Sucedió en un almacén

mayo 8, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

No hay comentarios

Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.
Facundo Cabral 

El Señor Lino ha dado servicio por 29 años a  Salvaleon S.A., como encargado de uno de los almacenes  de la empresa. Veintinueve años, en los cuales los primeros 8 los pasó como asistente, ahora esa cantidad de tiempos e reducirá a 5 días, en los que deberá instruir al joven e inexperto Nin en su labor, pues el muchacho lo sustituirá ahora que su tiempo de jubilación ha llegado. ¡Sólo 5 días para transmitir la labor de casi 30 años!, una labor que nunca descansa, ¿o sí?

 El Foro Shakespeare abre una breve temporada de Almacenados, texto de David Desola dirigido por Fernando Bonilla, y como todo queda en familia, está representado por el primerísimo actor Héctor Bonilla, junto a su hijo Sergio Bonilla.

Héctor Bonilla

 A través de la historia del Señor Lino, uno encuentra un claro panorama de las desviaciones laborales. ¿Uno trabaja para ganarse la vida? O ¿Hace su vida trabajando? Desola nos presenta a un personaje de edad avanzada que ha vivido con la convicción de ser una pieza clave y elemental a la compañía a la que presta sus servicios. De tal forma que el discurso de la compañía y la promesa de venta de la misma se han tornado en el padre nuestro de cada día y norman su conducta.

 ¿Cuántas compañías actualmente no tratan de adentrarnos al sistema de racionalidad al que el señor Lino ha estado afín en toda su vida laboral? Las empresas nos lo dicen en su publicidad: amamos a nuestros empleados y al cliente, ¡Por supuesto!, el empleado crea el producto, el cliente da su dinero a cambio, ¡Quién no ama eso! Al final del día consumir es decisión del cliente, pero trabajar es una necesidad, es lo que pone el pan sobre la mesa, aún cuando la paga no sea siempre justa, uno debe  aguantar y salir adelante con eso, pero exigir justicia en la retribución, o de lo contrario, tragar pan de mentiras disfrazadas y pensar que el patrón y la empresa ven por uno.

 La dirección de Bonilla ubica a sus dos personajes en un conflicto emocional entrañable, los dos están frente a una mentira, uno la crea, el otro la fomenta y luego la crea, al final es un círculo dónde ofrece un contraste de mentalidades generacional, la juventud frente a la normatividad impuesta por las generaciones mayores, el cara a cara con justificaciones en mano de uno a otro por ver cual verdad es absoluta y cual necesaria.

Nin

Sergio Bonilla

 El texto de Desola es muy sincero, con personajes comunes en situaciones comunes, pero vistas desde un angular humano, lo que nos permite familiarizarnos y adoptar el contexto y circunstancia desde el primer trazo. Amén de que en su adaptación, Fernando Bonilla apunta detalles netamente clásicos de la cultura mexicana, enriqueciendo más la cercanía propuesta. Aún así, el ritmo que pauta el director se estanca por un breve lapso en su primera parte, incluso deja ir un poco su tensión y esto podría ser un factor determinante para conectar con el espectador, afortunadamente las geniales actuaciones logran soportar las marcas y darle de nuevo cadencia a la trama, bajo una iluminación propositiva y exponencial que acompaña muy bien el discurso.

 Héctor y Sergio Bonilla son simplemente una dupla imperdible en escena por muchos valores. En primera, por la cátedra de actuación de ambos, llevando el tono cómico y la tensión dramática con una soltura y empatía impecables, tonos y poses adecuadas y asimilación del personaje neta. En segunda, porque así como Almacenados es la visión del campo laboral desde la vía joven propositiva a la adulta clásica, este par de espléndidos actores forman el marco de la actuación contemporánea vista desde dos ejes generacionales muy importantes. Es sostenerse en la evolución de la técnica y el linaje de una familia consagrada al arte teatral, con la convicción y fuerza para contagiar esta pasión al que se deje.

 Ésta es una puesta en escena que homenajea y critica el panorama laboral mexicano de una forma exquisita, balanceándose entra la pasividad y la rebelión, con la inquietante reflexión final de la evolución de los personajes, ¿Qué pasará con el Señor Lino al Jubilarse?, ¿Nin seguirá los pasos de su pronto instructor? Al final la lectura es variada, el contrato con el espectador precisamente invita a ello, a echar a volar la imaginación, ubicando en los lugares de  los roles, a aquellas personas que todos conocemos y que encajan en los mismos cual piezas de un rompecabezas al que llamamos “vida cotidiana”. Una obra cuyos únicos defectos (además de los ya mencionados) residen en el diseño y ortografía de su programa de mano. Imperdible en verdad.

IMG_3781 copy

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.