¿Ser o no ser? Un Shakespeare más buena onda

noviembre 4, 2014

Por:

Eventos, Extras, Random, teatro, Vista

No hay comentarios

Texto y fotografías por Karla Ricalde.

 

A propósito del 450 aniversario del nacimiento de William Shakespeare y la conmemoración de dicho acontecimiento como parte de la edición de 2014 del Festival Internacional Cervantino, me cuestionaba acerca de lo que hay alrededor de él y su obra. Es la figura más destacada de las letras inglesas y uno de los más grandes íconos de la literatura universal; con certeza, el autor de cuya obra existen más adaptaciones que de cualquier otro —aunque en muchas ocasiones, aceptémoslo, ese shakespearianismo resulte sumamente pretencioso—, de trascendencia innegable y citado por miles de dramaturgos y escritores como principal influencia y eje inspiracional… pero, ¿acaso todo ese emperifollamiento no provoca que le concibamos como un autor sumamente complejo y casi inalcanzable?

 En su libro Por qué leer los clásicos, Italo Calvino señala algunas de las cualidades que debe tener una obra para considerarse, justamente, un clásico: que son textos a los que tarde o temprano se vuelve; “esos libros de los cuales se suele oír decir ‘Estoy releyendo…’, y nunca ‘Estoy leyendo…'”; que a cada revisita cobran un sentido distinto ante los ojos de los lectores porque “nunca terminan de decir lo que tienen que decir”; que cuanto más se cree conocerlos, más nuevos resultan.

 Eso, cuando se tiene experiencia previa de la obra, pero cuando no, cuando se trata del primer encuentro con cierto libro o cierto autor, Calvino habla de esperar, de darse tiempo para dejar hablar a las letras y entrar en contacto directo con ellas para conocerles personalmente, bajo las condiciones, y de la forma adecuada para cada individuo. De ser cautelosos al descubrir los clásicos, nuestros clásicos.

 Ahora, al tomar en cuenta lo anterior, se comprueba el porqué de la vastedad y solidez del alcance de su legado y se dejan a un lado los cuestionamientos porque, sí, William Shakespeare el más grande de los clásicos.

 Si se hablara de su obra situada en el teatro, al cerrar los ojos, como en automático, la imaginación crearía visiones de actores con atuendos de la época victoriana: tacones de gruesas hebillas,  cuellos altos y mangas abultadas para ellos; y encaje, seda, sombreros y sombrillas para ellas. Tal vez un lenguaje rebuscado, o tramas tan engorrosas que terminarían por adentrar al público en un inminente letargo…

 ¿Y si los personajes de sus obras cobraran vida a través de distintos objetos? ¿Y si se narraran las más grandes obras al estilo en que se detalla el más breve y fresco relato? ¿Y si se incorporan a su narrativa elementos que le simplifiquen, referencias actuales que nos aproximen a aquel prolífico escritor nacido hace siglos?

 Adrián Vázquez encuentra la fórmula precisa para dejar a William Shakespeare al alcance de todos. Como escritor, director y actor del montaje Algo de un tal Shakespeare, nos lleva por un conciso y sagaz recorrido por cuatro de las principales obras del dramaturgo inglés: Romeo y Julieta, Macbeth, Titus Andronicus y  La Tempestad.

 Es de una mesa de cocina de donde nace todo: silencio y apenas una tenue iluminación, unos cuantos sartenes, algunos otros utensilios del arte culinario, y una buena cantidad de frutas y verduras que, más adelante, se convertirán en cada uno de los personajes de los textos a representar. El vestuario de los actores es tan poco convencional como la escenografía misma: prendas de mezclilla y en color negro, y botas, rodilleras y cascos como accesorios.

 Acompañado de la actuación de Sara Pinet, este trabajo de Adrián Vázquez no sólo abarca los aspectos primordiales de los textos clásicos referidos, sino que también brinda datos biográficos del escritor y relata parte de la historia mundial para contextualizar más a fondo la ideología de Shakespeare, esto, mezclado con temas actuales —hacer alusión a la serie televisiva Game of Thrones mientras se hace una retrospectiva por el pasado de Inglaterra, o traer a colación la situación política de México en medio del relato de Romeo y Julieta, por ejemplo— y ambientado con efectos de sonido extraídos de algún videojuego, para una digna adaptación acorde al público meta.

 Lejos de trivializar la obra de Shakespeare o reducirla a insultantes simplezas, Adrián Vázquez se empeña en extender una espléndida invitación a jóvenes y adolescentes para acercarse a conocer a uno de los más grandes exponentes de las artes, y resuelve este propósito entre bromas, una que otra palabra altisonante, y un dinamismo excepcional en escena que deja el espacio vuelto, literalmente, un campo de batalla.

 El entendimiento personal y profesional entre los dos histriones es evidente, y queda enteramente plasmado sobre las tablas. Dos de las figuras actorales más destacadas y consolidadas de la escena nacional. Pinet y Vázquez: ambos tan audaces, ambos tan capaces, ambos con un trabajo tan envolvente y logrando una armonía sumamente mágica y natural que terminan por hacernos parte de su juego desde la primera llamada.

 Como el apresurado resumen de una pequeña y muy poco ortodoxa clase de Literatura con algo de Historia, pero además aderezado con un agudo sentido del humor, Algo de un tal Shakespeare es un trabajo honesto e innovador. Es alocado, es arriesgado. Es creatividad, movimiento, acción, congruencia y autenticidad. Una propuesta como pocas, y una amena y certera aproximación a éste, uno de los más grandes monstruos literarios.

 Además de este montaje, Vázquez se ubica con dos obras más dentro de la cartelera teatral actual de la ciudad: con el unipersonal El hijo de mi padre en el Centro Cultural del Bosque, dirigido y actuado por él mismo; y con Wenses y Lala en el Teatro La Capilla, con un texto también de su autoría y donde actúa al lado de Teté Espinoza.

 Algo de un tal Shakespeare se encuentra en temporada en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, desde el 23 de septiembre y hasta el 16 de diciembre.

Adrián Vázquez: autor, director y actor de Algo de un tal Shakespeare.

| Para más información, ingresa aquí.

Karla M. Ricalde

(Ciudad de México) fue un jueves de la segunda mitad del año de 1992. Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UNAM. Fotografía y especialidad en producción radiofónica, aunque gusta también de la ortografía y la puntuación.