Gabo, Fidel, Arenas y otras mentadas de madre (Segunda Parte)

Alrededor de cuatro novelas y dos décadas después de Celestino Antes del Alba, García Márquez gana el nobel de literatura. Cuatro años antes de suicidarse, Arenas vivía en Estados Unidos y logró publicar todas las obras que, debido a persecuciones y censuras, tuvo que reescribir varias veces, entre las que aparece Necesidad de Libertad (1986), dado a conocer inicialmente en Kosmos y quince años después en Ediciones Universal. En este compilado de textos de todo tipo, sobresale Gabriel García Márquez, ¿esbirro o esburro?, redactado en Nueva York en 1981, donde el cubano llama al Nobel “rata acosada”, “niño mimado de la prensa occidental” y “vedette del comunismo”, por ponerse del lado del autoritarismo en casos conocidos de Cuba, Vietnam y Polonia.

La escritora nacida en La Habana en 1959, es una de las voces más importantes de la desmitificación de la revolución cubana. 

 Zoé Valdés, la escritora más importante de la desmitificación de la revolución cubana en nuestros días, asegura que Arenas le entregó un artículo titulado La insoportable fealdad de García Márquez (1989) a Antonio Valle Vallejo, quien mecanografió Antes que Anochezca (1990) debido a que el autor ya estaba en un etapa terminal del sida. En él, Reinaldo Arenas compara a Márquez con los colaboradores de Hitler, lo llama plagiario: “hace más de veinte años que García Márquez debió comparecer ante los tribunales norteamericanos por haber plagiado incesantemente a William Faulkner” y humilla su físico, diciendo que tiene un cuerpo de – tortuga– caguama y no siéndole suficiente insulto, señala que “es un hombre casi completamente desarmado de la cintura para abajo”. Continúa señalando:

¿Cuál es el motivo de que un hombre de talento hasta para el plagio se haya plegado a los servicios secretos de Fidel Castro? La respuesta me la dio un cineasta colombiano a quien le comenté con tristeza que sus compatriotas debían sentir una gran vergüenza por ser conciudadanos de una persona como el señor García Márquez. “Es una gran pena”, me respondió. “Pero, por suerte, en Colombia, García Márquez es casi sólo conocido bajo el nombre de Cara de Fo”.

Fidel Castro y Gabriel García Márquez.

 Si hacemos un acercamiento detenido a la literatura de Arenas, este enigmático texto ofrece por lo menos una justificación que podría comprobar que Zoé Valdés no se lo sacó de la manga. En el Color del Verano (1991), la última novela del disidente cubano, como parte de una pequeña obra de teatro, insertada a manera de prólogo, titulada La fuga de la Avellaneda. Obra ligera en un acto (de repudio), en la que desfilan personajes como José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Julián del Casal, José Lezama Lima, José María Heredia, Raúl Kastro, Virgilio Piñero, Silbo Rodríguez, Fifo (Fidel Castro), Zebro Sardoya (Severo Sarduy), Delfín Proust (Delfín Prats) y muchos otros personajes de la intelectualidad cubana repartidos en coros que musicalizan desde Cuba, Cayo Hueso y el mar Caribe. Este esperpento es ejecutado, en parte por “la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Manuel Gracia Markoff, alias Cara de Fo y Marquesa de Macondo” (El color 18).

 La misma Zoé Valdés llamó “hijo de puta” públicamente al Nobel colombiano.

Me llena de satisfacción, repito, el que se haya enterado lo que dije en aquella ocasión, por cómplice de dictadores, por arrastrapanza de dictadores, por haberle hecho la vida imposible en varios periódicos a escritores como Reinaldo Arenas y como Guillermo Cabrera Infante, y a servidora. Los tres lo hemos puesto en su lugar, el lugar de los arrastrapanza. El día en que se haga la historia de la literatura cubana habrá que decir que al menos tres escritores cubanos le cantamos las verdades en su cara, y habrá que contar también que muchos otros fueron aupados, publicados bajo su ala, y es la razón por la que todavía hoy tienen que cantarle loas y darles el culo y lamerle las hemorroides celebrarles para que, gracias a esa guataquería al Nobel colombiano que no ha sido exiliado en México ni la cabeza de un guanajo, que vive entre México y Colombia, les sigan dando bombo en los periódicos del mundo entero

 Gabriel García Márquez, que falleció hace unos siete meses, dejó impune varias de las injusticas que su gran amigo Fidel Castro llevó a cabo. Dos de las que más se le achacan son el Exilio del Mariel en 1980, el que decenas de miles de cubanos, incluyendo al propio Arenas, se abalanzaron al mar en busca de libertad; y la Primavera Negra del 2003, en la que 75 disidentes pacíficos fueron condenados entre 6 y 30 años de cárcel por escribir en actitud crítica hacia el gobierno.

Las enemistades de García Márquez no se limitaron a territorio latinoamericano: Susan Sontag, escritora estadounidense, también arremetió contra él.

 Pero Márquez encontró enemistades incluso fuera de la literatura caribeña. Las omisiones a las injusticias del régimen de Fidel Castro también fueron señaladas por Susan Sontag, según Berenice Bautista, en la feria del libro de Bogotá en el 2003. Tres acusados fueron ejecutados por secuestrar un barco intentando escapar de Cuba. Márquez se defendió argumentando que ha ayudado en silencio a incontables disidentes y perseguidos, pero Susan Sontag arremetió en su contra al poco tiempo, en la feria del libro de Frankfurt, llamándolo ridículo.

 Del mismo modo, el incansablemente homenajeado Octavio Paz, a propósito de la ausencia de García Márquez y Carlos Fuentes a la mesa “El siglo XX: la experiencia de la libertad”, que él mismo organizó unos meses antes de recibir el premio Nobel, los llamó “apologistas de tiranos” y también señaló: “Hay que aprender a decir y a escuchar la verdad: hay que criticar tanto el estalinismo de Neruda como el castrismo de García Márquez”, según apunta El País.

 Resulta interesante el paralelismo de Gabriel García Márquez con Jorge Luis Borges, ya que se dice que éste último recibió premios directamente de dictadores, apoyó la represión del 68 en Tlatelolco e incluso a la CIA; por su parte,  el escritor colombiano, según Gerald Martin (uno de sus biógrafos), también fue cercano a Bill Clinton y Felipe González. Gabriel García Márquez fue unos los principales narradores que le dieron prestigio internacional a las letras latinoamericanas sin lugar a dudas. Arenas, por su parte, inauguró un género completamente nuevo en la literatura cubana que, como reacción natural al realismo socialista, desacraliza esa izquierda cheguevarista, dejando las puertas abiertas a un realismo que algunos han criticado de soez, por donde han entrado y sabido salir adelante escritores como Pedro Juan Gutiérrez y la misma Zoé Valdés.

Gabriel García Márquez.
Reinaldo Arenas

Gabo, Fidel, Arenas y otras mentadas de madre (Primera Parte)

Por: Alfredo Bojórquez

El 17 de abril del presente año puso a temblar las fibras de cada uno de los morrales chiapanecos y las playeras del Ché Guevara a lo largo de América Latina. Murió Gabriel García Márquez. 24 años antes, Reinaldo Arenas se quitó la vida tratando de frenar la tradición que conformó don Gabo, acompañado de Silvio Rodríguez, el fidelismo y toda la izquierda latinoamericana trasnochada. Arenas explicó en su carta de suicidio que lo hacía por el mejor amigo de García Márquez, Fidel Castro, no sin antes dejar un legado bibliográfico de enorme calidad literaria atiborrado de críticas al socialismo cubano.

En 1999, Gabriel García Márquez fue diagnosticado con cáncer linfático y fue hasta el 17 de abril de 2014 que la muerte se hizo presente.

 Mientras los demás optan por seguir guardándole luto evitando estos temas, prefiero sacar estos trapitos al sol –tal vez sea más preciso decir a la lluvia- antes de que termine el año de la muerte del autor que le dio notoriedad internacional a la literatura latinoamericana. Se ha dicho mucho sobre la relación entre Gabriel García Márquez y Fidel Castro, aunque a estas alturas del año el periodismo cultural apunta bombo y caja hacia Efraín Huerta, Silvestre Revueltas y Octavio Paz. Más lo que acostumbra mencionarse de Gabo no suelen ser sus enemistades ni el odio que lo acompañó a lo largo de su vida, si acaso la famosa pelea del colombiano con Mario Vargas Llosa.

 El boom latinoamericano surge por varias razones, en su mayoría ajenas a la literatura misma, como la inversión de Carlos Barral y Harper and Row, la revolución cubana, el interés de Carmen Balcells, la creciente alfabetización y urbanización de América Latina, entre muchos otros factores que generaron una explosión en el arte hispanoamericano que hasta el día de hoy no pierde su prestigio.

 En los años 60’s y 70’s, el mundo entero volteó la mirada hacia la literatura que se estaba creando en nuestra región, pero no todos los escritores que publicaban en esa época fueron alumbrados por los enormes y generosos reflectores del boom. Fernando del Paso, Manuel Puig y Reinaldo Arenas, entre otros, se quedaron a la sombra de este que fue en algún tiempo un grupo de amigos. El tercero particularmente por su postura política.

Reinaldo Arenas fue conocido por su oposición al régimen de Fidel Castro.

 En 1943 nace Reinaldo Arenas, 16 años después que Márquez, en un pueblo olvidado de Cuba. Habiendo peleado con los revolucionarios, Arenas fue parte de los cambios importantes que vivió su país en la segunda mitad del siglo XX. Autor de las novelas El Color del Verano (1991), El Palacio de las Blanquísimas Mofetas (1980), El Mundo Alucinante (1969) y su contundente autobiografía Antes que Anochezca (1992), llevada al cine por Julian Schnabel, protagonizada por Javier Bardem (grabada parcialmente, por cierto, en Veracruz, Yucatán y con apariciones momentáneas de Johhny Depp y Diego Luna). Su obra, a través de la exageración de lo cómico y lo sexual, expone injusticias que sufren los escritores, intelectuales, disidentes y homosexuales en Cuba; es un parteaguas de la literatura desmitificadora de la revolución cubana tanto en lo estético como en lo ideológico, como demuestra Emilia Yulzarí en La configuración literaria de la revolución cubana, su aburridísima investigación al respecto.

 A sus 24 años, es decir en 1967, Arenas publica su primera novela: Celestino Antes del Alba, dentro del panorama de una novelística fundamental: La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes y El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier; Rayuela de Julio Cortázar, La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa (1963); Paradiso de Lezama Lima (1966), y justo el mismo año que Celestino, el mundo conoce Cien años de soledad. Arenas comienza a publicar cuando García Márquez ya estaba en una edad madura. Una de las novelas más experimentales de Arenas es paralela al texto que va a hacer famoso no sólo a Márquez, sino a todas nuestras letras. Este primer esfuerzo literario por parte de Arenas va a ser el único texto que publica legalmente dentro de la isla hasta nuestros días, a pesar de que fuera de ella pueden encontrarse por lo menos una decena de sus títulos. El peso estético de Celestino la hizo merecedora del Premio UNEAC 1964, entregado al joven Arenas directamente de las manos del monstruo de la literatura cubana: Alejo Carpentier.

“Soy amigo de Fidel y no soy enemigo de la revolución. Eso es todo”, llegó a decir García Márquez.

 La Habana se convirtió, en la época del LSD y el rock psicodélico, en la capital literaria de América Latina. La bomba que resquebraja el boom latinoamericano es la revolución cubana y particularmente El Caso Padilla. El apoyo que estos escritores dieron al gobierno de Fidel Castro trazó una frontera entre dos bandos. El poeta Heberto Padilla publicó el poemario Fuera de Juego (1971), en el que expone textos sutilmente nostálgicos con el inicio de la revolución cubana que le hicieron merecer persecución, encarcelamiento, tortura; obligado a redactar, memorizar y declarar 30 páginas retractándose de todos sus gestos antifidelistas.

 Casi todos los intelectuales cubanos fuimos invitados por la Seguridad del Estado a través de la UNEAC para escuchar a Padilla (…) Aquel hombre vital, que había escrito hermosos poemas, se arrepentía de todo lo que había hecho, de toda su obra anterior, renegando de sí mismo, autotildándose de cobarde, miserable y traidor. Decía que, durante el tiempo que había estado detenido por la Seguridad del Estado, había comprendido la belleza de la Revolución y había escrito unos poemas a la primera. Padilla no solamente se retractaba de toda su obra anterior, sino que delató públicamente a todos su amigos, que, según él, también habían tenido una actitud contrarrevolucionaria; incluso a su esposa.

— Reinaldo Arenas, 1992.

 Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa dejaron de apoyar a Castro a partir de esta polémica. Cortázar, también insultado por Arenas en el texto Cortázar ¿Senil o pueril?, va a seguir apoyando el fidelismo a pesar de lo sucedido. Como leal opositor a este régimen autoritario, Arenas, quien publica a la par que los mencionados escritores, se posicionó política y estéticamente al margen del boom. Esta decisión, que mantiene hasta su muerte, es a la vez su gran condena. Perdió la oportunidad de tener el apoyo que recibió su gran amigo José Lezama Lima, entre otros. Arenas, que sufrió las injusticias de ser un homosexual en un país duramente machista, fue perseguido y no pudo expresar jamás su opinión política, de manera que veía en la literatura un escape, un desahogo, por lo que fue una profunda decepción que escritores de talla tan grande no se percataran de las injusticias del socialismo cubano y se dedicaran a consagrar su creación literaria al régimen de un dictador.

Rostros del boom latinoamericano

La palabra que me recuerda a ti: Gabriel

Más duelen las cenizas de un libro; duele ser testigo de ver como se hace gris el cuerpo y el alma.

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Es ahora que nos damos cuenta que sobran los aplausos y las gracias. Después de emprender el camino, todo está de sobra.

 La muerte se viene anunciando gloriosa desde que nacemos; Gabriel García Márquez lo sabía y, como siempre, se anticipó. Para suerte de unos cuantos (como todo en este mundo y en el otro) hay excepciones, y la muy tonta nos ofrece dos maneras humanas de burlarla: amor y literatura.

 Como buen escritor, él ha vencido al tiempo y sus múltiples accidentes. Ahora, sólo nos queda el polvo de su materia y el aroma de su esencia. Se respira.

 García Márquez pensó: voy a escribir tanto, que me van a tener presente en todas las palabras. Acertó. Lo encontramos en lo dicho y en lo escrito, en la brisa y en las hojas, en el alma y en el cuerpo.

 Nació uno de los tantos 1927 para nunca morir. Se apalabró con la vida para un día dejarlo ir con la condición de que le diera una promesa a cada palabra escrita. Lo cumplió. García Márquez nos enseñó que la historia empieza cuando uno se calla, permitiéndole al pasado llevarse consigo lo que alguna vez pudimos haber sido.

 Se dice que era de Colombia, pero yo siento que es de todos lados. Nunca tuvo fronteras, tampoco habló el mismo idioma cien veces; hablaba la lengua universal: la del amor, la soledad, el otoño, la sangre, la vida.

 A la larga, el escritor se vuelve un personaje de la novela más extensa y fascinante; poco a poco se le recuerda con aquella fantasía que se nos graba en el corazón, mencionando las palabras más mágicas y reales: uno muere en la medida que se le deja de recordar.

¡No te preocupes, Gabriel, que ni aquí ni en Macondo te vamos a dejar morir dos veces!

 Si desde la oscura noche escuchan que se proclama la muerte de un genio, lejos de llorarle y mal gastar su nombre, piensen que cada vez está más cerca de su verdadero hogar. Hablo del lugar de los poetas, donde “uno extiende la mano y los pájaros bajan a comer”, donde residen los grandes, los nunca olvidados, los que escribieron con los puños y hasta con las uñas, rasgando las sustancias que componen el alma.

Así es. No vale la pena llorarle a los genios. Más duelen las cenizas de un libro…

 No lo aparten de casa y lo dejen entrar a las suyas como un dolor; para bien, mejor dejen que entre como lo que fue para cada uno de nosotros.

 Puedo decirles que a mi gusto, es mejor que nos despidamos con la mayor cantidad de promesas. No es un “hasta luego”, y mucho menos un “adiós”. Mejor sería decir “hasta la próxima palabra que me recuerde a ti”.

Portrait Of Gabriel Garcia Marquez