Las Apariencias Engañan: Los Vestidos de Frida Kahlo

A la inmortalizada figura de Frida se añade un espacio más en la llamada Casa Azul de Coyoacán, que en colaboración con Vogue y BMW, exhibirá a partir de este próximo sábado 24 de noviembre joyas, accesorios y vestidos que la pintora utilizó. Derivado de ello, Vogue realizó como suplemento en su número de noviembre una edición especial cuyo énfasis en los elementos y color aluden en cierto modo a un culto al ícono que Frida constituye.

La actitud desafiante que Frida plasmó en su obra se extiende también como expresión de lo anticonvencional. El uso que ella dio a texturas, accesorios, colores y atuendos, además de los distintos razgos estéticos de ciertas raíces indígenas, quizá revelan con mayor detalle sus cualidades creativas y emocionales.

Carlos Phillips, Director General de los museos Dolores Olmedo, Diego Rivera y Frida Kahlo, declaró al respecto:

“En la forma de vestir de Frida se puede reconocer la creatividad y el profundo sentido del colorido que tenía la artista. Su ropa, además de ser en sí una manera de esconder flaquezas físicas y emocionales, traducía su temperamento. Su atuendo fue un elemento fundamental en la construcción de su fuerte personalidad que la ha hecho trascender en la historia de la pintura del siglo XX”.

Como complemento a la exposión, pueden asistir también a las conferencias de especialistas que el museo preparó.

Más detalles acerca de ésta exposición en la página del Museo Frida Kahlo.

 

 

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De cómo se vivió la Megaofrenda 2014

Fotografías por: Belen Kemchs.

Aunque los honores tomaron formas distintas en los inmuebles universitarios, dentro y fuera de la meca auriazul, la unificación de todo ello se concretó en la ceremonia de bienvenida a las almas que dio inicio en Ciudad Universidad con ensamblajes tempranos desde el día jueves por parte de las Facultades, Preparatorias y entidades institucionales que tuvieron presencia en la tradicional Megaofrenda.

 Esta decimosexta edición del Festival Universitario de Día de Muertos se anunció dedicada a la memoria, vida y obra de una de las más grandes figuras mexicanas, una de las más homenajeadas y por demás incorporadas en la cultura pop. Mujer que, si bien es genuinamente admirada como la artista, feminista y luchadora social que fue, es correcto también admitir la masificación de su imagen —en ocasiones tan obscenamente banalizada, vacua y falta de esencia real—, y su posicionamiento como ícono irrefutable de la industria cultural. Originaria justamente del sur de la ciudad, el 2014 es de Frida Kahlo.

En memoria de la artista mexicana, a 60 años de su muerte.

 Y es que fue diferente. Se trataba de la Megaofrenda y quedaba aquella idea de ver el conocido montaje en las dimensiones acostumbradas: área extensa, abierta, presta y a la orden de sus asistentes, como en años anteriores. El recinto dispuesto para este año fue el Espacio Escultórico de la UNAM que equivalía, por su naturaleza, a estéticas distintas y, aunque podía simbolizar el realce positivo de algunos elementos visuales, resultaba también un sitio menos adaptable y, sobre todo, sumamente reducido para la cantidad de visitantes que acudirían durante los cuatro días de duración.

 Pareciera que el fin de semana que duraría el montaje se dividiría en dos: las primeras tarde-noches se sentirían dedicadas a quienes habitan dicha casa, al estudiantado universitario que sabe hacer de ésta una digna festividad de tradición anual; y las últimas serían para los foráneos, para visitantes poco más lejanos de ese círculo que se dan cita al recinto en un ambiente familiar, muchas veces incluso acompañados con niños. El día domingo resultaba perfecto si ésta última era la intención de los asistentes.

 Aquella tarde los cientos de espectadores padecieron (padecimos) en grande la desorganización del evento. Con la ubicación del nuevo sitio que cobijaba el objeto de la visita, el acceso se dificultaba; ya no eran unos cuantos pasos desde la penúltima parada de la línea de metro más cercana, ahora la llegada se extendía casi a mitad de la ruta 3 del transporte interno de la Universidad.

 Las cuatro de la tarde y escasas unidades que pudieran darse abasto con el extenso aforo en espera de ser trasladado. Se advertía incluso desde ese punto que era “poco probable” que quienes recién llegaban, pudieran accesar al Espacio Escultórico —pese a que, aunque la previsión quedaba a consideración de los visitantes, no se especificó con antelación acerca de las filas ni tiempo de espera que tendría que cumplir el público antes de ingresar—. “El acceso será hasta las cinco de la tarde, pero tomando en cuenta a la gente que ya se encuentra formada, es muy poco probable que puedan entrar”, se dijo, cuando aún restaban cerca de dos horas para que concluyera el acceso al público, según la información oficial emitida inicialmente.

 Luego de la travesía pesarosamente concurrida, se conseguía ingresar, finalmente, a apreciar el montaje amurallado por aquellas imponentes piezas arquitectónicas que guardan en sí una soberbia conjunción ecológico-artística, cada una de ellas utilizada para evocar de distintas maneras los ejes temáticos del evento. La distribución de las ofrendas fue a lo largo del angosto corredor que se extiende por el perímetro del recinto aludido. Y sí, ya dentro se deja un poco de lo que pudiera haberse sentido desagradable hasta antes de ingresar. El ambiente es otro, la atmósfera cambia y se contagia el sentir común de compartir, allí, el tiempo y espacio.

 Colores por doquier. Los ojos de Frida en medio de la instalación, omnipresentes, y un “Viva la vida” dando la bienvenida y enmarcando el espacio. Rostros, papel, disfraces que aludían a la artista homenajeada, rehiletes, el color inconfundible de los pétalos del cempasúchil, calaveras y catrinas, réplicas de cuadros y toda clase de motivos en los más de cien altares que conformaron la Megaofrenda. Considerando lo que ha sucedido las últimas semanas en nuestro país, en algunos altares también se rindió tributo a los normalistas desaparecidos, un grito de vida dedicado a ellos, con espacios que incluían sillas en sus montajes, pupitres que parecían esperar ser ocupados, y frases como “Nos faltan 43”.

Viva la vida.

Al fondo del montaje, la ilustración de una Frida cegada y amordazada, en cuyas ataduras se distinguen leyendas como “Aquí en mi tierra, todos los días son de muertos”, “Tlatelolco”, “Atenco”, “Acteal”, “Wirikuta”, “Narcogobierno”, entre otras.

 

 La visita anual obligada a tierra universitaria concluye con el característico frío de la época, al caer la noche. En resumen, se vivió en un evento con poco menos del espíritu que se ha enaltecido en ediciones anteriores, con poco menos libertad y, valdría la pena rescatar, poco menos del libertinaje —al menos en las inmediaciones de lo que respecta en concreto a la Megaofrenda— por parte de los asistentes, propios y ajenos, que muchas veces desvían la intención original de este evento, aunque aún con el ambiente creado por los propios espectadores y el misticismo inherente de las festividades en cuestión.

 El ritual termina, las luces se apagan y las almas de los visitantes se despiden. Nos reencontraremos en noviembre próximo.

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Retrospección histórica: Frida Kahlo

 Me gusta pensar que la historia, más que acontecimientos pasados, está hecha de la memoria de todos. Susan Sontag escribía que la memoria no podía ser colectiva por el simple hecho de que ésta era, por naturaleza, individual. Pienso, que la memoria como historia siempre será colectiva, siempre y cuando, el colectivo sea mutuo, y que su raíz principal es la individualidad del sujeto.

Hoy daremos una mirada hacFrida besando la mano de Diegoia esta memoria colectiva que poseemos todos. Se trata de las pinturas de Frida Kahlo, quizá uno de los iconos más representativos de la cultura popular mexicana.

 Aunque muchas veces no tan apreciada y tan aclamada como pensamos, algunos tachándola de un icono sobrevalorado y otros manifestando que ella no puede ser la representación de México.

 Sin duda, sea cual sean los pensamientos hacia ésta pintora, sus cuadros, vestidos e ideologías se encuentran hoy presentes.

 Catalogada como una artista surrealista, Frida Kahlo nunca se consideró a sí misma como una. Cabe destacar acerca de sus pinturas lo que decía: “Nunca pinto sueños ni  pesadillas, pinto mi propia realidad.” Realidad que se vuelve tangible con sus cuadros y diario personal. ¿Qué otra cosa novedosa podremos escribir de Frida K.  si existe mucho material de ella? ¿Cómo podemos dar una nueva perspectiva hacia las pinturas, como el estilo de la artista? ¿Apreciando su trabajo? ¿Asistiendo a sus exposiciones? ¿Cómo?

Frida Kahlo para revista Vogue. Crédito. vogue.mx

 Si bien existen un sinnúmero de artículos, libros y películas, documentales y más material de esta autora, Frida sigue siendo parte de una colectividad que arraiga no sólo una corriente artística, sino ahora de moda con la exposición “Las Apariencias Engañan” donde muestran objetos personales, como los múltiples vestidos que acompañaron una vida llena de soledad y dolor, y que, además, vistieron esos cuadros que son referente artístico nacional.

 Ahora, no sólo se trata de lo que usaba, sino el porqué lo usaba. Es esta búsqueda de identidad indígena lo que hizo que Frida se destacara de otras mujeres, mismas que compartían  un estilo de vestir diferente, más afrancesado, más estadounidense, más extranjero.

 Estos vestidos que adornan sus retratos no eran los únicos. ¿Qué pasa con el vestido de terciopelo? ¿O el vestido rosa del autorretraro en la frontera? O ¿El vestido de tehuana en el cuadro: “Mi vestido cuelga aquí”? Entre otros más, claro. Sin duda, Frida no sólo pintaba el sufrimiento y la realidad en la que se desenvolvía, sino escribía con la pintura.

 Escribía historias, pensamientos e ideologías. Basta con dar un vistazo a “Moisés o Núcleo Solar” o  “El Camión” no sin antes mencionar “El marxismo dará salud a los enfermos” donde está presente el uso de metáforas, y demás recursos literarios que se vuelven también visuales.

Frida en la casa azul.  Esta fusión entre arte y moda sería uno de los muchos ejemplos de los que me imaginaba cuando escribí Moda y Arte, una introducción.

 El arte y la moda siempre tendrán en común la apreciación subjetiva del lector. Un vestido, con sus colores y bordados, contiene signos que ayudarán a darle identidad a un grupo de indígenas, o a una pintora. Cualquier cosa que usemos tiene un significado. Cualquier obra de arte, tendrá un significado. Todos, o la mayoría de ellos, variables, únicos, o individuales. Así como la memoria, que es colectiva pero también individual.