Sensualidad, magia y sutileza : Cine a la Wong Kar-Wai

enero 15, 2015

Por:

Arte, Cine, Críticas, Reseñas, Vista

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wong kar

Wong Kar-Wai.

“Hace 20 años, si en China le decías a alguien “Te quiero”, era algo vulgar, soez, era algo que se sobreentendía pero no se decía. En cambio es algo normal en Occidente, es más, es algo que debes hacer si lo sientes por una persona.”

La pequeña escena se transforma en una majestuosidad andante, entre diálogo e idea, la trama se torna compleja, diez minutos después la perfidia avanza sobre el tiempo y ya no son los mismos personajes, reencarnan en ellos una serie de personalidades que asombran (quizá) al que esté viendo cada detalle durante el lapso que corre la cinta. Yo me he quedado perpleja en todo el trabajo de Wong Kar-Wai (1958), me atreví a hacer una postura personal al respecto, ya que la vinculación entre la emoción y el sentido es meramente subjetiva, varía entre distintos tipos de percepciones, y era necesario enfatizar la reflexión que me aporta el trabajo del director chino.

 Esas películas que apremian y rompen a la vez el compacto actual –según los mecanismos de proyección- hacen que la cinta guste y llegué a extasiar en diversas formas. Pánico, dolor y un llanto tal vez, puedan ser los motores que prenden aún más los sentidos. Tan extraordinario ha sido su trabajo, que es importante mencionar que a lo largo de su trayectoria compagina la simplicidad con el trasfondo del “estar”, ejemplo de esto, es una película que logra embelesar como fue el caso de 2046 , cinta del año 2004 la cual transforma un medio entre tiempos: Pasado, presente y futuro, cuidados que van desde el manejo de la música hasta las apariciones de cada personaje. Personaje central, con pasión inaudita por el escrito, se fascina, redacta, revisa y relee, su motor el tiempo, secuela: El pasado. Deseando huir, corre a la búsqueda de lo fascinante, refleja su porvenir en el futuro… en su último escape. Representa el éxodo y la salvación al tiempo, corre, busca, encuentra un número que se graba y se repite constantemente: 2046.

2046 2004 DE WONG KAR WAI AVEC TONY LEUNG GONG LI KIMURA TAKUYA ZHANG ZIYI

Escena de “2046”

“Todo el que va a 2046 tiene la misma intención, quiere recapturar recuerdos perdidos. Porque en 2046 nada cambia nunca. Pero, nadie sabe si esto es verdad o no porque nadie ha regresado jamás.”

 Y mientras avanza la hora, enredos y confusiones aparecen; crees entender y de repente transformas la idea a lo que es, pero ése “es” se convierte en tu sentir, sólo corresponde a lo que pudiste percibir. Esa es la magia de Wong Kar Wai, te hace desplazarte por todos tus sentidos sin saber cuál va a ser el sabor final. Lo predecible no augura el recorrido de sus películas. No se prevé ni la mitad, mucho menos el desenlace.

 Deseando amar (2000) a simple vista (sólo por el título) ofrece como primera impresión, un melodrama que no pasa más allá de romanticismo peculiar de la cinematografía, sin embargo, la encrucijada aparece cuando ese mismo encabezado representa la barrera para que el amor llegue a la puerta de los protagonistas. Víctimas del engaño, del olvido y en desmedida de la soledad, se buscan implícitamente, para encontrarse dentro de lo que parece un círculo que nunca acaba, quieren deleite –no carnal– , y lo enfrentan enamorándose en cada límite. Con música de Nat King Cole, la burbuja rosa y ofuscada cobra los estragos del desasosiego.

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“Deseando amar” (2000)

 La incursión de Wong Kar-wai en el medio artístico fue en diversos guiones que realizó para algunos programas de televisión. Cabe mencionar que sus inicios en el cine no fueron algo fácil, ya que implicó un gran reto para él, y a pesar del fracaso rotundo de sus primeras cintas como fue Días salvajes (1990), siguió moldeando el estilo que lo definiría poco a poco. La sensación de seguir innovando en sus siguientes trabajos, lo definió como uno de los directores más aclamados de Oriente.

 Un hito de la modernidad como vía para generar condiciones que detonen el pasar de la vida a través de los años, es la consistencia que asombra la ficción en la que logra detonar la añoranza junto con los destellos sobre música y personificación. No es necesario ir más allá de los 30 minutos para saber que la obra es un método pulcro y blando a la vez, es un símbolo de lo distinto. Y lo diferente, promete más que lo necesario; generalmente asombra más de la cuenta. La sensualidad es otro componente elemental del director, que forma una línea indivisible entre lo sólido y obsecuente, un apartado que hace de la exquisitez, el siniestro final.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.