El Diosero

“Y ya tenemos ante nosotros al nuevo dios que ha brotado de sus manos mágicas. Es más basto éste que el anterior, pero menos hermoso. El lacandón lo eleva hasta la altura de sus ojos y lo contempla unos instantes; parece estar muy engreído con su creación.”

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No me atrevería a afirmar y decir que son pocas las veces en que se trabajan las letras de maneras tan profundas y, sobre todo tan mexicanas.Puede mencionarles algunos autores mexicanos que han sobresalido y marcado la literatura tanto en México como en América.

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Por ejemplo: Juan Rulfo, el mejor narrador que se nos ha ofrecido, tanto así, que se asegura que al escucharlo, parecía que se estaba leyendo uno de sus relatos; Octavio Paz, un “mexicanólogo” distinguido por la precisión de sus letras y su irrefutable erudición; Alfonso Reyes, uno de los intelectuales fundadores junto con José Vasconcelos del Ateneo de la Juventud, responsable de grandísimas labores en la difusión cultural; Fernández de Lizardi, escritor y periodista considerado el iniciador de la novela en América; Jaime Sabines, que sin lugar a duda es uno de los mejores poetas del siglo XX; Rosario Castellanos, Edmundo O’Gorman, Alí Chumacero, Carlos Monsiváis, Daniel Cosío Villegas, Francisco Rojas González…

 Éste último, gran escritor, cuentista y etnólogo galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1944. Entre sus múltiples obras –“La negra Angustias”, etcétera- la más pasional y aguda lleva por nombre El Diosero.

 El Diosero está conformado por 12 cuentos (“Hículi Hualula”, “Las vacas de Quiviquinta”, “La triste historia del pascola Cenobio”, por nombrar algunos) en los cuales se aprecia el remarcable ejercicio antropológico sobre aspectos sociales, políticos, religiosos -o quizá mágicos- dentro de ciertas poblaciones indígenas en nuestro país.

 Durante la lectura, se descubre el inquietante y complejo mundo de los otomíes, yoremes, huicholes, chinantecos, mazahuas; recorriendo grandes y pequeñas regiones, desde San Marcos Yólox, hasta Bataconcica, Tezompan o Nequetejé.

 La creación de escenas y detalles ligados a las raíces indígenas más puras y sinceras proporcionan una excelente forma para conocer y valorar culturas que se extienden desde el norte al sur.

 El gran problema al enfrentarnos a este tipo de lectura, atañe prejuicios y falta de conocimiento por nuestra parte. Sentimos que no pertenecemos ni tenemos algo que ver con aquellos indígenas que de alguna u otra forma, han participado en la historia y han moldeado el presente de nuestra tierra.

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 Anteriormente mencioné el descubrimiento de un mundo complejo. A decir verdad, más que complejo, bien podría ser desconocido.

 En uno de los cuentos, Rojas González escribe en la voz de un indígena huichol: “Nos es más fácil nosotros comprender el mundo de ustedes, que a los hombres de la ciudad conocer el sencillo cerebro de nosotros”. El autor nos permite entrever las dificultades que atraviesan los foráneos para introducirse al mundo indígena pero, ¿no será acaso que las dificultades se las ponen ellos mismos, los hombres de ciudad, justificando su egoísmo en la supuesta civilización?

 El Diosero es uno de los pocos libros que representan una fiel observación e investigación, inmersa de historia, fantasía y cultura mexicana. Los relatos presentan tramas que bien podrían ser situaciones reales, lo cual refleja que el autor conocía y abundaba bien sobre el tema.

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Ángeles Mastretta: Mujeres de ojos grandes

Caminan juntas cada que el tiempo les permite. Fue uno de esos días en que las suelas de los zapatos se desgastaron más de lo común, dentro de la plaza la multitud de gente producía cacofonías, pero ellas solo se sintieron atraídas por el acervo de papel y pasta convertidos en la expansión de quienes hicieron pluma. La de cabellera rizada miró una pasta en especial y sin dudar un segundo tomó el libro y leyó el título Mujeres de ojos grandes.

  mujeres_de_ojos_grandes 1Historias burguesas de la ciudad de Puebla, inspiradas por mujeres de una época rosa, donde casi todo era perfecto: familias adineradas, comida abundante, maridos ideales con futuros prometedores, pero, ¿qué podría hacerle falta a estas mujeres de ojos grandes? La aventura y los secretos más íntimos complementan la vida de cada una de ellas.

  Fragmento:

 “La tía Leonor tenía el ombligo más perfecto que se haya visto. Un pequeño punto hundido justo a la mitad de su vientre planísimo. Tenía la espalda pecosa y unas caderas redondas y firmes, como los jarros en que tomaba agua cuando niña…”

  Ángeles Mastretta nació en la ciudad de Puebla el 9 de octubre de 1949, ella es quien plasmó las líneas de esta obra literaria que refleja la realidad escondida de una sociedad sobresaltada al menor indicio de espontaneidad. Mastretta en estos pequeños cuentos puso en evidencia esos secretos que la sociedad intenta esconder, pero como todo buen sigilo siempre se revela.

  Ambas miraron con asombro el título, pero solo una lo llevó a casa. Admirada y embelesada por la pluma de Mastretta, se adueñó de las historias en su mente, pensaba en las miles de mujeres de ojos grandes que seguramente aún deambulan por la ciudad; en especial en dos mujeres que sin ser burguesas habrían pertenecido a las historias de Ángeles Mastretta.

AngelesMastretta-HomeEn los días siguientes ellas hablaron de Mujeres de ojos grandes, caminaron poco porque el tiempo no les permitió más, la de cabello rizado despegó con alas de metal hacia el país del dólar, mientras que los otros ojos grandes se quedaron firmes en la ciudad. Ambas prometieron volver a contemplarse, regresando los ojos grandes y la insoportable levedad.

  Fragmento:

“…Porque aquella noche, bajo la luna, el hombre le dio un beso en la nuca como quien bebe un trago de agua, y fue una noche tan lejos de la pena que nadie hubiera podido imaginarla como el inicio de la más mínima desgracia…”

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Lecturas Compartidas: Juan José Arreola

“Creo que esto no se acostumbra: dejar cartas abiertas sobre la mesa para que Dios las lea.”

Hoy en día, todos sabemos que la cultura literaria en México está por los suelos. Nos lo dicen encuestas, estudios, artículos en los periódicos, notas en la red, e incluso las propias campañas de fomento que tanto pasan por la televisión.  Así, mientras caminamos por las calles de nuestra querida ciudad, observamos el paisaje obvio de espectaculares y anuncios mercadotécnicos que apuntan a toda clase de productos incluyendo comida, telefonías etc. y muy rara vez (afuera de las librerías) observamos un anuncio de algún nuevo libro que esté a punto de lanzarse. 

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 Y aunque de cualquier forma, también se ha señalado un aumento en los grupos de jóvenes y adultos con nuevos hábitos de lectura a lo largo de los últimos años,  desafortunadamente con ellos llegan a colación toda una serie de interrogantes que ponen sobre la mesa nuevos parámetros en la percepción de la clase de “lectores” en México.  En lo particular, el problema más preocupante se encuentra en los contenidos. Porque seguro nos ha tocado ver a muchos jóvenes adolescentes sosteniendo un libro de autores como John Green, Stephen Chbosky, James Dashner, Suzzane Collins o J. K. Rowling. Y no es que haya un verdadero problema con eso (ya que por algo hay que empezar ¿no?), lo que sucede es que la mayoría de los jóvenes que leen a estos autores, se quedan en el mismo círculo de libros, historias y contenidos que representan la mala calidad de la literatura. Estancándose  e incluso despreciando a autores representativos y de “grandes vuelos”.

 En todo caso generar una buena y amplia cultura literaria, nos lleva toda la vida. Entrar e ir subiendo en las categorías de lectores por obligación, por gusto, por hábito,  y por habilidad, es básicamente una tarea que requiere de disciplina, concentración, rigor y mucho pero mucho amor al arte de las letras.

 Es por esto que surge esta nueva sección en Chulavista La Revista  llamada Lecturas Compartidas, donde buscamos justamente compartirles a todos ustedes las obras de diferentes autores que representen un gran ente en la cultura literaria de México y el mundo, a través de la web y de manera gratuita. Con lecturas rápidas que no nos quiten demasiado tiempo (y no nos cansen demasiado al estarlo leyendo desde la computadora), como cuentos, relatos, poemas etc. con el fin de iniciar a nuevos lectores con las obras completas de los diferentes escritores que se verán aquí.

 En esta ocasión toca el turno del escritor mexicano Juan José Arreola. Nació el 21 de septiembre de 1918 en Ciudad Guzmán, Jalisco (Zapotlán el Grande), y murió el 3 de diciembre del 2001. Fue un escritor, académico y editor mexicano.  Publicó Varia invención (1949), Confabulario (1952), La hora de todos (teatro, 1954), Bestiario (1958), La feria (novela, 1963); su última obra escrita, La palabra educación (1973), es una recopilación de sus intervenciones orales.

Juan JosŽ Arreola

 Recibió numerosas distinciones, como el Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1976, el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Nacional de Programas Culturales de Televisión o la condecoración del gobierno de Francia como oficial de Artes y Letras Francesas.

 Sus cuentos tienen la característica de adentrarte por completo en un mundo nuevo y diferente que sólo por coincidencia se parece un poco al nuestro. Despierta olores, sensaciones y emociones imaginarias de lugares fantásticos, con personajes totalmente fuera de serie que te hacen volver a tu niño interior, cuando imaginabas absolutamente todo con una claridad auténtica.  Aquí te pasamos 10 cuentos para que te sumerjas en un su imprescindible universo, o si lo prefieres una antología para descargar donde recoge sus cuentos de sus obras Confabulario y Bestiario.

1.- El Guardagujas (Borges dijo alguna vez que éste cuento figuraba entre los mejores del siglo XX.)
2.- El Rinoceronte
3.- De Balística 
4.- El Silencio de Dios
5.- La Canción de Peronelle
6.- Parábola del Trueque
7.- Un Pacto con el Diablo
8.- Eva
9.- Monólogo del Insumiso 
10.- Pueblerina

Antología de Cuentos 

 

Originally posted 2014-05-22 03:00:14. Republished by Blog Post Promoter

75 d.P.: Después de “El principito”

Por Jorge González

@SoyFish

 

Arranca un lunes normal en el planeta Tierra. Han pasado varios atardeceres, para los exactos corre el año 75 d.P. El sol ha salido y los niños, acompañados de sus padres, caminan lentamente hacia la escuela. Platican sobre temas serios, por ejemplo si la flor ha sido devorada por el cordero o si ésta se ha podido defender con sus cuatro espinas.

El horario escolar es completamente liberal, los niños eligen a que salón entrar. En uno, grandes lienzos con una gran variedad de pinturas están. Desde corderos hasta serpientes pueden dibujar, pues no se necesita explicar. En otro, los niños simplemente se dedican a cantar; abundan muchos más, para actuar, gritar, correr y preguntar, entre otros.

Por la calle la gente en bicicleta al trabajo va. Por allá van los científicos, algunos con sus turbantes, otros con gorras de muchos colores y unos más con sus pantalones fosforescentes. Se dirigen al centro de imaginación. Se rumora que en las últimas semanas han descubierto un nuevo color; sin embargo, hay otros que afirman que han tratado de contestar por qué las cebras tienen rayas.

En el teatro la nueva comedia ha sido un éxito. Sobre el escenario y con un marco en forma de televisión se observan dos personas con trajes extravagantes, los cuales desesperadamente no dejan de escribir números sobre sus hojas, ni de repetir que son hombres serios. Finalmente, uno de ellos, al resolver sus sumas, se pone de pie se quita el sombrero y grita: “Soy un hombre serio y por eso me debes de admirar”. A lo que el otro contesta “¡No! Yo soy un hombre serio y tengo más dinero que tú. Debes de admirarme”. El público no para de reír, mientras los personajes a golpes deciden quién es más serio.

En los últimos años la policía no ha tenido mucho trabajo, pues a pesar de la dificultad que implica, las personas se han encontrado a ellos mismos como su mejor juez. Aunque el presidente, primer ministro o rey siga siendo la figura de autoridad, se ha convertido en un amigo más de la ciudad porque ellas saben exigir a cada uno lo que pueden hacer.

Sin duda, la convivencia social es de lo mejor debido a que al crear lazos, la gente juzga por los actos y no por las palabras; saben cómo mirar y apreciar. Por los ratos libres, las personas van a los parques. Cada una de ellas tiene un lugar personal en dónde sentarse, pues ha sido ahí donde ha ocurrido algo importante, algo que hace especial a esa banca, árbol o escalón. A pesar de que a simple vista no lo parece, con el corazón de cada quien se observa lo esencial. Hay unos que van a admirar cómo las plantas empiezan a crecer, otros se destinan a escuchar, pero la mayoría se dedica a preguntar sin tener que responder; las explicaciones no son necesarias. Es este lugar donde se crean lazos, donde sin importar que quizá nunca más volverán a ver a esa persona, el tiempo pasará y su esencia siempre seguirá. Y aunque ese espacio sea ordinario para los demás, para alguien será especial.

Empieza la puesta de sol. Pese a que la gente pueda o no estar triste, deciden salir a observar cómo el sol lentamente se despide. Reflexionan, recuerdan y sonríen. Es un mundo donde a pesar de que juntos no puedan deshollinar volcanes, si pudieran lo harían. Aquél donded la mayor felicidad es que lo esencial siga siendo invisible a los ojos, porque se acordarán que con el corazón también se puede observar.

Originally posted 2012-08-07 13:00:54. Republished by Blog Post Promoter

De: Consejos para cuentistas

 

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El cuento es, dicho (y sostenido) por escritores el género más complicado de todos en cuanto a narrativa se refiere, me he servido pues, traer algunos consejos para quien adquiere recién el oficio o bien, para quien lo tenga ya adquirido y quiera de esto hacer un recorrido rápido para refrescar lo aprendido.

 A diferencia de la novela, en que se permite hacer gala de la extensión para clarear relaciones entre los personajes , entretejer, y permitirse insertar tramas e historias de estos y entre estos; el cuento por característica de brevedad requiere de la síntesis, de la claridad, de la genialidad.

 Uno de los grandes del cuento: Horacio Quiroga ( Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878- Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937)  cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, denominado maestro del cuento latinoamericano, nos ofrece estos consejos para el perfecto cuentista:

I.- Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II.- Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III.-Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV.-Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V.-No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI.-Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII.- No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII.- Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX.-No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X.- No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

 Dicho sea de paso: el talento aunado a la técnica nos confiere posibilidades portentosas de calidad, sea que se haga caso omiso o no, que se siga al pie de la letra o no, que se tome o se ignore, de la experiencia por ser experiencia debiera tomarse cuenta.

 

La peor señora del mundo

La virtud de los libros infantiles no la encontramos en la lectura de 5 minutos, lo “bonito” de las ilustraciones, o lo chistoso que nos parece. La verdadera gracia de la literatura infantil está en la enseñanza, la habilidad del autor para mostrar algo básico y hacer que perdure en la mente del pequeño lector y, lo más importante, crear el hábito de la lectura. Una vez que el niño toma el libro, no sólo disfruta la lectura, sino que aprende a pensar forjando un criterio que le servirá de base para el futuro.

La casa huele amargo, nada se encuentra en su lugar; la estufa está en el baño, la

La peor señora del mundo
La peor señora del mundo

 mesa en la sala y el retrete en el jardín. Pareciera que los habitantes son las moscas. Quizá me haya confundido con la distribución de las cosas, es que hay mucho humo, tanto que parece neblina. En una de las esquinas se encuentra ella o, ¿es él? Empiezo a ver desde sus pies. Zapatos negros y grandes, piernas peludas, el vestido le llega a las rodillas; sus manos son gordas y sus uñas están en punta, parecen cuchillos; los brazos, peludos; trae un zorro muerto en el cuello (creo que eso es lo que huele tan amargo); su sonrisa es horrible, ni parece sonrisa; trae un cigarro lleno de ceniza que cae sobre su regazo; sus ojos son enormes y despintados, parece que los trae inyectados, saca el humo por la nariz; y se ríe, se ríe tan fuerte que retumba hasta en el cielo…

 Si me preguntan cómo me imagino a La peor señora del mundo, algo así sería. Creo que es la imagen que la mayoría tiene. Un olor desagradable, uñas largas, cara espantosa y altura de gigante. Francisco Hinojosa, poeta y narrador infantil, se la imagino parecida, pero no igual.

 La peor señora del mundo era muy buena siendo mala, la peor. Era tan mala, que a sus 5 hijos (padre desconocido) “les pegaba cuando sacaban malas calificaciones en la escuela y también cuando sacaban dieces”. Un día, los habitantes de Turambul se cansaron de tenerle miedo, de su maldad, golpes y todo lo que provenía de ellas. Decidieron huir y dejarla sola sin alguien a quien golpear.

Francisco Hinojosa
Francisco Hinojosa

 Hinojosa, el autor de este cuento, es uno de los más reconocidos autores infantiles de habla hispana. Su trabajo se extiende desde la narrativa hasta el teatro, pasando por el periodismo y la divulgación cultural. Participó con la colección “Libros del rincón” para la SEP, así como “A la orilla del viento” del Fondo de Cultura Económica.

  Las ilustraciones corrieron a cargo del caricaturista mexicano Rafael Barajas, mejor conocido como “El Fisgón”. Personaje importante que ha colaborado en uno de los periódicos más importantes, “La Jornada”, y en la revista “El Chamuco”. Lo destacado de este caricaturista reside en el activismo político y en la participación para ampliar las libertades de expresión.

 La peor señora del mundo se adaptó a teatro y fue  puesta en escena en años anteriores. No solo es uno de los cuentos más leídos en México. El tema es orgánico y muy importante para los niños. A través de la lectura, se espera que el niño aprenda a solucionar conflictos dejando de lado la violencia.

 Dentro de los otros trabajos de Barajas como cuentista, cabe destacar El sol, la luna y las estrellas, La fórmula del Dr. Funes, Cuando los ratones se daban la gran vida, entre otros.

La música Concreta de Amparo Dávila

“Así pasó varios días, sin hablar, sin querer saber de sus negocios, sin importarle nada. Después, y casi sin darse cuenta, empezó, de tanto pensar y pensar en la muerte, a familiarizarse con ella, a adaptarse a la idea.” El Entierro

Amparo Dávila escribe acerca del miedo sin temor alguno, sobre la muerte a partir de la vida, de los hombres siendo mujer, y de las mujeres como si fueran todas una sola.

Amparo Dávila

 Sus cuentos son significativos para todo y cada uno que los lee. Dávila es el ejemplo desde 1950 –año de su primera publicación: “Salmos bajo la luna”- que la literatura es un río que se convierte en aire; es libre, es fluida, es vida.

 Música Concreta, editado en 1964–donde la misma autora y Alí Chumacero estuvieron al tanto de la publicación que realizó el Fondo de Cultura Económica-, es el tercer libro de cuentos de esta escritora.

 Consta de 8 relatos perfectamente narrados. La ambientación de dichos cuentos nos somete a la experimentación de las sensaciones de los personajes, por ejemplo: la asfixia, la desesperación, la confidencia con la muerte, la demacración del rostro, el odio, la bondad, la ingenuidad, la fatalidad.

“La mano de Sergio se apodera de unas tijeras y clava, hunde, despedaza…El croar desesperado empieza a ser cada vez más débil como si se fuera sumergiendo en un agua oscura y densa, mientras al sangre mancha el piso del cuarto.” Música Concreta

 Nació en Zacatecas en 1928. Fue galardonada en 1977 con el Premio Xavier Villaurrutia gracias a los relatos, publicados en el mismo año, que llevan por nombre “Árboles petrificados”; reconocimiento que ha sido otorgado a grandes figuras de la literatura mexicana, tales como Juan Rulfo, Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos, entre otros; también, en 2008 fue homenajeada y reconocida por el Palacio de Bellas Artes. Su literatura ha trascendido a nivel internacional y traducido a diferentes idiomas.

 La fluidez de su escritura resulta admirable; la fatalidad de sus cuentos bien termina por ser desconcertante sin dejar de ser maravillosa; sin embargo, mucho se han esforzado por catalogar la escritura de esta gran autora mexicana pretendiendo ubicarla en algún género.

 El aspecto onírico, la muerte, la obediencia, el amor, la locura…el ser humano. Ese es el género de Dávila. Busca y profundiza magistralmente sobre las diversas condiciones humanas –mujer y hombre- que atormentan y terminan por ubicarnos en una pesadilla donde no se encuentra lógica ni un fin.

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“Los ojos de Luciano me miraban fijamente, fijamente, como si quisieran traspasarme. Y yo ahí a mitad del cuarto con su corazón latiendo entre mis manos, latiendo todavía…latiendo…” El desayuno

 Así vive Carmen, protagonista de “El desayuno”. Despierta como si la muerte le hubiera dormido encima. Les intenta explicar a sus familiares la terrible pesadilla de la noche anterior, pero no lo logra. Soñó que se habían apoderado de la vida de Luciano. Pero, no despierta para sobreponerse, más bien despierta para darse cuenta que el corazón que tenía en sus manos fue lo suficientemente real…

Dávila respira entre la realidad y la fantasía. Quizá no sea ni una ni otra. Las pesadillas se sienten tan reales, que muchas veces cuesta trabajo escapar de ellas, vivir sin pensarlas; son pocos los que despiertan y se atormentan ante la presencia de una vida llena de delirios.

 Uno escribe lo que recuerda, lo que vive, lo que anhela e imagina, una mezcla de todos esos elementos. Amparo Dávila escribe y escribe y escribe…