El almacén de la imagen: el uso de la fotografía en el deporte (Parte II)

Las condiciones de vida se habían transformado después de las guerras mundiales en las que la tecnología había tenido un avance impresionante en distintos ámbitos. La producción de automóviles había arrancado desde 1908 con la creación del Ford T, lo que traería consigo una serie de consecuencias a nivel mundial, sobre todo en materia de comunicaciones y transportes. Pero también representaría cambios más sutiles, sobre todo en el quehacer el fotógrafo reportero.

Autor desconocido, Juan Manuel Fangio, 1953.
Autor desconocido, Juan Manuel Fangio, 1953.

 Las primeras carreras de autos tuvieron lugar a partir de la segunda década del siglo XX, así que para mediados de este siglo el automovilismo deportivo ya estaba más que consolidado. La carrera Panamericana celebrada por primera vez en México en 1950 es un claro ejemplo de este afianzamiento. Para cubrir un reportaje de este tipo de eventos ya era necesario un reportero gráfico más especializado. La historiadora Rebeca Monroy Nasr lo afirma en su obra Ases de la cámara, cuando menciona que “La habilidad de los reporteros gráficos se hizo evidente en el ámbito de los deportes: los knock outs del boxeo, las feroces bateadas del béisbol, la velocidad en las carreras de autos, las mortales cornadas de los toreros, etc.” Esto es relevante: el deporte ha puesto a prueba tanto a los fotógrafos como a la fotografía en sí misma.

 ¿Y en qué es significativo saber esto? ¿Cómo logramos ver las consecuencias de esto en nuestro presente? En la actualidad estamos viviendo una revolución en el mundo de la industria fotográfica, así como también de la fotografía, es decir, estamos atravesando por una transformación a nivel tecnológico, en las cámaras fotográficas, así como a nivel social e informativo, en cuanto al contenido de las fotografías.

Autor desconocido, Juan Manuel Fangio, Carrera Panamericana 1953.
Autor desconocido, Juan Manuel Fangio en la carrera Panamericana de 1953.

 Deportes como el BMX, el skateboarding, el paracaidismo deportivo y el rápel que tuvieron gran popularidad a partir de los años setenta del siglo pasado, así como el patinaje agresivo, nacido en la década de los ochenta, el ciclismo de montaña popularizado en la misma etapa, entre otros deportes extremos surgidos en este mismo periodo, han requerido de cámaras fotográficas mucho más avanzadas para lograr capturar escenarios que podrían ser difíciles de fotografiar.  Por un lado están los fotógrafos que se encargan de captar los deportes extremos desde tierra a manera de documento, pero por otro lado está el deportista como nuevo fotógrafo. Nuevos deportes requieren nuevas tecnologías para la creación de imágenes.

Autores desconocidos, Fotografías tomadas por cámaras GoPro. En la primera se puede observar cómo el equipo fotográfico está adherido al casco del deportista. La cámara forma parte de él.
Autores desconocidos, Fotografías tomadas por cámaras GoPro. En la primera se puede observar cómo el equipo fotográfico está adherido al casco del deportista. La cámara forma parte de él.

 A principios del siglo XX el reportero gráfico hacía uso de sus habilidades y del avance tecnológico de las cámaras de su tiempo para retratar caballos en movimiento. Ya para mediados del siglo se fotografiaban autos compitiendo en carreras deportivas; en la actualidad, la cámara se integra al cuerpo del deportista extremo, deja de ser sostenida y manipulada por la mano del hombre y se adhiere a la cabeza a través de un equipo especial que la sujeta al casco de estos deportistas. La cámara fotográfica se vuelve parte de ellos, y las imágenes se vuelven una especie de primera persona de la literatura fotográfica. Se deja de lado el trípode, no hay intermediarios, el deportista es su propio fotógrafo y a través de sus imágenes cuenta su propia historia. Algo parecido sucede con las fotografías secuenciales que se han popularizado mucho en el ámbito del deporte.

El snowboarder Sage Kotsenburg con el piloto Ken Block en los X Games de Austin, 2014.
El snowboarder Sage Kotsenburg con el piloto Ken Block en los X Games de Austin, 2014.

 La GoPro es la Graflex del siglo XXI. Si es que realmente se puede hacer una comparación técnica entre ambas cámaras, pero se trata más que nada de una comparación al nivel de revolución que ambas conllevan. Cámaras reducidas en tamaño que permiten un mejor manejo, cámaras pequeñas y ligeras que permiten tomas más arriesgadas. Sin embargo, la GoPro ya no sólo es utilizada por deportistas extremos que buscan capturar sus experiencias, sino que también comienza a ser utilizada por todo tipo de usuarios, viajeros, oficinistas, periodistas, reporteros, artistas e incluso fotógrafos para mostrar un poco de lo que hacen en su vida laboral (pública). Pero también para capturar y conservar aquellos recuerdos de su vida cotidiana (lo privado), las vacaciones, la luna de miel, el viaje. Es decir, también se usa para hacer un registro de aquello que se hace en el tiempo libre, de los momentos de recreación.

 ¿Se podría decir que el uso de la fotografía ha cambiado o que más bien permanece? Probablemente los temas a fotografiar puedan ser similares, sin embargo el uso que se hace de la fotografía y los modos en los que se hace en la actualidad difieren de cómo se hacía fotografía en los siglos anteriores. Los dispositivos móviles y la cámara GoPro han representado una revolución en muchos sentidos (a nivel tecnológico, de la información visual, de los usos de la fotografía, etc.) y todavía queda mucho por hacer en torno a la investigación sobre esta transformación visual y de contenidos.

Morgan Wade en los X Games, Austin, 2014.
Morgan Wade en los X Games, Austin, 2014.

 El análisis sobre la fotografía queda pendiente a los estudiosos del tema: comunicólogos, semiólogos, artistas, fotógrafos, críticos de arte, historiadores y sociólogos. Todavía queda mucho por hacer en cuanto al estudio de la imagen en nuestros tiempos y el papel de los estudios históricos cobra importancia cuando se trata del análisis y la interpretación de nuestro presente.

Originally posted 2014-08-27 09:00:52. Republished by Blog Post Promoter

El almacén de la imagen: Anthony Browne

Anthony Browne es uno de los escritores e ilustradores de libros para niños más reconocidos en el mundo, pues su obra está plagada de un estilo propio en el que hace ilustraciones surrealistas a partir de la técnica del realismo. Además, logra profundizar en temas sociales a partir del mensaje que dejan las ilustraciones: las relaciones entre padres e hijos, el vínculo que hay entre hermanos, en algunas ocasiones la falta de comunicación entre integrantes de una familia, la confianza y, en general, el comportamiento del ser humano.

Anthony Browne
Anthony Browne

 Anthony Browne se ha interesado por destacar el mundo subjetivo y alterno de los pequeños, para lo cual hace un efectivo uso de la relación entre imagen y texto. El trabajo de este ilustrador se ha acentuado por tratarse de texto en el que el autor muestra su postura ante ciertas cuestiones sin necesidad de mencionarlo explícitamente, es decir haciendo uso de las imágenes para exponer una crítica.

 La obra de Anthony Browne se destaca por un excelente uso de la acuarela, así como por impregnar sus libros con elementos de tinte surrealista en los que hacen eco la obra de René Magritte o Salvador Dalí. Browne se caracteriza por sus personajes simio, entre los que se encuentra Willy, un mono tímido y soñador. En el libro Willy el soñador, Browne introduce a este personaje al mundo onírico a través de imágenes surrealistas. De pronto vemos a un simio mirándose al espejo al estilo del Not to be Reproduced de Magritte. Lo vemos flotando entre las nubes, o visitando el paisaje extraño de la Persistencia de la memoria de Dalí.  Aunque existen elementos surrealistas, Browne aborda las imágenes de la manera lo más realista posible. Gran parte del éxito que tiene Anthony Browne radica en la estética visual de su obra, pues este contraste llama la atención de los niños.

Izquierda. René Magritte, Not to be Reproduced, 1937. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. René Magritte, Not to be Reproduced, 1937. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. Salvador Dalí, Persistence of memory, 1931. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Izquierda. Salvador Dalí, Persistence of memory, 1931. Derecha. Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.

 El trabajo del ilustrador británico se destaca por el constante juego entre palabras, ideas e imágenes. En su obra Willy el soñador, por ejemplo, hace una relación entre una corriente artística de la vanguardia con la cual intenta explicar los sueños de un pequeño mono llamado Willy. Dado que el surrealismo izaba la bandera Freudiana, sobre todo por la teoría de la interpretación de los sueños y el psicoanálisis, los sueños van a verse representados explícitamente en las pinturas de los máximos exponentes surrealistas. Pintar los sueños entonces significaría pintar símbolos culturales de los que no se podían eximir los surrealistas.

 Li Chung Yang menciona en su obra Recognizing the narrative art of a picture book: word- and- image interaction in Anthony Browne’s Gorilla que un sueño refleja la cultura, ya que en una cultura determinada la gente tiende a tener determinados sueños. En este sentido, Willy el soñador me parece uno de los libros más interesantes de Browne, pues no solo plasma en él escenarios y elementos típicos de artistas consagrados como Salvador Dalí y René Magritte, sino que al hacer soñar a Willy, Browne lo dota de elementos culturales de su propia época.

Izquierda. René Magritte, Ceci n'est pas une pipe, 1929. Derecha. Alusión de Anthony Browne a René Magritte en su representación de Alicía en el país de las Maravillas. Willy el soñador, 1997.
Izquierda. René Magritte, Ceci n’est pas une pipe, 1929. Derecha. Alusión de Anthony Browne a René Magritte en su representación de Alicía en el país de las Maravillas. Willy el soñador, 1997.

 Willy el soñador es un claro ejemplo de cómo se intenta introducir a los niños a la cultura occidental y al mundo de los adultos a través de la narrativa literaria y de la narrativa visual. Por un lado se presenta, por medio del discurso escrito, un listado de profesiones que son social y culturalmente aceptadas en la sociedad occidental de nuestros días. Aparece el papel del gran escritor, del pintor, del bailarín, cineastas, actores y músicos. Destacan como profesiones del buen ver aquellas que se desenvuelven en el ámbito artístico y cultural. A veces Willy sueña que es un pordiosero, lo cual no está bien visto y por ello Browne muestra a Willy con una cara triste, rodeado de basura y resaltado sentado frente a una barda de ladrillos.

Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.
Anthony Browne, Willy el soñador, 1997.

 La forma en la que Anthony Browne plantea estas conductas y formas de vida socialmente aceptadas en Willy el soñador es a través de la corriente del surrealismo en las que destaca el realismo como técnica pictórica. Precisamente, este libro puede ser fascinante debido a que presenta la vida de los adultos desde una perspectiva onírica. Los sueños entendidos como una ficción no están adscritos a una lógica pura, sino que más bien surgen del inconsciente. Por ello mismo, Browne coloca los sueños de Willy dentro de ambientes surrealistas, pues los sueños tienen que ver con el automatismo al que apegaban los surrealistas de la década de 1920 en adelante. Así pues, podemos observar la ficción del sueño a través de la ficción de la ilustración y la narrativa literaria de Willy el soñador. 

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