La crónica como expansión del universo: Juan Villoro en el Villaurrutia

El pasado lunes 12 de enero de 2015, el Centro de Creación literaria Xavier Villaurrutia abrió puertas para recibir a Juan Villoro, aclamado escritor de actualidad, invitado por Josefina Estrada, cronista y narradora mexicana, para presentar el libro “Hay vida en la tierra” y hablar en términos generales del lado que lo identifica como cronista.

 Josefina Estrada imparte la materia de crónica al Diplomado en Creación Literaria, que tiene como parte importante del calendario de actividades el acercamiento de los escritores en ciernes con los de prestigio; entonces Estrada, que no escatima ni como cronista ni como maestra y que no es egoísta, echó la casa por la ventana y tuvo a bien llevar al escritor, no en una clase privada acorde al plan, sino como propuesta abierta al público y a prensa.

 La predicción hecha un mes antes, ante el conocimiento del arribo del escritor fue: “Se va a abarrotar” Y ciertamente, se abarrotó. Personas por todas partes, cámaras y Almadía con “Conferencia sobre la lluvia”, “Llamadas desde Amsterdam” “¿Hay vida en la tierra?” y demás listos para irse con alguien.

 La charla por demás amena, corrió entre anécdotas en que se recordó a Ibargüengoitia y a Scherer en complicidad con el público, en que se podía ver a un Villoro dueño de sí mismo y de los relatos contados, afianzado del pasado del que se sirve para explicarse, de lenguaje fluido y voz firme, cuando se le ve, uno entiende el hipnotismo que ha ejercido en incontables personas.

 Entonces habló de la necesidad de traer a cuento las pequeñas cosas de la existencia que finalmente son las que la constituyen, lo que pudiera pasar desapercibido, las pelusas en el ombligo, el calcetín que casi de modo inevitable se pierde en lo que bien podría ser un universo paralelo de calcetines perdidos, el México de los calcetines siempre viudos y esto recuerda a un poema de Cortázar:

Por grande que sea el mundo 
hay los recortes de uñas, las pelusas,                                                                                                               los sobres fatigados, las pestañas que caen.                                                                                               ¿Adonde van las nieblas, la borra del café,                                                                                       los almanaques de otro tiempo?”

 De la posibilidad de comparación, de mundos aparentes que no se tocan y sin embargo lo hacen, establecer relaciones entre lo que en apariencia no se reconcilia y nosotros que vivimos en un mundo por demás surrealista. En la necesidad del cronista de no moverse por el mundo sin gana ni asombro, sino con la mente activa, con la imaginación presente a un universo en expansión constante.

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Crónica: FIL Zócalo 2012 Parte 1

Por Hernán Flores

[Viernes 19 de Octubre 2012]

“¡Anda, maldito, metro! ¿Qué no puedes ir más a prisa?” pensé mientras el vagón se llenaba más y más de gente que ocupaba el espacio y no me dejaba leer con comodidad. Me estaba retrasando demasiado y debía llegar lo antes posible. Eran poco más de las 3:00 p.m. y no podía pensar mas que en dos cosas: 1) ¿Rosas y chocolates o cena romántica, vino y poesía? 2) Con un carajo, qué calor hace. Jamás voy a llegar. Después de una espera de varios minutos en cada estación -eran más de quince- y una fatiga insoportable después de comer más de ocho tacos de canasta y los apretujones, todos directos al estómago, que sufría de una señora gorda y rosada como un bombón, logré hacer mi camino hasta la FIL. Al fin -pensé-. Ahora sí, a trabajar.  Subí las escaleras del metro Zócalo tan rápido como pude. Fui corriendo a buscar entre todos los parajes que encontré, el primero que tuviera una silla libre para acomodar mi trasero dolorido y escribir con soltura.

 

3:30 p.m. Llegué al “Café Literario”, que da la espalda a 20 de Noviembre, como un niño haciendo un berrinche, un pequeño niño de brazos cruzados y sentado al borde de la banqueta. Era un escenario muy pequeño, pero bien dotado. Tenía sus tres pares de bocinas de tamaño considerable, una curiosa barra donde podías ordenar desde cafesitos desabridos hasta baguettes que parecían ser casi artesanales. En él leía Martha Gómez, una importante periodista española con un acento más que singular, algo exagerado. No conté más de treinta personas entre el público, de las cuales tres estaban roncando a pulmón tendido, sin embargo las que no lo estaban parecían fascinadas por lo que decía. Por eso y por tantas sillas disponibles para elegir, decidí sentarme a escuchar. “Aparte de la nota roja hay muchas cosas que contar”, decía Martha y explicaba muchísimos logros que Eufrosina Cruz había logrado hasta el momento. No entendía una palabra de lo que hablaban. Aunque a pocos minutos de haber estado sentado ahí me enteré de qué iba todo esto: la presentación de su primer libro Alas de Maguey, al cual dedicó más de cuatro años y trata de una indígena oaxaqueña, la famosa Eufrosina Cruz. Ella, decía Martha, a sus 34 años, había logrado cosas magníficas, como el voto para la mujer indígena o ser diputada para el PAN en su tierra natal. También habló del título original de la obra: La Lucha de Eufrosina por la Libertad Política de la Mujer, un título horrendo -pienso-. Eufrosina no pudo estar ahí por cuestiones de trabajo, sin embargo lo estaría en la FIL de Guadalajara. Leyó algunos fragmentos con un valor explícito en el campo de la narrativa periodística, si de esa manera puede llamársele. 3:55 p.m. Aplausos y más aplausos despertaron a los dormilones que seguían acurrucados en sus sillas y todos partimos en busca de algo mejor.

 

4:00 p.m. Merodeé unos minutos nada más, buscaba un lugar donde pudiera esconderme del Sol. La plancha del Zócalo más bien era un comal sobre el fuego y nuestras plantas ardían como pequeñas bolas de masa de harina cocinándose a una temperatura insoportable. Finalmente lo encontré. Era el lugar perfecto. Solitario y semidestruido, con basura por todas partes, como un corazón partido a la mitad. Me detuve a tentarme los pies ampollados y vi que estaban desplegados unos carteles a lo largo de toda la pequeña sala, eran diez y era una procesión de imágenes y textos donde explicaban el origen de la escritura, de la creación del papel, de la imprenta, de los libros, del libro electrónico, entre algunos otros. Creo que relucían mucho más los promocionales gigantes de las empresas que los imprimieron que lo que en verdad deseaban decir, una pena en verdad.

 

4:30 p.m. Caminé con paso vacilante y curioso por casi toda la feria, no buscaba libros, buscaba algo más que sólo eso, por estúpido que parezca. Caminé hasta que encontré algo curioso donde decidí detenerme a escuchar. Había un tipo con una guitarra eléctrica, una barbita envidiable y unas hojas recargadas en el atril que estaba justo en frente de él. Como en cada uno de los puestos y escenarios que había visitado hasta ese momento, no había mas que una que otra persona y la mayoría intentaban poner atención pero les costaba mucho trabajo. Éste escenario también estaba en excelentes condiciones, contaba con algo así como una escenografía, iluminación, también sus dos o tres pares de bocinas de buen tamaño y una tarima de más de un metro. Acomodé mi mochila, saqué mi pluma y mi cuaderno dispuesto a escribir con toda la comodidad que se siente cuando tienes una fila entera para ti solo, hasta que escuché a alguien decur algo así cómo: “Madera, madera, eco, eco, eco, eco” y “cobijarnos durante los temporales”, y pensé, rayos, -incrédulo- a ver qué tal la arma este ñor. Era poesía o bueno… sí, pues poesía podía ser tal vez, aunque el detalle de este intérprete, era que de su lomo colgaba una stratocaster hermosísima. Comenzó a cambiar las hojas, explicó finalmente que en definitiva era poesía y rock, y que por eso lo habían mandado ahí, al “Foro Multidisciplinario”. Leyó (¿Cantó?) un poco más de un par de poemas y su guitarra estaba forjada con todo el misticismo del reverb pero con una distorsión muy ligera, como de gruñido tímido. No estuvo mal, porque bueno respecto a eso de mal, mal, de lo que se dice mal, ¿Quién puede saberlo? Ya decía Rilke que no debes poner ni un poquito de interés en la crítica.

 

5:00 p.m. Comenzando con calma, caminando con cada vez menos sol a cuestas, decidí explorar la feria. Venga, ¿dónde te darán un programa para ver las actividades?- pensé ingenuamente. Después de intentar dar con un ayudante sin lograrlo por más de diez minutos me di por vencido hasta que volví al “Café Literario” y pregunté por un horario, programa o lo que fuera que dieran, pero me hicieron saber rápidamente y de una manera algo gruñona que este año no habría horarios mas que los colocados a la entrada de cada sede. Caminé y caminé mucho tiempo de la tarde, tanto que no me había percatado de haber perdido más de dos horas, pero en mis rondadas por la feria hubieron algunas cosas que me llamaron la atención: un androide, hecho de latas de aerosol de colores, tumbado en el piso tomando un descanso, con el cual todos se tomaban fotos, la nueva ubicación, ahora en el centro, debajo de una gran carpa, las editoriales independientes se resguardaban tímidamente del sol, a diferencia de los años anteriores que quedaban relegadas a un rincón como alumno castigado. Un foro hermosísimo llamado “Macondo” que hasta el momento, según yo, no había vislumbrado ni un sólo guitarrazo, ni un sólo timbre alto, una falla en los niveles de la mezcla, se mantenía expectante y ansioso por dar inicio a sus show diarios. Nada más que ver, esto parece Comala y yo no quiero estar entre fantasmas, mejor me largo.

 

7:30 p.m. Otra vez me veo reflejado en las puertas tambaleantes del metro y pienso ¿Cómo haré para entrar ahí? Se abren las puertas y empujo con fuerza. Espero no me roben la cartera.

 

 

Originally posted 2012-11-02 17:00:27. Republished by Blog Post Promoter

De cómo se vivió la Megaofrenda 2014

Fotografías por: Belen Kemchs.

Aunque los honores tomaron formas distintas en los inmuebles universitarios, dentro y fuera de la meca auriazul, la unificación de todo ello se concretó en la ceremonia de bienvenida a las almas que dio inicio en Ciudad Universidad con ensamblajes tempranos desde el día jueves por parte de las Facultades, Preparatorias y entidades institucionales que tuvieron presencia en la tradicional Megaofrenda.

 Esta decimosexta edición del Festival Universitario de Día de Muertos se anunció dedicada a la memoria, vida y obra de una de las más grandes figuras mexicanas, una de las más homenajeadas y por demás incorporadas en la cultura pop. Mujer que, si bien es genuinamente admirada como la artista, feminista y luchadora social que fue, es correcto también admitir la masificación de su imagen —en ocasiones tan obscenamente banalizada, vacua y falta de esencia real—, y su posicionamiento como ícono irrefutable de la industria cultural. Originaria justamente del sur de la ciudad, el 2014 es de Frida Kahlo.

En memoria de la artista mexicana, a 60 años de su muerte.

 Y es que fue diferente. Se trataba de la Megaofrenda y quedaba aquella idea de ver el conocido montaje en las dimensiones acostumbradas: área extensa, abierta, presta y a la orden de sus asistentes, como en años anteriores. El recinto dispuesto para este año fue el Espacio Escultórico de la UNAM que equivalía, por su naturaleza, a estéticas distintas y, aunque podía simbolizar el realce positivo de algunos elementos visuales, resultaba también un sitio menos adaptable y, sobre todo, sumamente reducido para la cantidad de visitantes que acudirían durante los cuatro días de duración.

 Pareciera que el fin de semana que duraría el montaje se dividiría en dos: las primeras tarde-noches se sentirían dedicadas a quienes habitan dicha casa, al estudiantado universitario que sabe hacer de ésta una digna festividad de tradición anual; y las últimas serían para los foráneos, para visitantes poco más lejanos de ese círculo que se dan cita al recinto en un ambiente familiar, muchas veces incluso acompañados con niños. El día domingo resultaba perfecto si ésta última era la intención de los asistentes.

 Aquella tarde los cientos de espectadores padecieron (padecimos) en grande la desorganización del evento. Con la ubicación del nuevo sitio que cobijaba el objeto de la visita, el acceso se dificultaba; ya no eran unos cuantos pasos desde la penúltima parada de la línea de metro más cercana, ahora la llegada se extendía casi a mitad de la ruta 3 del transporte interno de la Universidad.

 Las cuatro de la tarde y escasas unidades que pudieran darse abasto con el extenso aforo en espera de ser trasladado. Se advertía incluso desde ese punto que era “poco probable” que quienes recién llegaban, pudieran accesar al Espacio Escultórico —pese a que, aunque la previsión quedaba a consideración de los visitantes, no se especificó con antelación acerca de las filas ni tiempo de espera que tendría que cumplir el público antes de ingresar—. “El acceso será hasta las cinco de la tarde, pero tomando en cuenta a la gente que ya se encuentra formada, es muy poco probable que puedan entrar”, se dijo, cuando aún restaban cerca de dos horas para que concluyera el acceso al público, según la información oficial emitida inicialmente.

 Luego de la travesía pesarosamente concurrida, se conseguía ingresar, finalmente, a apreciar el montaje amurallado por aquellas imponentes piezas arquitectónicas que guardan en sí una soberbia conjunción ecológico-artística, cada una de ellas utilizada para evocar de distintas maneras los ejes temáticos del evento. La distribución de las ofrendas fue a lo largo del angosto corredor que se extiende por el perímetro del recinto aludido. Y sí, ya dentro se deja un poco de lo que pudiera haberse sentido desagradable hasta antes de ingresar. El ambiente es otro, la atmósfera cambia y se contagia el sentir común de compartir, allí, el tiempo y espacio.

 Colores por doquier. Los ojos de Frida en medio de la instalación, omnipresentes, y un “Viva la vida” dando la bienvenida y enmarcando el espacio. Rostros, papel, disfraces que aludían a la artista homenajeada, rehiletes, el color inconfundible de los pétalos del cempasúchil, calaveras y catrinas, réplicas de cuadros y toda clase de motivos en los más de cien altares que conformaron la Megaofrenda. Considerando lo que ha sucedido las últimas semanas en nuestro país, en algunos altares también se rindió tributo a los normalistas desaparecidos, un grito de vida dedicado a ellos, con espacios que incluían sillas en sus montajes, pupitres que parecían esperar ser ocupados, y frases como “Nos faltan 43”.

Viva la vida.

Al fondo del montaje, la ilustración de una Frida cegada y amordazada, en cuyas ataduras se distinguen leyendas como “Aquí en mi tierra, todos los días son de muertos”, “Tlatelolco”, “Atenco”, “Acteal”, “Wirikuta”, “Narcogobierno”, entre otras.

 

 La visita anual obligada a tierra universitaria concluye con el característico frío de la época, al caer la noche. En resumen, se vivió en un evento con poco menos del espíritu que se ha enaltecido en ediciones anteriores, con poco menos libertad y, valdría la pena rescatar, poco menos del libertinaje —al menos en las inmediaciones de lo que respecta en concreto a la Megaofrenda— por parte de los asistentes, propios y ajenos, que muchas veces desvían la intención original de este evento, aunque aún con el ambiente creado por los propios espectadores y el misticismo inherente de las festividades en cuestión.

 El ritual termina, las luces se apagan y las almas de los visitantes se despiden. Nos reencontraremos en noviembre próximo.

Originally posted 2014-11-04 09:00:47. Republished by Blog Post Promoter

Yo sólo quería ver el rosa: La pubertad y la cursilería


Caminaba entre sueños color rosa, imaginaba un mundo lleno de parejas felices y torpemente, crecí entre la cursilería que tanto me empeñé a ver.Yo nada más, quería ver mi propia película de amor, mi fantasía más conspicua, porque sapo o renacuajo…yo anhelaba que apareciera, total pues ni príncipe ni mendigo; faltaba a todas horas, desde siempre lo andaba esperando -seguro ya sabía- , pero no se dignaba a salir de su escondite.

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Crédito: Require Art.

 Cinco años, y veía con los ojos desorbitados las zapatillas de todos los colores que utilizaba mi madre – desde las tonalidades dulces hasta las más ostentosas-, veía como mis primas estaban enamoradas de su príncipe azul, como hablaban por teléfono con ellos por horas, cuando lloraban y los mandaban al averno, y también cuando fueron madres.

 Películas, libros, canciones…nada, absolutamente nada, se salva de la cursilería de tener a tu lado el mejor hombre del mundo, el que si tiene barba incipiente lo amarás, y también al que usa lentes fondo de botella y que te hará saber cuánto te quiere, total en gusto se rompen géneros.

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Crédito:Tumblr.

 No hablemos de las primeras citas, porque son temas tan controversiales. Labiales color mírame que la noche nos aguarda, perfume más penetrante que el olor de pápalo en el puesto de tacos, peinado de a Niurka Marcos, y en el peor de los casos el atuendo de la tesorito. ¿Cuántas veces no soñamos con el hecho de que nos invitaran a salir? El nerviosismo, las manos sudadas, la risa de niña fingida, los no me digas…yo también pienso lo mismo, las preguntas más obsoletas, los desaires más desagradables y un sinfín de historias están guardadas en cada una de nosotras.

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Crédito:Require Art.

 Adolescente, puberta, dueña del mundo – si mija, ándale pues-, amante de lo imposible.Creces, te maquillas, te depilas, te perforas, amas, te cortan , creces y creces. Todo un camino por recorrer, con dimes y diretes. Luis Miguel, Luis Fonsi, Ricky Martin, Chayanne, Reik son el elemento primordial para darle la bienvenida al enamoramiento ñoño, que si se cae el cielo…tendremos nuestro mundo, y que si te corta, ahora escucha las de Chente –lógica suicidio en vida-.

Scott Fitzgerald fue el autor de todos mis malestares amorosos, soñaba con West Egg, con ese gran caballero, con aquéllos días de ensueño de las big band, de los bailes de Glenn Miller, de la comodidad de tener a alguien a tu lado, de saber que no era tan absurdo el hecho de sólo pensarlo.

“El amor a la vida es esencialmente tan incomunicable como el dolor”

 Cartas de amor, el típico chico que se sigue y tú lo ves con el helado derritiéndose en tu mano, las burlas cotidianas – ahí va el que te gusta- , la fiesta de la amiguita, el ligue entre amigos, cupido por aquí y por allá, el delineado imperfecto con un brote de inmadurez por delante, la garantía por ser absurda de vez en cuando y sobre todo, de parecer que el mundo color rosa estaba cobrando vida; aunque era más oscuro que la noche misma.

 Ademanes superfluos, ideas vertiginosas, conceptos superficiales…no podías escapar de ellos, a menos que fueras una ermitaña sumergida en lo más recóndito de una habitación como lo era Harry Haller en el tiempo de los locos, de los que no entendían la vida ..mucho menos, la muerte en los tiempos que ya no importaba si estaba nublado o templado.

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Crédito:Tumblr.

 ¿Qué importaba? ¿Éramos chicas tratando de aparentar? Llega la prepa, y todo parece cambiar de vertiente. Pues, ya no era el peinado de Niurka Marcos, ahora era el de miss universo  (entre más relamido mejor) , maquillaje perfectamente reluciente, pantalones que a la fuerza ni los 20 kilos menos de tamales de exceso los harían subir, las pantorrillas mostrándose con medias que no dejaban nada a la imaginación y los niños ahora empezaban a tener barba y sentían que bailar la cumbia del gigante era lo máximo ; total …nada más le seguíamos el paso.

 Y ahora ya no es Ricky Martin,a la onda retro-vintage-chaca le seguimos la corriente, porque parecemos que no somos, pero somos la copia de cada estilo, de cada estampado, de cada delineado..de cada tendencia. ¡Bah! , de nada sirvió la cursilería en la vida de pubertad.

Originally posted 2014-09-24 15:22:08. Republished by Blog Post Promoter

Crónica FIL Zócalo 2012 parte 4

Por Hernán Flores

(Cuarta y última entrega)

[Domingo 28 de Octubre 2012]

4:30 p.m. El “Emperador de Xochimilco” golpeaba su bajo con furia mientras toda la gente a sus pies brincaba y coreaba el “Guachuguachea”, dejando ir hasta sus últimas reservas de aliento. “Los Bábara” sonaban en el escenario mientras yo brincaba y sonreía estúpidamente. ¿Por qué sonreía? No lo sé. Hacía mucho tiempo que no escuchaba un ska de esta calidad. Las trompetas revolvían en un vortex de notas el aire denso que flotaba en el escenario. La bandera colombiana ondeaba libremente como el papalote que tiende al viento un niño pequeño mientras corre por las calles. Los tambores eran aporreados y la gente sólo sabía pedir más y más. El escenario estaba repleto de gente que brincaba, bailaba y gritaba: “¡México dice no a la guerra, oe, oe!” Después de tocar un par de canciones más, porque el público no les permitiría irse dejando así las cosas, se despidieron calurosamente del Zócalo y prometieron que volverían pronto. Por si las dudas yo compré su disco y vengan pronto o no, yo los tendré sonando caprichosamente en mi biblioteca de iTunes.

 

5:00 p.m. Era el último día de la feria y yo no había comprado más que tres libros, “Arte y Poesía” de Heidegger editado por el FCE y un par de “Los Bastardos de la Uva”. Decidí sacrificar una hora de trabajo por una de placer y dedicarme a husmear en todos los puestos que pudiera, seguro algo me encontraría. Pasé por Hiperión, que era como una torre custodiada por un par de dragones sigilosos y cuidadosos poniendo los ojos encima de cualquier fardero que quisiera hurtar una de sus preciosas doncellas. Me fui. Encontré muchas cosas interesantes, “Celestino Antes del alba” de Reinaldo Arenas, que Héctor tanto me había recomendado, “La Conjura de los Necios” de Toole, uno de los suicidas más célebres que he conocido. Me encontré con Hesse, Lipovetsky, Capote, Gelman, una infinidad de libros de los cuales no me animé por ninguno.

 

6:00 p.m. Una serie de rechiflas al viento me hicieron caminar de nuevo hacia “Macondo”, mi escenario preferido. Iban y venían chicos cargando cables, conectando aquí y desconectando allá, mientras tanto las rechiflas no conocían el descanso. La presentadora intercedió por el equipo de staff, intentando detener las silbatinas pero lo único que logró con eso fue enardecer más al público y el huracán de chiflidos volvió con el doble de fuerza. Después de un largo rato logré conseguir una silla. Me senté e incrédulo y juicioso comencé a escuchar lo que comenzaba a sonar por el momento. Renee Mooi era el nombre del proyecto y al principio no los pude calificar más que como un intento de The Mars Volta, pero con menos vitaminas, sin la enjundia que los caracteriza. Sin embargo, el tiempo pasó, escuché “Snail”, “Apple”, un par de covers y “Libélula”, y los ladrillos de mi mente fueron derrumbándose poco a poco. Una gran banda después de todo, que mezcla el experimental, una pizca de elementos electrónicos y rock progresivo de una manera única. En la última canción un niño pequeño avistó unos cuantos globos de cantoya y rápidamente se lo hizo saber a todo el público, que dejando un poco de lado el espectáculo volteó simultáneamente como una única y gran cabeza que miraba pequeñas luciérnagas que subían al cielo y una que otra se consumía en llamas.

 

7:00 p.m. Todos empacaban ya sus libros haciendo cuidadosos conteos de cajas, libros, mesas, sillas, entre algunas otras cosas para dar por terminada su labor en ésta décimo segunda feria del libro en el Zócalo. Ya que no había nada más que buscar en los puestos, decidí visitar el único lugar al que no había ido en todos mis días de visita a la feria: el “Espacio Reguilete”. No me importaba qué hubiera, simplemente quería visitarlo y ver cómo funcionaba ese espacio. Tomé asiento en las últimas filas y comencé a escuchar a un lector recitar un poema que decía algo así como: “Hoy me dejas cual hoja al viento en silencio. Hoy estoy como árbol caído, como ave sin viento.” Y sencillamente decidí quedarme, ahora un poco más interesado, a ver de qué iba todo eso. Los recitales estaban acompañados de una guitarra acústica que solfeaba según la cadencia del poema y el aliento del poeta que lo recitaba. También apareció una melódica ocasional y un violín que tocó a la par que la guitarra. Proyectaron un video-poema titulado “El Hombre que Dijo Ser el Mar”. Una animación muy nostálgica y lenta que cerró con broche de oro esta noche. Me detuve en el puesto después de escuchar que habrían rebajas y compré tres libros de poesía y una botella de píldoras de “Pasiflora Poética”, como ellos las llamaban. Era un sencillo juego en el que desde tu interior debías hacerte una pregunta, fuera la que fuera, y una de las pequeñas píldoras rellenas con una frase literaria te la resolvería. Ingenioso, pensé. Terminó la presentación y los aplausos inundaron el escenario como la noche nos inundó a nosotros. Como dos largos y fuertes brazos tendidos que nos mandaba con una sencilla orden a nuestras casas.

 

8:00 p.m. La parte más fácil del trabajo ya está hecha. Espero no dejar todo hasta el final como siempre me pasa y poder volver a las andadas lo más pronto posible. Abordé en el metro junto con una que otra pequeña familia que fue de paseo dominical a la feria en vez de a la iglesia y me senté para descansar la espalda y leer un rato. Ahora sí, ¿En dónde me había guardado ese librito de Arenas?

 

Originally posted 2012-11-05 18:00:12. Republished by Blog Post Promoter

De: Rondas con los ornitorrincos de la crónica

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Leía un texto de Juan Villoro que cayó a mis manos, básicamente de disertaciones sobre la crónica, me resultó interesantísimo y decido entonces traerlo a colación. Al respecto del nombre que Alfonso Reyes concede al ensayo: “El centauro de los géneros” decide  Villloro nombrar a ésta “El ornitorrinco de la prosa”. Nos habla de las necesidades que de los otros géneros tiene, resumiendo en sus palabras:

De la novela, la condición subjetiva; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto; de la entrevista, los diálogos y del teatro moderno, la forma de montarlos, del teatro grecolatino, la polifonía de testigos; del ensayo, la posibilidad de argumentar; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona.

 Precisa que las influencias que sufre pueden ser llevadas a más y que justo en el equilibrio de no caer en uno con más fuerza que en todos los otros radica su existencia.

 Enfrenta la necesidad del uso de la imparcialidad y de la ficción para (cosa rara) entregar credibilidad al texto y por supuesto, ganas de continuar sobre las letras que le conforman, entonces si el texto fuera pura y llanamente el hecho, lo llamado la verdad aunque se sabe imposible por ser relativa, pero digamos pues, lo más apegado posible sin especulaciones, inclinaciones, aproximaciones, juicios de valor emitido, etcétera, no resultaría interesante, ni entretenida, al final el objetivo no se cumple, requiere del elemento.

 Entonces luego, existiendo la diferencia a tiempos  remotos entre los escritores y los periodistas, es decir con los que romancean con la verdad y con los que romancean con la otra verdad que nace de lo no verificable, de la posibilidad, creen los  unos  y los otros que se está mejor del otro lado, entonces así, escritores terminan escribiendo para periódicos por tener un cheque que les permita seguir con la narrativa. Se cuenta una anécdota en que el escritor que llega a su recién adquirido empleo como periodista y ve a la máquina de escribir como una suerte de pequeño ataúd donde quedarán sepultados sus ímpetus de escritor novato, y los otros por el prestigio, por lo que no se atreverán (en la mayoría de los casos) a tocar.

 Luego está la otra idea, de que los periodistas son, en realidad escritores frustrados, que no habiendo nacido con talento, ni con posibilidad de desarrollar, pese a los intentos la habilidad necesaria para la narrativa, terminan de periodistas escribiendo hechos crudos, sin la necesidad de desarrollar desde la imaginación y creatividad la trama, que es sencillamente, en sus casos, arrojada por la vida.

 En uno u otro caso se dice que no se debe servir a dos amos, y que la una sepulta la creatividad para la otra o que la otra genera imposibilidad para la primera, la verdad, claro, es relativa, es todo escribir al final, es la posibilidad de regodearse y de cruzar con habilidad y no con imprudencia y temeridad por las distintas posibilidades, ¿Que tal un escritor “todo terreno”?.

 

AL ABISMO, A LA INCERTIDUMBRE Y AL DESEMPLEO


Corría la noche y se sentía el frío bajo la Ciudad de México; las luces penetraban por los cristales del transporte público… las voces graves de unos chicos se escuchaban maldiciendo el tráfico, música de Universal Stereo, personas somnolientas y apesadumbradas; y algo en común compartían todas: El rostro desquebrajado.

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Crédito:Animal político.

 De lado derecho yacían preocupadas dos señoras que trataban de olvidarse del bullicio, pensando en sus problemas (regreso al laberinto); desempleo e infortunio fueron los temas que platicaban, cuestión que las hacía ver más demacradas y  desilusionadas de la vida misma.

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Crédito:El Universal.

 El desempleo, según datos recientes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económica (OCDE) vincula a México en el ámbito más catastrófico: Dos millones 681 mil personas corrían para que no les alcanzase y sin embargo, la nulidad de empleo  les otorgó su dictamen: Fuera, que ahora desempleo es su rey.

 –Cómo te fue mana? ¿Ya te pagan mejor? Porque la neta, así no vale la pena. Mejor ve buscándole, por lo menos un lugar donde no te prohíban que puedes comer y que no-exclamó la señora de cabello corto con tono apesadumbrado y benevolente, aunque no podía ni siquiera sostenerle la mirada.

 Pues qué te digo, me pagan $150.00 y no me alcanza para nada; pero al menos el patrón me regala cerveza Tecate de vez en cuando. Por eso no me quejo, es medio codo el wey  pero tiene sus detalles… a ver dime, ¿Qué patrón hace eso? Debemos ser agradecidas, total nadie me regala nada.

 Deambulaban entre esperanzas, sueños y un poco de desosiego, mientras que el señor que estaba a lado de la señora rubia babeaba de sueño sobre su hombro. Baches, mentadas de madre y el claxon a todo lo que da. Frases como no me alcanza el billete, mugre codo, pero no me ha corrido a pesar de mi tatuaje, estoy bien cansada, la comida es una friega; se escuchaban de par en par, mientras que el chofer balbuceaba un quítate idiota que tengo prisa.

 La preocupación del desempleo no sólo abate a un sector de la población, pero si alarma de sobremanera a los que más le chingan, a los que menos tienen, a los que doblan horas, a los que no tienen seguro…a los más jodidos.

 Si el pueblo hambre tiene, que busque chamba se dice, y que no encuentre resulta ser la bomba que constantemente hace su aparición. Desemplear, desechar es lo que padecen los que más necesidad de alimento tienen, porque señora desocupación no nos dice adiós, sólo da una patada y cierra la puerta para no abrirla por mucho tiempo.

 Rugía el motor de la combi, el señor ya había despertado con la boca seca y se oía el eco de Creedence Clearwater Revival y mientras las luces neón abrumaban el ambiente más de la cuenta, señora rubia canturreaba y hacía muecas constantemente.

 Pero el jefe, me dijo que trabajaría el Domingo y me pagaría el doble, a ver si es cierto…que yo ya no aguanto el olor a pescado y el caldo gallego que todos los días hago, me sabe a miados— platicaba con voz ilusionada.

 Pos, lo que tú quieras mana. Pero no te dejes engañar, ese señor ya te ha prometido que te subirá el sueldo desde hace cinco año— -reclamaba doña cabello corto, que ya empezaba a sentir calor y abría la ventana.

 Es que, las broncas en la casa no dan pa´ que me mueva; ya sabes puras broncas, a veces ya ni quisiera regresar y solamente irme muy a la fregada— decía con una mezcla de dolor y ansiedad.

 La tendencia en torno al desempleo, promete un futuro desolador y  oscuro, tan sólo en el mes de Julio se registró un aumento del 5.7% de personas que no tienen acceso al mercado laboral. Se ofrece mucho trabajo, se demanda poco y mientras los precios suben drásticamente al igual que las necesidades, mientras que los que más tienen no les preocupa la situación; guardan silencio y el descontento se escucha aquí y allá…la alarma en cada sector de la población se deja entrever.

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Crédito:Tumblr.

 La combi se iba desocupando y solamente estaban las señoras, con mirada perdida y sosegada. La de cabello rubio (la más apesadumbrada) masticaba chicle ferozmente y rascaba su mano, mientras que trataba de jalar la manga de la chamarra para tapar su tatuaje de la mano izquierda.

 El clima se mostraba un poco fatídico y nauseabundo, el malestar se había apoderado de todo el espacio y solamente, veía bajo su delgada ceja los ojos perdidos en quién sabe dónde, tramando como olvidar al mundo y ser solamente el pensamiento que tanto le inquietaba: Una persona que contara con seguridad en el empleo.

 Por segundos, deambulé en la inmortalidad del cangrejo y pensé que la conocía, tal vez porque era el rechazo al no querer ser pero someterse a, tal vez la vi pasar y hasta ahora encuentro a doña Mary (supe que se llamaba así porque doña cabello corto así la nombró).

 Pienso en desempleo y en el salario mínimo, y veo a mi alrededor personas que se inquietan por el desamparo laboral que persiste, garantizándoles y garantizándome dolores de cabeza seguros en los próximos meses, quizá hasta en los próximos años.

 Quejas y más quejas, y parece que todos nos hacemos los sordos entre sí, para olvidar el profundo abatimiento que nos corroe, pero mientras exista desempleo; nos patearán la nalga varias veces para decir  “Ey tú, sáquese que el otro es más apto, usted no por bruto”

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Crédito:Ibero 90.9

 $67.29 diarios que representan el salario mínimo, no equivale a mantener en casa una buena comida, ni siquiera un buen caldo de pollo podría hacerle frente a la necesidad de toda una familia; hace falta y más falta…mientras que hambre y necesidad se conjuntan para requerir más ingreso. Según datos recientes presentados en la Alianza del Pacífico, México ocupa el primer lugar a nivel Latinoamérica como el país con el nivel más bajo de salario mínimo. Y mientras más necesidad tenemos de salir del hoyo…el ritmo es más elevado y el empleo se va de nuestras manos, mientras que la preocupación se apodera por quién sabe cuánto tiempo más…

 Y por eso, sólo quedaba doña Mary, inmersa en sus propios deseos, en el deseo de buscar otro empleo porque el hijo de don César era un tonto que solamente se aprovechaba de la necesidad; sin importar que tan lejos viviesen, porque capear mariscos todo el día quemaba las manos y por ese maldito tatuaje, por culpa de ése, no podía salir a buscar otra chamba.

Una bienvenida, para despedir a Juan Gelman

PRIMERA LLAMADA

Te culparás por haber salido media hora más tarde. Carajo. Es viernes y el metro anda con una parsimonia de tortuga embriagada que te obligará a pensar que el cacharro anda inmóvil nomás para joderte. No importa. Saltarás de dos en dos la escalera. Rebasarás por el centro, la derecha. Saldrás a la calle. Rotarás la cabeza para orientar los ojos. El cielo te caerá encima. homenajejuangelmanjvl_0676b

 Seguirás de frente hasta la esquina próxima. Resoplarás una, dos, tres veces. Son las 8 en punto. Y cuando crees que nada podrá salvarte del atolladero, escuchas estallar el graznido de aplausos fuera de un edifico que dice “Teatro de la ciudad”, enmarcado por la fotografía gigante de Juan Gelman, con los ojos sonrientes.

 Irás sin miedo. Algunos jóvenes lanzarán papeles desde las ventanas del teatro y la gente hará lo posible por atrapar al vuelo algunos versos del bardo argentino de nacimiento, pero mexicano por vocación.

 De pronto, un hombre salido de entre el caos te sostendrá la mirada y asaltará tu atención: Un pájaro vivía en mí. Una flor viajaba en mi sangre. Mi corazón era un violín. Quise o no quise. Pero a veces me quisieron. También a mí me alegraban: la primavera, las manos juntas, lo feliz…, para perderse de nuevo por donde vino, sin dejar rastro.

SEGUNDA LLAMADA

 Encenderá un cigarro. Hará como quien extravió el tiempo y se acercará a ti para solicitar que, si por favor, le detienes el bolso. -¿Ya tienes tu boleto para entrar?-, te dirá desde sus ojos expectantes. –Sí-, responderás. Ahora extrañado por la atención de la desconocida. –Aquí está el mío-, lo elevará, victoriosa, en el aire. –Si tengo suerte quizá te encuentre adentro-, y arrojará el cigarro, ya sin vida, lejos de ti. No dirás nada.

 La urgencia te conducirá hasta tu silla. Burlarás el orden. Te escabullirás de los vigilantes y será tu asiento, tres filas tan sólo, frente al escenario. Antes de comenzar el acto se abarrotarán los palcos laterales. Y escucharás el sonido que hacen los versos al caer, mientras un grupo de jóvenes recita distintos poemas desde el último nivel de las alturas. Déjame adivinar, ya está pensando en el Altísimo. En ese caso, te equivocaste de crónica.

TERCERA LLAMADA

 El futuro se hará presente. Enmudecidas las luces, el silencio sube por los espectadores lo mismo que una serpiente al acecho. Las imágenes cobran voz y Juan Gelman empuña sus versos para presentarse a sí mismo:

 Las maravillas y miserias del amor / sus oscuros fulgores / sus catástrofes / caminar al filo de la pérdida / dar lo que no se tiene / recibir lo que no se da / el amor a la poesía/ a la madre / a la mujer / a la belleza todavía de este mundo… /

 1930. 3 de mayo. Nace el poeta en Bueno Aires, Argentina. Y ahora lo tienes, pequeño, a la puerta de tus ojos. Sucesión de imágenes que hilvanan las horas hasta la noche de hoy, donde el poeta continúa su poesía. Biografía. Poema. Biografía. Poema. Siempre uno detrás de otro. Retratos y palabras entrelazados por la memoria. La gente no habla ni un pelo. Los ojos son al frente.

 De pronto, las notas de un piano aderezan otro poema de Gelman. Liliana Felipe moja sus dedos en los mares de la melodía, y afirma con júbilo que gracias a la poesía de Juan aprendió que se puede vivir mejor. El público le aplaude con todo el cuerpo.

 Pasada la música, ahora se proyectan fragmentos del discurso que el poeta enunció al recibir el Premio Cervantes, en 2007. En el que señalaba que cada 3.5 segundos muere un niño menor de 5 años a causa de males curables. Y sin embargo, “allí está la poesía, de pie contra la muerte”.

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 Esta vez el tango adquiere cuerpo. La Orquesta Mexicana de Tango tensa los sentimientos de los asistentes que tararean la música con las manos, y sonríen a susurros, como cuando se canta para uno mismo. El acordeón sacude la sala. Los violines ondean a todo volumen. Los ojos bailan, bailan, bailan.

 Del tango al trío, hay sólo un hombre. Oscar Chávez en compañía del Trío los Morales continuaron el incendio con “Un corrido con aromas de milonga”, en honor a los años que Juan Gelman vivió en el exilio. Para entonces, el hombre a tu derecha canturrea la canción al oído de su novia. Y ella tiembla bajito.

 Se encienden las luces. Hombres, mujeres y niños se tallan los ojos. Menean la cabeza tratando de entender lo que sucede. Un hombre ataviado a la manera de Rudo y cursi –mitad cowboy-mitad-ranchero- alza la voz para anunciar el espectáculo de entretiempo:

 Y ahora, para su deleite, pensado 75 kilogramos y midiendo 1.75 metros, el terroooooor de los niños. En esta esquinaaaaaaaaaaaaaa. Habla arrastrando las palabras. Palabras como cadenas. Cadenas como huellas de dinosaurio indelebles en los oídos de los niños, que ahora se cubren los ojos atemorizados por la máscara de un diablo con la lengua de fuera.

 Incertidumbre total. Hay personas que no entienden. A tu izquierda, una mujer se levanta indignada y abandona la sala rezongando maldiciones contra quien se le ponga enfrente. El resto de la gente sonríe, se interroga, saluda y aplaude los giros de los luchadores. Sobre ti, alumnos del Centro Universitario de Teatro intercambian alegatos con los enmascarados eufóricos.

 -¡La tuya primero, che´chango plateado!-, interviene una mujer de entre el auditorio, sin dejar de aplaudir tan campante. Deambulan los gladiadores entre las filas. Obsequian libros de poesía al azar. El mundo abuchea, alienta, rechaza y recibe al mismo tiempo la trifulca de quienes vuelan por todo lo alto y bajo de la pícara escena.

 Vencida la euforia, pero no el entusiasmo,  el son jarocho se planta en el escenario para zapatear a lluvia de versos las coplas populares de aquél rincón mexicano. Argentina y México se abrazan en el grupo Son de Madera, que se adueña del momento para cubrir de algarabía el ánimo de los escuchas.

 -¡Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr´ja!-, grita, contagiado, el estudiante sentado detrás de mí. Y nada detiene, ni quieren detener su alboroto, reflejo puro de alegría en el acto. -¡Eso es todo, bailadooooooooooooooor. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr´ja,  bailador-, prosigue el joven, absorto en el ritmo del canto.

 La música no se detiene. Juan Gelman se va y regresa durante todo el espectáculo. Sonríe. Apunta con el índice. Fuma. Extiende los brazos. Saluda pero no se despide. Juan, Juan, Juan, interviene Mara Lamadrid, viuda del también periodista y, como él, argentina de cuna y cepa.

 -Agradezco el hacer posible esta fiesta. Me parece que Juan debió haber andado por aquí; en las fotos aparecen sus cenizas, entonces él debió haber aplaudido muchísimo, y se debe haber ido, porque él es discreto-, dice la mujer de cabello rojo como el cantar de Veracruz, que no cesa ni un momento.

 Así se despide de los asistentes. Sonrisas. Música. Versos cayendo en un giro interminable cubriendo de palabras el teatro. Cubriendo de poesía el instante. La música no se detiene

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ACTO FINAL

 La buscarás al salir. No conocías el número de su lugar, pero saber que no se ha marchado. Lo intuyes. No podrías explicarlo aunque te dieran un manzano para ello. Te abrirás paso hasta la entrada. Codazo. Zancadilla. Sonríes a todos lados y, sin esperarlo, sabes que encenderá un cigarro. Caminas hacia ella, pero ya no está sola. Alguien más le sujeta la mano.

 Ahora te culparás por no haber salido media hora después, para no tener que verte caminar hacia la noche, pero ese ya es otro cantar. Y no serás tú quien lo cante.