Danza: Emergencia Coreográfica

Programa
Emergencia Coreográfica

Temporada de obras cortas de coreógrafos noveles
Sábado 2 y Domingo 3 de agosto
Teatro de la Danza

Seis coreógrafos jóvenes del país exponen su proyecto artístico este fin de semana en el Centro Cultural del Bosque (a espaldas del Auditorio Nacional) con el principal apoyo del Conaculta.

 La presentación consiste en seis coreografías, que fueron elegidas a través de una convocatoria lanzada por la institución; lo interesante es la visión de los jóvenes que, con una propuesta creativa, muestran en escena su talento.

 La duración máxima de cada coreografía es de quince minutos en el que los bailarines se valen del poder expresivo de su cuerpo, lo anterior acompañado de un diseño de iluminación, musicalización, vestuario, entre otros recursos artísticos que refuerzan el contenido. Hay pequeños descansos entre cada una, lo que permite despejar la mente para cada presentación.

 Desde una situación cómica protagonizada por las piernas de dos chicas con tacones y reforzada por la sincronía expresiva de sus manos o una representación del concepto de ergonomía a través de movimientos erráticos, que integra la relación máquina, humano y ambiente, hacen de esta emergencia una opción interesante para ver este fin de semana.

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Emergecia Coreográfica

 Una Visita, Holografía de un Encierro, Atrozzozobra, Mientras Estoy Siendo, Behemoth y Obesos Soñaron Dragones son los títulos de las propuestas coreográficas que si bien nos dan una noción de lo que tratará cada una, el significado queda abierto al público.

 Dichas manifestaciones hacen pasar de momentos de divertidos a otros de hastío, lo que pudiera ser intención del autor; visualmente puede resultar atractivos que con pocos elementos  se creen ambientes óptimos, pero si gustas de la danza lo disfrutarás más.

 Bien vale la pena asistir para conocer la propuesta coreográfica que el Conaculta reconoce, así como las inquietudes de los jóvenes bailarines expresadas en escena. En general, cada coreografía posee características particulares que te pueden atrapar y hacer reflexionar sobre lo que se está tratando de decir.

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Emergecia coreográfica

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El almacén de la imagen: literatura y fotografía en Adela Goldbard

Uno de los nombres más reconocidos, por lo menos por fotógrafos y artistas, en la escena artística contemporánea en México es el de la fotógrafa Adela Goldbard (DF, 1979), sobre todo por tratarse de una artista muy joven que ha ido consolidando su obra desde hace poco tiempo. Goldbard ha sido beneficiaria, en diversos programas, de algunas becas del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes). Además en 2012 fue ganadora del Premio Centenario al artista emergente otorgado por zona MACO. Su trabajo, al igual que la de otras fotógrafas contemporáneas mexicanas tanto consagradas como emergentes, fue incluido en Mujeres detrás de la lente. 100 años de creación fotográfica en México 1910- 2010, una obra realizada por la historiadora del arte Emma Cecilia García Krinsky y publicada por el CONACULTA en el 2012. En ella se hace una revisión del trabajo de más de 100 fotógrafas mexicanas a lo largo de cien años.

Adela Goldbard, Lobo. Adela presenta una réplica de la camioneta lobo, pues, en el imaginario social mexicano, es la camioneta respresentativa del narco.
Adela Goldbard, Lobo, 2013. Adela presenta una réplica de la camioneta lobo, pues, en el imaginario social mexicano, es la camioneta respresentativa del narco.

 Adela Golbard tiene estudios en fotografía realizados en instituciones nacionales, entre ellas la Escuela Activa de Fotografía de Coyoacán y el Centro de la Imagen, así como internacionales, entre las que se encuentra la Escuela superior de arte y diseño en Sainttienne, en Francia. Sin embargo su obra no puede comprenderse sin revisar un poco de la historia personal de esta artista. En principio es necesario mencionar que Goldbard es egresada de la licenciatura de Letras Hispánicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Una vez dicho esto se puede entender mejor el hecho de que su obra como fotógrafa sea una constante dialéctica entre fotografía y literatura. Sin duda alguna, la interdisciplinariedad genera un discurso más rico.

Adela Goldbard
Adela Goldbard

 Así pues, la fotografía de Adela Golbard dialoga con la literatura y con otras formas de expresión artística como el video y la escultura, generando así nuevas realidades, nuevos y variados mundos posibles, que provocan un entrecruzamiento entre la realidad y la ficción. La literatura es considerada como el arte de la escritura, probablemente se entiende como la disciplina por medio de la cual se crean realidades ficticias y sólo eso. La fotografía, de la misma manera, ha fungido como ese medio por el cual el fotógrafo expresa o representa aquello que se piensa que es real, pero que no lo es. Porque, es necesario decirlo, la fotografía no muestra la realidad como se ha venido pensando desde el siglo XIX. La literatura tampoco la muestra, por ello mismo ha sido relegada, muchas veces, por las demás ciencias sociales que pretenden mostrar la realidad del pasado o del presente: la historia y la sociología.

 En ese sentido la interdisciplinariedad de la obra de Goldbard toma fuerza cuando pone en contraste el mundo real del mundo ficticio, en un intento por dejar de lado la separación, tanto en las disciplinas como en la dialéctica entre los dos mundos. Por ello, sus series fotográficas incorporan la puesta en escena como un elemento por el cual se entrecruza la realidad y la ficción. Trabajar con maquetas, menciona en una entrevista para Museógrafo TV, sería restarle ese toque de realidad.

Adela Goldbard, fotografías de la serie La isla de la fantasía, 2012.
Adela Goldbard, fotografías de la serie La isla de la fantasía, 2012.

 En esa búsqueda por fundir lo real de lo ficticio, Adela ha hecho uso de hemerografía al momento de pensar en sus proyectos, lo cual la guía en la senda de la investigación para definir y delimitar sus series. Tal es el caso de la serie La Isla de la fantasía, en la que busca reconstruir la realidad del pasado a través del uso de réplicas de aviones y una previa investigación sobre accidentes aéreos de funcionarios públicos. Se trata pues de hacer uso de la historia para reconstruir la memoria a través de la crítica por medio de la fotografía.

“Algo que para mí es importante en mi obra es cómo la ficción y la realidad parecen fundirse constantemente en nuestras vidas. De pronto me preguntan que por qué en escala natural si en la fotografía se puede un poco engañar al ojo en cuanto a la escala, pero para mí el trabajo que yo hago no es sólo un trabajo fotográfico, sino que es un trabajo en el que la cámara fotográfica o de video es importante como medio, pero que habla de la realidad en sí. Si yo trabajara con maquetas, no estaría trabajando realmente con una réplica de la realidad”.

— Adela Goldbard en entrevista para Museógrafo TV.

 Laura González Flores, doctora en Bellas Artes e investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, hace un análisis de la obra del Goldbard, que lleva por título “Del buen préstamo de las artes. On the road de Adela Goldbard”. En él expone una analogía entre la serie On the road de la fotógrafa y la nóvela homónima de Jack Kerouac, pues la mezcla entre literatura y fotografía se da cuando Goldbard hace su serie basándose en los paisajes por los cuales pasaron los personajes de la obra de Kerouac. En las fotografías el territorio tiene una gran importancia y los objetos cobran vida y sentido a partir del uso de iluminación. Los colores fríos del paisaje se mezclan con los colores cálidos de los objetos creando así un equilibrio a nivel visual. La lectura de González Flores es muy atinado, dejando ver que el paisaje en la obra del Goldbard representa un espacio social roto en el que se hacen presentes los conflictos que ocurren en nuestro país en la actualidad: el narcotráfico, la crisis económica, la corrupción en un territorio nacional lleno de Oxxos; los mismos Oxxos que el fotógrafo mexicano Adam Wiseman ubica como parte del imaginario social del y de lo mexicano.

 La fotografía de Goldbard tiene presencia en la escena artística de nuestro país no sólo por tratarse de proyectos fotográficos que artísticamente están bien logrados en cuanto a composición y otros elementos del buen uso de la técnica fotográfica, sino que el discurso sobre el que la autora sustenta su obra es lo que permite que haya coherencia y sentido en los proyectos. Así pues, Golbard es en mi opinión una artista completa, pues su formación como literata y cómo fotógrafa le ha permitido sustentar los temas que fotografía provocando que su ejercicio sobre la ella vaya más allá del quehacer artístico.

Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.
Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.
Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.
Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.
Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.
Adela Goldbard, fotografía de la serie On the Road, 2010.

Originally posted 2014-10-24 09:00:04. Republished by Blog Post Promoter

De cómo se perdió y recuperó el maíz

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Tu’til o bit’il-a tup’ te ixim sok te tut’il o bit’il cha’ jajch te ixime

 La tradición oral de los pueblos, de todo un país, conforma la riqueza del territorio, de la historia y, por encima de estos dos elementos, del individuo como miembro de una sociedad. Fue así, a partir del habla, que los hombres empezaron a soñar despiertos, a contar sus quiméricos pensamientos, lo imposible, sobrenatural y mágico de sus vidas: alma, mente, espíritu.

 Hablando, manifestando el poder del raciocinio con un lenguaje elaborado convirtiéndose después en una especie de rito las generaciones transmitieron saberes y conocimientos que hoy sustentan no sólo la cultura, sino la medicina, la astrología, la magia…

 La literatura, antes de ser, se manifestaba de manera oral. Contar una historia que se quedará impregnada no en las hojas de papal, sino en el viento…

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 ¿Qué no es acaso el arte una reverencia a la naturaleza? Es la musa que inspira; somos nosotros mismos los que nos llegamos a elogiar. Háblese de todas las expresiones artísticas de todos los tiempos. Sin embargo, es importante resaltar una de las primeras manifestaciones para preservar esa experiencia estética, esa duda, ese “ser hombre”: la mitología.

 La mitología es el principal elemento que se encarga de distinguir las civilizaciones. Indispensable es, pues, conocer las raíces de dichas sociedades para así, entender el por qué de lo que hoy somos, tanto de nuestra historia inmediata como la más vieja.

 Pensamos en dioses, creación, cosmología, Universo, hombre, naturaleza. Mitología griega, nórdica, egipcia, hindú, maya, etcétera. Fue (y es) ella, el más puro pensamiento; nuestra religión.

 A través de México y otros países de Centroamérica, las grandes culturas construyeron un imperio inigualable. Fue la cultura maya, una de las más trascendentes, hermosas, magistrales e importantes.

 La civilización maya, no sólo se extendió territorialmente, también esparcieron y tuvieron un alcance impresionante en cuanto a sus ideas y costumbres.

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Gracias a CONACULTA Y La caja de cerillos, nos podemos adentrar más a la mitología maya. De cómo se perdió y recuperó el maíz trata el mito sobre la relación entre los dioses, el hombre y el maíz, contacto vital para la cultura mexicana.

 Se encuentra narrado en español y en tseltal (lengua maya hablada predominantemente en Chiapas). Este libro, determinante para la literatura infantil y juvenil, cuenta con ilustraciones que evocan los esplendores de la época, corriendo a cargo de Jazmín Velasco.

 Esta versión de Ignacio Plá, empieza con los hombres descuidando el alimento primordial: maíz. Los dioses, al percatarse de dicha situación, deciden esconderles las semillas en una cueva. Es así como los hombres, desesperados, les piden ayuda a los animales.

Mural de Diego Rivera (fracción)
Mural de Diego Rivera (fracción)

 Una lección aprendida por los hombres para cuidar uno de los tesoros más preciados que la naturaleza les dio.

De cómo se perdió y recuperó el maíz no sólo nos deja ver la maravilla de la tradición oral maya, también permite que los niños se interesen por cuestiones que vemos tan lejanas, ajenas.

“Los hombres estaban desesperados. Sin maíz, se decían, no se puede vivir, es nuestra alimentación, nuestra base”

“Sojknax k’inal la ya’iyik te winik antsetike: Teme ma’yuk te ch’ul ixime, ma’yuk skuxlejalik te winik antsetik, jich ma’yuk skuxlejalik-euk te chanbalametik, xchiik”

Originally posted 2014-08-14 11:46:37. Republished by Blog Post Promoter

Una bienvenida, para despedir a Juan Gelman

PRIMERA LLAMADA

Te culparás por haber salido media hora más tarde. Carajo. Es viernes y el metro anda con una parsimonia de tortuga embriagada que te obligará a pensar que el cacharro anda inmóvil nomás para joderte. No importa. Saltarás de dos en dos la escalera. Rebasarás por el centro, la derecha. Saldrás a la calle. Rotarás la cabeza para orientar los ojos. El cielo te caerá encima. homenajejuangelmanjvl_0676b

 Seguirás de frente hasta la esquina próxima. Resoplarás una, dos, tres veces. Son las 8 en punto. Y cuando crees que nada podrá salvarte del atolladero, escuchas estallar el graznido de aplausos fuera de un edifico que dice “Teatro de la ciudad”, enmarcado por la fotografía gigante de Juan Gelman, con los ojos sonrientes.

 Irás sin miedo. Algunos jóvenes lanzarán papeles desde las ventanas del teatro y la gente hará lo posible por atrapar al vuelo algunos versos del bardo argentino de nacimiento, pero mexicano por vocación.

 De pronto, un hombre salido de entre el caos te sostendrá la mirada y asaltará tu atención: Un pájaro vivía en mí. Una flor viajaba en mi sangre. Mi corazón era un violín. Quise o no quise. Pero a veces me quisieron. También a mí me alegraban: la primavera, las manos juntas, lo feliz…, para perderse de nuevo por donde vino, sin dejar rastro.

SEGUNDA LLAMADA

 Encenderá un cigarro. Hará como quien extravió el tiempo y se acercará a ti para solicitar que, si por favor, le detienes el bolso. -¿Ya tienes tu boleto para entrar?-, te dirá desde sus ojos expectantes. –Sí-, responderás. Ahora extrañado por la atención de la desconocida. –Aquí está el mío-, lo elevará, victoriosa, en el aire. –Si tengo suerte quizá te encuentre adentro-, y arrojará el cigarro, ya sin vida, lejos de ti. No dirás nada.

 La urgencia te conducirá hasta tu silla. Burlarás el orden. Te escabullirás de los vigilantes y será tu asiento, tres filas tan sólo, frente al escenario. Antes de comenzar el acto se abarrotarán los palcos laterales. Y escucharás el sonido que hacen los versos al caer, mientras un grupo de jóvenes recita distintos poemas desde el último nivel de las alturas. Déjame adivinar, ya está pensando en el Altísimo. En ese caso, te equivocaste de crónica.

TERCERA LLAMADA

 El futuro se hará presente. Enmudecidas las luces, el silencio sube por los espectadores lo mismo que una serpiente al acecho. Las imágenes cobran voz y Juan Gelman empuña sus versos para presentarse a sí mismo:

 Las maravillas y miserias del amor / sus oscuros fulgores / sus catástrofes / caminar al filo de la pérdida / dar lo que no se tiene / recibir lo que no se da / el amor a la poesía/ a la madre / a la mujer / a la belleza todavía de este mundo… /

 1930. 3 de mayo. Nace el poeta en Bueno Aires, Argentina. Y ahora lo tienes, pequeño, a la puerta de tus ojos. Sucesión de imágenes que hilvanan las horas hasta la noche de hoy, donde el poeta continúa su poesía. Biografía. Poema. Biografía. Poema. Siempre uno detrás de otro. Retratos y palabras entrelazados por la memoria. La gente no habla ni un pelo. Los ojos son al frente.

 De pronto, las notas de un piano aderezan otro poema de Gelman. Liliana Felipe moja sus dedos en los mares de la melodía, y afirma con júbilo que gracias a la poesía de Juan aprendió que se puede vivir mejor. El público le aplaude con todo el cuerpo.

 Pasada la música, ahora se proyectan fragmentos del discurso que el poeta enunció al recibir el Premio Cervantes, en 2007. En el que señalaba que cada 3.5 segundos muere un niño menor de 5 años a causa de males curables. Y sin embargo, “allí está la poesía, de pie contra la muerte”.

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 Esta vez el tango adquiere cuerpo. La Orquesta Mexicana de Tango tensa los sentimientos de los asistentes que tararean la música con las manos, y sonríen a susurros, como cuando se canta para uno mismo. El acordeón sacude la sala. Los violines ondean a todo volumen. Los ojos bailan, bailan, bailan.

 Del tango al trío, hay sólo un hombre. Oscar Chávez en compañía del Trío los Morales continuaron el incendio con “Un corrido con aromas de milonga”, en honor a los años que Juan Gelman vivió en el exilio. Para entonces, el hombre a tu derecha canturrea la canción al oído de su novia. Y ella tiembla bajito.

 Se encienden las luces. Hombres, mujeres y niños se tallan los ojos. Menean la cabeza tratando de entender lo que sucede. Un hombre ataviado a la manera de Rudo y cursi –mitad cowboy-mitad-ranchero- alza la voz para anunciar el espectáculo de entretiempo:

 Y ahora, para su deleite, pensado 75 kilogramos y midiendo 1.75 metros, el terroooooor de los niños. En esta esquinaaaaaaaaaaaaaa. Habla arrastrando las palabras. Palabras como cadenas. Cadenas como huellas de dinosaurio indelebles en los oídos de los niños, que ahora se cubren los ojos atemorizados por la máscara de un diablo con la lengua de fuera.

 Incertidumbre total. Hay personas que no entienden. A tu izquierda, una mujer se levanta indignada y abandona la sala rezongando maldiciones contra quien se le ponga enfrente. El resto de la gente sonríe, se interroga, saluda y aplaude los giros de los luchadores. Sobre ti, alumnos del Centro Universitario de Teatro intercambian alegatos con los enmascarados eufóricos.

 -¡La tuya primero, che´chango plateado!-, interviene una mujer de entre el auditorio, sin dejar de aplaudir tan campante. Deambulan los gladiadores entre las filas. Obsequian libros de poesía al azar. El mundo abuchea, alienta, rechaza y recibe al mismo tiempo la trifulca de quienes vuelan por todo lo alto y bajo de la pícara escena.

 Vencida la euforia, pero no el entusiasmo,  el son jarocho se planta en el escenario para zapatear a lluvia de versos las coplas populares de aquél rincón mexicano. Argentina y México se abrazan en el grupo Son de Madera, que se adueña del momento para cubrir de algarabía el ánimo de los escuchas.

 -¡Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr´ja!-, grita, contagiado, el estudiante sentado detrás de mí. Y nada detiene, ni quieren detener su alboroto, reflejo puro de alegría en el acto. -¡Eso es todo, bailadooooooooooooooor. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr´ja,  bailador-, prosigue el joven, absorto en el ritmo del canto.

 La música no se detiene. Juan Gelman se va y regresa durante todo el espectáculo. Sonríe. Apunta con el índice. Fuma. Extiende los brazos. Saluda pero no se despide. Juan, Juan, Juan, interviene Mara Lamadrid, viuda del también periodista y, como él, argentina de cuna y cepa.

 -Agradezco el hacer posible esta fiesta. Me parece que Juan debió haber andado por aquí; en las fotos aparecen sus cenizas, entonces él debió haber aplaudido muchísimo, y se debe haber ido, porque él es discreto-, dice la mujer de cabello rojo como el cantar de Veracruz, que no cesa ni un momento.

 Así se despide de los asistentes. Sonrisas. Música. Versos cayendo en un giro interminable cubriendo de palabras el teatro. Cubriendo de poesía el instante. La música no se detiene

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ACTO FINAL

 La buscarás al salir. No conocías el número de su lugar, pero saber que no se ha marchado. Lo intuyes. No podrías explicarlo aunque te dieran un manzano para ello. Te abrirás paso hasta la entrada. Codazo. Zancadilla. Sonríes a todos lados y, sin esperarlo, sabes que encenderá un cigarro. Caminas hacia ella, pero ya no está sola. Alguien más le sujeta la mano.

 Ahora te culparás por no haber salido media hora después, para no tener que verte caminar hacia la noche, pero ese ya es otro cantar. Y no serás tú quien lo cante.