Por ti habla mi espíritu: José Vasconcelos

julio 6, 2014

Por:

Arte, Literatura, Vista

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“Precisamente, en las diferencias encontramos el camino; si no más imitamos, perdemos; si descubrimos, si creamos, triunfaremos”- La Raza Cósmica.

Diego Rivera

Diego Rivera

Puede ser cualquier día, y en realidad, lo es. No hay mañana, tarde o noche que se salve. No es por la hora ni por nada. Sin importar la “finísima” condición de tu persona, te subes. Entre empujones, calores, malos olores, miradas lascivas y atemorizantes, música y gritos…el metro se vuelve el santuario de cuanta persona existe. En el preciso instante en el que casi se cierran las puertas, aparece la víctima de la ignorancia y de su propia ignorancia también. Se sube y sin querer queriendo empuja, pisa, embarra su existencia.

 Con cierta aversión, se emite aquella palabra que termina por herir no sólo a una persona, sino a todas las que están ahí reunidas, contándote a ti. “Indio” en todas sus versiones: habla cantadito-es un indio, está feo- pinche indio, huele mal-huele a indio, no nos gusta su peinado-se ve bien indio, te da pena-pareces indio, vives allá o acá- te bajaron del cerro y a tamborazos, indio…

 Me voy a permitir comentarles que todo cuanto se les ocurra está muy lejos del típico humor mexicano. Me abstengo de reírme para ponerme a pensar un poco sobre esto. Y todo empieza desde hace mucho, por culpa de muchos cuantos y nosotros sin aprender tantito.

 Hemos escuchado o leído “Por mi raza hablará el espíritu” y nos sentimos orgullosos; ¿de qué?, pues quién sabe. Pero nos aborda ese escalofrío que entendemos sobretodo cuando juega la Selección Nacional, pero eso es otro cuento que, créanme, no tiene nada que ver. Yo hablo del verdadero orgullo que menos de la mitad de la mitad entiende. Periodistas, artistas, estudiantes, y ninguno de ellos sería lo que es o han llegado a ser sin los buenos maestros. No sobran, al contrario, faltan, pero de que hay, los hay.

 Eso fue José Vasconcelos, educador y  maestro de Todos. No importa el tiempo que haya transcurrido desde aquellas veces que se proclamaron las frases, en que se pintaron los paisajes con la mirada, o esa vez en que nos dimos cuenta que la educación es primero, y que sin ella, no podemos recuperar el único y más grande poder de la historia: la cultura. Y, ¿qué es de ella sin la tierra, y de aquellos que la trabajan?

 La colonización española no logró definir una sola raza, al contrario, supuso un mestizaje que no ha desnudado un objetivo común. He ahí el problema: te sientes ajeno a mí, y yo me siento contrario a él. Y es que todavía no descubrimos que las musas han estado dormidas en las ruinas, en las plantas y en nuestra mirada. Todo sigue ahí, esperando ser.

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“El retorno de Quetzálcoatl” José Chávez Morado. 1952

 Vasconcelos, mexicano político, escritor y filósofo fundó en México las bases puras del amor a la raza que forjamos entre imposiciones, asesinatos y revoluciones. Según Vasconcelos, la pérdida de libertades y la ignorancia, logran paralizar una raza. Eso es lo que que vemos todos los días, continuas inmovilizaciones a razón de que los individuos se sientes lisiados del alma.

El que se atreve a exaltar al enemigo, se anula a sí mismo. Poco a poco, sin percatarse, vamos perdiendo la cultura, vamos perdiendo el respeto de la tierra, y es por eso que ser indio se convirtió en una ofensa, una tosquedad; al igual que las manos del campesino: ásperas e imperfectas, pero inmortales.