Retrato de la vida marital tras el paso de los años

marzo 12, 2014

Por:

teatro, Vista

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Es una afirmación cuando se dice que el matrimonio es una institución, a la cual inevitablemente se accede mediante un contrato, que une a dos personas bajo  su propia voluntad para compartir sus vidas por  el resto de sus vidas (estimando, claro está). A este pacto, ambas partes llegan cuando su amor les pide unir sus caminos en uno solo, pero ¿ese amor tiene fecha de vencimiento? ¿Qué pasa cuando ya no hay interés de las partes en continuar por este camino?

 La canadiense Michel Riml busca ejemplificar este dilema en su obra “Sexy Laundry” (La Ropa Sexy Se Lava En Casa), que llega al Teatro Renacimiento en nuestro país. La trama nos presenta a Luis & Ana, una pareja de mediana edad que lleva 25 años de unión matrimonial, pero que en este momento de sus vidas, reunidos en el cuarto más lujoso de un hotel spa, buscan rejuvenecer su relación confiando hallar respuesta a su problemas en el libro Sexo para Dummies.

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 Luis es un arquitecto que enfrenta muchos miedos personales, como el enfrentarse a las nuevas condiciones del presente, Ana es un ama de casa, que tiene como oficio hobby los bienes raíces, en el cual por cierto no le va nada mal. Tienen 3 maravillosos hijos y toda una historia juntos, aún así, Ana se ha dado cuenta que la mancuerna ha llegado a un punto de estanque y ella no puede levantarla por sí sola, por ello esperará que Luis  comprenda la necesidad de arreglar sus relación, aunque sea en un hotel.

 Riml hace un gran despliegue de elementos propios de una comedia de situación, en búsqueda de abordar de una manera suave algo tan doloroso como el encontrar que tras tanto tiempo una promesa de amor eterno parece estar desvaneciéndose. Su discurso para argumentar los motivos por los cuales las parejas se van alejando de sí mismas, resulta bueno, en partes muy conmovedor y en partes muy realista y exponencial. Pero ahí está el detalle: en partes.

 No se puede decir que tiene una estructura completamente funcional el texto, pues pese a la buena adaptación de Claudia Romero (que notoriamente busca mayor apertura al público) hay bastantes líneas y chistes que no entran con la facilidad que lo hacen en su idioma original, por ende si conllevan un mensaje importante, este no llega a ser bien entendido.

 Con el texto está en un 70 por ciento de optimización, la actuación de César Bono llega a salvar la puesta. El actor, con su gran carrera y dominio de la comedia, presenta un personaje que se vuelve familiar al instante, todos conocemos a un hombre como Luis, como todos nos hemos llegado a sentir como él, de eso parte el histrión para desempeñar un trabajo creíble, balanceado, fiel al mensaje y honesto, que deja un muy buen sabor de boca.

 Pero en un polo opuesto podemos ubicar a su compañera de elenco, Raquel Garza. Yo sólo tengo una duda ¿Por qué elegirla para un personaje que no entra del todo en su diapasón actoral? Empezando porque ni siquiera es creíble a simple vista que ambos actores tengan la misma edad (como expone la autora), aunado a que, a pesar que Garza pone su mejor esfuerzo y logra empatía con el público en varias ocasiones, su actuación se siente floja y ajena a ratos de la sensibilidad de la trama, resultando un desempeño poco convincente y que no se siente en el mismo nivel que el de Bono. Sabemos que María Rojo declinó el papel, pero,  ¿Y si se le hubiese ofrecido este personaje a Pilar Boliver, o incluso a Maribel Fernández (Sí, “La Pelangocha”)?

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 La labor de dirección de Jaime Matarredona es aceptable, pese a que deja espacios en blanco, fuerza interacciones con el público y trata de meter con calzador recursos innecesarios, como el video. No, no podemos decir que es una dirección  mala, logra transmitir el mensaje a fin de cuentas, más si podríamos decir que tal vez una visión diferente hubiese sido más interesante pues, cuando se trata de Ocesa Teatro, ya estamos acostumbrados a que Matarredona nos cuente la historia y siempre los cambios son favorables.

 Como destacable, la escenografía de Paula Sabina guarda una que otra buena sorpresa, lo cual se agradece pues aligera la puesta en sus momentos de uso. Como producto final ¿Es una buena opción?, sí, pero no para todo el público. Es muy recomendable para parejas (un poco más maduras que jóvenes, aunque sea arma de doble filo) y familias en búsqueda de divertimento en una ligera comedia.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.