El almacén de la imagen: La fotografía de Robert Doisneau

El Museo Nacional de Bellas Artes alberga actualmente la exposición La belleza de lo cotidiano en la que se exhiben 79 fotografías (de los 44 años de trabajo) del francés Robert Doisneau. La fotografía de Doisneau es de gran relevancia no sólo por su desempeño como fotógrafo de modas para la revista Vogue, sino también por su trabajo para la revista Life durante los años cincuenta del siglo XX. Pero gran parte de su obra es influenciada por la street photography, con la que lograba captar y a la vez crear momentos en los que se vislumbra la cotidianidad parisina.

 Mucho se ha dicho del trabajo de Robert, pero es importante mencionar que sus fotografías forjaron el imaginario social parisino del siglo XX. La fotografía documental de Doisneau no busca la objetividad, pretende crear imágenes-menciona la historiadora de arte Patricia Mendoza.

 Sin duda alguna, el espacio es el protagonista en la fotografía de Doisneau, pues es en dónde acontece la vida y el humor. La famosa fotografía Le baisser de l’hotel de Ville es prueba concisa de que Doisneau no pretendía captar la realidad tal cual era, ni buscaba registrar los acontecimientos de la vida parisina tal como lo hubieran hecho los fotógrafos documentalistas del siglo XIX. Más bien intentaba construir una realidad distinta y erigir con ello idearios sociales específicos.

“The marvels of daily life are so exiting; no movie director can arrange the unexpected that you find in the street.”  Robert Doisneau

Robert Doisneau, Le baisser de l’hotel de ville, 1950
Robert Doisneau, Le baisser de l’hotel de ville, 1950

La fotografía documental de Eugène Atget y Robert Doisneau

Para entender mejor el trabajo de Doisneau hace falta compararlo con los fotógrafos pioneros de la fotografía documental y del street photography, pues a partir de esta comparación es que se puede encontrar el humor, la gracia y lo cotidiano en la fotografía documental del mismo.

 Uno de los pioneros de la fotografía documental fue el fotógrafo francés Eugène Atget, que apareció en la escena de la fotografía a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. El ojo documental de Atget captó calles, avenidas, puertas, esquinas, edificios, columnas, puentes y comercios parisinos, principalmente. Él, a diferencia de lo realizado por Doisneau, no retrato el humor, ni la cotidianidad en París. Incluso en sus fotografías se puede observar una ausencia de gente casi fantasmagórica. Atget muestra a París a través de su arquitectura, de vistas topográficas, de las ferias, del espectáculo y del urbanismo en el que los patios, las calles, los parques, las tiendas son el eje principal de su obra. Al igual que en las fotografías de Robert Doisneau, el espacio se convierte en el actor principal.

Eugège Atget, Cabaret de l'enfer, 1910
Eugège Atget, Cabaret de l’enfer, 1910

 

Robert Doisneau, L’enfer, 1952
Robert Doisneau, L’enfer, 1952

 Sin embargo el trabajo de Atget se desarrolla en una temporalidad en la que la fotografía decimonónica documentalista permeaba en los temas de la fotografía de finales del siglo XIX. Mientras que la fotografía moderna artística empezaba a perfilarse en las primeras décadas del siglo XX. La mirada de Doisneau nos presenta un toque de gracia, nos muestra París; pero también expone lo que significa ser parisino, lo que uno se puede encontrar en distintas esferas sociales en la ciudad del amor.

 Si quieren conocer más del trabajo de Doisneau pueden visitar la exposición La belleza de lo cotidiano que se encuentra en las salas: Justino Fernández y Paul Westheim en el Museo Palacio de Bellas Artes.  La curaduría fue hecha por las hijas de Robert: Francine Deroudille y Anette Dosineau. En donde nos muestran una selección importante de fotografías en las que se presentan rasgos de la vida cotidiana en París del siglo XX. Aprovechen porque la exposición se extiende hasta el 13 de julio. Vale muchísimo la pena, pues la exposición está ambientada con música de Edith Piaf, lo que hace que uno se transporte a un París en tiempos remotos.

 

Eugène Atget, Le rue de Seine, 1924
Eugène Atget, Le rue de Seine, 1924

Robert Doisneau, Les tabliers de la rue Rivoli, 1978

Robert Doisneau, Les tabliers de la rue Rivoli, 1978
Robert Doisneau, Los peatones de la plaza de la Concordia, 1973
Robert Doisneau, Los peatones de la plaza de la Concordia, 1973

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El fotoperiodista y la invasión de la realidad

El trabajo de un fotoperiodista consiste en estar en el lugar y momento correcto, donde fortuitamente se es parte de un instante significativo al registrar una situación clave en la historia. Si bien podemos nombrar varios ejemplos donde la casualidad y el ingenio de los fotógrafos han servido para capturar las imágenes más memorables, no está de más el preguntarnos sobre aquella delgada línea que éstos cruzan al fotografiar tales sucesos, donde se invade la privacidad entre la entidad y su contexto.

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Masacre en el centro comercial de Westgate. Fotografía tomada por Tyler Hicks, para The New York Times, en Nairobi Kenya.

 En una situación tan delicada donde los actores se encuentran en el momento más vulnerable de sus vidas y se toma la decisión de exponerlos al escrutinio publico, el fotógrafo toma la decisión de no intervenir mientras el suceso transcurre. ¿Es acaso el no intervenir considerado una falta? ¿Cómo te separas de ti mismo para llegar a cumplir este importante trabajo? Es uno de las labores más difíciles; cubriendo guerras ajenas y luchando por causas perdidas. El fotoperiodismo nos ha brindado fotografías memorables que nos han transportado a los lugares más sorprendentes sin olvidar lo más trascendental, ellas han hecho que nos invadan recónditas emociones, al poder identificarnos con situaciones las cuales culturalmente seria imposible el poder experimentar, son las emociones humanas como la desesperanza, la indignación o el sufrimiento, las cuales nos hacen conectarnos con personajes tan opuestos a nosotros.

Víctimas del crimen organizado. Fotografía tomada en Saltillo Coahuila por Christopher Vanegas, ganador en World Press Photo 2014.
Víctimas del crimen organizado. Fotografía tomada en Saltillo Coahuila por el mexicano Christopher Vanegas, ganador en World Press Photo 2014.

 El fotoperiodista siente una gran obligación al cubrir eventos fundamentales, es con su cámara con la que hará publica la historia en desarrollo. La arbitrariedad de la situación no recae en si el fotógrafo interviene o no para evitar que algún acto atroz siga en marcha, todo depende del cristal donde se mira. Lo que el fotoperiodista padece es una identificación con los sujetos que viven tales circunstancias, al experimentar las inmoralidades que ellos coexisten. Las mismas injusticias lo llaman a que formen parte de ellas y se unan en una batalla por la búsqueda de los derechos humanos. Sin embargo, hay que rescatar la imparcialidad en el cual el fotoperiodista debe de regirse. La objetividad ayudará a que con las imágenes se creen historias, las cuales el espectador descifrara e interpretará según las opiniones y objeciones personales. Es así como no hay ningún desperfecto en el ejercicio, solo cabe destacar el ingenio visual el cual nos hará ser participes culturales gracias a la valiente labor periodística, un impulso en la defensa de la verdad al exponer la divergencia social y cultural actual.

Víctimas del colapso de fábrica de prendas. Fotografía tomada por Taslima Akhter en Dhaka, Bangladesh.
Víctimas del colapso de fábrica de prendas. Fotografía tomada por Taslima Akhter en Dhaka, Bangladesh.
Chicos albinos ciegos. Fotografía tomada por Brent Stirton.
Chicos albinos ciegos. Fotografía tomada por Brent Stirton.

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