Sobre fotografía y movimientos sociales (segunda parte)

noviembre 19, 2014

Por:

Fotografía, Imagenes, Museos, Pintura, Vista

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Manifestación en la Ciudad de México, crédito: siempre889

Tal vez el título que he escrito por primera vez, la semana pasada, sobre este tema sea el menos adecuado para este pequeño ensayo de dos partes. Sin embargo, he decidido dejarlo tal y como está por dos simples razones: descubrir que por más que escribamos siempre, haciendo un ejercicio de reflexión, encontraremos fallas. Dos: que las fallas que hayamos descubierto nos permitirán enmendar cierto camino, pero al darles la importancia, nos damos cuenta que la grandiosa estupidez humana seguirá permaneciendo, pues siempre tendremos errores.

Si bien “movimientos sociales” no dice mucho de lo poco que he querido abordar en este pequeño texto, me es pertinente aclarar que la razón por la que quise reflexionar acerca de esto fueron las marchas recientes, la exposición de Yayoi Kusama y el memorial del 68. Pues, en estos tres casos se ha manifestado el uso de la cámara como interpretador social, con múltiples fines, ya sea personales, documentales, periodísticos o quizá intimidatorios.

La selfie en la habitación infinita. Crédito: instagram personal de rebeccataylorny

Quizá en mi ingenuidad he descartado que el movimiento social no sólo son las manifestaciones de protestas, sino también están las modas, las corrientes ideológicas, las vanguardias, y el lenguaje que lleva a la lengua.

La utilización de la cámara como una herramienta viene desde sus inicios. Sus inicios tenían la intención de “atrapar” la realidad en cierta área específica, como cuenta César González Ochoa en sus “Apuntes acerca de la interpretación” donde expone la manera en cómo la cámara inicio con este propósito de atrapar una imagen, delimitarla y retenerla de manera  física.

Las imágenes y los mecanismos de representación han cambiado a lo largo de la historia. La tecnología se actualiza constantemente y se crean nuevas cámaras que permiten nuevas formas de interpretar y representar mas no es la imagen la que no cambia.

Las fotografías de guerra son expuestas como memoria, pues representaron (y ahora representan) que existió la guerra. (Esto quizá podría parecer ambiguo tomando en cuenta que existe ya el montaje y todos estos trucos digitales que hacen que la realidad, como en la pintura, quede a expensas de los humanos) ¿Lo mismo sucede con las marchas, los museos y demás aconteceres masivos?

Estudiantes y policías en el 68. Crédito: caracteres.mx

¿Se necesita tener una imagen para comprobar que se realizó una marcha? ¿Se necesita una selfie en la habitación infinita para uno: recordar que se estuvo ahí; dos: representar que la habitación existe? Pero, más allá de estas preguntas que he pensado a manera de reflexión me hacen suponer el  qué pasaría si las intenciones y el análisis que he apenas expuesto,  va más allá de un campo significante que sólo ve estas posibles formas de interpretar y representar una realidad como tres posibles acciones de saber el porqué la fotografía impacta en movimientos sociales.

La memoria tiene que ver en esto. La memoria humana, que es tan abstracta que imaginamos una pequeña nube que almacena imágenes, letras, lenguas, lenguajes, rostros, números, calles, direcciones, nombres, cumpleaños, experiencias y demás. Pero que en cualquier momento, esa nube podría irse, dejando sólo recuerdos inertes, vacíos o inexistentes.

 La necesidad del humano por guardar y transportar esa memoria en una memoria material se ha visto desde la escritura. El guardar cosas que permitan ser un medio para que el cerebro haga una sinápsis y por ende un recuerdo se adapte a este objeto ha estado presente desde mucho antes de que la fotografía existiera.

La memoria y la fotografía han estado estrechamente ligadas por la significación de lo material. La fotografía recuerda el momento pero es el papel, o donde se haya impreso lo que funciona como recuerdo. Es decir, (Y como diría Susan Sontag) nosotros no recordamos lo acontecido, sino la fotografía de lo acontecido.

Las manifestaciones se pueden dar de todo tipo. Crédito: mobypicture.com

En un mundo sumamente lleno de imágenes, los movimientos sociales, los museos, las fiestas y toda forma de convivencia se mediará por medios de cámaras. Para que la memoria resurga en una pantalla, para que se almacene en un mundo virtual que no es palpable. Las personas se toman fotos en marchas para demostrar que sí fueron y que sí apoyaron pues si no suben su imagen al mundo no podrán comunicar que apoyan al sentido. Las personas, también, suben sus selfies para demostrar al mundo que pueden tomarse fotos. ¿Es quizá que la imagen nos consuma, o nosotros consumimos  imágenes?

Emiliano Villalba

Escribo porque quiero y porque quiero, escribo.