¿Qué pasa con el reggaetón?

marzo 16, 2015

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Extras, Música, Random

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Meses atrás en este mismo medio, escribí una nota que lleva por título “¿Por qué lo naco es chido?”, donde señalo, entre otras cosas, por qué lo naco es intolerable y difícil de asimilar a ojos y oídos de “la gente cool”. Esto tiene fundamento en que lo naco carece de cultura y erudición. Y, justamente, me es inevitable relacionar esta cuestión con el tema del reggaetón.

 Para empezar, ¿de dónde viene el reggaetón? Según lo que encontramos en internet, el reggaetón nace de la mezcla de varios ritmos: el reggae, el raggamuffin, el rap, el dancehall y el dembow, con diferentes variaciones a lo largo de las últimas dos décadas del siglo XX. En un principio fue llamado “reggae en español”, el cual surgió de un intercambio cultural y musical entre Panamá y Puerto Rico. No obstante, fue en el segundo país donde el reggaetón adquirió mayor popularidad y su nombre pasó de “reggae en español” a “reggaetón”, como una extensión de la palabra “reggae”; esto porque el género que estaba naciendo era concebido por sus artistas como algo grande, y como a lo grande en español se tiende a ponerle al final la sílaba –ón… pues el resto es historia. Artistas como El General y Nando Boom se mantuvieron en las listas de popularidad desde finales de los 80. Más adelante el género se extendió por todo el Caribe y el resto del continente, encabezando a través de sus letras un movimiento de identidad y resistencia hacia el imperialismo cultural producto de la presencia de Estados Unidos en América Latina.

 No obstante, es evidente que este objetivo ha cambiado mucho a lo largo de los años. Desde que el reggaetón –digamos “nuevo”– empezó a sonar en México con Daddy Yankee y su primer éxito “Gasolina” en el 2004, hasta la actualidad, queda claro que es un ritmo que las clases más bajas bailan como si de dos perros apareándose se tratara (perreo), cuyas letras hablan de calle y de mujeres como objetos sexuales. En Cuba y Guatemala está prohibido el reggaetón y muchos lo han celebrado porque es un ritmo que incomoda tanto a la vista como a los oídos; no se ve bien una mujer rozando su trasero de manera sensual en el pene de un hombre. Tampoco se ve bien que las clases marginadas de los países latinoamericanos expresen sus inconformidades e ideales a través de la música. A través del reggaetón.

  Regresando a la concepción de lo naco como una muestra de la ignorancia de algunas personas en cuanto a música y apariencia se refiere, en México es común que quien escucha reggaetón sea tachado de ignorante, delincuente y drogadicto que no sabe respetar a las mujeres. En México existe una tribu urbana que surge de la penetración de este género a principios del 2000: los reggaetoneros, quienes adoptan la estética de sus cantantes favoritos. Por lo regular viven en barrios populares, siendo Tepito la mayor referencia, lugar donde se concentran los niveles más altos de delincuencia, pobreza y violencia de la capital metropolitana. Es por ello que despectivamente se les ha llamado “chakas”, aunque ellos se sienten identificados con ese nombre: “yo soy chaka, tepiteño, me gusta el reggaetón y el perreo”.

  Y es que escuchar y bailar reggaetón no te hace un delincuente o un ignorante. He escuchado decir a varias personas que este género carece de creatividad y de sentido, al ser una mescolanza de diferentes ritmos que desemboca en letras que rompen la (¿poca?) armonía de los mismos. Realmente yo le atribuyo este rechazo, más que a otra cosa, a que se trata de una música que se oye en los barrios, que los chavos de Conalep ponen en sus fiestas mientras se dan una monita de Kool-Aid y las niñas quedan en topless. Y es que sí, como en un principio lo dije, parece que la gente tiene que nacer con un chip de intelectualidad y de cultura que, automáticamente, debe rechazar absolutamente todo lo que no demuestre que está a su nivel.

  Lo chistoso es que muchas de estas personas que rechazan profundamente el reggaetón y que son capaces de bajarse del camión si esa música está sonando, en secreto lo escuchan. Personalmente, desde que el reggaetón llegó a México, es un género que me gusta mucho. Iba en sexto de primaria cuando por primera vez lo escuché y logró ponerme a bailar, sin embargo, con el tiempo y por la presión social, claro, tuve que negar que me gustaba e incluso alguna vez lo odié. Poco a poco fui volviendo a aceptar mi gusto por él y logré sacarlo de mi lista de gustos culposos.

 ¿Gustos culposos? Nada con menos sentido que eso, porque si algo gusta, no tiene por qué dar culpa. Eso es algo que se nos ha enseñado sin parar desde que nacemos: a sentir culpa por lo que nos hace felices. Hay que poner atención en esto, gente. Ordenen sus prioridades por encima de lo que puedan pensar de ustedes.

 Para terminar, es importante aclarar que no intento cambiar la percepción de absolutamente nadie frente a este género musical, sin embargo, creo que es importante que dejemos de alzarnos el cuello frente a lo que es “diferente” a nosotros, ¿me explico?. Más de uno de los que están leyendo esta modestísima nota han perreado hasta abajo y sin piedad. Aunque tengan maestría, doctorado y les guste el jazz.

Cynthia García

Casi licenciada en Estudios Latinoamericanos, FFyL UNAM. Tauro. Amo a los gatos. Amo la pizza. Hip-Hop. ¡QUESO! En la escritura he encontrado lo que jamás imaginé: libertad.