Sondheim en pos del redux

junio 16, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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Bonito no es lo mismo que bueno
Stephen Sondheim

Pero no hay de que alarmarse, la cita anterior no es una condena. El Teatro Xola –Julio Prieto lleva ya tiempo ofertando puestas entre semana, buscando el público correcto e interesantemente se arriesga ahora con un musical para los días lunes, sí, Las pequeñas cosas del gran Sondheim.

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 Soy un amante del género musical, si me preguntasen ¿Qué disfrutarías más hacer Company o Traición (Betrayal, del gran Harold Pinter)? Lo confieso me iría sin dudar por la primera. El arte tiene reglas, por ende el teatro, en consecuencia el subgénero musical también, entre estas normativas hay una base: la música y la letra de la canción aparecen cuando el diálogo hablado como tal no basta para expresar el sentimiento, su magnitud y peso, entonces cantar es la respuesta, libera al alma y descompone la necesidad en notas variantes con un sentido y orientación; Las canciones deben de hilar la historia, obedecer un ritmo, lógica y no entorpecer la trama.

 Las pequeñas cosas del gran Sondheim (Ya sé, a mí también me cansa leer el título) es un tributo musical inspirado por el enorme catálogo que es la obra del autor estadounidense Stephen Sondheim, influencia y responsable de muchos elementos del teatro musical como lo conocemos hoy en día. Discípulo de Oscar Hammerstein II y responsable de títulos como la anteriormente mencionada Company, West Side Story, Gypsy, Into The Woods y muchas más.

 Las canciones seleccionadas (una lista muy bien elegida y justificada) buscan narrar la historia de cuatro personajes enfrentándose a la aparición, recepción, renovación y negación del amor. George busca obtener el amor de Sally que guarda luto a su anterior pareja, el amigo de George, Anthony no busca una pareja, sin embargo Desireé estaría encantada de ser parte de su mundo. Aunada a la historia está Fosca, una amiga en común de todos quien simplemente aparecerá para dar su postura ante el amor según su experiencia propia.

 Pues bien, debo de ser totalmente honesto en esta crítica: la puesta en escena es un arriesgado proyecto que en base es bueno, pero se queda a nivel trabajo de mesa y trazo. ¿Por qué? Si bien durante la hora y media que dura resulta entretenida y con varias interpretaciones que arrancan aplausos honestos del espectador, la ambiciosa historia no logra cuajar de lleno dada la ausencia de un guión sólido que sostenga y de fuerza a la acción ejecutada por las canciones, en su mayoría de personaje y en uno, que van casi de pared a pared.

10291788_244816812390235_8879591189339974726_n Una de las características del tributo musical es que la anécdota empleada para hilar la trama es un simple pretexto para presentar las canciones, por ende no es necesario ahondar en la evolución de personajes o en la historia misma, pero a cambio las subtramas deben ser sencillas y digeribles  fácilmente. El problema aquí es que el inexistente guión (bueno, al menos en el programa de mano no señalan a un responsable, pero de esto hablaré más adelante) ata y desata historias y posturas que piden a gritos una evolución el personaje a reflejarse mínimo en su vestuario, pero no pasa y entonces uno podría considerar frívolas muchas acciones en vez de actos de amor o simplemente humanos.

 La dirección de Yeyo Legorreta monta un espectáculo en un ritmo apresurado sin dar tiempo siquiera a los actores de respirar entre número y número, para -literalmente- contar la evolución del amor del alba al ocaso en dos actos que suman no más de 100 minutos. Y de poder hacer algo así se puede por supuesto, empero, ningún musical de Sondheim se narra en menos de dos horas y media. Lo sé, es un tributo no un montaje de la autoría de este compositor, más sus canciones exigen dedicación a la trama que las solicita, de lo contrario la obra evoluciona a algo así como un concierto conceptual.

 Incluir al autor en el título es honestamente pretencioso y sale sobrando, pudo resolverse en “Las pequeñas cosas” y al pie la leyenda “Basada en canciones de Stephen Sondheim”, pero no. Afortunadamente no todo está perdido, este montaje vale la pena por los miembros de su elenco, destacaré la potente voz de Majo Pérez, la atinada actuación de Mónica Martínez, la calidad interpretativa de José Luis Rodríguez y sobre todo  Alicia Paola, quien a pesar de aparecer brevemente con los discursos que intentan dar hilo a la trama para luego ser derogada a un ente gris, regresa a la recta final para literalmente cantar dos canciones con una auténtica entrega y tono llevándose la obra.

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 La escenografía sale sobrando, pese a ser conceptualmente notable es desaprovechada. No necesitan grandes cambios escenográficos, no es Wicked ni quiere serlo, pero no sabe como efectivizar su simplicidad. No es una mala propuesta, simplemente aún le falta cocción. En nuestro país hemos visto musicales de Off Broadway como Spelling Bee triunfar con un formato pequeño y sin más acompañamiento que el piano (como es el caso aquí también, por cierto mención especial al buen trabajo del director musical David Pineda) así que con una idea buena, artistas de calidad y canciones gloriosas sólo falta pulir hasta lograr la calidad que se exige y apoyar a que esto ocurra.

 Ahora, en la sección de quejas directas a la producción: ¿Alguien revisó lo que el diseñador gráfico iba a entregar antes mandar a imprimir?, lo digo por el programa de mano plagado de errores ortográficos, las cajas de texto sin ningún orden tipográfico, y el mix de imágenes en diferentes colores y resoluciones.

 Por favor, no abandonen el barco con una carga tan valiosa dentro, mejor fijen el rumbo y surquen correctamente las olas.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.