Sobrevivir, ahí está el coraje

septiembre 8, 2014

Por:

Arte, Cine, teatro, Teatro Musical

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“PA’ QUEJAS ESTAMOS BUENOS, PERO PARA ACCIONES NO TANTO”

Si nos adentramos a indagar acerca del pasado bélico de la humanidad a través de los años llegaremos al panorama árido y desolador de la Guerra de los 30 años acaecida en Europa de 1618 a 1648. El detonante sería le religión y du división de partidarios” a la reforma y la contrarreforma Romano Germánica, pero las potencias rivales llevaron el conflicto a un nivel tal que determinó gran parte de la división y situación actual de la unión Europea. Una cruenta batalla que cobró el 30% de la población tan solo en Alemania.

 Es necesario conocer la guerra para poder hablar fluidamente de ella. Bertolt Bretch, un dramaturgo Alemán cuyo impacto en el teatro de los siglos XX Y XXI es imprescindible, fue médico durante la Primera Guerra Mundial y perdió a su hijo en la Segunda. Partidario convencido de los ideales comunistas con Marx como guía primario, Bretch vivió el exilio Nacionalista, tomó su experiencia para analizar  los orígenes y las intervenciones al conflicto bélico que lo había separado de su primogénito y plasmó su crítica en uno de los textos político-históricos más importantes del teatro moderno: Madre Coraje y sus hijos.

 “CUANDO EL OFICIAL ES BUENO NO SE NECESITA DE VALIENTES”

 El autor presenta a una astuta vendedora ambulante que lleva su carreta junto a sus tres hijos a través de la guerra, sorteando las diferencias ideológicas y sacando partido de las necesidades que dejan los enfrentamientos pero el precio que debe pagar solo es equiparable a lo que para ella tiene valor ponderante a su viejo carromato, sus hijos. 

 Tras la intrépida y excelente dirección de Iona Weissberg y Aline De La Cruz, Teatro UNAM ofrece una visión diferente de la obra de Bretch en el Teatro Juan Ruiz De Alarcón. Convertida en un musical, Madre Coraje y sus hijos es adaptada a la época de la Revolución Mexicana. Allí, Ana María de los miedos arrastra su carreta atravesando el conflicto desde el golpe contra Porfirio Díaz al movimiento zapatista.

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 Una de  las características de la obra de Bretch es incendiar en el público el razonamiento con la información ofrecida, motivarlo a sacar sus propias conclusiones, denotando la posición de los hombres como simples elementos en uso sin fin o valor para quienes crean la guerra a través de esta pieza. Las directoras encuentran la oportunidad de relacionar  esta información bajo la pregunta clara: ¿Han servido para algo las guerras?, específicamente ¿La Revolución Mexicana?, ¿Algo cambió, se mejoraron las cosas? Y si la respuesta es sí ¿Por qué entonces seguimos en conflicto?

 No hay posturas políticas, Madre Coraje es la solución pobre pero eficaz a las necesidades de los revolucionarios, a quienes quieren respuestas. Demuestra condiciones de la actualidad y siempre que simplemente son escalofriantes, dónde el poder calla al intelecto y sobrevivir es una esperanza no implícita para ejercer un oficio como el periodismo. La fraternidad que Francia promovía con su respectivo acto revolucionario no es más que una utopía. El tiempo es inclemente y exige empeñar el alma, unirse a la corrupción, agachar la mirada, entonces un número musical se alza glorioso y declama “Cómo si al estar callado la verdad no nos dañara”.

“AQUELLOS QUE INICIAN LAS GUERRAS SON LOS QUE CONVIERTEN EN BESTIAS A LOS HOMBRES”

 Bajo una adaptación sublime no solo se ejecuta una traspolación correcta entre localidades, sino que hacen acto de presencia la picardía mexicana y los guiños a la actualidad para poder comunicar el discurso de la puesta de manera efectiva y convincente. Entre broma y broma las líneas duras penetran como puñales abriendo la tensión en el público y mostrando un espejo social palpable.

 La guerra es un negocio que no fallece, va a volver y la paz es una palabra más del diccionario. Los problemas reales de la sociedad como la pobreza, el analfabetismo, la venta del patrimonio se cocinan en un segundo plano despreciando a la falsa cultura al tiempo que se cosecha la desesperanza.

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 Pero lo plausible de esta obra va más allá del discurso político o de identidad social. Conocemos a una figura materna que podría ser cualquier madre mexicana, una mujer luchona que no le importa ser dura con sus decisiones para ver por el bienestar de su familia. Madre Coraje ha visto el funesto futuro de sus hijos, pero llegará entera hasta el final para afrontar la guerra y vivir de ella, aun cuando conservar a sus hijos ajenos al panorama resulte más que incongruente.

 Sin duda este es el musical del año para nuestro país. Corridos creados del texto original con uno que otro adorno musical moderno llevan el hilo conductor de la historia, bajo la batuta de Mario Santos las canciones entran con precisión y aprovechamiento, son pegajosas, nutren e invitan a unirse en unísono a la protesta expuesta. Tal como deben hacer las intervenciones musicales en el teatro musical estos pasajes aparecen cuando el discurso simplemente dicho no basta para externar los sentimientos, las reglas se cumplen y se siente en el público, de ahí la buena recepción.

 En los niveles de escenografía e iluminación, la obra se antoja exquisita y así se sirve a la mesa. Sergio Villegas diseña un aparato escenográfico entre un giratorio, la carreta multiusos, telares con bellísimas estampas mexicanas sujetas a transparencias que permitan una isóptica favorable y más elementos que con limpieza y simpleza llenan cada cuadro sin opacar a los actores o ponderar. Es un organismo de acompañamiento (como debe ser) orgánico que se funde en total complicidad a la iluminación de Xóchitl González, quien sabe que es lo que hay que ver en escena y lo señala, desarrollando transiciones y climas  bastante buenos.

 El vestuario de Emilio Rebollar no se queda atrás, mezcla identidad revolucionaria con toques actuales permitiendo aún más unificación entre trama y contexto.

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Fotografía: Daniel González

 Para presentar la puesta, el telón anuncia “La excelente obra de Madre Coraje y sus hijos de Bertolt Bretch, una revista de la supuesta revolución”, así un presentador con toques de stand up (algo raramente bien realizado en nuestro país) a cargo de un genial Artús Chávez nos conduce escena a escena. Alejandra Ley como Madre Coraje alcanza la plenitud y consagración en su carrera actoral, encarna con seguridad y empatía las necesidades cómicas y dramáticas en un timing y tonos perfectos. Es sensible, auténtica y franca con su admirable trabajo que ejecuta con fuerza y dinamismo sobresalientes.

 Acompañando a los actores hay correctas actuaciones de un gran elenco: Rodrigo Murray (si bien no posee una voz privilegiada al canto se defiende y complementa con su actuación), Alondra Hidalgo (quien sin decir una palabra es capaz de conquistar a la audiencia), Emmanuel Cortés, Alberto Carlos López, Eugenio Bartilotti, Lorena Martínez (con una genial interpretación de una socialité francesa que evoca y tiene bases indiscutibles en Betty BO5, famoso personaje de la también actriz Alejandra Bogue), Omar Saavedra, Joana Camacho y Larisa Urbina (A esta última destacaré por ser el miembro del ensamble con mayor aptitud vocal y por robar cuadro aliviando tensión en un homenaje al famoso grito telenovelero de ¡Maldita lisiada!).

 No cabe duda que cuando se tiene claro el panorama desde la dirección y se congrega a un equipo creativo que comprende las necesidades y se identifica se generan trabajos maravillosos como este. No hay una sola acción dramatúrgica de Juan Alberto AlejosOmar Mattar que no se adecúe al público y no se reciba con agrado. Una obra que merece seguir mucho tiempo en cartelera, cambiar de teatros si es necesario. Madre Coraje es contestataria, deber de todos es escucharla.

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Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.