Review: The Grand Budapest Hotel, o de cómo ser un gerontofílico refinado

abril 15, 2014

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Cine, Reseñas

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Para todos aquellos fans insaciables de Wes Anderson y también para aquéllos que no están familiarizados con el trabajo de este singular director estadounidense, El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014) es una película que sin duda recomiendo ir a ver. Sólo estará dos días más en la 56 Muestra Internacional de Cine en la Cineteca Nacional, así que apresúrense a hacer planes cinéfilos para esta Semana Santa o se la perderán.

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 ¿Por qué vale tanto la pena ir a verla? No sólo es Wes Anderson en su máxima expresión (los que lo conocen seguramente sabrán a qué me refiero; los que no lo conocen, sigan leyendo y ya se enterarán), sino que son 99 minutos de un humor fino y ameno que les alegrará sumamente el día y les sacará un número bastante considerable de carcajadas inesperadas.

 Como es su costumbre, Anderson se consiguió un tremendo cast para realizar esta película, conformado por grandes actores como Ralph Fiennes, Edward Norton, Adrien Brody, Willem Dafoe, Léa Seydoux, Jeff Godlblum, Mathieu Amalric, Jason Schwartzman, Jude Law, Tilda Swinton, Bill Murray y Owen Wilson. La protagonizan Ralph Fiennes y dos jóvenes actores que hacen un papel admirable al lado de tantas estrellas: Tony Revolori y Saoirse Ronan.

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 El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014) es una mezcla bastante particular de humor liviano, aventura (incluyendo persecución en trineo y esquís), amor y suspenso. Tiene mucho de películas como Quémese Después de Leerse (Burn After Reading, 2008), de los hermanos Coen, donde uno puede presenciar horrorizado un asesinato mientras se ríe de lo absurda que es la situación.

 La trama gira en torno a Gustave (Ralph Fiennes), concierge del Gran Budapest Hotel, y Zero (Tony Revolori), el nuevo lobby boy, que después de la muerte de una de las ancianas y millonarias amantes de Gustave, Madame D (Tilda Swinton), se ven envueltos en una avalancha de misterio e intriga. Junto con la joven panadera y hermosa esposa de Zero, Agatha (Saoirse Ronan), deberán de resolver una serie de enigmas y hacer lo que sea necesario para salvar el pescuezo.

 Como es común en las películas de Anderson (recordemos la improbable amistad de Max Fischer y Herman Blume en Rushmore), Gustave y Zero pasan de tener una relación formal de jefe-empleado a crear una de hermandad profunda. Los dos personajes están solos en el mundo y encuentran en el otro el apoyo, la comprensión y el amor incondicional que todos los humanos deseamos y necesitamos.

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 No sólo es El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014) una película con una gran trama y excelentes actuaciones, sino que también es una muestra incomparable de belleza estética. Wes Anderson se caracteriza por ser tremendamente obsesivo con los sets y escenarios que usa, y en su nueva película no sólo continúa con esta costumbre sino que la lleva hasta sus últimas consecuencias. Predominan las tomas simétricas, las coreografías largas perfectamente sincronizadas y la selección sumamente cuidadosa de los colores.

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 Wes Anderson ha dicho alguna vez que si no hubiera sido cineasta, sería arquitecto, y tal vez es por eso que pone tanto empeño en que sus espacios sean no sólo funcionales, sino hermosos. (Si quieren una probadita de la usual monocromía de Wes Anderson, pueden ver este cortometraje). Toda la película está repleta de escenas que, si fueran estáticas, podrían haber salido de la mano de un pintor amante de los tonos pastel. Esto es algo que sin lugar a dudas define a este joven director como uno de los más importantes de nuestra época, que no sólo busca entretenernos, sino crear una obra de arte en su totalidad, donde cada detalle está perfectamente colocado para lograr una impresión profunda sobre el espectador.

 Espero que esto sea más que suficiente para animarlos a darse una vuelta por la Cineteca Nacional para ver esta increíble película. Y no sólo eso: ojalá y sea un incentivo para ahondar en el trabajo de este espectacular director, que con películas como Rushmore (Rushmore, 1998),  Los excéntricos Tenenbaum (The Royal Tenenbaums, 2001), El Fantástico Señor Zorro (Fantastic Mr. Fox, 2009 ) y por supuesto Un Reino Bajo La Luna (Moonrise Kingdom, 2012), ha establecido una marca muy personal en el mundo del cine que estoy seguro perdurará a través de la historia: una película de Wes Anderson es, inconfundiblemente, una película de Wes Anderson.

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