Ponencia silente de un corazón esperanzado

agosto 4, 2014

Por:

Arte, teatro, Vista

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¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie? 

PABLO NERUDA

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Gabriela Muñoz es una auténtica maestra del clown, adjudicación que demuestra con creces sobre el escenario una vez que inicia Perhaps Perhaps, Quizás, autoría, dirección y escenografía de ella misma y por supuesto, actuación, bueno más que eso: vida. Ahora en una fugaz estancia en el Teatro Milán. 

 En su fantástico personaje llamado Greta Merengue, Muñoz relata la historia de una mujer esperanzada en encontrar el amor y poder llenar ese punto de necesidad en su vida: la compañía y presencia del hombre perfecto. Sin embargo, Greta no es para nada el prototipo de la pareja perfecta, ¿Cómo podrá entonces encontrar  la materialización de la ilusión sin bases propias? El espectador está invitado al interior de la casa de esta simpática y vivaracha mujer, con motivo de presenciar el ensayo para su boda. No aún, no hay pretendiente, pero podría llegar pronto, quizás tenga suerte en hallarlo entre los curiosos asistentes, quizás.

 Lo interesante es ¿Por qué Greta ensaya una boda sin fecha definida?, ¿Qué la motiva? O ¿Qué la orilla?, la actriz nos propone mirar en medio de la nostalgia y la risa automática los estereotipos de  una sociedad que dicta que la plenitud de la felicidad arrastra un vestido blanco, el camino al altar y dos figuritas sobre un pastel impecable. Pero sobre todo, el tiempo. Greta ya no puede esperar a que el amor sea espontáneo, si no llega por su cuenta ella misma lo buscará, entre el mismo público encontrará a su amor verdadero, la idea es consumarse, sentirse plena. Y la crítica social viene por añadidura entre los ocurrentes trazos y cuadros, ¿En verdad eso es hallar la felicidad?

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 A través de un delicado torbellino sentimental, esta maravillosa obra expone un discurso acerca de las convenciones sociales topando al límite de la naturalidad del amor. Muñoz explora con la gracia, curiosidad, claridad, honestidad, entusiasmo e ingenuidad necesarios de la técnica un escrito que abre a exposición el corazón de un ser humano buscando encontrar el lazo que le es necesario compartir.

 El silencio de esta novia será la guía para adentrarnos en una enternecedora experiencia que invita a analizar las características del amor verdadero, sin presionarlo a salir a la luz o conformarse. Si bien tal vez este no llega hoy, tal vez mañana tenga mejor suerte. Esta bellísima puesta en escena desmenuza ese factor para comprender nuestra postura (como público) ante la ensoñación del ideal romántico. No es malo soñar despierto, sino dejar de soñar tras despertar.

 Orgánica, creíble, vulnerable, fuerte, emblemática y catártica son palabras inútiles para describir la actuación de Gabriela Muñoz, auténtica mujer espectáculo. La actriz denota desde el primer golpe de máscara el amor que tiene a su labor e inunda la sala con esta pasión, desbordando del escenario con un simple gesto o un sonido emitido. Conoce al público y está preparada para cualquier reacción que su interacción de, no pide que seas parte de una audiencia sino complicidad y confianza. Ella es un ejemplo de amor al teatro, de vivirlo y respetarlo, es arte que se siente.

 La suavidad con la que conduce la historia es aderezada con una selección musical impecable y un juego de luces acertado que se funde en pleno con el perfil de la escenografía, que representa la casa de esta mujer, adornada con motivadoras imágenes de probables conocidos en el día se sus bodas junto a los retazos de elementos usados en sus ensayos nupciales previos que se acumulan en el piso para vestir a la tragedia y la resignación dolorosa.

 Este viaje por la espera, la soledad y la esperanza se vuelve totalmente cercano al espectador, no solo porque es posible identificarnos en la constante necesidad de encontrarnos enamorados (de algo, alguien o la vida misma) empero de la angustia que la propia genera. Con el corazón lleno uno aprende a descubrirse frente al escenario y conocer las limitaciones y júbilo que conlleva amar en todo su esplendo: las derrotas y las oportunidades. Es un show humano y sincero, da giros y toma por sorpresa en situaciones acertadas.

10262235_10152467141735871_8379620304963439558_n El novio imaginario de la señorita Merengue será una almohada vestida de frac que su sirvienta aporta, un personaje breve a cargo de Xóchitl Santos pero con un peso vital y necesario. No diré más pues arruina la sorpresa, solo no deja pasar este estupendo trabajo de la actriz.

 Con el papel de baño dibujando la línea recta al “sí, acepto” la ilusión se desata para afrontar el panorama actual. Es un trabajo que conmueve y se acerca a cada fibra del público para provocar una alineación de mente, alma y corazón orquestada por la franqueza de la risa. Un show sin duda es diferente y único con cada representación. Para mí, lo mejor que he visto en el año, para usted, la oportunidad de dejarse llevar en un imperdible viaje al fondo de nosotros mismos con el corazón en la mano y la posibilidad dubitativa de un quizás.

 Quisiera tener más palabras, pero le aseguro que tras verla, usted tampoco podrá explicar fácilmente lo que provoca, vale y contiene esta alucinante historia. Sea testigo en esta breve y esporádica temporada en el hermoso Teatro Milán, no deje de asistir, citaré un mensaje original de dicho recinto “El teatro lo hacemos todos”, así que siéntase orgullosos de acercarse y decir “Yo hago teatro”. Consulte cartelera.

Saúl Campos

Comunicólogo, apasionado del arte y la información. Adicto al teatro.