Sweatshop: moda barata de la muerte

noviembre 28, 2014

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Críticas, Extras, Medios

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Muchas veces, al observar la etiqueta de la sudadera que acabas de comprar en Forever 21 o cualquier tienda de ropa cuya marca sea reconocida a nivel mundial, además de las instrucciones de cuidado y la talla, encontramos el “Made in Vietnam”, “Made in Camboya” o cualquier país asiático que quizá ni nos pase por la mente que existe. Pero ¿alguna vez haz pensado quién estuvo detrás de la máquina de coser que hizo cada una de las costuras de esa sudadera tan padre que traes puesta? O, ya yéndonos muy al extremo, ¿cuánto ganó por ello? ¿cuántas horas trabajó? ¿le pagaron siquiera? Es bastante conocido que en los países de economía periférica (subdesarrollados) las condiciones laborales sean precarias y los salarios estén por debajo de las necesidades básicas del trabajador, sobre todo en industrias como la textil. Sin embargo, el tema se presta a una reflexión más allá de estas condiciones.

 En abril del presente año, el periódico noruego Aftenposten creó un reality show donde tres blogueros de moda de ese mismo país Anniken Jørgensen, Frida Ottesen y Jens Ludvig Hambro Dysand— viajarían al sudeste asiático por un mes, específicamente a Camboya, para conocer las condiciones laborales de quienes se encargan de coser la ropa que cada temporada está en los aparadores de tiendas como H&M. De este reallity salió una serie de 5 capítulos, titulada Sweatshop dead cheap fashion, los cuales, a modo de documental, muestran las condiciones laborales y de vida de los trabajadores. Los jóvenes tendrán que conocer las condiciones por ellos mismos, es decir, tendrán que sentarse por 12 horas frente a una máquina de coser y vivir con el equivalente a 3 dólares diarios para pagar el alquiler, la comida y la vestimenta. Cabe señalar que Sweatshop es una expresión inglesa utilizada para señalar a los talleres de explotación laboral (maquilas) que normalmente presentan condiciones precarias y salarios de miseria en los países tercermundistas, sobre todo asiáticos.

 Es muy importante señalar tres cosas de dicho documental. La primera sería el hecho de que estos tres jóvenes, provenientes de un país de primer mundo, pertenecen a la clase que tiene la capacidad de gastar hasta 600 euros al mes sólo en ropa. Ludvig, al principio del documental señala que compra mucha ropa y al final suele no usarla. Así que, desde aquí, podemos explicarnos en qué contexto se está desarrollando dicho documental y qué pretende reflejar en quien lo vea. La segunda cosa que llama la atención al mirar Sweatshop es el choque cultural entre el primer mundo y el tercero. Pensar Noruega y Camboya en un mismo plano parece difícil, sin embargo, en este caso podemos observar cómo se reconoce la otredad de los habitantes de Camboya conforme los jóvenes van conociendo sus condiciones de vida y la manera en que sobreviven. Y en un tercer plano, la forma en que los jóvenes visitantes tratan de entender la manera de vivir de quienes trabajan en las maquilas: dormir en un departamento de 50 dólares al mes con un sueldo de 3 dólares al día y comprar comida y enseres con ese salario. No debemos olvidar el hecho de que ellos se acercan a conocer las historias de algunos de los trabajadores y eso les impacta mucho, hasta el punto de remover las fibras más sensibles de su conciencia y sus corazones.

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 Este documental también señala las demandas reales de los trabajadores de la industria textil en Camboya. La lucha que actualmente llevan a cabo gira en torno a percibir un mejor salario: 160 dólares, lo cual les permitiría mejorar sus condiciones de vida, por ejemplo acceder a una mejor alimentación para no morir por no poder satisfacer las necesidades más básicas. Sin embargo esta lucha se ha visto truncada por amenazas de muerte y represión pero aún así persiste.

 Sweatshop intenta hacer conciencia respecto a nuestros hábitos de consumo. Actualmente es muy común ver que algunas empresas independientes tratan de fomentar un consumo de moda “sustentable”. Incluso empresas importantes de moda han puesto atención en el modo de producción de sus prendas y qué tanto afecta al medio ambiente. Sin embargo se presta muy poca atención a quienes se encargan de unir cada una de las piezas de una blusa, una chamarra. Se cuestiona muy poco el hecho de que quizás el valor de un solo abrigo de esos podría cubrir el gasto mensual de una familia de trabajadores de la industria textil.

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 Pensando nuevamente en las preguntas formuladas al principio de esta nota, Sweatshop hace mucho hincapié en este asunto. Es normal que a los jóvenes participantes del reallity les impacte mucho la pesada jornada laboral que a veces los trabajadores la completan incluso sin haber comido. Y es que la reproducción del capital va más allá de las condiciones de explotación: las conciencias también son explotadas a favor del mismo sin importar la clase social.

Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.