Ayotzinapa está presente hasta en el arte: el performance de la ENAT

Desde el pasado 26 de septiembre del año en curso, México ya no es el mismo. Iguala, Guerrero, se convirtió en una trinchera más dentro de la guerra que ha sofocado a nuestro país los últimos años. Una guerra que se ha llevado “entre las patas” a miles de inocentes a causa de ese enorme deseo de poder y control de quienes la han orquestado. Sabemos quienes son. Sabemos y no.

Se-los-llevaron-vivos-los-queremos-vivos

 La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos” ha sido, a lo largo de la historia de Guerrero y sus escuelas rurales, un semillero de guerrilleros, una cuna de “libre-pensadores” mexicanos que se han destacado por luchar desde la subalternidad por y para el pueblo. No en vano de ahí salieron importantes personajes como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, quienes impulsaron la guerrilla en el estado de Guerrero en los años 60.

 La disidencia ha permanecido, y es a partir de la misma en que nos podemos explicar los hechos del 26 de septiembre. 43 compañeros de los cuales no sabemos nada, no sabemos si están vivos o muertos. 43 compañeros que habían salido a hacer una colecta, por falta de recursos económicos, para costear un viaje a la Ciudad de México y hoy están desaparecidos. Es una rabia que se ha manifestado en diferentes sectores de la sociedad. Pareciera que el descontento ha llegado más allá de las aulas: señoras, señores, ancianos, niños, trabajadores, transeúntes se han unido al grito de: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

 En el marco de estas acciones por alzar la voz, tenemos un sinfín de muestras de apoyo, tanto en las marchas, los actos simbólicos en las calles, en los hogares, así como en el arte. Numerosos performances se han realizado como un acto más de protesta e inconformidad por la desaparición forzada de 43 compañeros de la normal de Ayotzinapa. Entre ellos, se encuentra el realizado por los compañeros de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), realizado el pasado 16 de octubre, en la explanada del Museo Nacional de Arte (MUNAL).

 Este performance rescata el testimonio del compañero Omar García, sobreviviente del ataque por parte de la policía federal hacia los compañeros de la normal de Ayotzinapa. Los actores aparecen vestidos con playera o blusa blanca, jeans de mezclilla y un pañuelo o paliacate rojo atado al cuello o la cabeza. En la mitad de la cara llevan pintada una línea con pintura blanca.

 De inicio vemos a los actores caminando sobre la explanada del MUNAL. Es muy interesante cómo empieza, ya que los compañeros van caminando, aparentemente apurados y sin rumbo alguno, mientras van hablando y, lo que se escucha, son los nombres, las edades, los apodos y la forma de ser de los normalistas desaparecidos, como si los estuvieran buscando, ya que algunos dicen “¿alguien lo ha visto?”, “¿alguien sabe dónde está?”. Esas descripciones han estado circulando en línea. Así pues, caminan y hablan, hasta que de pronto los vemos caminar rapidísimo y escuchamos que casi gritan mientras más van apresurando el paso. En ese momento paran de caminar, se quedan en silencio, y un actor grita: “¡Ya dejen de disparar, cabrones!”, haciendo total alusión al ataque. De pronto, todos se concentran al centro de la explanada y se cubren, cual si se resguardaran de las balas. Gimen, tiemblan y es notable que están asustados, temen por sus vidas. Es entonces cuando empiezan a recitar el testimonio de Omar, metiéndose en su papel, como si ellos fueran él durante el ataque.

 Mientras recitan a Omar, los actores corren de un lado a otro, se arrastran, gritan, se empujan, se toman de los brazos. Alrededor de la explanada, empieza a juntarse la gente y podemos observar a otros compañeros sosteniendo mantas que dicen: “¿Por qué nos asesinan? si somos la esperanza”, “México despierta”.

 Así se va desarrollando este performance, donde los actores gritan desesperados, algunos lloran. Casi para cerrar, dos de ellos recitan lo siguiente: “En México y en Guerrero, se mata gente, en esos llamados daños colaterales de su chingada política, que luchan entre ellos. Nosotros no queremos ser eso, queremos un México justo y libre”, tal cual lo dice Omar en el video de su testimonio.

 El performance termina con los compañeros caminando de nuevo, retirándose de la explanada, repitiendo “un México justo y libre”, y también, nuevamente, diciendo los nombres de los compañeros, sus apodos, preguntando sí los han visto. Al final, mientras se van retirando, una participante dice: “Tengo 19 años y me apodan el Chucky. Sólo espero que me regresen con vida para poder enseñarle a los chavitos”.

10807475_799514553427441_1634792592_o
Por: Pedro Sosa

 Observar los diversos performances hechos a partir de los ocurrido en Ayotzinapa, así como las muestras de apoyo por parte de diversos sectores de la sociedad en las marchas, los paros, la difusión de la información, la empatía que se ha hecho notable en la población mexicana, nos habla de una suerte de “despertar” de quienes habitamos este país. Un país que ha sido azotado por la violencia de la manera más dolorosa y perversa, lo que ha sembrado el miedo en todos nosotros. Pero no todo está perdido. Que una sociedad se levante en tiempos de odio y egoísmo demuestra que estamos más unidos que nunca, por los 43 y por todos los demás que claman justicia en México y para México. El uso del performance es sólo una muestra más de que las expresiones artísticas también pueden sanar una herida tan grande como esta. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Originally posted 2014-11-14 09:00:28. Republished by Blog Post Promoter

Este es mi grito de ¡basta!

Ya me cansé de los gobernantes, de la policía, la falta de moral, la falta de ética, de justicia, de humanidad, la falta de amor. Y mi lista es larga, porque mientras yo estoy aquí escribiendo esto para ustedes en la comodidad y seguridad que me brinda mi hogar hay familias que extrañan a lo que en las noticias se refieren como “daños colaterales” de una guerra que todos vivimos. Aunque no quieras reconocerlo, sabes que pudiste haber sido tu, tu madre, tu hijo.

Hoy le dedico mi trabajo y un poema a los padres, a los familiares, amigos y conocidos de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de este año.

LA DESPEDIDA

Este será para mi el día mas triste de mi vida
tener que separarme de ti será el motivo de mi nostalgia…
pero hemos de decirnos adiós, por que lo nuestro no debe continuar…

Este será el día mas doloroso después de tu partida
por que… con ella te llevaras la mitad de mi corazón y de mi vida…
Será el di mas largo de mi existencia, puesto que en las horas restantes….

Mi mente se dedicará a recordarte sucesivamente y mi boca a pronunciar tu nombre…

Y lo harán en cada hora, en cada segundo de cada día…
Serán mis primeros días oscuros, por que la luz de tu sonrisa se alejará de mi mis ojos brillarán con melancolía, ansiosos de ver tu rostro hermoso….

Que ya jamás se presentará ante ellos… mi voz gritará con inalcanzable cansancio tu nombre…

Pediré a fuertes voces tu presencia…tu mirada… se que lloraré por indefinidos momentos…

Y le diré a los roces de mi almohada lo mucho que te extraño y cuanto te amo…

Pero ni ella y mucho menos tu me podrán escuchar… ni responder…
me quedaré ahogándome en mi llanto y tu no podrás estar ahí….
para consolar mi pena…

Por que tenemos que decir adiós? Por que las cosas con un principio tienen un final?

Por que cuando uno ama no se le puede amar?

No lo se y tal vez no lo sabré jamás lo único que puedo asegurarte mi amor…

Es que hoy… precisamente hoy… será el día mas triste, largo y doloroso de mi vida… lo más hermoso es que siempre te amaré.

— Neyra Castillón 

Por una eternidad
Por una eternidad
A esta hora te veo tan distante
A esta hora te veo tan distante

Originally posted 2014-11-14 09:00:26. Republished by Blog Post Promoter

Jamás incontables: 5 de noviembre

“Pies, para qué los quiero…” y nuestras voces se convirtieron en alas, crecimos, se supera un duelo infinito. No se sintió ni el calor, mucho menos el frío; se sintió la gente, la “lucha estudiantil”. Ayer, 5 de noviembre, miles de personas y estudiantes marcharon por la justicia, por una respuesta y una mano amiga que calmara el dolor.

 “¿Por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina?”, gritaban con una fuerza específica en la voz. Se escuchaba en las voces de nuestros poetas estudiantes, palabras que lograban curar la identidad perdida.

 Lo sucedido en Ayotzinapa ahogó la indiferencia y por fin la venció. Finalmente, el mexicano se dio cuenta que todos somos maestros de nuestra historia, de nuestra familia. Desaparecen maestros, desparecen estudiantes, periodistas, niños, sin pensar que el hambre y la sed no se calma con el olor de la sangre, mucho menos el de la piel quemada.

 No importa que al pueblo le duelan los oídos, hasta el cansancio lo vamos a decir. Como decía nuestro Sabines en aquella carta de amor: “hasta que te cansaras tú de oírlo pero no yo de pronunciarlo”. Cuidado, no es un dolor de agonía, muerte o ausencia, pero sí de consciencia.

 Muerta la democracia, la igualdad y la justicia, encontramos en Ayotzinapa y otros tantos, muerta la vida del hombre en sociedad, como nación.

 El gobierno cometió el gravísimo error de buscar cadáveres, asumiendo ya la muerte; sin embargo, miro noble la necesidad de insistir la búsqueda del mexicano como tal (individuo, ciudadano, obrero, campesino y estudiante). No hay muerte tras la muerte en vida. No han muerto.

No desaparecieron 43, desaparecimos millones. Búscame y te encontrarás…

 Palabras que se han convertido en canciones, poemas que arden, poesía por el pueblo y para el pueblo. Cuando mojes tus labios, amigo, un arrebato me obligará a gritar tu nombre.

América,

no puedo escribir tu nombre sin morirme.

Aunque aprendí de niño,

no me salen derechos los renglones;

a cada sílaba tropiezo con cadáveres,

detrás de cada letra encuentro un hombre ardiendo,

y no puedo ni cerrar la a

porque alguien grita como si se quedara dentro.

 

Vengo del Odio,

vengo del salto mortal de los balazos;

está mi corazón sudando pumas:

sólo oigo el zumbido de la pena.

 

Yo atravesé negras gargantas,

crucé calles de pobreza,

América, te conozco,

yo mismo tendí la cama

donde expiró mi vida vacía.

 

Yo tenía dieciocho años

yo vivía

en un pueblo pequeño,

oyendo el diálogo de musgo de las tardes,

pero pasó mi patria cojeando,

los ahogados empezaron a pedir más agua,

salían de mi boca escarabajos.

Sordo, oscuro, batracio, desterrado,

¡era yo quien humeaba en las cocinas!

 

¡Amargas tierras,

patrias de ceniza,

no me entra el corazón en traje de paloma!

¡Cuando veo la cara de este pueblo

hasta la vida me queda grande!

 

¡Pobre América!

En vano los poetas

deshojan ruiseñores.

No verán tu rostro mientras no se atrevan

a llamarte por tu nombre, ¡América mendiga,

América de los encarcelados,

América de los perseguidos,

América de los parientes pobres!

¡Nadie te verá si no deshacen

este nudo que tengo en la garganta!

— América, no pudo escribir tu nombre sin morirme. Manuel Scorza

Originally posted 2014-11-07 09:00:19. Republished by Blog Post Promoter

Aún somos más de 43

En occidente 
hablamos sin hablar, 
escuchamos sin escuchar, 
pensamos sin pensar. 
Vivimos en ficción y en amnesia colectiva.

Se vive simulación, se come desesperanza, se respira desesperación
Las heridas ocasionadas serán indelebles en el escenario dantesco.

Te brindan grilletes y mordazas 
para no dejarte hablar, pensar, actuar. 
Qué estas líneas describan que el hombre en la ciudad vive privado del alma 
se convierte en frívolo maniquí sin rostro. 
Por lo tanto también sin conciencia. 

Montegrey, Le·Mat

Todo indica que esta tarde será una de esas en donde se conglomeran íntegras aquellas miradas repletas de lo inexplicable. Y es que ¿cómo se pueden reunir en un par de ojos que después se multiplicarán tanta tristeza, hastío, coraje, y esas ganas de continuar tirando de una cuerda que parece estar a punto de romperse? La realidad que nuestro México ha ido acumulando a lo largo de los años los (nos) está orillando al grito, al “ya basta”, al nudo en la garganta, a salir a las calles a decir “estoy cansado, no quiero ser el número 44, ni el 73, ni el primero de una nueva lista que el gobierno no se cansará de ‘lamentar’ sin llevar acciones a cabo”.

 De este día sólo espero una cosa: Que no quepan en el Zócalo. Que sean tantos, que la unión de las personas se exprese más allá de un límite territorial y estadístico. Que nuestro país sea más que eso, porque aún somos más de 43.

10411164_934313769929882_8686496224830323902_n
Crédito: Roberto Palma

¿Quemar la puerta de Palacio Nacional o quemar estudiantes vivos?

Padre de normalista desaparecido en conferencia Foto: Francisco Cañedo
Padre de normalista desaparecido en conferencia Foto: Francisco Cañedo

Agradezca que el de la foto de arriba no es su padre, que usted está en su casa, que fue a la escuela y pudo regresar para cenar, dormir, hacer tarea y volver a clases al otro día.

 Agradezca también la fortuna de que existan familias que pese a la pena de la pérdida de un hijo tiene la entereza de salir de su localidad para exigirle justicia a las autoridades, aunque éstas no merezcan una pizca del sueldo que cobran por supuestamente estar a nuestro servicio. Sí, a nuestro servicio, aunque pareciera que nos hacen un favor, al poner sus caras pusilánimes para decir mentiras. Puras mentiras.

 Agradezca también que hay gente solidaria que a pesar de no conocer en persona a los 43 desaparecidos salen a marchar a las calles, con tristeza como en mi caso para liberar un poco de la jodienda de sentimientos que se acumulan en el pecho, para de menos sacar el hartazgo.

 Agradezca porque su madre y su padre no son los que están viéndole la cara a un Presidente que anota en su cuaderno cuando le sugieren que renuncie.

 Agradezca por que no es usted el desaparecido. Agradezcamos que estamos vivos, pues.

 Agradezca que puede salir a pasear a su mascota en caso de tenerla. Que no lo han acusado y/o detenido injustamente por andar de “activista”.

 Agradezca infinitamente que sólo se queja por las redes sociales de la mierda que es su país, pero tuitear no es lo mismo que tener la zozobra en el pecho de que a tu hijo se lo llevaron policías municipales de Iguala y ahora están… lejos. Perdidos, desaparecidos.

 Agradezca que no es su boca la que grita con desesperación. Agradezca mientras pueda.

#IlustradoresConAyotzinapa: a un mes del siniestro

Se ha cumplido un mes ya. Poco más de treinta días transcurridos desde aquél en que comenzó a correr la noticia de la atrocidad que para algunos —acaso los crédulos, ingenuos— parecía algo falaz, bárbaros actos inhumanos que simplemente no figuraban en la idea de realidad que se concebía.

 Menuda realidad… Que con este hecho vino a destaparse lo legítima y brutal que es para los desventurados, carentes de oportunidades para hacerse escuchar, de armas para defenderse, y de medios para hacer justicia a todos los futuros amordazados, los caminos coartados, los anhelos arrebatados. Víctimas, mártires del terror, la cobardía, la miseria y la repulsión de la misma especie. Esos desventurados que fueron seis, son 43 y la cifra se agrava a cada día que pasa.

 Continúa siendo estremecedor tocar el tema. ¿Qué tan vago es referirse a ellos con la palabra «desaparecidos»? ¿Es todo esto una suerte de sinécdoque que se sitúa ante nosotros a manera de reality check? ¿Ya despertamos? ¿Y qué con el repudio que despiertan estos reprobables sucesos hacia la pesadilla que han hecho los dirigentes de nuestro país con él? ¿Qué remedo de autoridades tenemos? ¿Qué se hace con la indignidad y la humillación como el sentir común de una nación entera? Por si eso no fuera suficiente, ¿qué se hará con la desaprobación categórica hacia tal infamia por parte de países, intelectuales y ciudadanos del mundo que no dejan solidarizarse?

 Hay muchas preguntas que se formulan al instante y pocas respuestas que puedan sosegar la urgencia de resolverlas. Tampoco es fácil encontrar soluciones para llevar a la práctica ante incidentes que se detonan como consecuencia de un truculento trasfondo del que incluso hay temor por conocer. Potenciar la lucha o apaciguar la resignación, es el dilema. Aunque el incalculable compendio de muestras de apoyo y fraternidad que se han hecho a las familias de los 43 normalistas de Iguala resulte, sin lugar a dudas, un empuje inequívoco a no darse por vencido. Que la unión hace la fuerza, lo sabemos.

 Recientemente comenzó a aparecer por las redes la leyenda #IlustradoresConAyotzinapa. Este proyecto nació de Valeria Gallo con la intención de humanizar las cifras y dar rostros a los desaparecidos puesto que, señala, puede tratarse de algún conocido o familiar cercano, y cualquiera de nosotros podría verse envuelto en la vulnerabilidad de las circunstancias. Invitó a colaborar a Margarita Sada y otros colegas, se fueron esparciendo los resultados y a apenas pocos días de haber arrancado, ha sido acogido de manera satisfactoria entre la comunidad artística aludida con más de 200 aportaciones a la causa, y contando.

"Yo, Valeria Gallo, busco a Benjamín Ascencio Bautista".
“Yo, Valeria Gallo, busco a Benjamín Ascencio Bautista”.

 

"Yo, Margarita Sada, busco a Carlos Lorenzo Hernández".
“Yo, Margarita Sada, busco a Carlos Lorenzo Hernández”.

 La sensibilización que trae consigo el arte es, en ocasiones, difícil de expresarse con palabras. Como al ver un cuadro o una fotografía, es casi imposible traducir a la oralidad la cantidad de emociones que despierta y de ideas que evoca.

 Sucede justamente así. Es sobrecogedor cómo miles de voces claman aún por Saúl Bruno García, por Leonel Castro Abarca, por Cutberto Ortiz Ramos y por Alexander Mora Venancio.  Cómo personas que ni siquiera conocían a Carlos Iván Martínez Villareal o a Doriam González Parral exigen que se les regrese con vida a sus familias. Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

 Porque para la reparación de esa realidad mencionada, no bastarán cientos de noches más que reflejen cambios significativos y poco podrá revertirse a como antes era. Porque a veces hace falta creer. Porque el mínimo gesto del prójimo, la empatía y el brindar apoyo sin que se pida, puede traer consigo una resonancia inconmensurable, como el aleteo de una mariposa. Porque son más de 43. Porque no es sólo México, es cada persona del globo que se solidariza con ellos. Porque ¿quién dijo que todo está perdido?

| Galería completa de #IlustradoresConAyotzinapa

"Yo, Choper Nawers, busco a Jhosivani Guerrero de la Cruz".
“Yo, Choper Nawers, busco a Jhosivani Guerrero de la Cruz”.

 

"Yo, Daniel Nieto, busco a Cutberto Ortiz Ramos".
“Yo, Daniel Nieto, busco a Cutberto Ortiz Ramos”.

 

"Yo, Bea Ortiz, busco a Jorge Aníbal Cruz Mendoza".
“Yo, Bea Ortiz, busco a Jorge Aníbal Cruz Mendoza”.

 

"Yo, Eugenia V. Cano, busco a Marco Antonio Gómez Molina".
“Yo, Eugenia V. Cano, busco a Marco Antonio Gómez Molina”.

 

"Yo, Levhita, busco a Abel García Hernández".
“Yo, Levhita, busco a Abel García Hernández”.

 

"Yo, Charles Boguer, busco a Giovanni Galindes Guerrero".
“Yo, Charles Boguer, busco a Giovanni Galindes Guerrero”.

 

"Yo, Kosme Katlipoca, busca a Julio César López Patolzin".
“Yo, Kosme Katlipoca, busca a Julio César López Patolzin”.

 

"Yo, Omar Martínez, busco a Abel García Hernández".
“Yo, Omar Martínez, busco a Abel García Hernández”.

 

"Yo, Genrus, busco a Doriam González Parral".
“Yo, Genrus, busco a Doriam González Parral”.

 

"Yo, Hugo Castillo Rivera, busco a Israel Jacinto Lugardo".
“Yo, Hugo Castillo Rivera, busco a Israel Jacinto Lugardo”.

 

"Yo, Jorge Penné, busco a Marco Antonio Gómez Molina".
“Yo, Jorge Penné, busco a Marco Antonio Gómez Molina”.

 

"Yo, Alejandra Saavedra, busco a José Luis Luna Torres".
“Yo, Alejandra Saavedra, busco a José Luis Luna Torres”.

 

"Yo, Juan Carlos Jiménez, busco a los 43 estudiantes desaparecidos".
“Yo, Juan Carlos Jiménez, busco a los 43 estudiantes desaparecidos”.

 

“El arte como único bálsamo frente a la barbarie”: Jorge Volpi

Por la tarde del 8 de octubre tuvo lugar una protesta en las calles de la ciudad de México, una más. Bajo la tesitura del caos citadino en el que vivimos, una manifestación como ésta es, para muchos, el equivalente a revueltas de saldo incierto, precaución de posibles represalias y contingencias responsables de alteraciones en la rutina, de tráfico y de bloqueos viales.

 “Esos que se quejan de que la ciudad está hecha un caos deberían de ver que el país está peor”, leía.

 La movilización de la ciudad de México derivó en movilizaciones paralelas en Mérida, Chiapas, Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Guerrero e incluso en otros países como Bolivia, Honduras y Alemania, en donde también se condenan y repudian las atrocidades que toleramos a diario: secuestrados en libertad, coartados de razones, imposibilitados de soluciones y con el deber de aceptar la trivialización de la violencia como el modo de vida que se nos quiere inducir.

 Es motivo de regocijo un poco de sensatez en medio de la indolencia. Anoche, durante la ceremonia con la que se daba por inaugurada la edición 42 del Festival Internacional Cervantino en el estado de Guanajuato, no todo fue formal y solemne. No se tuvieron ojos ciegos ni oídos sordos al panorama real en el que nos encontramos, y no la imagen del México Mágico que se maquilla para la diplomacia.

 Guanajuato se unió también al llamado de justicia. Luego de que durante esa tarde las calles principales de la ciudad capital del estado se llenaran de manifestantes en busca de respuestas y exigiendo el esclarecimiento de los hechos, el escritor Jorge Volpi, director del Festival, pareció solidarizarse al movimiento y dedicó algunas palabras concretamente a este hecho. Equiparó los siniestros incidentes de Ayotzinapa con algunos otros incidentes de la misma índole en otros lugares del mundo, manifestando también la opinión de que sólo el arte es capaz de sensibilizar al ser humano.

 Pero cuál es el paso siguiente a esa sensibilización, es la pregunta. “Tenemos que admitir que seguimos siendo salvajes”, señaló. “Bastaría enterarnos de las tragedias que cimbran a Siria o a Irak, o más cerca de nosotros, de los asesinatos de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, en Iguala, para perder cualquier confianza en el género humano”.

 No es un gritar por gritar, y marchar sin sentido. No son sólo pancartas con unas cuantas líneas escritas, ni cánticos vacíos al unísono. Es un susurro agonizante pero sólido y consistente. Es un clamor de suplicio. Es incertidumbre, desesperación, impotencia y rabia. Es esquivar la resignación y buscar la concepción utópica de la justicia consagrada. Es México, que no perdona ni olvida. Y la lucha sigue.

 

Pero entonces la sangre fue escondida
detrás de las raíces, fue lavada
y negada
(fue tan lejos), la lluvia del Sur la borró 
de la tierra
(tan lejos fue), el salitre la devoró en la
pampa:
y la muerte del pueblo fue como siempre
ha sido:
como si no muriera nadie, nada,
como si fueran piedras las que caen
sobre la tierra, o agua sobre el agua.

De Norte a Sur, adonde trituraron
o quemaron los muertos,
fueron en las tinieblas sepultados,
o en la noche quemados en silencio,
acumulados en un pique
o escupidos al mar sus huesos:
nadie sabe dónde están ahora,
no tienen tumba, están dispersos
en las raíces de la patria
sus martirizados dedos:
sus fusilados corazones:
la sonrisa de los chilenos:
los valerosos de la pampa:
los capitanes del silencio.

Nadie sabe dónde enterraron
los asesinos estos cuerpos,
pero ellos saldrán de la tierra
a cobrar la sangre caída
en la resurrección del pueblo.

En medio de la Plaza fue este crimen.

No escondió el matorral la sangre
pura
del pueblo, ni la tragó la arena de la
pampa.

Nadie escondió este crimen.

Este crimen fue en medio de la Patria.

– Pablo Neruda

 

 

BzeaiecCEAEuwkgBN