¿Qué tan grande es la fuerza que la música ejerce sobre nosotros?

junio 10, 2014

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Música

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Normalmente escuchamos música “porque nos hace sentir bien”. ¿Pero alguna vez nos hemos preguntado por qué nos hace sentir bien? ¿Qué tan real es este bienestar que nos causa? ¿Es puramente sugestión o tiene razones más científicas?

 Music 1Estudios con resonancias magnéticas han demostrado que las emociones inducidas por la música tienen como base las mismas estructuras que se dedican al procesamiento de emociones en la vida cotidiana. Entonces, realmente no existe diferencia alguna entre la alegría que te puede causar tu canción favorita y la que sientes cuando abrazas a tu mejor amigo, o la tristeza que encuentras en Radiohead y en el rompimiento con tu pareja. Sabemos que las emociones son un factor importante para determinar la salud física de una persona. ¿Se puede entonces utilizar la música como un medio para alterar las emociones de una persona y de esta manera causar un efecto benéfico en el cuerpo?

 Hay evidencia de que hacer música, bailar o simplemente escuchar música activa toda una serie de estructuras neuronales que participan en procesos cognitivos, motores, sensoriales y emocionales. Por lo tanto, mientras uno escucha una canción pensando que no tiene ninguna trascendencia, complejos procesos neuronales están sucediendo a través de todo el cerebro. K. Lehtonen ha demostrado que lamusic 2 música es una de las mejores maneras de activar procesos psíquicos sin dolor ni ansiedad, trayendo a nuestra mente recuerdos importantes, imágenes mentales y experiencias del pasado.

 Además, tiene efecto directamente sobre nuestro sistema nervioso autónomo, causando diferentes tipos de reacciones corporales autónomas.

¿De qué manera se puede utilizar esto para el beneficio de un ser humano?

 Experimentos realizados en personas con Alzheimer evidencian algunos de los efectos positivos que la música puede tener sobre nosotros. Se encontró que la exposición a música familiar al paciente (o al menos culturalmente compatible) afectaba positivamente algunos aspectos cognitivos como las habilidades de lenguaje, la memoria autobiográfica y la memoria verbal. Además, mejoraba la calidad de sueño y reducía niveles de ansiedad hasta ocho semanas después de las intervenciones.

 ¿Y cómo es esto posible? Si un paciente con Alzheimer tiene problemas para reconocer a sus propios familiares, ¿cómo es que es capaz de reaccionar ante música que escuchó a través de su vida? Increíbles estudios demuestran que pacientes con Alzheimer (incluyendo algunos en la etapa más severa de la music 3enfermedad) son capaces de preservar el conocimiento de melodías a largo plazo. Incluso pueden detectar distorsiones en los trazos melódicos, frunciendo los ceños o poniendo caras de disgusto cuando una necesidad tonal no se cumple satisfactoriamente. Curiosamente, no son capaces de detectar distorsiones en las letras de las canciones. ¿Qué es lo que hace tan especial a la música como para que sea tan importante preservarla, incluso a costa del lenguaje? A pesar de sus similitudes (organización compleja y estructuración gramatical), la música sobrevive mientras el lenguaje perece.

 ¿Será que la música cumple una función cohesionadora en la sociedad incluso más importante que el lenguaje? Podría ser. Aunque hay algo que salta a la vista. Niños y adolescentes con Espectro Autista (una de cuyas características es el aislamiento social y la imposibilidad de crear vínculos con otras personas) son capaces de reconocer emociones en la música. Al escuchar fragmentos musicales en modos mayor y menor, pueden empatarlos con representaciones de caras felices y tristes respectivamente. ¿Cómo es que una persona incapaz de vivir en sociedad responde normalmente a un estímulo altamente relacionado con la
vida en comunidad?

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  Lo maravilloso es que la música no sólo es utilizada en tratamientos de personas con Alzheimer o Autismo, sino que se han comprobado sus efectos benéficos en personas con problemas de desarrollo mental, pocas habilidades de aprendizaje, enfermedades relacionadas con la vejez, problemas de abuso de sustancias, lesiones cerebrales, discapacidades físicas, dolor crónico, y hasta mujeres en trabajo de parto.

 ¿Cómo es que funciona de esta manera?

¿Será porque la cognición musical comparte mecanismos cognitivos y perceptuales y sistemas neuronales con otras funciones cognitivas no­-musicales, como la memoria, la atención y la función ejecutiva (llevar a cabo cosas)? Algunos de los principios estructurales en la música (como el fraseo, el agrupamiento y la abstracción jerarquizada) tienen sus procesos paralelos no­musicales, y se ha comprobado que la música puede ser utilizada para facilitar la mnemotecnia incluso en personas totalmente sanas.

 music 5Es indudable que la música cumplió un papel determinante en la formación de sociedades en la Antigüedad y que, después de haber cumplido con esa función, se mantuvo como una actividad importante y constante porque tuvo efectos positivos sobre la humanidad. Ya hemos comprobado que el cuerpo humano responde con una actividad febril a los estímulos musicales. También hemos comprobado sus efectos medicinales sobre enfermedades para las cuales no hay aún curas absolutas. Es complicado pensar que la música tiene un origen biológico arcaico, pues no observamos que los animales la utilicen con ningún fin, pero lo que es innegable es que evolutivamente ha llegado a formar parte inequívoca de nuestra especie. No sólo nos permitió vivir en comunidad, sino que pasó a ser un elemento esencial en actividades tan importantes como la religión y el entretenimiento.

 Es casi imposible salir un día a la calle y no escuchar al menos un fragmento musical en alguna parte (en el camión, en la casa de tus vecinos, en una tienda departamental). Lo que yo creo es que no escuchamos música solamente “porque nos hace sentir bien”, sino porque es una necesidad innata en nuestra especie. Los miles de años en los que la música ha sido utilizada en diversos ritos la han arraigado en nuestro cuerpo hasta el punto en que es capaz de conjurar cambios en nuestros procesos corporales y mentales.

Por lo tanto, hacer música y escuchar música no es sólo una cuestión de gusto, sino una cuestión de salud.

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 Junto con muchas otras actividades humanas, la música forma parte de nuestra esencia como humanos, y sólo teniendo un contacto profundo y consuetudinario con ella podemos desarrollar todas nuestras potencialidades. Así que la próxima vez que escuchemos música recordemos que no sólo nuestro oído está siendo deleitado, sino que todo nuestro cuerpo se mueve, se activa, se retuerce de placer. Recordemos que no sólo estamos cantando una canción a la par de nuestro artista favorito, sino que estamos realizando un triatlón cerebral que nos traerá beneficios a corto y largo plazo. La música entonces no es sólo un medio de entretenimiento.

La música es supervivencia.

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