Rescatando al unicornio azul

febrero 17, 2015

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Es gracioso cómo no tener inspiración para escribir nada te lleve a escribir sobre ello. Ahora mismo estoy escribiendo de cómo nada de lo que me rodea me inspira a escribir una buena nota. Miro a mi alrededor y, como pequeño objeto de inspiración encuentro a mi gata sentada, medio dormida en el regulador de energía que está junto a mi computadora, porque es un sitio caliente y además vibra un poco. Pero más allá de ello, nada. Ni siquiera el mal de amores que he venido cargando desde hace casi dos semanas me provoca la sensación de plasmar sentimientos en papel. Hay gente triste que escribe grandes obras, pero también gente triste que no es capaz de encontrar nada que sirva de punto de partida a la creación.

 Todos los que comunicamos nuestros sentimientos a través de la escritura, la música, la pintura o cualquier arte hemos padecido de crisis como estas. El mismo Silvio la padeció y, a partir de ahí, creó una de las mejores metáforas que he escuchado. Me gustaría ser así. Encontrar inspiración y crear metáforas hermosas en las cosas que me rodean. Pero también pienso que las personas comunes deberían desarrollar esa capacidad. En realidad existe, pero hay algo que no deja que aflore. Estoy empezando a suponer que la insensibilidad se ha normalizado en mí, en nosotros.

 ¿En qué momento dejamos de ver a nuestro alrededor y contemplar aunque sea las hojas de un árbol? Puede sonar absolutamente cursi y trillado, sin embargo, considero que en tiempos como estos las personas vamos caminando por la vida como zombis. Zombis que se despiertan, toman café, van al trabajo que odian, o estudian algo que no les llena el espíritu, se atoran horas en el tráfico, en el transporte público, pelean, abusan…

       Es difícil encontrar una persona que logre sensibilizarse en los detalles mínimos que servirían de escapatoria a esta realidad tan dura y quizás absurda, a mi ver. Pareciera que nosotros mismos nos tapamos los ojos y negamos esa riqueza que probablemente esté presente hasta en la hoja seca que acabo de pisar. No observamos ni escuchamos y, lo peor, estamos conscientes de ello. Considero de vital importancia, de vez en cuando, reflexionar frente a las formas en que las personas reproducimos nuestra vida. Es decir, creo que esa reproducción debería ir más allá del ámbito económico y social. Supongo que el espíritu debería también alimentarse de alguna forma, para dejar de caminar por la vida como seres insensibles que no pueden ni siquiera crear un ambiente agradable para sí mismo dentro de tantas cosas negativas que parecen rodearnos en tiempos como este.

         Sin embargo, yo seguiré tratando de observar más y escuchar más, para así tratar de crear, por ejemplo, un escrito que vaya más allá de la crítica o la queja hacia mis momentos de crisis de la inspiración.

Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.