Pasaje coyuntural de Franz Liszt

agosto 11, 2014

Por:

Música, Oido, Reseñas

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Pintura de Franz Liszt.

Rapsodia y musicalidad, describen el célebre sentimiento de perpetuidad que envuelve al gran maestro de origen húngaro; alabado y materializado a través del tiempo. Caracterizado por la sincronía de sus acordes, de sus pasos y obstinados cambios en cada una de sus obras temáticas.

 La trascendencia del gran compositor ha tenido un sinfín de valores sincronizados en la historia de la música clásica de finales del siglo XIX y comienzos del XX. París fue el lugar idóneo para su desenvolvimiento ancestral en cada una de sus interpretaciones sobre sus grandes contexturas armónicas.

 Olvidándose de la banalidad que imperaba en la zona europea, él sólo presentó su singularidad para componer y admirar cada una de las tonalidades de la época que dio su gran paso hacia la musicalidad.

 Teniendo como precedente al majestuoso Niccoló Paganini; reconocido por la destreza para manejar el violín, se acompañaba del recuerdo de la fragancia de las melodías, de los retoques sincronizados de par en par y en conjunto con la suntuosa magia del alma; mientras que a lo lejos se escuchaba el eco inadmisible de los corazones desquebrajados y el reflejo proteico de anhelar una y otra pieza.

 Gran parte de su legado, se debe a las reflexiones en torno a grandes compositores como Schubert y Beethoven, de quienes haría sus mejores aliados para construir la pieza más conocida de éste, conocida como sueño de amor. Dicha pieza, fue la apertura central para su gran repertorio musical que impera en situaciones como una velada romántica hasta una película pintoresca sobre las emociones de la predilección del querer.

 ¿Quién no ha escuchado en una película alguna tonada perpetua del gran Franz Liszt? ¿No ha curado más de un lloriqueo en pleno siglo XXI?

Portada de la cinta autobiográfica del compositor.

 Versiones autobiográficas como la cinta de 1960, que también se titula con el mismo nombre y que trata la vida enigmática de Liszt, triunfando en 1961 con el Globo de Oro; trae consigo una mezcla aborigen de querer saciar el dolor y la frustración de la emoción sensorial, a raíz de la confabulación de nuestros días.

 Liszt nos transporta a lo inimaginable, a una conmoción, al acompañamiento de la palpitación cardíaca fuera de orden, a palabras inauditas imperceptibles y fugaces deseos; quebrantándonos en un solo destello de cinco minutos.

 Paradójicamente, además del amor; Liszt nos brinda la oportunidad de viajar a través de la melancolía, de ese sentimiento inaudito y persuasivo, como se hace entrever en la triste pero penetrante sinfonía de Fausto.

 ¿Cómo olvidar la majestuosidad de la sinfonía del desdichado e intransigente Fausto? Goethe supo blasfemar , además de admitir de una singular forma la cadena que envuelve al hombre y, metafóricamente se refiere al personaje de Fausto y al fatuo destino que le aguarda con el maléfico Mefistófeles.

fausto 3

Caracterización de la obra de Goethe.

 Minuto ocho y los vellos de punta, los ojos desorbitados, la lámpara encendida tenuemente, la terquedad del viento azota contra la ventana y la cautela desaparece; para dar paso al anárquico meneo del brazo.

“Yo soy una parte de aquella parte que al principio era todo; una parte de las tinieblas, de las cuales nació la luz, la orgullosa luz que ahora disputa su antiguo lugar, el espacio a su madre noche”

“Plática entre Richard Wagner y Franz Liszt”           Crédito: The Muslim Times.

 Cumplidos sus 36 años; sentimientos como jubilo, serenidad y esperanza acechaban esa vida que auguraba más éxito y notoriedad entre los más afables a la apreciación de la música, pasó a convertirse en uno de los guías de las obras maestras de Richard Wagner, memorias que constituían una mágica e inigualable intensidad.

 Lo anterior se retrata en la frustración e ironía que refleja la ópera titulada La muerte de amor de Isolda, que muestra el retrato de una relación desalmada y siniestra entre dos seres que han vivido para amarse plenamente, a pesar de la crueldad y de la incipiente negación por no querer avanzar el resto de sus días.

 Del amor al odio, del rencor a la reconciliación; son sentimientos antagónicos que sólo la sonoridad a la Liszt nos brinda al caer la noche o al acercarse el ocaso de cualquier día de la semana que se avecine.

Alma Torres

El viaje es entre letras y utopías. Estudiante de Economía del IPN. Hagamos de la escritura, la revolución del amor mismo.