Relato de guerreros en el abismo

octubre 23, 2014

Por:

Críticas, Objetos, Reseñas, Tacto

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Cuando la vida parece complicarse, la pertenencia de lucha cobra existencia para no deslindarse de la esperanza y alumbra los rostros de los guerreros ante la fría noche. Muchas estrellas se apagan, el viento corre vorazmente y la estela más grande parpadea durante todo el período nocturno, lapso en el que se proclama la libertad. Una ola de sucesos hierven el alma, otros la secan y el furor de la sangre nos llama, nos invade y nos incita a gritar una y otra vez… Ya basta.

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Crédito:Tumblr.

 Las lágrimas son el eje de la rebeldía, el brote de egoísmo impera en el necio, en el terco y la gloria por un mundo mejor nos aguarda. Tal vez no viviremos para contarla, pero la construcción de una nueva esperanza clama nuestra vida en combate y esos sueños que tuvimos desde pequeños. Y mientras el cielo se manifiesta, nuestras manos se juntan y se entrelazan para salir del escondite y manifestarnos en contra de lo que nos oprime y nos hiere para permanecer al margen del que no reflexiona.

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Crédito:Regeneración libertaria.

 Todo clama justicia, fuerza para el que lucha, el mundo grita subversión y a lo lejos, se ve la multitud enajenada viendo los programas de moda –esos que delinquen para la reflexión–, pretendiendo fingir que no pasa nada y augurando un éxito de índole personal. Se transforma el humano para no sentir, para no llorar, porque a lo macho se educó, y a lo macho lleva las riendas de su existencia. Un ser frívolo que se olvida de sus raíces, de su compromiso social y que le muestra un amor inaudito a sus cadenas que ha implantado desde su negación al abismo negro.

“Mi conturbado espíritu se regocija con la visión de un porvenir en que no habrá un sólo hombre que diga “tengo hambre”, en que no haya quien diga “no se lee”, en que en la tierra no se oiga más el chirrido de cadenas y cerrojos.”

– Ricardo Flores Magón.

 Nada se conduele, y las plantas pierden su color verde bandera para apagarse cuando el incongruente pisa sus cimientos. Así pasa con el trabajo de un conjunto de fuerzas, que se niega a vivir en el olvido y que se atreve a no vivir de las migajas, porque la pobreza mental es la peor de todas y en este momento, parece que el mundo es extremadamente adinerado en miseria emocional. Trago amargo es el que se vive en la trinchera, muchos  se abruman y parecen estar cansados, pero el hombro solidario aparece para ser partícipe de un abrazo combativo y sincero. El silencio de una noche, silba con la melodía del viento para clamar repudio hacia la crisis social. No, nada está bien. Aquél que lo piense, tendrá que bajar de la nube para asomarse y ver todo el dolor que acecha el planeta que se tiñó de gris.

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Crédito: El club de la pluma.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”

– Bertolt Brecht.

 Cuando agoniza la tierra, parece que los pasos ya no se escuchan, pero la potencialidad del grito sollozado nos devuelve el anhelo para seguir con paso firme, sin mirar atrás, sin querer ser portavoces de la mentira sino de la realidad misma. Con la mirada penetrante y ardiente, la conmoción no se detiene y el valor se añade a lo imperceptible y a lo incongruente, todo se suma al hecho de vincular nostalgia con combate.

 El ruido de una población que llora, el eco de voces dormidas y apagadas, el velador de la vida nocturna recuerda asesinatos y masacres, la mujer reclama a sus hijos perdidos, el normalista implora por una esclarecimiento de los hechos y los estudiantes ardientes de furia nos manifestamos para mostrarle al mundo de que estamos hechos. Porque mientras haya vida, venceremos al que abate las causas, al que atenta contra la solidaridad humana, al que olvida y pregona mejorías a costa del pesar terrenal.

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Crédito:Tumblr.

 Al paso del tiempo, las arboledas parecen perder su esencia y el aura pinta triste y nauseabunda, así como el espíritu de los que se conforman con un esquema mediatizado y sin preámbulos, relegan las causas y se atreven a cometer actos de indiferencia. Ante el caos, aparece la sombra de los recuerdos y el llanto abruma a los guerreros, para hallar consuelo en la confianza hacia la esperanza. Porque como dijo Salvador Allende:

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

 Y al ser portavoces de nuestro destino, todo nos compromete a soñar, a no resignarnos y mantener la firme convicción de combate en el cielo y en la tierra. Esas miradas perdidas, esas sonrisas opacas, tienen una razón de ser, y esa es la imposibilidad de querer cambiar. Entre compañeros, sabemos que esto no se acaba y que la palabra no, para nosotros no podrá tener un significado.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.