Daniel Gómez Nates, una vida dedicada a la difusión del Teatro panameño

Daniel Gómez Nates nació en Ciudad de Panamá el 25 de Junio de 1964. Su infancia se desarrolló protegida por el yugo matriarcal, fue el único unicornio varón alzado firmemente entre una familia grande, entre una tolvanera de luciérnagas conformada por 5 tías, 5 hermanas, en uno de los barrios populares de la periferia, en el barrio de Santana para ser exactos, en una vecindad comunal llena de gente folklórica y espontánea. Mientras su padre, albañil, cimentaba nuevos muros blancos y nuevos techos perfectos; él y su madre, creativa y libertaria, atendían a las distintas radionovelas transmitidas por las emisoras de radio panameñas en esa época.

Es durante el cuarto año de primaria cuando tiene su primer acercamiento formal con el teatro, y es también ese día cuando elige el camino que su vida tomaría. Lobo go home, de Rogelio Sinán, es el carnaval escénico que lo haría interesarse definitivamente en las bellas artes. Con sus entradas y salidas de actores en escena, con sus vestuarios alegóricos, sus cantos y su escenografía desconstruida que ambientaba la obra de manera límpida y tranquila sobre la recuperación del Canal de Panamá. Sin embargo, es hasta el 15 de Febrero de 1981 cuando comienza su carrera de actor de manera concreta presentando El Crédito, una obra de teatro popular panameña de Juan Rivera Saavedra, con el grupo teatral del colegio donde demuestra sus aptitudes en escena. Hace su aparición primera en el teatro justo en el momento donde este arte escénico comienza a volverse novedad en Panamá.

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Iván García reabre la Escuela Nacional de Teatro y recibe una invitación de inscripción por parte de Roberto Mckay, Jorge Castro, José Ávila, entre otros, donde se inscribe y recibe su primer formación actoral formal y se enfila a la fama.

El teatro de barrio es llevado del brazo como un anciano al intentar cruzar la calle, o como infante sin más de tres idas al sanitario, de la mano de Daniel, para terminar en las grandes salas de un teatro adecuado y espacioso, presentarse ahí sin pena, con honor y con elegancia. Donde además es su primer trabajo de dirección teatral, pues, el director original, debe volar a Guatemala para participar en un torneo de ajedrez.

Su formación continúa en Costa Rica, debido a su perspicacia, consigue en 15 días exactos los datos necesarios y la plata justa para viajar y establecerse en la ciudad de Heredia. Es aceptado sin problemas en la Universidad Nacional del Heredia donde toma clases con Luis Carlos Vázquez, uno de los maestros fundamentales en su carrera artística. Permanece ahí hasta finales de 1990 y vuelve antes de las fiestas navideñas a su patria para retomar la acción artística y desarrollar el teatro en Panamá de inmediato, en los primeros meses de 1991.

Sus primeras presentaciones en Panamá fueron Prohibido hablar de sexo en esta casa, obra original del autor, Jardín de Otoño de la argentina Diana Raznovich, y Mi marido tiene otro. Continúa con producciones entre amigos, al hacer teatro de sala con el Grupo Tragaluz, en él se exponían grandes obras clásicas como Edipo Rey, Romeo y Julieta, las tragedias griegas, entre otras. Así mismo, promovió el auge del teatro al bajar los precios de las entradas, de este modo, todos podían ser usuarios tanto de las obras clásicas, como del movimiento de la época, despertando así el interés en él.

A lo largo de su carrera como productor, director de teatro y actor ha recibido distintas clases de galardones como el Premio Crispín Ovalle, el Premio Nacional de Teatro, por su trayectoria, y muchas más preseas como mejor director, obra del año, obra escrita, obra de teatro infantil, de los cuales la mayoría las ha recibido más de un par de veces y no ha cesado de conseguir desde hace ya 16 años al hilo. Actualmente funge como docente de teatro en la Universidad de Panamá y funcionario de desarrollo social.

– Daniel, un par de preguntas, tal vez, incisivas. ¿En qué se diferencia tu trabajo del de los demás directores, productores y actores actualmente en Panamá? ¿El teatro, hoy por hoy, es el que pone el pan en casa o lo hace una ocupación aparte?

– Creo que mi trabajo se diferencia de todos los demás en que yo he sabido usar los cambios violentos, los giros de 360 grados que ha dado la economía y la política en el país a lo largo de los años. Yo vaticiné con mis obras la vuelta de la democracia, me anticipé a la historia dando pasos de gigante y ahora los veo a todos desde lo lejos, desde el horizonte que se les ofrece como paisaje y al que caminan sin darse cuenta que a cada paso que doy me llevo a cuestas amontonado en mi equipaje. Y bueno, por la otra parte sí, el teatro da de comer, no te ofrece una vida de lujos y riquezas, eso es algo que el artista debe saber, sin embargo te mantiene con una vida tranquila y sin escasez de ninguna índole. Es un trabajo permanente y arduo. Al momento, en este año, presenté 7 obras como director y actor y produje otras 4 con otra empresa de teatro del país.

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– Como última pregunta, ¿De qué manera echas a andar la pesada maquinaria del teatro en Panamá? ¿Cómo lo promueves desde tu puesto y cuál es tu aportación?

– Pues nada, mira, esta es una carrera no de velocidad sino de resistencia. Deja de hablar y haz, ese es mi lema, el hablar te quita el tiempo, tienes que accionar. El teatro panameño vive un momento en el que debe establecerse. Ha sido un trabajo arduo a lo largo de los años, lo único que necesita ahora es consolidarse. Ahora, por la parte de mi aporte al teatro panameño puedo decir sin exageraciones que el 90% de los actores actuales han sido capacitados por mi empresa y obviamente por mí, de eso sí que puedo jactarme. Conjugo las visiones del teatro como artista y como empresario. Además de que trabajo con jóvenes de riesgo social y busco, por medio del teatro y la actuación, rescatarlos de la línea roja que pisan. Se trabaja, en mi empresa y aquí como funcionario de desarrollo social, combatir la transmisión del VIH, la violencia familiar y el machismo que se presentan regularmente en el interior. Ese es todo mi trabajo, eso es lo que yo hago.

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Librería Cultural Panameña, sesenta años de historia

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Puesto un pie dentro de la tienda no hay marcha atrás. Y es algo que puedes saber con solo voltear al techo de la librería y ver como por toda la orilla se encuentran pequeños rostros enmarcados, unos sonrientes, otros más huraños, pero todos apuntándote con sus ojos, clavándote la flecha incesante que es su mirada.Todos desplegados alrededor del punto más alto de las paredes, antes de tocar el techo, como un ejército de gárgolas vigilan desde las alturas cada uno de los pasos que das entre los libreros y los estantes.

Después de que la puerta cierra rápidamente, el sopor es abatido por la frescura del aire condicionado y todo vuelve a la normalidad. Las gárgolas no eran gárgolas, sino águilas hermosas que observan a los clientes desde las alturas, volando en los cielos de la librería como un soneto leído al viento con un hálito de filigrana.

P1040391Espacio compartido junto a los peculiares habitantes de las cimas de los libreros. Cientos de pequeños adornos de todo tipo como medallas, pipas, soldados, búhos, rifles, bustos, dibujos, esculturas, copas, botellas, banderas, cruces y dragones; forman una civilización nómada que ha visto las montañas levantarse. Y son ellos los que le brindan la atmósfera adecuada a la librería como para ir a vivir una aventura trashumante entre sus dehesas literarias.

Sin embargo, a pesar de tanta hermosura viviente entre sus pasillos llenos de literatura panameña, enfrentan grandes problemas en estos días. Y es cierto que después de mas de cinco décadas, 59 años para ser precisos, y tres generaciones acunadas y mecidas al vaivén del pasar de las hojas de un libro, se han tenido que enfrentar a distintos problemas. Han habido épocas difíciles como el cierre de tres sucursales, una en la Séptima Avenida Central a un costado del café Coca Cola o de la que solía ser la matriz durante sus años más memorables, cuando se hacían exposiciones de arte y tertulias, en las que se presentó Juan Jesús Franco, por poner un ejemplo, ubicada en avenida Perú, frente al Ministerio de Hacienda, donde se erigió un banco después de su partida en 1960, además de otra ubicada en San Miguelito.

P1040380A pesar del tiempo transcurrido, sigue fresca la herida del cierre de las otras tres sucursales, sin embargo, no queda lugar para la nostalgia, pues en este momento se enfrentan a otros grandes problemas: ventas a la baja, alquileres a la alza y el internet. Situación que pone en peligro a la única librería cultural que sobrevive en Panamá.

La Librería Cultural Panameña cuenta con características desconocidas para la gran mayoría de sus usuarios, incluso, quienes le dan mucho más valor que cualquier otra librería panameña. Hay justo en el medio de la librería un anaquel dedicado exclusivamente a la literatura nacional donde se pueden contar, sin problemas, más de un centenar de títulos distintos y en el que todas las novelas están rebajadas en un 5%, cuenta también con un sello editorial propio, llamado Manfer, en el que se han editado espectaculares libros panameños como Luna Verde de Joaquín Beleño C.

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Finalmente, con un par de secciones especiales: la sección de libros antiguos y joyas literarias, ejemplares agotados y primeras ediciones, además, la sección del anticuario, en la cual llevan cuatro años de duro trabajo en un sitio web que expondrá todos los más de 10,000 títulos almacenados bajo un ambiente especial y condicionado para mantener la integridad de sus portadas y sus páginas frágiles.

Si deseas hacer patria, panameño, te aconsejo una sola cosa: rescata tu librería, rescata a tus poetas y novelistas, que ellos siempre tienen preparada para ti, con sus páginas abiertas, una segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta casa.