Review: Más Negro Que La Noche, y otros ataques a Taboada

agosto 15, 2014

Por:

Cine, Extras, Vista

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Carlos Enrique Taboada

Carlos Enrique Taboada

 Si algo puede resultar indignante es cuando alguien toma una idea original para trabajarla hasta desacreditarla. En el cine este fenómeno ha pasado con grandes títulos como Psicosis (Psycho, 1960), se antoja increíble que alguien haya decidido rehacer un clásico, ese alguien fue Gus Van Sant con una horrenda modernización de una obra maestra de Hitchcock.

 Pero bien dice el dicho, “lo que no has de querer en tu casa lo has de tener”, mientras nos quejemos amargamente de que rehicieron Carrie (Carrie, 1976), Halloween (Halloween, 1978) y otras cintas icónicas de la cultura del cine de terror, en nuestro país dichos atentados han sido también perpetrados.

 Carlos Enrique Taboada fue y seguirá siendo pilar del cine de terror mexicano, los grandes títulos que realizó. Hasta El Viento Tiene Miedo (1968), El Libro De Piedra (1969), Más Negro que La Noche (1975) y Veneno Para Las Hadas (1984), dejaron una escuela para lograr una cinta verdaderamente aterradora con una estructura sencilla y una historia atrapante. Lamentablemente hay alumnos que prefieren copiar al maestro en vez de realizar propias ideas.

 Primero, Gustavo Moheno se adentró con el remake de Hasta El Viento Tiene Miedo (2007) con Martha Higareda como protagonista. Destruyó la historia original del fantasma que rondaba a un grupo de señoritas confinadas en castigo veraniego dentro de un exclusivo colegio femenino, a un fantasma que ronda en una clínica para mujeres jóvenes que sufren desórdenes alimenticios y psicológicos.

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 La ridícula, e insertada con calzador, lectura lésbica que alteraba la trama para desesperadamente “modernizarla” fue quizás el infortunio más recordado y la primer puñalada a Taboada, con malas actuaciones juveniles y una Verónica Langer que pese a ser una maravillosa actriz, no llegaba ni a los talones a la  actuación original de Marga López como la desalmada directora Bernarnda.

 Luego, Julio César Estrada se atrevió a profanar la obra del cineasta de nuevo, esta vez con El Libro De Piedra (2009), protagonizada por Plutarco Haza, Ludwika Paleta y Evangelina Sosa, en los roles originales de Joaquín Cordero, Norma Lazareno y Marga López. No solo esta versión fue aún peor actuada que el  remake de Hasta El Viento Tiene Miedo, sino que sufría de una clara falta de visión en la dirección. Segunda puñalada.

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 La insípida musicalización, el patético ejercicio de maquillaje o la incoherencia de las secuencias son solo antesala al verdadero grano que inclina la balanza: es la intragable  Mariana Beyer siendo una pésima actriz infantil que buscaba emular a la fantástica (y ahora retirada) Lucy Buj en el papel de Silvia, la hija pequeña de un acaudalado hombre que se acaba de mudar  con su padre y madrastra a una hacienda y queda bajo la tutela de una institutriz, la cual será testigo de una extraña y obsesiva amistad que comienza entre la niña y Hugo, la estatua de un niño leyendo un libro que está en uno de los jardines.

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 Cómo al director probablemente el personaje de la institutriz (Marga López originalmente) le adjudicaba poca sustancia, decidió sumarle una hija muerta a su pasado. ¿El resultado? Evangelina Sosa dando la actuación más falsa de su vida y probablemente la que oculta en su currículum. Además de que no le creemos el dolor de la pérdida de su hija, es más buena que Andrea Legarreta como  la maestra Lupita de ¡Vivan Los Niños!

 Pero bueno, dicen que la tercera es la vencida, y toca el turno a una nueva versión de Más Negro Que La Noche, ahora dirigida por Henry Bedwell. Y sorpresivamente el rumbo cambia, por fin una cinta inspirada en un clásico con un verdadero ejercicio de producción. Pero el que el diseño de producción sea espectacular no asegura un resultado de la misma calidad.

 En la historia original, Ofelia (Claudia Islas) ha llegado  de un viaje de negocios  y le han  notificado que su tía  Susana (a quién no veía desde su infancia) ha muerto, heredándole su casona por ser la pariente más cercana, todo con la única condición de que cuide de su amado gato Becker. Ofelia se muda con ayuda de su novio al lugar con sus amigas, Aurora (Susana Dosamantes) una bibliotecaria, Pilar (Helena Rojo) divorciada y vive de la pensión que su ex le da, pero en el fondo lo sigue frecuentando y Marta (Lucía Méndez) prima de Aurora y modelo. La casa incluye a Sofía (Alicia Palacios), la ama de llaves de la difunta tía, quien tras la muerte accidental del gato advierte que muchas cosas estarán por venir.

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 Esta sencilla historia, que consistía en un alma en pena por la muerte del único ser al que amaba en vida, se ve sumamente dañada en esta nueva adaptación. De entrada ahora es la tía Ofelia quien deja la casa a su sobrina Greta (Zuria Vega), quién vivió un corto tiempo de su infancia con ella tras el accidente en que murieron sus padres y hermana. Con Greta viven sus amigas María (Adriana Louvier), Pilar (Eréndira Ibarra) y Vicky (Ona Casamiquela), además de que es novia del hermano de Pilar, interpretado por José María Torre.

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 Continuando las modificaciones, SPOILER,  la tía Ofelia aparentemente se amargó porque su esposo le fue infiel el día de su boda y cual capítulo de Mujeres Asesinas lo mató tiempo después junto a la liviana que lo secundó. Este será el gran secreto de la historia. Sumamos que la casona se convierte en una enorme mansión cuasi victoriana y sumamente tétrica, resguardada por la gran Margarita Sanz como Evangelina, ama de llaves.

 La película es un ejercicio muy complejo, por un lado es totalmente infiel a Taboada y ofensiva: no solo sale de la esencia simple del director, dónde el miedo auténtico era la causa de la muerte de las protagonistas, sino que se empeña en hilar mil subtemas que nunca cierran y se quedan en el aire entorpeciendo el ritmo.

 Ninguno de los personajes crece ni conocemos algo de sus historias. De Greta la protagonista nunca alcanzamos a saber casi nada de su vida, o por qué se le aparece su hermana ni porque la difunta mencionada usaba vestidos que no eran nada de su época a juzgar por la edad.

Luego el personaje de Eréndira Ibarra, rebelde, irreverente y aparentemente una nini que vive a expensas de su amiga pero como toda buena hipster usa el catálogo entero de H&M  y adopta un estilo Mónica Naranjo con un cabello bicolor. Sumamos que tiene mil tatuajes que pretende explicar y nunca hace. Ah y para completar el cuadro: es lesbiana. ¿Por qué Eréndira Ibarra siempre  hace estos personajes?

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 Adriana Louvier es quizás tras Zuria Vega la única con una actuación natural, por puro insight inquirimos que es escritora y pues el gato de la mansión mata a su hurón, ella le guarda rencor y tras la muerte del asesino comienza a enloquecer. Luego Ona Casamiquela en el papel que nadie entiende qué hace en la cinta, de entrada es Española y ya. No hace nada más que besuquearse con todos, drogarse, quejarse, comer y decirle a su novio (Miguel Rodarte) que las otras no son sus amigas. Ok entonces ¿Qué demonios hace en esa casa? ¿Qué hace para vivir? ¿Cuál es su propósito como personaje? ¿Por qué todas viven bajo el mismo techo?

 La cinta tiene uno de los diálogos más absurdos del cine mexicano, un ejemplo:

“Greta: (sorprendida) ¡Evangelina, estás aquí!

Evangelina: Sí, aquí estoy”

 Henry Bedwell busca copiar un modelo norteamericano con objetos que se mueven, fuerza sobrenatural, un cuadro viviente, estruendo como vía para romper tensión, etc., etc. No permite a ningún personaje, bueno ni al gato, llevar una línea auténtica. Nada pasa, solo un collage de escenas en modo aleatorio con una dirección de arte exquisita entre ellas. Uno termina por confundirse, la promesa de asustar se cumple en contadas 2 veces, y una de ellas por acción del gore innecesario y moralino en su empleo. Ah y el 3D, claro, nunca se había visto en el país, pero no es nada sorprendente, ni algo que llegue a aprovecharse.

 En resumen: esta barbarie oligofrénica  desvirtúa nuevamente a Taboada por su origen. Los únicos motivos para verla serían la actuación de Margarita Sanz, la dirección de arte y la banda sonora. SI has visto la versión original odiarás esta, pero llorarás de risa ante el absurdo, específicamente en la escena post créditos dónde el gato ataca a Miguel Rodarte, con un combate tan torpe digno de la épica pelea de Anna Faris y el gato negro en Scary Movie 2.

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 Al final un arma de doble filo, pues deja entrever elementos para generar un filme original. Directores y productores: basta del remake, KM 31 es el ejemplo de que querer hacer algo nuevo y con ganas genera éxito, atrévanse y háganlo.  ¡Sean originales!, dejen a Taboada descansar en paz. Ya lo intentaron 3 veces y no lo superaron ¿Qué esperan? ¿Hacer Veneno para las hadas en 2016? Sean honestos, ninguna niña actriz superaría a Ana Patricia Rojo y a Elsa María Gutiérrez, es tiempo de reconsiderar y dejar a los clásicos como lo que son.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.