Prejuicios femeninos: Perspectiva del siglo XXI

noviembre 6, 2014

Por:

Arte, Críticas, Ilustración, Tacto, Vista

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Me negué a reconocer que realmente tenía un problema de autoestima desde muy pequeña. Me la pasé viviendo con prejuicios en torno a la opinión pública, al cómo te están viendo, al si te aceptarán o no y otras frases que no difieren de este contexto que tanto le pega a la mujer, y que paradójicamente no es cuestión de novedad, sino que esto ya se vislumbraba desde que comenzó a presentarse como objeto para el mundo, es decir, como si fuera la mercancía más demandada en el mercado.

 Cuestiones simples como la ropa, el calzado y demás situaciones divergen en el poder para manipular a la mujer en un sólo instante, lapso que puede determinar su cambio abrupto en estados de ánimo y que la vuelven presa fácil de los estándares sociales. Mientras más flaca, mejor –piensan las más vulnerables-, mientras que las más fuertes sólo tratan de aparentar que todo está bien y que la aceptación fue algo fácil de ejercer.

pedro sosa

Ilustración elaborada por Pedro Sosa.

 La venta de un cuerpo con las medidas que más desaten el pensamiento del hombre, la creación de un estereotipo que por genética no tiene pertenencia alguna, la constante publicidad en torno al “debería” de una mujer, la manipulación a través de sus funciones sociales y otras cuestiones más la arropan para crearla al molde de requerimientos sociales que no le pertenecen. La hacen parecer un maniquí de aparador que no debe moverse y sólo acatar una serie de normas que enaltecen un ego injustificado.

 Tal vez parezca un simple problema de autoestima femenino, pero la situación va más allá de un cotidiano prejuicio mortal. La cultura occidental –principalmente a mediados del siglo XX- , ha adoptado una serie de patrones que desmoralizan a la mujer y en su acervo cultural, sólo hace hincapié en lo que está bien visto, sin importar que tan vacía o seca se sienta. El eje, muchos lo piensan desde un problema de peso/sobrepeso, otros  desde el significado de belleza y los más ortodoxos desde una diferencia de género. Entonces, ¿Qué define a los prejuicios femeninos?

 Los prejuicios femeninos forman parte de nuestro andar ; en el proceso de desarrollo adoptamos una serie de objetivos que han sido impuestos. De ahí, surgen maneras de poder compenetrar en cada meta como es el ingreso al trabajo, a la escuela, a cierto círculo social y entonces las preguntas empiezan a adentrarse de mayor forma en el pensamiento de la mujer y es cuando la inseguridad llega de repente, de manera que no da paso para crear condiciones de identidad. Desmotivaciones y una indignación hacia sí misma es el resultado de querer aparentar y no ser, de forma que la máscara se convierte en el artilugio de mayor precio en un mundo que se corrompe por cuestiones tan superfluas que no cobran un significado inherente al ser humano. Una existencialismo dudoso y que enaltece las condiciones más vertiginosas del mundo contemporáneo, visten a la mujer entre sedas e interrogantes de quiero….pero no puedo.

 Una sonrisa llena de botox, un pensamiento rígido, un debo hacer y un dilema entre querer y poder incrementan la inseguridad de la mujer. El énfasis no radica en una comparación entre su misma condición biológica, sino en una cuestión de subordinación social, ahí es donde se encuentra el conflicto principal, no en el peso, no en las vestimentas;la disyuntiva es mucho más compleja.

 El tormento de los prejuicios femenino recae en la posición ante un papel que ha sido adoptado y que no se ha modificado desde el momento en que se aceptó como una imposición; su determinante ante hechos que por sí mismos no se han esclarecido, además  no se dio el tiempo preciso para cuestionarlos. Con grandes barreras por reflexionar sobre sus méritos a diferentes lapsos, la mujer creció en el olvido de lo que realmente quería.

 Reitero, no es el vestido, no es el cuerpo, el prejuicio es cuestión tan arraigada al individuo que un simple análisis lo relaciona con cuestiones que tengan que ver con situaciones atípicas a personalidad, y por lo tanto la vulnerabilidad de la sociedad femenina se fomenta desde una condición biológica y no de aptitud – he ahí la gran limitante-.

 La mujer es requerimiento social, pero en ese afán por serlo niega su capacidad de crear y transformar ciertas condiciones que ya le fueron impuestas; se aferra a esa zona de confort que tanto le place y que sucumbe entre su afirmación o negación –según sea el caso-. Mientras los vestidos son más ajustados, las tallas parecen abrumarla de una manera abominable, si su ser ya no está tendencia por medio de la exigencia, su vida corre peligro entre si reflexiona o no. ¿Cuántas de verdad critican su situación ante el mundo? Es entonces, cuando el prejuicio invade el ejercicio de opinión, para impedir tener un posicionamiento claro sobre su desempeño en todas las facetas de la vida.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.