Lecturas Compartidas: Juan José Arreola

“Creo que esto no se acostumbra: dejar cartas abiertas sobre la mesa para que Dios las lea.”

Hoy en día, todos sabemos que la cultura literaria en México está por los suelos. Nos lo dicen encuestas, estudios, artículos en los periódicos, notas en la red, e incluso las propias campañas de fomento que tanto pasan por la televisión.  Así, mientras caminamos por las calles de nuestra querida ciudad, observamos el paisaje obvio de espectaculares y anuncios mercadotécnicos que apuntan a toda clase de productos incluyendo comida, telefonías etc. y muy rara vez (afuera de las librerías) observamos un anuncio de algún nuevo libro que esté a punto de lanzarse. 

Arreola-por-Rulfo

 Y aunque de cualquier forma, también se ha señalado un aumento en los grupos de jóvenes y adultos con nuevos hábitos de lectura a lo largo de los últimos años,  desafortunadamente con ellos llegan a colación toda una serie de interrogantes que ponen sobre la mesa nuevos parámetros en la percepción de la clase de “lectores” en México.  En lo particular, el problema más preocupante se encuentra en los contenidos. Porque seguro nos ha tocado ver a muchos jóvenes adolescentes sosteniendo un libro de autores como John Green, Stephen Chbosky, James Dashner, Suzzane Collins o J. K. Rowling. Y no es que haya un verdadero problema con eso (ya que por algo hay que empezar ¿no?), lo que sucede es que la mayoría de los jóvenes que leen a estos autores, se quedan en el mismo círculo de libros, historias y contenidos que representan la mala calidad de la literatura. Estancándose  e incluso despreciando a autores representativos y de “grandes vuelos”.

 En todo caso generar una buena y amplia cultura literaria, nos lleva toda la vida. Entrar e ir subiendo en las categorías de lectores por obligación, por gusto, por hábito,  y por habilidad, es básicamente una tarea que requiere de disciplina, concentración, rigor y mucho pero mucho amor al arte de las letras.

 Es por esto que surge esta nueva sección en Chulavista La Revista  llamada Lecturas Compartidas, donde buscamos justamente compartirles a todos ustedes las obras de diferentes autores que representen un gran ente en la cultura literaria de México y el mundo, a través de la web y de manera gratuita. Con lecturas rápidas que no nos quiten demasiado tiempo (y no nos cansen demasiado al estarlo leyendo desde la computadora), como cuentos, relatos, poemas etc. con el fin de iniciar a nuevos lectores con las obras completas de los diferentes escritores que se verán aquí.

 En esta ocasión toca el turno del escritor mexicano Juan José Arreola. Nació el 21 de septiembre de 1918 en Ciudad Guzmán, Jalisco (Zapotlán el Grande), y murió el 3 de diciembre del 2001. Fue un escritor, académico y editor mexicano.  Publicó Varia invención (1949), Confabulario (1952), La hora de todos (teatro, 1954), Bestiario (1958), La feria (novela, 1963); su última obra escrita, La palabra educación (1973), es una recopilación de sus intervenciones orales.

Juan JosŽ Arreola

 Recibió numerosas distinciones, como el Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1976, el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Nacional de Programas Culturales de Televisión o la condecoración del gobierno de Francia como oficial de Artes y Letras Francesas.

 Sus cuentos tienen la característica de adentrarte por completo en un mundo nuevo y diferente que sólo por coincidencia se parece un poco al nuestro. Despierta olores, sensaciones y emociones imaginarias de lugares fantásticos, con personajes totalmente fuera de serie que te hacen volver a tu niño interior, cuando imaginabas absolutamente todo con una claridad auténtica.  Aquí te pasamos 10 cuentos para que te sumerjas en un su imprescindible universo, o si lo prefieres una antología para descargar donde recoge sus cuentos de sus obras Confabulario y Bestiario.

1.- El Guardagujas (Borges dijo alguna vez que éste cuento figuraba entre los mejores del siglo XX.)
2.- El Rinoceronte
3.- De Balística 
4.- El Silencio de Dios
5.- La Canción de Peronelle
6.- Parábola del Trueque
7.- Un Pacto con el Diablo
8.- Eva
9.- Monólogo del Insumiso 
10.- Pueblerina

Antología de Cuentos 

 

Originally posted 2014-05-22 03:00:14. Republished by Blog Post Promoter

Ideas vestidas: Baudrillard y Monsiváis

Eso de la “cantinfleada” se les da a todos. Es más fácil decir nada con muchas palabras; es más divertido insinuarlo y que los demás entiendan lo que quieran. Si les gusta, lo compran, y si pasa lo contrario, también. Ya decía Carlos Monsiváis que si se trata de pasarla bien, los espectáculos dejan de ser buenos o malos y se convierten en arte a la medida del bolsillo.

Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis

 Propiamente dicho, el espectáculo se llevaba a cabo en las fiestas familiares y debajo de las lonas o carpas improvisadas de la calle. Los espectadores de dichos actos salían doblemente muertos y, por otro lado, salían con un nuevo motivo para sentirse gloriosos y felices. Quiero decir más muertos porque no sólo sentían deslomarse de la risa con los chistes propinados por el artista de barrio (a razón de que “callejero” representa otro nivel), sino también muertos de hambre, simplemente porque así es la costumbre del pobre.

 Lo que ellos nunca supieron, ni sabrán, es que a pesar de la carencia intelectiva de la función, nunca fueron estafados. Nunca. Los pobres, desde la incomodidad de la silla rota, pagarían poco por mucho de poco. Los pudientes, bien acomodados, pagan mucho por nada de nada. Ahora, si sólo desde las palabras podemos ser justos: la nada ya es algo. El rico juega a entender al mísero vecino desde las galerías. Quiere ser como él, pinta por él, canta por él, escribe por él, protesta por él.

No se trata de una burla ni de un juego hipócrita; por el contrario, se alude a una conciencia mutada y revertida. Esa sensibilidad artificial rompe con todos los esquemas vanguardistas. Rompe, pero no construye.

 El nuevo espectador oscila entre dos vertientes completamente opuestas; tiene que dejar de ser para luego no saber qué es lo que es o debe ser. La fragmentación entre artista-obra-espectador se traduce al ideario inocuo propio de nuestro tiempo. El arte ya no genera un discurso. La obra desarraiga el orden de espacio-tiempo; es decir, se perturba y se confunde la certeza de la comunicación. La obra no se sitúa ni maneja una percepción que nos identifique con la creación o con el artista. La obra y el artista se contradicen.

 Las ideas están vestidas. Vestidas de manera estrafalaria, desproporcionada. Dejan ver todo lo que no es. Por ejemplo: la guerra. Todos aquellos que necesitan hacer algo, acuden a la guerra. Disfrazan de encanto blanco el discurso político, la poesía y la música, cuando irónicamente, lo que genera la hostilidad es la muerte anunciada por los ídolos confundidos. Proponen la rebelión para generar incertidumbre y unir a todo aquel que le dedique el tiempo necesario para cambiarle a la televisión o leer el encabezado. ¿Cómo es posible que la izquierda pueda ser derecha frente a un montón de dinero? Pues sí, así se pagan las prótesis.

Jean Baudrillard
Jean Baudrillard

 Sin darse cuenta, tanto la prensa como la política, se transfiguran en la bella dama aclamada; sin embargo, la señora del pueblo que surgió a partir de la nueva base del estereotipo anteriormente ovacionado, es atacada, denigrada y, paulatinamente, olvidada. El rechazo hacia el mismo reflejo se va dando a través de los años de forma involuntaria; cegados por el propio deseo de una vuelta a los orígenes.

La belleza viene callada; se dirige y nos habla con poses y labial barato. El sexo está perdido en el performance de la mera improvisación que solamente busca miradas y portadas de revista. El líder casado con la empresa más cercana, mata dos gaviotas de un tiro. La imagen está adherida a nuestra piel, tan tóxica como es. El arte se vende y se cubre de la luz hasta que alguien lo quema desde un libro mal escrito. Los medios son la guerra; matan y acusan al artista de barrio que actuaba bajo la lona improvisada. El amor sigue sin existir hasta que alguien lo vea.

La imagen, los medios, los líderes, la belleza, el sexo, el amor, el arte. Víctimas de la confusión.

 ¿Cómo actuaría la señora del pueblo si se enfrentara a los principios naturales?

Basado en los ensayos:

Todos somos transexuales de Jean Baudrillard.

Instituciones: Cantinflas. Ahí estuvo el detalle de Carlos Monsiváis.

Originally posted 2014-06-25 23:56:41. Republished by Blog Post Promoter

El simulacro de Borges

Quizá, gran parte de lo que somos, es lo que atina a un sí y a un no ¿Quién soy, quién eres?, ¿quién es quién y por qué es alguien? En comparación con la desmedida ventura del no fue, lo que sí fue, conforma una de las mínimas partes del universo de ser.

 La memoria tiene mil y un formas para manifestarse hoy, procurándose un asiento en el mañana. Recordamos para llorar, para reír y para arrepentirnos; recordamos para enamorarnos, para ser y, paradójicamente, para olvidar; pero, sobre todas las bondades y perversidades de una invocación, la más sublime es recordar para escribir.

Hemos escrito para morir.

 Llegamos a soñar con personas que fuimos y que aún somos. Intentamos interpretar cada uno de sus lenguajes al exponerlo ante alguien más. “Soñé esto y aquello…”. Nadie lo comprende, incluso uno mismo se queda perplejo. Los escritores hablan cientos de lenguas porque escriben su vanidosa quimera para que todos la entiendan. Son ellos dueños de la sortija.

 La literatura está plagada de recuerdos que arrastran traiciones y oráculos siniestramente descritos…o hablados. Así es. Para pocos, hablar es simular un texto en el aire.

“La memoria del hombre no es una suma; es un desorden de posibilidades indefinidas. San Agustín, si no me engaño, habla de los palacios y cavernas de la memoria. La segunda metáfora es la más justa. En esas cavernas entré.”
La memoria de Shakespeare

 Serán limitados; sin embargo, más de un autor tiene la capacidad o la gracia de hablar como se escribe, y de escribir como se piensa, y de pensar como se vive, y de vivir como se sueña, y al final, soñar como se esperaría morir: recordando, siempre con una sonrisa, que en la oscuridad se leen los cuerpos, y en el día, los libros.

Jorge Luis Borges descubrió de la noche que el verdadero paraíso se encontraba en su cabeza. Era para nosotros, aquel erudito, una biblioteca entera.

Ilustración: La Biblioteca de Babel
Ilustración: La Biblioteca de Babel

 Borges, al quedarse ciego, tan sólo deja de ver el color de afuera para ver como sopla el viento que está dentro. Su homenaje está en simular ese viento al hablar.

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

 Le leían y también él dictaba. Este hombre de letras hablaba sobre verdades etéreas con la suficiente humildad para proponer términos francos e insondables, propios. Su sabiduría era tan humana, que se atrevió a elogiar lo que muchos consideramos un infortunio y un castigo. Veía la ceguera en su experiencia, como una ironía; y las ironías, son sarcasmos elevados y directos.

 Aquel fenómeno le duró lo suficiente para aprenderse de memoria lo que alguna vez miró; duró lo suficiente para encontrar una humanidad totalmente diferente. El autor se descubrió a sí mismo y en sí mismo más enamorado del mundo.

 En el artista, se lee la maravillosa y compleja idea de encontrar  personajes distintos. En cualquiera de sus mundos y sus enciclopedias, se inventó su propio espejo negro rasgado de rojo y algún otro color que no alcanzamos a distinguir.

 Si no es él, es otro, pero es él.

Jorge Luis Borges escribió cientos de simulacros; nos está soñando.

“El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad.” Las ruinas circulares

Ilustración: Las ruinas circulares
Ilustración: Las ruinas circulares