Sueños rosas, realidades mexicanas

octubre 11, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos.”

Gustave Flaubert

Rosa Mexicano, drama original del siempre contrastante Luis Ayhllón (La extinción de los dinosaurios), llega  debutante y flamante a la cartelera mexicana bajo la dirección de Martín Acosta, dispuesta a apoderarse de los fines de semana del Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque hasta noviembre.

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 Aquí hay una propuesta bastante cruda, envolvente, fiera y fuerte. Esta es la historia de una mujer que despierta en la oscuridad del bosque, rodeada de la nocturna atmósfera donde emergen varios personajes con aptitudes fantásticas y mágicas que ponen a prueba la veracidad de la realidad. Ella solo quiere llegar a la ciudad para volver a casa. Al tiempo, la historia de la misma mujer, una adolescente que espera paciente afuera de la más grande televisora del país para conocer a su actor favorito, hasta el día en que conoce a un productor que le promete presentarle al galán en cuestión. ¿Cómo ambas estancias extremas podrán hallar conexión?

 Comenzando por la calidad dramática que el autor propone, dónde las metáforas danzan al ritmo de la fantasía y los hechos de crítica social contemporánea rompen con toda alegoría, esta es una obra cautivadora, estremecedora y hasta tétrica.

 Ayhllón no teme en usar todas las figuras que brotan de su mente para reflejar una cruel panorámica del star system residente en nuestro país, bajo el influjo televisivo. El autor monta situaciones llenas de cotidianeidad que aterran por su esencia al saberse ciertas. La fragilidad de una adolescente siendo tergiversada por una persona con poder que le promete maravillas a cambio de la entrega carnal; La tragedia deviene y frente a esto la mente exige formar otra historia que satisfaga más sus necesidades, aunque ya sea vano cualquier ejercicio para borrar los hechos.

 Para fortuna del producto, Martín Acosta entiende a la perfección la narración del autor, que se construye por  partes sin unión constante y las va poniendo sobre la mesa a un ritmo creciente y con tiento. Acosta encierra en una habitación  con muchas puertas a la soñadora y al sueño color rosa, intenso, rosa mexicano vaya. Es la misma tonalidad de la ensoñación la que indica que el viaje será encendido, cargado de emociones violentas y pasionales que se presentan ante el espectador con enigmas incomprensibles, los cuales al armarse en total develan una situación que deja caer la quijada en un silencio sepulcral.

 La puesta se antoja compleja e inteligente, resultando ambas al final. Empero, no hay insinuaciones pretenciosas para decirle al público que necesita una capacidad de análisis ejercitada para llevarle el paso a la acción, al contrario, el director cuida los balances para permitirle al respetable apreciar cada detalle y gozarlo. Enmarca los giros en la trama tensando más el arco dramático y libera tensiones con  solidez inmediata.

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 Un discurso que exige dejar de dar validez a los falsos iconos, notar la corrupción y confrontar la integridad tanto de la ética como de la moral, teniendo raciocinio sobre los grupos vulnerables, apoyando una formación crítica que forje individuos, no blancos de tiro.

 Precisamente lo anterior engloba la importancia de este montaje. Vivimos una actualidad tan violenta que se ha vuelto costumbre para cualquier nivel social. No es permisible tachar como usual un atropello humanitario. Así este título se suma a otras producciones tan exponenciales como Medea Material en pos de encender antorcha, al menos dentro de cada mente.

 Rodrigo Virago, Francisco Cardoso y la siempre genial Aída López acompañan a Gimena Gómez como la protagonista de esta historia. Un elenco homogéneo, dónde cada actor luce en el rango que se le delimita, permitiendo además que Gómez se alce con una interpretación precisa y enternecedora, tan emblemática sin duda para su carrera como su Dora en Feliz Nuevo Siglo Doktor Freud.

 No se puede ver solo una vez este montaje, es un producto que se tarda en digerir y necesita bastante atención. Hay  influencias de A Través De El Espejo, Mullholland Drive y hasta Dancer In The Dark, pero lo impactante, es la influencia de la contemporaneidad mexicana. Imperdible.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.