Con tus ochenta mejores amigas ¡Para qué quieres enemigas!

“No te quiero alarmar, pero algo siniestro está ocurriendo aquí”

Angela Lansbury (como Jessica Fletcher en Murder She Wrote)

En el interior de la cabina de un radio teatro, la simpática, poco ortodoxa, gruñona  y anciana conductora Agatha Freud, transmitirá la narración del thriller psicológico “Las ochenta mejores amigas”, de un tal Juan Carlos Cuéllar. Para realizar dicha labor se requieren de dos actrices que lleven los personajes principales de la historia, así  que las divas Olga de Moctezuma y Holly Estuardo, ejecutarán esta historia llena de intriga, suspenso y comicidad involuntaria.

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 El Foro Shakespeare ofrece una opción de divertimento única en su Teatrino los días sábado, la comicidad, el drama y también el cabaret se funden en Las ochenta mejores amigas de Juan Carlos Cuéllar. Puesta en escena dirigida por el propio Cuéllar, un texto más para el catálogo de obras ejecutadas con miembros del programa de Teatro Penitenciario.

 Explorando el frívolo mundo de la “alta sociedad”, el autor parte de un estilo influenciado por la literatura de Agatha Christie junto a la experiencia narrativa televisiva en Murder She Wrote (La reportera del crimen) para hablarnos de la traición que conllevan las falsas amistades, las mentes criminales, además de la venganza como método expiatorio. Una ha traicionado a la otra, creyéndola tan inocente como boba para nunca actuar en reversa, sin embargo, la amiga herida ha centrado su dolor en construir una telaraña exacta
para acechar a su presa, por consiguiente atacar sin piedad como una viuda negra.

 Un montaje construido sin mayor pretensión que divertir a la audiencia a través de la exposición de personajes que llevan al límite de la comedia sobre un drama que debería generar tensión. La dirección llama a sus “divas” para ser representadas por hombres, logrando entonces un ambiente queer bastante efectivo, que lejos de caricaturizar al travestismo conecta irónicamente los clichés de la homosexualidad con el público, mofándose de las pretensiones actorales en vez de un sector social.

 Cuando los actores disfrutan su trabajo es notorio, aquí Javier Cruz e Israel Rodríguez se presentan al ruedo con el reto de hacer reír, saliendo en hombros con orejas y rabo. Dos actores que sin duda evolucionan cada vez más, debido la efectividad del ya mencionado programa de Teatro Penitenciario al introducir a más gente en el oficio actoral de manera íntegra, con un constante acompañamiento en su formación en suma al interés personal de pulir cada vez más su trabajo.

 Las actuaciones de Cruz y Rodríguez se disfrutan plenamente, vemos a dos hombres -toscos, rudos- convertirse en unas auténticas divas que lucen coquetas y elegantes en todo momento. Acompañados de la siempre grata Itari Marta, provocando los desahogues cómicos constantes, haciendo una viejecita memorable por sus deficiencias, ocurrencias  y actitudes.

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 No hay pastelazo, aquí el texto tiene inteligencia, así mismo se coordina de lleno a la iluminación sugerida para recrear los momentos necesarios en la trama. Recalco, los actores disfrutan tanto su labor que hasta los accidentes que puedan tener se sienten francos, tanto así que se gozan ampliamente, destacando a la existencia de una producción inteligente que controla todos los aspectos y las tablas de los intérpretes. Se agradece en pleno.

 Hay muchos aspectos interesantes para este texto. Primordialmente, funciona del todo como una comedia, sí, pero de trabajarse en lleno hacia el aspecto dramático ¡También funcionaría! Estamos frente a un arma de doble filo que podría evolucionar drásticamente a un producto aún más complejo. Sólo es necesario encontrar esa visión en la batuta direccional, tal vez la respuesta esté en este mismo montaje, en forma de actriz.

 Las envidias y los individualismos se arrojan como elementos de la cotidianidad, pudiendo perderse entre las carcajadas producidas por los trazos, la esencia sale a flote dejando tanto la correcta transmisión de la historia, como la experiencia cómica -con los tonos de cabaret- que la acercan al público teniendo como vía la ejemplificación de aspectos actuales. No encontrará algo tan efectivo en este ramo en otro lugar de la cartelera teatral actual, salvo que se trate de La Reinas Chulas en el Teatro- Bar El Vicio, que aquí encuentran una muy digna y sana competencia.

 Un montaje ideal para abandonar el estrés, relajarse, emitiendo risotadas honestas ante un trabajo muy bien ejecutado.

Originally posted 2014-10-21 20:54:46. Republished by Blog Post Promoter

El origen viene de las auroras boreales

 “La ciencia ha progresado hasta el punto de que las únicas preguntas atinadas que nos quedan son las ridículas. Las preguntas sensatas se han pensado, formulado y respondido hace tiempo”. 

ISAAC ASIMOV

Nunca he sido seguidor o asiduo del teatro infantil. Detesto aquellos espectáculos que vulgarmente son llamados “cuentos” y que se presentan en matinés de fin de semana en teatros pequeños y sin más publicidad que un cuadrito en la cartelera del periódico impreso (inserte aquí el que más le cuadre: Blancanieves con o sin enanos, cualquier versión del Mago de OZ o su remix favorito de Caperucita Roja).

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 Honestamente hasta el momento muy pocos artistas eran para mí capaces de crear una obra de este tipo sin tratar a los niños como pequeños seres sin raciocinio, Haydeé Boetto, Micaela Gramajo, Sofía Álvarez o la fallecida Perla Szuchmacher por ejemplo. Al día me topo con una vuelta refrescante al panorama, en el Foro Shakespeare, Asimov de Hiram Molina.

 Con un tenor futurista, la historia ubica al mundo como lo conocemos hundido en un invierno eterno, el sol no es más que una ideología vana y extinta, las tormentas de nieve son el pan de cada día, el frío cala hasta los huesos y las auroras boreales ya no son más que fantasía. En este paraje camina Imani, una joven inventora, diseñadora y constructora tecnológica junto a su pequeña hija Abba. La quietud del blanco perpetuo se interrumpe el día que Abba, en su caminata para conseguir leña que produzca un fuego, se topa con Asimov, un niño que no  recuerda de dónde vino o cómo llegó ahí, lo único que recuerda son 3 leyes, las leyes de la robótica.

 El teatro infantil debe de ser simple, digerible, con un lenguaje animado y agradable, pendiente de respuesta, interactivo y sobre todo tener una base sólida. Asimov cumple satisfactoriamente las necesidades básicas del género al entregar una puesta con ritmo constante y calidad dramatúrgica que invita a los espectadores a analizar los ideales sociales, valores familiares, conciencia ecológica y de paso hacer una crítica al pensamiento consumista postmoderno que eleva a necesidad vital a la inteligencia artificial para asegurar la existencia plena.

-“¿QUÉ ES UN DÍA SOLEADO EN LA PLAYA?”

Ante la incertidumbre y desolación de un futuro que no ve más que el ocaso de la compañía misma, Hiram Molina escribe un texto lleno de imágenes poéticas que se transforman en  un entrañable reflejo de la perspectiva inocente a la complejidad de los sistemas sociales. Cada línea busca captar la atención del niño que verá la obra, por supuesto, pero avanza para afectar aún más a los acompañantes adultos y les pide nunca dejar de enseñar a los niños a crear, creer y amar.

 La dirección de Molina y Anabel Domínguez genera cuadros de atracción visual importante, entre proyecciones de buena calidad, iluminación acertada y sonidos orgánicos (sin perder su contexto de tiempo y espacio), construyen un sensorial que se recibe de forma grata y evoluciona con la interacción.FOTO6_ASIMOV_

 Estos directores entienden a los niños, se preocupan por hacerlos sentir parte de la obra y que cada acción sea entendible al cien por ciento. Para contar la historia, los directores dotan de voz a las marionetas que serán Asimov y Abba, una fantástica elección que aparte de cautivar con la belleza de los títeres elaborados en Kuruma Ningyo (técnica de construcción japonesa que permite controlar al cien y con movimiento más libre a la marioneta) por Edwin Salas, integran agilidad y fuerza al trazo diseñado para cambiar de foco sin perder el hilo o ritmo.

 Molina y Domínguez se desplazan en camuflaje por el escenario con gran cautela, delicadamente se mueven para dar vida a los títeres que controlan y proyectar un resultado fascinante, algo que solo se puede comparar con la belleza coreográfica de Adiós Carlota, por poner un ejemplo de un símil mexicano dados los elementos base.

 Se acompañan de un único “humano” que es la madre de los personajes encarnada por Violeta Isfel, una actriz que no deja de sorprenderme con su versatilidad. Violeta conoce a los niños, sabe en qué tono y forma dirigírseles  consiguiendo empatía pero sin perder credibilidad actoral o dejar a un lado la psicología de su rol: una madre que debe de procurar a su hija en una circunstancia impredecible y que ahora ha decidido hacerlo por alguien más también, aun cuando en realidad no sabe mucho de ese alguien.

 En esta historia uno pasa por los zapatos de cada personaje, estacionándonos detenidamente en Asimov para permitirnos conocer su pensamiento, permearnos de la debilidad interior al descubrirse solo aun estando en compañía, podemos apreciar a un frágil individuo enfrentándose a en una corta edad a cuestiones existencialistas inexplicables para su corta trayectoria. Empero de la situación, tiene una conexión a este mundo igualmente inentendible: las auroras boreales (sí, esas que según la historia ya no existen). Todos, pese a la adversidad tenemos un sentido y dirección en la vidaFOTO5_ASIMOV_

 Con Abba uno asimila la dificultad de tener que abrir el ya tan desquebrajado mundo en el que vive a alguien al que agradece su presencia, pero en cierta medida preocupa por la atención que pueda restarle de la única persona con la que ha compartido su existir. Es una niña pequeña claro, pero ¿Cuántos nos hemos sentido de la misma forma aun siendo adultos ante la amenaza de lo nuevo y desconocido?

 La obra es enteramente disfrutable, enternecedora y amigable para chicos y grandes. Sin duda una viva muestra de que el teatro mexicano infantil inteligente existe y combate la adversidad de la cartelera. Si tiene pequeños en casa o cercanos permítase inducirlos a este teatro de calidad que necesita ser pilar para crear una cultura teatral desde temprano, además de permitirse usted mismo de disfrutar como ellos lo hacen.

Amén del homenaje a Isaac Asimov.

Originally posted 2014-07-31 22:38:34. Republished by Blog Post Promoter

Ska Shakesperiano

Una compañía teatral joven se reúne ante el público para manifestar su insatisfacción al trabajo que han preparado, puesto que carece de lo último, preparación. A pesar de todo, la mayoría de los miembros acuerdan presentar el intento de puesta por respeto a la audiencia. Les pidieron Ricardo Tercero de William Shakespeare, no prometen calidad, o sustancia, pero peor es nada.

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Adrián Alarcón

 Cuándo Shakespeare escribió Ricardo Tercero, el fin era hablar de la creación de la casa de los Tudor, en el tenor de analizar la escalada al poder como una búsqueda insaciable del que lo ansía, que deja entrever la naturaleza salvaje del mismo en el bardo paraje que da panorama a su alma.

Evolución(Del lat. evolutĭo, -ōnis).

6. f. Mudanza de conducta, de propósito o de actitud.

7. f. Desarrollo o transformación de las ideas o de las teorías.

 Resulta infame pensar que las metáforas que aplicaba Shakespeare a la ambición política y el juego de poder, lejos de ser propias de un tramo histórico medieval, se conviertan en una realidad histórica contemporánea, aplicable al cien a nuestra propia condición gubernamental mexicana.

 Y entonces David Gaitán, director y escritor de esta nueva adaptación del teatro clásico  titulada Ricardo III 0.1, parte de la teoría de la vigencia y postura del dramaturgo, contrapuestas a la actualidad. Aderezando con múltiples elementos que se orquestan en su propio desorden y dan partida a la carrera por transmitir el mensaje correcto.

 Entonces, la aplicación es una propuesta creativa, diferente y anticonvencional. En esta historia, el elenco que integra a la compañía va tomando fragmentos del original shakesperiano para objetivar su validez y desenmarañar las intenciones ocultas. Es un discurso de reclamo de identidad al propio William y a la “ausencia de dirección” que los  “actores” tuvieron para desempeñar su labor, cada uno de los miembros de la “compañía” buscará a como dé lugar lucirse, con aquello que si tienen preparadopara escenificar. Cada uno buscará tomar el control de la dirección que “no les dieron” para encaminarlo a lo que consideran mejor y en esa desquiciada carrera por llevar la batuta, la compañía da verdaderamente vida a la esencia de Ricardo III, la compañía “sin darse cuenta” entrega a Shakespeare accidentalmente.

 ¿Y entonces? Pues el ejercicio se ejecuta excelentemente, la comedia de la que  se vuelve presa el escritor y su trabajo original es un reflejo de creatividad y atrevimiento por parte de la dirección, que busca tanto divertir al público como honrar a la memoria clásica.

 El elenco que da pie a estos enredos, se unifica en el tono correcto para transmitir la sensación de inseguridad y desfachatez adecuada. Actores jóvenes que denotan una madurez general y claro entendimiento del contexto y ambiciones del proyecto al que son parte, lo cual es de agradecer y notar, pues sin estos elementos sería simplemente imposible que la propuesta escénica tuviera un resultado positivo.

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Foro Shakespeare, consulte cartelera

 Ricardo III 0.1 toma el ska como pretexto para hilar la trama, permitiendo una concepción musical alterna y equilibrada, que da volumen y fuerza a las acciones. No solo es importante y trascendente que el interesante juego que proponen se pueda transmitir y uno se dé cuenta desde la butaca del espectador de lo que en verdad está sucediendo, sino que aunque no se dé cuenta y en su vida haya leído (u ojeado aunque sea) la tragedia Shakesperiana en la que gira todo, se entiende y funciona, la comedia sale adelante limpia y victoriosa.

 No es solo una obra con guiños y entendibles fabulosos para la gente de teatro, es un acto disfrutable de principio a fin, sólido y con una propuesta cómica que no existe en la cartelera actual. Altamente recomendable.

Originally posted 2014-04-26 15:15:03. Republished by Blog Post Promoter

Discordia Elementarium Natura = interdisciplina

En el afán de innovar, se ha recurrido a la fusión de propuestas, estilos, géneros, recursos…”el espectáculo de la multidisciplina”.

La revista digital Hoja de Arena presenta la cuarta edición del Ciclo Interdisciplinario Discordia Elemetarium Natura (DEN) todos los sábados de este mes, mayo, en el Foro Shakespeare. Aún con dos sábados disponibles para  asistir y formarse una opinión, les contaré mi experiencia del sábado 10 de mayo.

Androna

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 Sólo una luz constante de figuras cambiantes fija la atención del público al centro del escenario. Expectantes desde las bancas acolchonadas del Foro Shakespeare, acostumbran sus pupilas a la persistente oscuridad. Las siluetas al frente van cobrando forma. ¿Qué pensar con respecto a un contrabajo sin cuerdas, un instrumentista sin arco y una bailarina sin pista de fondo en una puesta en escena…?

 En esta adaptada caja negra, los pequeños ruidos ignorados de nuestra cotidianidad son los protagonistas. Pasos, rasguños en la tela, el contacto entre cuerpos animados e inanimados, la amplificación de pequeños roces son una propuesta visual y auditiva bajo el trabajo creativo de Androna. David Sánchez y Columba Zabala comparten la necesidad de encontrar un diálogo en la Androna (espacio entre construcciones) de distintas disciplinas y demuestran una búsqueda cada vez más sólida (y erótica) en sus presentaciones.

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 Más iluminada la sala, entran a escena David Sanchez y Tobías Delius en el saxofón con un giro de mayor sonoridad. Éste invitado muestra gran maestría en el dominio del saxofón y la improvisación “freejazzera”, de alguna forma proyecta el sonido con todo el cuerpo: silba, grita, gesticula. Siendo la emoción encarnada, la reacción del auditorio era inminente. Luego de la presentación pasada, en que aguzar los sentidos era necesario para intimar con la escenificación, Delius irrumpe la calma con un gemido de metal cuya desesperación es comparable con el llanto del alterado infante de la primera fila. Luego de la risa, el llanto y el intermedio, Liminar ocupa el lugar al frente.

Liminar

Esta agrupación musical mexicana se ha dedicado a interpretar “música nueva”. En esta ocasión se concentraron en un programa de música alemana. De un tiempo para acá, se han dedicado a imitar los sonidos de la vida cotidiana. Tal pareciera que al sentarte en las butacas de un auditorio (diseñados cada vez más en un formato “hogareño” y acogedor) te encuentras en la sala de tu casa, donde el ruido circuncidante es algo de todos los días. Entonces se podría argumentar “¿por qué querría escuchar una composición tan caótica cuando busco escapar de la tensión auditiva, del estrés de la ciudad?” Trafico, la entrada de escuelas, la salida del trabajo, un embotellamiento…cierto, sin embargo, escuchando este tipo de composiciones, convierten el caos en algo lúdico, no deja de ser una búsqueda y vale la pena experimentarlo antes de formarse una opinión.

LIMINAR
Programa:
Carola Bauckholt – Luftwurzeln
Niklas Seidl – After after
Gordon Kampe – Sieben Weisse Bilder
Alberto Bernal – ¿Cómo desequilibrar las presiones que se corresponden por una y otra parte de la membrana?

DSC01725 La última pieza que fue interpretada por ellos (la de Alberto Bernal) es particularmente interesante. Carece de compás, se marca el ritmo musical a partir del pulso natural de la lectura “Tímpano” de Jacques Derrida. en un principio, imitan el sonido los huesecillos contra la membrana timpánica usando pequeños martillos y lo que aparenta ser un molcajete blanco. poco a poco se sutituye primero por fragmentos de lectura, luego instrumentales, ambos con marcados matices que van en crescendo al silencio interrumpido. A punto de concluir, son pancartas con trozos de letras, palabras, las que alzan y desechan, siempre manteniendo el pulso; llegando al clímax y fin de la obra en la que los músicos forman una frase completa:

“Diremos desde este momento que lo que aquí resiste es lo impensado, lo reprimido, lo rechazado de la música”

… y las pancartas salen volando. Y caen con delicadeza.

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Naff Chusma

 

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 Se aproxima la media noche. Salen a receso tan sólo para regresar y ver el cierre de semejante velada experimental. Un par de pantallas cuelgan al centro aparentando ser un cubo digital. Abajo, tres músicos dominan los sintetizadores creando un ambiente de goce. Arriba el cuarto a cargo del proyector.

 El cubo muestra la transformación del sonido en imágenes, ondas que parecieran cruzar el límite de la pantalla y oscilar hasta topar con los cuerpos atentos de aquellos expectantes de lo ajeno.

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Menta Movement

Baile y música electrónica en perfecta sincronía. La noche avanza junto con el fin de la velada experimental. Meta Movement hace un gran cierre con su propuesta “fractura inequívoca”. Este próximo sábado, ellos abren; así que tendrán otra oportunidad de conocerlos

La búsqueda del arte en lo cotidiano…hay mil maneras, habrá que conocerlas.

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Fotografía, MariCarmen Martínez

Originally posted 2014-05-20 10:19:12. Republished by Blog Post Promoter

Sucedió en un almacén

Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.
Facundo Cabral 

El Señor Lino ha dado servicio por 29 años a  Salvaleon S.A., como encargado de uno de los almacenes  de la empresa. Veintinueve años, en los cuales los primeros 8 los pasó como asistente, ahora esa cantidad de tiempos e reducirá a 5 días, en los que deberá instruir al joven e inexperto Nin en su labor, pues el muchacho lo sustituirá ahora que su tiempo de jubilación ha llegado. ¡Sólo 5 días para transmitir la labor de casi 30 años!, una labor que nunca descansa, ¿o sí?

 El Foro Shakespeare abre una breve temporada de Almacenados, texto de David Desola dirigido por Fernando Bonilla, y como todo queda en familia, está representado por el primerísimo actor Héctor Bonilla, junto a su hijo Sergio Bonilla.

Héctor Bonilla

 A través de la historia del Señor Lino, uno encuentra un claro panorama de las desviaciones laborales. ¿Uno trabaja para ganarse la vida? O ¿Hace su vida trabajando? Desola nos presenta a un personaje de edad avanzada que ha vivido con la convicción de ser una pieza clave y elemental a la compañía a la que presta sus servicios. De tal forma que el discurso de la compañía y la promesa de venta de la misma se han tornado en el padre nuestro de cada día y norman su conducta.

 ¿Cuántas compañías actualmente no tratan de adentrarnos al sistema de racionalidad al que el señor Lino ha estado afín en toda su vida laboral? Las empresas nos lo dicen en su publicidad: amamos a nuestros empleados y al cliente, ¡Por supuesto!, el empleado crea el producto, el cliente da su dinero a cambio, ¡Quién no ama eso! Al final del día consumir es decisión del cliente, pero trabajar es una necesidad, es lo que pone el pan sobre la mesa, aún cuando la paga no sea siempre justa, uno debe  aguantar y salir adelante con eso, pero exigir justicia en la retribución, o de lo contrario, tragar pan de mentiras disfrazadas y pensar que el patrón y la empresa ven por uno.

 La dirección de Bonilla ubica a sus dos personajes en un conflicto emocional entrañable, los dos están frente a una mentira, uno la crea, el otro la fomenta y luego la crea, al final es un círculo dónde ofrece un contraste de mentalidades generacional, la juventud frente a la normatividad impuesta por las generaciones mayores, el cara a cara con justificaciones en mano de uno a otro por ver cual verdad es absoluta y cual necesaria.

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Sergio Bonilla

 El texto de Desola es muy sincero, con personajes comunes en situaciones comunes, pero vistas desde un angular humano, lo que nos permite familiarizarnos y adoptar el contexto y circunstancia desde el primer trazo. Amén de que en su adaptación, Fernando Bonilla apunta detalles netamente clásicos de la cultura mexicana, enriqueciendo más la cercanía propuesta. Aún así, el ritmo que pauta el director se estanca por un breve lapso en su primera parte, incluso deja ir un poco su tensión y esto podría ser un factor determinante para conectar con el espectador, afortunadamente las geniales actuaciones logran soportar las marcas y darle de nuevo cadencia a la trama, bajo una iluminación propositiva y exponencial que acompaña muy bien el discurso.

 Héctor y Sergio Bonilla son simplemente una dupla imperdible en escena por muchos valores. En primera, por la cátedra de actuación de ambos, llevando el tono cómico y la tensión dramática con una soltura y empatía impecables, tonos y poses adecuadas y asimilación del personaje neta. En segunda, porque así como Almacenados es la visión del campo laboral desde la vía joven propositiva a la adulta clásica, este par de espléndidos actores forman el marco de la actuación contemporánea vista desde dos ejes generacionales muy importantes. Es sostenerse en la evolución de la técnica y el linaje de una familia consagrada al arte teatral, con la convicción y fuerza para contagiar esta pasión al que se deje.

 Ésta es una puesta en escena que homenajea y critica el panorama laboral mexicano de una forma exquisita, balanceándose entra la pasividad y la rebelión, con la inquietante reflexión final de la evolución de los personajes, ¿Qué pasará con el Señor Lino al Jubilarse?, ¿Nin seguirá los pasos de su pronto instructor? Al final la lectura es variada, el contrato con el espectador precisamente invita a ello, a echar a volar la imaginación, ubicando en los lugares de  los roles, a aquellas personas que todos conocemos y que encajan en los mismos cual piezas de un rompecabezas al que llamamos “vida cotidiana”. Una obra cuyos únicos defectos (además de los ya mencionados) residen en el diseño y ortografía de su programa de mano. Imperdible en verdad.

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Originally posted 2014-05-08 11:30:24. Republished by Blog Post Promoter

Cual arsénico caramelizado

La lejanía que  separa al 2006 del presente 2014 es aterradora, no sólo porque el proceso natural del envejecimiento va cobrando sus achaques, sino porque las expresiones artísticas de entonces  demandaban  un plan de acción social en contra de muchos  actos deshumanizadores e infames, por ejemplo el abuso infantil, que a la fecha continúa siendo un punto en la mira del combate social.

 Por supuesto que el abuso infantil (o el abuso en general) no es algo propio de 2006, lamentablemente acarrea su detestable práctica desde los tiempos más remotos en los que la humanidad haya dado indicios de perversidad y degeneración. Sin embargo, fue en dicho año cuando una cinta estadounidense plasmo un discurso acerca de la acción vengativa y preventiva al crimen en cuestión como salida ante la falta de respuesta de las autoridades. David Slade mostró Hard Candy.

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 La cinta presenta a Haley, una alegre adolescente que pacta una cita con un hombre de edad mucho mayor a la suya llamado Jeff, al cual ha conocido en una sala de chat por internet. Tras el esperado encuentro en un café, ella le pide al susodicho que es fotógrafo de profesión la lleve a su casa para poder escuchar música y pasar un rato conociéndose. Tras aceptar la propuesta, Jeff introduce a su hogar a una jovencita que no es tan frágil como aparenta. Haley conocía (o no) a Donna Mauer, una adolescente desaparecida presuntamente violada y asesinada, sabe que Jeff tiene algo que ver con dicho suceso y no está dispuesta a permitir que lo siga ocultando, así tenga que llegar a las últimas consecuencias para esclarecer el panorama.

 El argumento de la aclamada y cruda cinta, a cargo de Brian Nelson, fue adaptado a nuestro país en 2013 por Luis Mario Moncada para ser llevado a la escena teatral bajo la dirección de Anilú Pardo y Mario Mandujano. Con una temporada destinada al Teatro Helénico, a protagonizarse por Tessa Ia (Después de Lucía) y Arap Bethke. Un año después, esta adaptación vuelve al Foro Shakespeare con el mismo equipo creativo pero con un cambió de protagonistas, ahora Begoña Narváez da vida a Haley y Rodrigo Cachero a Jeff.

 La visión de Nelson acerca de la pedofilia encuentra una salida  bastante impactante en formato y contenido. Para una sociedad que aunque afronta el problema no ejerce la fuerza suficiente, dejando abierta la carta a los plagios virtuales, allí aparece una vengadora de corta edad con la convicción firme de ejecutar la justicia por su propia cuenta si esta no cae por su propio peso.

 Haley es la pared que topa a los siniestros perpetradores para exigirles un choque directo que destruya su capacidad de avance, pero para esta estrategia las tácticas son un tanto igual de perversas que las redes de atracción que los pederastas tienden a sus víctimas, entonces entramos al dilema de si presenciamos como espectadores un acto de justicia equivalente a “una sopa de su propio chocolate” o bien un castigo lo suficientemente obscuro para atacar al cuerpo a través de la mente.

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 Hard Candy evoluciona en su estructura para darle un giro totalmente dramático al personaje principal, transformar precisamente un caramelo a una bola plomada con púas y tragar así, sin más preámbulo o aspiración más que contener el aliento, dejar que vaya resbalando por la garganta. Moncada rescata la esencia del texto original y hace énfasis en los guiños que indiquen un giro de tuerca grave, es fiel al cien por ciento y solidifica los diálogos para no dejar ir la tensión creciente.

 Pardo y Mandujano proponen respetar en casi total integridad la visión que Slade apunta en la versión fílmica, sin embargo no significa que den una copia fiel; Empero, en este lado de la mesa podemos encontrar una cercanía ligeramente menos violenta a nivel de imagen viva, cargando el elemento a cuadro en los tonos actorales apuntados y la correcta lectura del texto.

 Los actores convocados son sin duda el punto de partida inicial para tomar esta reposición como un ejemplo perfecto de ver la misma obra pero dejando dos sabores distintos. Cuando el elenco original, sin duda la tensión se podía cortar con un cuchillo en el aire, la necesidad de venganza se olía, a lo que este elenco responde con similares: desesperación y desesperanza.

 Begoña Narváez es sin duda una grata sorpresa, la actriz logra diferenciarse totalmente a sus predecesoras para construir una Haley que lejos de dar un giro de 360 grados y quitarse una máscara de niña buena, declara sus acciones extremas como parte de su identidad única. Narváez no da un salto de víctima a depredador, sino que es totalmente esta última pero con matices que se acumulan de una sonrisa coqueta a tortura con un tono de voz alegre. ¿Pudiera criticarse tal vez que no está haciendo lo mismo que Tessa Ia o Ellen Page? No, puesto que apuesta por una versión casi cristalina.

 Esta bocanada de aire fresco que los directores logran con su protagonista los orilla a dar otro enfoque al rol masculino, dando como resultado que Rodrigo Cachero aparezca con un personaje por el cual es difícil sentir compasión, pero indudablemente genera empatía en su sufrimiento. El juego actoral dispuesto confronta a la audiencia al razonamiento de cuál válidas podrían ser las resoluciones que estamos viendo a través de la ficción si se aplicaran a la realidad ¿Podríamos llegar a sentir la más mínima compasión ante un pederasta?

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 Pese a que la fuerza del producto sigue siendo eficaz, hay un detalle que señala una situación de riesgo: el foro. La escenografía e iluminación de Jesús Hernández establecen un juego de perspectivas, puntos de fuga y planos que son bastante efectivos y atrayentes. El video hace presencia justificable y bien ejecutada. Prevalecen el rojo y el blanco con  un balance adecuado, pero los elementos ya mencionados que hacen aún más interesante la propuesta chocan al ubicar el aparato escenográfico en una distancia mínima al espectador, pierde profundidad de campo, con ello muchas sensaciones que dejan de ser perceptibles.

 Mi segundo pero va al rediseño de la imagen gráfica de la obra ya que este nuevo arte resta frialdad necesaria al personaje de Haley, incluso da un sentido de calidez mayor. Pero vamos, este factor no afecta al producto, bueno tal vez a la atracción de audiencias.

 No, no es una obra fácil de digerir y ahí va uno de los principales ganchos para asistir. La crítica social flota y permanece, acercarse con esta intervención es sinónimo de querer tomarla y ser afectado contemplando los riesgos y necesidades. Altamente recomendable.

La línea de la autoevaluación

“El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía.”

Anais Nin

¿Se acuerdan cuando los servicios de Hot Line eran lo que estaba en boga? ¿Alguno fue partícipe de la experiencia? Si la respuesta a ambas interrogantes es no, descuide, la puesta en escena a dialogar a continuación les refrescará la memoria y presentarán el concepto. Laíla de Renato Guillén llega al Foro Shakespeare a presentarnos a una mujer con un peculiar segundo empleo, uno vespertino que no interfiere con su jornada laboral de 8 horas, una contestadora en una línea erótica.

 Eulalia (Laíla para los cuates) es una oficinista de 32 años, con una carrera trunca y un montón de esperanzas que chocan con la realidad. Este personaje llega ante el espectador tras un arduo día de trabajo, dispuesta a  atender a todo cliente que pase por la bocina de su teléfono y escapar de la rutina, o de las quisquillosas llamadas de su madre, para ahondar en su soledad y en  la de los otros.

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 A lo largo de toda la obra, escucharemos el confesionario clasemediero de Laíla en busca de satisfacer a las personas detrás de la línea, ya sea con perversiones o tan solo momentos de contacto y entendimiento. La puesta se construye como un pretexto para, además de analizar la condición femenina ante la sexualidad, poder entender el significado del gregarismo entre humanos.

 Nuestro personaje será pintora frustrada, consciente de sus vanos esfuerzos por aprender se sus errores y erigirse fuerte sobre ellos entendiendo una posición de poder y mando, lo cual la lleva a dilucidar entre la realidad  en la que habita y que exige pagar las cuentas, sobre el imaginario colectivo al que da vida atendiendo a seres solitarios que desesperadamente tratan de hallar a alguien que entienda.

 Las personas que la contactan tienen miedo de sentirse rechazados, de no ser comprendidos, es ahí donde una mujer común y corriente, pero con una labor fuera de lo común además de ajena a los preceptos de la retorcida moralidad, se propone no juzgar a nadie, hilando las ideas que le arrojan mediante las reglas de acción y reacción del Hot Line interpuesto o más bien de las relacione humanas como tal.

 Saldré un momento del plano objetivo, para poder expresar entonces que  esta puesta me encantó. Me divertí mucho como espectador  teniendo una premisa previa muy vaga, me pareció ligera e incluso tuvo un buen efecto en sus aspectos sentimentales sobre mí. Volvamos a la visión crítica: El proyecto aunque aparentemente sencillo es muy ambicioso y desgraciadamente no logra consagrarse.

 Adriana Burgos es la actriz encargada de dar vida a LaÍla, si bien asimila el personaje  en general no logra desdoblarse en todas las caras que el propio texto le va pidiendo de una manera efectiva. Precisamente al atender una línea erótica los clientes cambian radicalmente de necesidades y aunque la actriz hace un gran esfuerzo por proyectar estas personalidades se queda pasiva ante la réplica en varios momentos, lo cual le va restando ritmo al total, dejándola pequeña ante un posible tour de force implícito.

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 Sumemos una falta considerable de timing en la primera parte, sostenida entre la actriz y el audio. El público escucha todas las llamadas que le hacen al personaje viendo la respuesta del mismo a las demandas, pero el desequilibrio en la interacción entorpece en momentos el diálogo, entonces se siente como si en vez de una línea directa escuchásemos el audio del enlace internacional de un noticiario.

 El audio mismo es el eje central, incluso a nivel escenográfico Laíla está confesándose sobre un diván (de calidad cuestionable) en medio  de la voz de su autoanálisis mediante cuadros que representan el espectro de sonido. Empero, la calidad del mismo es bastante pobre, los desniveles de acústica de cada “llamada” realizada por los clientes sobresalen problemas de popeo y estática. En otro aspecto los actores invitados a ser los clientes no están del todo correctos en los tonos necesarios para cada uno, hasta el punto que en verdad  algunos suenan más a una broma telefónica que a erotismo auditivo.

 Omar Quintanar dirige este desfile de personalidades que van permitiéndole al personaje encontrarse consigo misma en el momento que está para hacer el dolor a un lado recordando que pese a lo adverso está viva y cual canción ochentera “siempre vendrán tiempos mejores”. El mensaje es  entendible, honesto,  incluso hay una propuesta interesante al llevar la percepción del oído a la vista con un juego interpretativo en la iluminación, que queda a condición de su aprovechamiento en las áreas desfavorecidas antes descritas para ser más orgánico.

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 Pero en este caso no me perturba tanto pensar en que la obra sea de mediana calidad en su ejecución, pues tiene apuntes hacia una apertura de cambio y corrección que la encarrile más, permitiendo un desarrollo integral que controle entre otras cosas el espacio la intención, la intensidad, los estados o simplemente permitir desde la dirección el soporte de elementos que le den mayor soporte a la historia y a la construcción del personaje mismo. Hace tiempo que no me gustaba algo que no estuviera  necesariamente bien hecho, para ser honestos extrañaba la situación.

 Laíla quiere terminar el cuadro de su propia pintura, que la composición sea ideal y perfecta para ella misma. Está en proceso.

Entre el conejo y el diablo

Y entonces, triste, pero firme, perdóname, te ofreceré una vida ya sin demonio ni alucinaciones.

José Hierro

María mira a través de la ventana como Alicia hiciera a través del espejo, siguiendo el modelo se introduce en lo que espera detrás y de pronto se ve de nuevo en un lugar que le es familiar, dónde empieza a hilar fragmentos de la vida que dejó atrás junto a la que le espera. Para el personaje de Lewis Carrol ese sitio era el País de las maravillas, para María será su mente.

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 La Caja Fuerte del Foro Shakespeare entrega un producto de calidad escrito por Don Nigro, que lleva por título Una historia del diablo. María, protagonista de esta obra, es una joven violinista que comenzó una relación formal con su director de orquesta, pese al amor una idea se le ha metido en la cabeza: su novio le engaña. Así que se propone encontrar a la amante a como dé lugar, sin darse cuenta que en la búsqueda encontrará más cosas que la evidencien a ella misma en su situación actual que a la traición de su pareja.

 Cuando comienza la historia, los planos se rompen por completo, el sistema de la sala se altera, no solo la actriz está a distancia mínima de uno, su historia se vuelve nuestra, somos cómplices. Don Nigro nos narra una búsqueda bizarra e idealizada, que se cocina bajo la tesis de la nula creencia en Dios, para dar la misma al Diablo: María no cree en Dios, pero sí cree en el Diablo, en gran parte porque su madre lo hacía y tal vez ella creció  bajo ese trauma, pero las señales que le advierten la maligna presencia cada vez son más fuertes, ¿Cómo negar algo que se hace presente?

 El monólogo que el autor escribe confronta la posición del ser humano ante su sistema de creencias y valores cuando su paz está en juego. La mujer mira a su interior para contarnos una historia, que ella conoce con señas claras, sabe los quiebres que vivió. Más tal como Alicia, María seguirá los consejos y atenderá las inquietudes de su principal cómplice: un conejo de felpa que disfruta de cantar y ser elegante, para mantenerse fiel a su exposición y dejarnos saber de su investigación en amplio espectro de los hechos reales y los que pasaron por su mente.

 Me gustan las direcciones de Itari Marta pues siempre buscan esclarecer un embrollo a partir de la construcción y con atención a detalles al máximo, y esta historia no es la excepción. Marta toma al personaje de Nigro para acercarlo lo más posible a una sociedad mexicana que lo comprenda, sin dejar a un lado la naturaleza delicada y de actitudes  estadounidenses. La directora delimita a su actriz y le otorga el poder del movimiento suave para conducirse  y crecer su fuerza a una explosión intensa dentro de un espacio muy pequeño. El ritmo propuesto es lento, difícil de digerir si no se tiene la mente en blanco, pero apuesta y propone, cuestión que da frescura a su formación.

 Osada y campante, María se da el lujo de alterar la narrativa de su historia, desprende la linealidad para mostrarse como un ser humano de pensamientos complejos y revueltos sin mayor escala objetiva o de importancia. La dirección nos presenta la ambición mezclada con el traumatismo. A fin de cuentas no era la protagonista la del problema de creencia al diablo, era su madre, pero ahora ella trata de encontrar esto como un justificante a cada paso que da, en cada objeto que la rodea.

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 La caja fuerte (nombre del espacio dónde sucede el montaje) se transforma Y ambienta (por obra de Hilda Palafox y Karla Balcázar) a un rincón de recuerdos, entre partituras, la vajilla, una caja fuerte, un juguetero, un piano viejo, etc. El ambiente se transforma con efectos mínimos y propone una introspección aún más grande a la mentalidad sumida en un desesperado rojo con tonos contrastantes a juego.

 Podríamos darle bastantes lecturas a esta propuesta y cada una sería de igual profundidad a la otra. Por una parte la aprehensión, por otra la crítica social, seguida por la búsqueda de la identidad, la repercusión de la palabra, el nicho familiar, etc. Sea cual sea la que el espectador elija dar, logra cubrir aspectos de lógica y ritmo con prestigio. Una vez más Itari Marta presiona a gran escala los elementos e imágenes que el autor proporciona para poder lucir y apoyar a su actriz, mientras a obra entera juega con la realidad para mostrar la dependencia existente entre la  moral y lo prohibido.

 Tato Alexander evoluciona completamente en escena. Nos lleva por las variantes de la postura de su personaje ante la realidad y su pasado. La actuación de la actriz permite la complicidad del público, es dulce y violenta, franca y natural. Podría decirse que va de sosa a frívola, pero todo depende del cristal con que se mire. Para interpretar una escalada tan arriesgada y profunda, Alexander ejecuta muy bien su trabajo y transmite cada palmo.

 Una Historia Del Diablo representa a una mente trastornada en proceso de asimilación, si bien se construye como atrevida y hasta por momentos entrañable, aprovecha la condición del título para volverse oscura, rompiendo con cualquier signo de predictibilidad.  Altamente recomendable.