el periódico escolar.

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 Cuando Umi y Shun se conocen rápidamente da inicio una relación en un principio conflictiva, pero poco a poco se vuelve amistad y (adivinaron) amor al final. No obstante, la tierna historia romántica de ambos se ve nublada por la decisión de los adultos de destruir la adorada casa de los clubes donde Shun trabaja, por lo que deberán unir fuerzas con sus amigos para salvar ese recinto tan importante para todos los estudiantes. Así mismo, una desgarradora revelación pondrá el amor de estos chicos en una situación que podría arruinarlo totalmente.

 Quizá es la única película de Ghibli que no maneja temas de fantasía en ningún sentido, ni en forma de sueño, sin embargo es una de las películas más entrañables de estudio con una historia de amor que es lo suficientemente emotiva para aquellos románticos empedernidos, pero sin caer en el abismo de lo cursi o exagerado. La animación y el diseño de arte son igual de perfectos que todas las cintas anteriores y al terminar la cinta nos podemos dar cuenta del enorme avance que el hijo Miyazaki logró en su segundo trabajo como director.

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 Quizá el punto débil de la cinta es su parecido con otras películas de Ghibli (sí, hablamos de ti, Susurros del Corazón), lo que nos hace pensar que vimos la misma historia en otra versión y por definición terminamos comparándola. Y aunque efectivamente hay muchas similitudes y esta nueva cinta no llega al nivel de la antes mencionada, nadie puede negar que se trata de un producto no de gran, sino de enorme calidad en todo sentido.

 La magia en esta versión además de la maravillosa ambientación de un Japón en épocas pasadas, es el fuerte lazo que crea el espectador con los personajes. Todo está tan bien logrado que uno puede identificarse con ellos, sentirse parte del grupo de alumnos e incluso añorar visitar esa hermosa (aunque muy destartalada) casa de clubes. Pocas cintas logran este lazo con el público y Ghibli era un estudio que definitivamente podía hacerlo. De esta manera nos quedamos con enormes expectativas de lo que Goro puede aportar a la animación y nos mantiene expectantes a las dos películas hechas por Ghibli que faltan por llegar a México, y desde luego, la noticia de que el estudio ha vuelto a abrir sus puertas.

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 Luego de todo este especial de cine de animé, que en mi humilde opinión es arte puro, sólo me resta decirles que si no han visto por lo menos una película que tenga este nombre adornando su portada, se están perdiendo de mucho. Studio Ghibli, una verdadera fábrica de sueños para chicos y grandes, hombres y mujeres, orientales y occidentales.

Especial Ghibli: Cuentos de Terramar

Como mencioné en la nota anterior, la realización de la cinta El Increíble Castillo Vagabundo (Howl no Ugoku Shiro, 2004) fue causa de muchos conflictos para Hayao Miyazaki, incluida una pelea con su hijo. Y es que por hacer esa película, el maestro tuvo que renunciar a un proyecto que se suponía iba a dirigir pronto, mismo que fue tomado por Goro Miyazaki, el hijo en cuestión. Miyazaki padre vio con malos ojos que un proyecto de tal magnitud le fuera encomendado a alguien que no tenía experiencia en la animación y cuya labor actual era la de dirigir el museo Ghibli en Japón, tenía sus dudas con respecto a esta decisión aunque el involucrado fuera de su misma sangre.

 A pesar de la negativa, sus colaboradores productores le dieron la oportunidad a Goro y fue así como nació la cinta Cuentos de Terramar (Gedo Senki, 2006), basada en el primer volumen de las novelas escritas por la estadounidense Ursula K. Le Guin, misma que ya había negado el proyecto a otros directores (por lo mismo, este proyecto era muy importante). La historia trata sobre la travesía del príncipe Arren, un joven que huye de su hogar tras haber atacado a su padre el rey. En su camino conoce al archimago Gavilán, quien le brinda su apoyo en su camino, y eventualmente a Theru, una joven con quien establece una relación al principio hostil, pero luego de gran amistad. Juntos deben luchar contra el malvado Lord Cob (O Lord Araña, como fue traducido en nuestro país), en un mundo donde la magia y las criaturas legendarias son una realidad, siendo los dragones los más mencionados en la cinta.

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 Con un equipo de producción de primera, una banda sonora grandiosa hecha por Tamiya Terashima en donde se recurre a instrumentos medievales como la ocarina y la gaita, una de las canciones más recordadas y queridas del estudio y un director con nuevas ideas (y con el nombre de Miyazaki como plus), la película prometía mucho, de hecho en su semana de estreno fue la más taquillera, no obstante, su aceptación en otros sentidos no fueron demasiado espectaculares.

 Para empezar, la escritora del libro llegó a comentar que no consideraba que fuera una adaptación fiel a su obra, de hecho y aunque elogió la película y su aspecto gráfico, negó que esa fuera su historia, lo cual denotaba cierto nivel de decepción. Hayao, por su parte, también tuvo sus reservas ante el resultado. Nadie negaba que Goro había hecho una buena película, un proyecto que se notaba hecho con el corazón, con una animación impecable y unos escenarios más que bellos, de hecho están en la lista de los más hermosos de la filmografía del estudio. Sin embargo, todos coincidían en que a pesar de ello, algo había faltado.

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Probablemente se debía a la inexperiencia de Goro, tal vez a que muchas partes del libro fueron cortadas y otras quedaron sin explicarse y confundieron a la audiencia, o tal vez la inevitable comparación del padre al hijo fue causa de enormes expectativas que no quedaron satisfechas. La película no está mal, de hecho es muy buena, tiene unas secuencias de acción fascinantes y debo decir que incluso un toque de horror gótico que ya desearían producciones de alto presupuesto. Es maravilloso ver el estilo anime en una historia que parece llevarse a cabo en Inglaterra. Efectivamente no es una película que tenga todo ese sello encantador de Ghibli, pero tampoco es una que pueda ser descartada.

 Es una cinta muy aceptable, verdaderamente buena y un excelente primer intento para un director novato. Aunque pudiera ser que no había mucha experiencia, se nota que el talento de su padre está ahí presente. Goro Miyazaki se ha convertido actualmente en una de las más grandes esperanzas del Studio Ghibli, y al ver sus dos obras actuales puedo decirles que la empresa de su padre está en muy buenas manos.